Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 02 de agosto del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 02 de agosto del 2025
Felix era un poco… controlador. Pero solo un poco
Creo.
Quizás no te dabas cuentas porque lo cubría con su amor y regalos. Era casi imposible saber lo que planeaba cuando te sonreía con tanta dulzura. En un momento Felix cocinaba brownies como si se trataba de la misma blanca nieves con sus animalitos. Y de repente…
Felix: ¡¿Por qué te miró tanto tiempo?! ¿De dónde mierda se conocen? Eres MI mujer.
Bueno… eso. Era muy impulsivo cuando se trataba de ti y de que te alejaras de otros. No te dejaba trabajar con la idea de que atendieras la casa, él se encargaría del dinero. Él hacía las compras y, si salías, tenía que ser con su supervisión.
Sin embargo, el matrimonio nunca fue malo. Era compresivo, obediente y dulce; al menos cuando tú lo eras. Siempre te dijo que sería tu espejo: te portabas bien y él sería el hombre de tus sueños. Pero te portabas mal y sus pecas no se verían tan tiernas.
Felix: ¡Que me contestes! ¿Quién es él en tu vida? —Te sostiene de los brazos con fuerza —. Te lo advierto, no me saques de quicio. Piensa MUY bien lo que dirás-…
Tú: ¡No es nadie!
Felix: ¡Mentirosa! —Te sacude y tú chillas asustada. Te fija en tu lugar y habla entre dientes al acercar su rostro al tuyo—. Tu última oportunidad. ¿Quién…es…? —Sientes sus dedos tensarse alrededor de tu piel, eso dejará marca—. ¿… “él”? —Lo miraste en silencio y repentinamente su mano llegó a tu cabello, lo atrajo para someterte, jalándolo hasta que te pudo ver desde arriba—. Te lo advertí, y no me hiciste caso.
Tú: Felix. —Tragas grueso—. Felix, Fefi mi amor, duele… duele… —Él agudiza el agarre—. No es nadie, te lo juro…
Felix: Nadie es un fantasma. Él es un hombre, de carne y hueso… Y yo lo vi. Los vi a los dos. En mi auto… Él es mi amigo. —Jala una vez más, tú cedes hasta colocarte de rodillas frente a tu esposo—. Fui bueno contigo. Solo debías hacer lo que yo pedía, no era tan difícil… Lo hiciste por tres malditos años.
Tú: Felix… —Gemiste en suplica por su puño enredado entre tus hebras y lo observaste con lágrimas en los ojos—. Fue una trampa… Te lo juro. Yo nunca te haría daño. Yo nunca haría eso… —Aumenta el esfuerzo—. ¡Felix! —Casi sollozas, él te seguía vigilando desde arriba, con los ojos bien abiertos, capturando cada una de tus reacciones y palabras—. Por favor, por favor…
Felix: ¿Cómo me dijiste en el auto? —Levantas la vista llena de lágrimas, algunas de estas deslizándose por tus mejillas—. ¿“Psicópata”? ¿“Loco”? ¿“Manipulador”? —Sonríe—. Vamos, mi cielo. Refréscame la palabra. “Esa”… —Levanta más las comisuras —… palabra.
Tú: No-… —Respiras hondo—. No lo sé. Ya ni la recuerdo.
Felix: ¿Ya la olvidaste? —Susurra irónico y te suelta. Acaricias tu cuero cabelludo lastimado sin dejar de mirarlo, la tensión aumentando cuando él no parece pestañear desde tu punto de vista—. No hay problema, yo te la recuerdo… “mi querida esposa”. —Sus manos van lentamente hasta el contorno de tu cara y la sostienen, sus dedos se clavan en tu piel—. Así te quedará en la memoria cada vez que intentes hacer algo malo de nuevo.
Tú: Amor. —Agarras sus muñecas, pero la fuerza que él ejerce no te ayuda a pensar—. Felix, detente.
Felix: No puedo, mi pedazo de luz… —Ahora su mirada pierde un tino de cordura, con un tic en su ojo— Amo ser… tu maldito controlador.
Pero… ¿Cómo llegamos a esto? Tu dulce esposo parecía haber perdido el límite de raciocinio con aquel encuentro. ¿Quién era ese hombre del que tanto hablaba? ¿Por qué su dulzura se fue tan de repente? ¿Por qué exigía respuestas? Para saber eso tendrías que empezar a recordar desde esa mañana, cuando ambos aún estaban dentro del auto y el infierno no empezó a desencadenarse eslabón por eslabón.
Habían salido veinte minutos atrás con destino a la casa de los padres de tu novio y Felix parecía un poco molesto, te había dicho que te colocaras el cinturón de seguridad desde que salieron de casa, pero no lo hacías y tampoco le dabas una explicación del porqué.
Felix: Amor. —Dice con su voz dulce e infantil, la que te divertía cuando la utilizaba para parecer un niño.
Tú: ¿Sí, cariño?
Felix: El cinturón. —Te observas y asientes dándole la razón.
Tú: Oh, sí. Casi se me olvidaba de nuevo. —Te ríes y él sonríe con ternura antes de volver a prestar atención a la carretera, sin embargo, nunca escuchó el “clic” de la unión de los encajes del cinturón y en un semáforo en rojo aprovechó para hablarte.
Felix: ¿Cuándo piensas ponerte el cinturón? —Esta vez su tono de voz fue neutral, no molesta, pero sí directa. No le agradaba que jugaras con tu seguridad.
Tú: No soy yo, es él que está atascado.
Felix: Yo me puse el mío muy bien, no entiendo por qué el tuyo estaría atascado.
Tú: Pues el mío no lo está y no me lo puedo poner, ¿qué hago, Fefi? ¿Lo rompo? —Él chasquea la lengua y, cuando el semáforo se pone en verde, avanza hasta parquear en un lugar seguro.
Felix: Bien. No te muevas, amor.
Tú: ¿Por qué me debo-…? —Se quita su cinturón y se abalanza sobre ti con lentitud, dejándote sin palabras. Coloca su mano en tu cintura, te mira a los ojos con seriedad y se mantiene en silencio—. ¿Felix? —Él ladea su cabeza sin dejar de mirarte, sus ojos siendo bastante expresivos, sus labios haciendo leves muevas y tú sintiéndole tan cerca al punto de detallar sus pecas. En un momento te removiste al tragar grueso.
Felix: Quédate quieta. —Su voz profunda llegó a tus oídos y te hizo reaccionar sin mover ni un pelo, él seguía concentrado hasta que en un momento se escuchó un “clac” y luego se vio una dulce sonrisa en el rostro de tu novio—. Sí, estaba atascado el cinturón. —Jala la correa hasta que pasa por encima de ti y la coloca en su posición de seguridad—. Pero ya funciona. Lamento no haberlo notado antes, amor. —Con eso se apartó, volvió a colocarse su cinturón y encendió el auto para avanzar con una sonrisa.
Ambos sabían lo que había pasado y que no era simplemente por el tema de “seguridad”. Esa mañana tuvieron una “pequeña” charla (discusión) por la que estaban aún tensos. Tú no querías ir a la casa de tus suegros, no era un secreto que la familia del rubio se comportaba más autoritaria que tu propio esposo. Pero no había opción, en la casa se hacía lo que él decía y, cuando sugeriste levemente que no irías, casi te partía en dos con su mirada.
Permaneciste en silencio todo el viaje, por lo que él quiso entablar conversación con el cinturón de seguridad, pero cuando no lo hiciste, su mentalidad lo vio como un reto y lo hizo querer someterte.
Él no se puso sobre ti porque quería ayudarte con el cinturón, al menos no del todo, él quería recordarte: “Haces lo que yo te diga, o no obtendrás nada de mí”. Intentando bajar la tensión con una falsa calma entre la frase “Sí, estaba atascado”, cuando en realidad no lo estaba. Ahora el auto iba en silencio de manera distinta, tú sonrojada por lo sucedido y él sonriente por lograr su cometido.
Llegaron a su casa materna, parquearon al frente y se desmontaron. Sacaron unas cosas del maletero y Felix giró su cara hacia ti.
Felix: Ni una sola palabra de lo que pasa en casa. —Susurra con carácter, tú finges no escucharlo, a pesar de sí hacerlo—. Me entero de que dijiste una palabra y te irá mal.
Se tomaron de la mano como la pareja más feliz del mundo, como si aquella advertencia no fuera la peor de todas, y avanzaron hasta la puerta mientras llevaban los bultos de la comida que preparaste para compartir. Olivia, la hermana de Felix, hablaba por teléfono con cara de pocos amigos en el pórtico.
Olivia: Y a mí que me importa. Vienes ahora o te busco. Sabes cuál de las dos opciones es peor. Piénsalo. —Susurra entre dientes, justo antes de darse cuenta de tu presencia y cambiar la mirada—. Luego te llamo. —Colgó y mostró una sonrisa tan radiante, similar a las otorgadas por tu esposo en su buen humor—. ¡Fefi! ¡Cuñadita! Qué bueno que han llegado.
Felix: Hermanita, ¿cómo has estado? —Suelta tu mano y va hacia ella para abrazarla, esta lo recibe con gran felicidad.
Olivia: Oh, ya sabes. Papá aún está con la negativa de que viaje a América. Pero sé que lo convenceré. —Tu esposo alza una ceja y ella ríe—. Bueno, algún día. —Te observa y extiende sus brazos, tú vas hasta ella y se funde en un corto abrazo—. Cuñadita bonita, cada día más hermosa. —Se separa—. No podía imaginarte verte más linda y… ¡Mírate! Mamá siempre dice que las mujeres se ven más hermosas cuando están embarazadas… —Ella amplía los ojos y aplaude como si le dieron la mejor noticia del mundo—. ¡Oh, Dios mío! ¿Lo estás?
Tú: No, no, no lo estoy. —Sonríes con ternura.
Olivia: Fefi~ ¿Cuándo me harás tía? Sabes que mamá te reclamará por eso.
Felix: Que lo haga ella, no tú. —Se ríe mientras entra a la casa, Olivia lo sigue con un puchero y tú vas atrás despacio. Pensando qué excusa darle a tu suegra para cuando preguntara por lo mismo que la hermana menor de Felix.
«Tendremos los hijos después de nuestro cuarto aniversario. Ahora mismo nos vamos a establecer. No pienso tener más de dos.» Fueron las palabras de Felix la primera vez que le hablaste del tema, por lo menos faltaba cada vez menos, así tendrías a alguien que te amara de verdad y no como lo decía él.
Te detuviste en el salón con ese pensamiento. ¿Qué fue eso? ¿Acaso pensaste que Felix no te amaba? Claro que lo hacía, lo hacía desde aquel concierto, él fue el primero en acercarse y declararse. Felix siempre fue directo en lo que sentía, lo único que cambió de aquella vez fue su…
Felix: Amor. —Levantaste la mirada y lo viste con aquel rostro neutro que solo te daba como reproche por no hacer las cosas como las había dicho. Tú tragaste grueso sin dejar de mirarlo. Felix levantó su dedo para señalar sus labios y luego sonrió con falsedad, el mensaje era claro. Sonreíste para llegar a él y justo en ese momento divisaste a su madre.
Madre: ¡Oh, mi preciosa hija! Que hermosa estás. Siempre has sido una chica tan bonita. Ven, ven… —Toma tu mano y te lleva con ella, te quita los bultos que cargas para dejarlo en la mesa—. Ya veremos lo que hicieron para cena, háblame de ti y mi hijo. ¿Cómo les va?
Tú: Nos va muy bien, madre. Como siempre, Felix es muy dulce y tierno. —Eso no era mentira, lo era. Lástima que lo hacía en momentos puntuales, pero ella no preguntó eso, ¿verdad?
Madre: Y dime, él no es un poco… Ya sabes… —Se inclina para susurrarte—… ¿“mandón”? —Levantas tus ojos hacia él, Felix te sigue observando a pesar de que sus hermanas le hablan. Sientes su vista pesada, su amenaza silente—. ¿Linda?
Tú: ¡Sí! —Ella se sorprende—… Quiero decir, no. No es mandón. Felix es un caballero. Usted ha criado a un chico ejemplar, y espero yo también hacer lo mismo algún día. —Tu suegra aplaude enternecida por tus palabras, cerrando los ojos con aquella maravillosa idea, vuelves a mirar a tu esposo y ahora él se encuentra sumergido en la conversación de las dos chicas mientras saca lo que traína en bultos.
Madre: Dime algo, querida. —Vuelve la mirada a la mujer—. ¿Han hablado sobre tener hijos? Sé que no me concierne, pero en serio estoy muy ilusionada con ustedes. Ver a mi pequeño Felix teniendo una familia es algo que me ilusiona mucho y más contigo, eres tan buena chica, tan dulce y obediente, serás una excelente madre.
Tú: Ahm… Sí. Sí, hemos hablado de eso y creemos que no estamos preparados. Ya sabe, las giras y el trabajo de Felix está cada vez más exigente. Consideramos esperar hasta que termine mucho de los proyectos para que esté presente. —Sonríes con genuinidad.
Madre: Es entendible, pero no esperen mucho. No quiero estar muy vieja para jugar con mi nieto o nieta. —Se ríen divertidas y ella coloca su mano en tu muslo con cariño—. Gracias por querer a mi hijo tal como es, es un ángel en la tierra.
Tú: Sí que lo es. —Mueves la cabeza, confirmando.
El padre de Felix baja por las escaleras que conducen a la habitación y el recuentro familiar se hace enternecedor. Cuentan algunos chistes, ríen divertidos, su padre juega contigo y tú te carcajeas cuando tu esposo te defiende, tomando al mayor por sorpresa. Siguieron conversando hasta la hora de la comida, compartieron toda la tarde entre juegos como Monopoly y hablaron desde cosas triviales hasta situaciones delicadas del pasado.
El timbre sonó y Olivia se colocó de pie al instante, indicando que sería ella que abriría. Tras unos minutos la pequeña castaña de pecas llegó con alguien más alto detrás.
Madre: ¡Hyunjin! ¿Qué haces aquí? —Al escuchar el nombre miraste hacia la entrada, sentiste tu sangre drenarse de golpe. No es posible.
Tu esposo, que estaba a tu lado, se enderezó en su lugar y luego se puso de pie. Hyunjin también miró a su amigo, pero luego notó tu presencia y…
Hyunjin: Mierda. —Susurró. Cuando vio a Felix detenerse a pocos pasos de él y voltear a verte, Hyunjin cambió automáticamente de semblante—. ¡Bokkie-ya! No sabía que estarías aquí. —El nombrado de nuevo miró al pelinegro y sonrió—. Y con tu… esposa. —Dice la última palabra casi entre dientes.
Felix: Yo soy el que tengo que decir eso, que esta es la casa de mi familia. —Ríe con emoción y abraza a su amigo—. ¿Qué haces aquí? Creí que estarías en Corea con tu madre.
Hyunjin: Lo estuve, pero sabes cómo es mi madre. —Le otorga la bolsa que llevaba en mano a Olivia y sonríe con cortesía—. Ella dijo que quería venir a Australia porque su amiga iría a la ópera, estaría Rusalka en estreno, ella ama esa actuación. —Se cruza de brazos—. Olivia se dio cuenta de que estaba en Australia por mis estados y me invitó a cenar, pero… No me imaginé que fuera cena familiar. —Ríe rascándose la cabeza.
No podía dejar de verlos, te colocaste de pie intentando calmar tus nervios y, por inercia, miraste a un lado… Allí viste a Rachel y Olivia, las hermanas Felix, observándote como si analizaran tu comportamiento. No sabías por qué, pero algo en sus miradas te decía que aquello no fue casualidad o una tierna situación “amistosa”, todo fue planeado.
Felix: Amor. —Te sobresaltaste en tu lugar y de nuevo buscaste al rubio con la mirada, dándote cuenta de que ambos chicos estaban frente de ti y una vez más encontrándote con la mirada de Hyunjin—. Recuerdas de Hyunjin-Hyung, ¿no? Lo conociste en la boda y los ves en mis fotos de trabajo. Lástima que no vaya seguido a casa como los demás chicos porque es el que vive más lejos. —Mira a su mayor—. Esa invasión de termitas en tu apartamento fue muy extraña, te mudaste prácticamente una semana después de casarnos y llegar a nuestra casa.
Hyunjin: Sí, que coincidencia, ¿cierto? —Ríe con falsa diversión y tú intentas no atragantarte con tu saliva mientras sonríes. Felix sigue hablando con su amigo, pero tú no prestas mucha atención, finges estar presente mientras tu mente trabaja a mil por hora. Buscarías tu celular para distraerte un momento, pero no lo encontraste en tus bolsillos y tampoco por los alrededores, los dos chicos te miraron con curiosidad cuando te removías demasiado.
Hyunjin: ¿Pasa algo?
Tú: Mi celular, no lo encuentro. Creo que lo dejé en el auto y no me había dado de cuenta hasta ahora porque no lo había usado. —Felix no pierde tiempo y busca la llave en su bolsillo para entregártela cuando la encuentra.
Felix: Ve y búscalo, pero date prisa, la cena está casi lista. —Asientes tomando la llave y le sonríes con dulzura a Felix, él hace lo mismo. Para ojos de los demás, más enamorados no podían estar.
De alguna manera sientes como todos te ven salir de la casa, pero no importa, aquel momento te serviría para respirar profundo y salir de esa asfixiante familia. Quitaste la alarma, entraste por el lugar del copiloto y a tientas buscaste tu celular. Ni te pasó por la mente que podías encender la pequeña lámpara del auto, solo querías respirar y lo hiciste cuando obtuviste tu teléfono en tu mano. Lo presionaste contra tu pecho y tomaste una bocanada de aire. “Todo estará bien, solo es una cena”. Te dijiste en tu mente.
Tú: ¿Por qué, Dios? ¿Por qué…? —Cerraste tus ojos. Sabías que Felix dijo que te dieras prisa, pero era imposible, tus nervios estaban a mil, no podías tolerarlo. Si entrabas una vez más a esa casa y veías a Hyunjin de nuevo ahí, le pedirías a tu suegra que te cortara la cabeza con el cuchillo más filoso que tuviera. La puerta de piloto se abrió de repente—. ¡Dios mío!
Hyunjin: Soy yo, tranquila.
Tú: ¡Eso es peor! —Intentas salir y él te detiene por el brazo—. ¿Por qué mierda me seguiste? ¿Estás loco?
Hyunjin: Tenemos que hablar.
Tú: Todo lo que tuvimos que hablar lo hicimos en la boda. Estoy felizmente casada, tú felizmente soltero. Ahora sal de aquí. Si Felix se da cuenta-…
Hyunjin: Está en el baño.
Tú: Él sí, pero su familia no. —Lo miras entre la oscuridad, Hyunjin se acerca y tú te apartas—. Hyunjin, lo nuestro está en el pasado.
Hyunjin: Lo sé, no me lo tienes que recordar cada vez que nos encontremos. —Mira al frente y se acomoda en el asiento.
Tú: Lo dices como si nos encontramos cada semana. Sal del maldito auto antes de que algo salga mal.
Hyunjin: Él te trata mal, ¿verdad?
Tú: No, no lo hace. Ahora vete.
Hyunjin: Disfraza su control con amor, y lo sabes. Chan-Hyung nos lo dijo, él es muy paranoico. Siente que lo engañarás en cualquier momento, ¿crees que eso es vida?
Tú: Y contigo aquí su tonta sospecha parecerá real. —Sueltas de golpe—. Además, es más vida esto que mendigar amor de alguien que tiene la atención de todos y no se decide entre quedarse o irse en su totalidad. —Hyunjin fija su mirada en ti, tú la devuelves con determinación—. Han pasado varios minutos, Hyunjin. Felix no tarda tanto en el baño. Por favor, vete, ahora. —Él sigue con sus ojos asegurados en ti—. Te puedo dar mi amistad, pero te olvidé y amo a Felix. A pesar de que es… —Miras a otro lado y respiras hondo una vez más— …es como es.
Hyunjin: Eso no es amor.
Tú: Lo tuyo tampoco. Se llama envidia. —Se hace el silencio—. ¿O quieres que lo llame obsesión?
Hyunjin: No es obsesión.
Tú: Pasaron cinco años de lo nuestro, y aquí estás, en el auto de mi esposo y hablando con una mujer casada. Casada con TU mejor amigo. Pidiéndole que “recapacite” sobre su relación. —Hyunjin tensa su mandíbula—. No sé tú, pero no le veo otro nombre a esto.
Hyunjin: Odio que te muestre como un trofeo con todos. —Ruedas los ojos—. Yo al menos lo hacía como si fueras una persona, no como un objetivo más por cumplir en la vida. —Otra vez el silencio los cubre.
Tú: Ya tomé mi decisión… —Él cierra sus ojos y frunce el ceño con dolor—… Tú tomaste la tuya hace tiempo. Así que, por favor, no hagas esto más incómodo para los dos y vete de aquí.
Hyunjin: ¿Por qué soy yo el que siempre tiene que irse? Cuando anunciaron su relación me alejé por respeto, lo hice en la boda, me mudé para no molestarte, ¡Mierda! Mi vida no gira en torno a ti. No puedo siempre huir porque ustedes estén juntos. En algún momento me pedirás que deje de ser su amigo o abandone el grupo por su comodidad. ¡No fui yo que me metí con el amigo de su ex!
Tú: ¡No sabía que era tu amigo! Ni que anduviera por ahí preguntando quienes son “amigos” del gran Hyunjin para estar con ellos. —Ambos se acomodan en los asientos y miran al frente a través del vidrio—. Elegía a Felix… porque él me eligió sobre todos y todo. Él me vio entre la multitud y… No lo sé. Su forma de ser me enamoró. En cambio tú…
Hyunjin: Siempre brillaste entre la multitud para mí también. La diferencia entre él y yo es que-…
Tú: Vete, Hyunjin.
Hyunjin: No puedes silenciar la verdad para siempre. La diferencia es que te amé como realmente soy, te amé siendo Hwang Hyunjin. Sin fachadas, sin etiquetas de cantante de Stray Kids, fui Hyunjin. El verdadero. Pero tú amaste las ilusiones que él te pintó. Te enamoraste de un hombre que no existe.
Tú: ¡Cállate y vete!
Hyunjin: ¡No me-…! —La puerta del auto del lado de Hyunjin se abrió de repente y un sonriente Felix los asustó por lo repentino de la acción—. Mierda, Felix… Yo…
Felix: Hyunjin-Hyung. —Lo observa fijamente—. ¿Puede salir de mi auto y dejarme hablar con mi esposa un momento, por favor? —Aquella calma los desconcertó a ambos, pero más a ti, Felix podía ser una dulzura cuando se lo proponía, pero todas las veces que tu esposo te vio cerca de otro hombre sin que estuviera él alrededor, las consecuencias… eran indescriptibles.
Hyunjin: Claro… Ahm. Sí, sí, claro… —Se desmonta del auto y se aleja unos pasos con cuidado. De repente la puerta de la casa de Felix se abre y tanto su padre como su madre salen corriendo hacia el jardín.
Madre: ¡¿Pero qué sucede?! ¡¿Por qué corres así, cariño?!
Padre: ¡No encuentro mi arma! ¡Felix! —Hyunjin escuchó eso y…
Tú: ¡Felix!
El sonido de un disparo.
Todos quedaron inmóviles y en silencio, te cubriste los labios con tu cuerpo temblando, Felix bajó la pistola y luego la lanzó cerca de los pies de un pelinegro totalmente pálido, intentado buscar respiración de forma mecánica. No, la bala no le llegó. Se incrustó en la tierra, Hyunjin al escuchar al padre de su amigo se movió pocos milímetros con rapidez… y eso le salvó la vida.
Felix: Para la próxima, no fallaré.
Con eso se subió en su auto y arrancó sin mirar a sus familiares o ti. Se mantuvo con los ojos en el camino, escuchándote transpirar e intentar calmarte. Sabía que estarías nerviosa, colocó algo de música y empezó a cantar una suave melodía que se reproducía, lo miraste de reojo.
Tú: Casi… lo matas.
Felix: No lo hice. —Susurra calmado y se detiene por las indicaciones de un policía de tráfico.
Tú: Le disparaste. Pudiste-… Felix, tú pudiste-… —No podías decir la palabra, él seguía conduciendo como si nada. Y, de repente, gritaste como si soltaras todo lo que contenías en tu interior. Tu esposo solo atinó a alcanzar el panel de las puertas y encerrar todas mientras hacías tu rabieta—. ¡Eres un asesino!
Felix: No soy un-…
Tú: ¡Ibas a matar a tu amigo! ¡A tu mejor amigo! Se conocen por más de siete años… ¡Felix! ¡Eres un demente!
Felix: No soy un demente.
Tú: Mírame… ¡Felix, maldita sea! Era una cena hecha por tus padres, ¡Dios mío! ¿Qué dirán ellos? ¡Que eres un psicópata! Eso dirán. —No, él no volteó ni un segundo, solo apretaba el agarre del guía con ambas manos mientras observaba a la policía dar pase a la vía contraria—. ¡Felix!
Felix: Cállate, por favor. Me darás migraña.
Tú: Eso… ¿Es lo único que te preocupa? ¿Qué te dará migraña? ¡Entonces sí eres un maldito loco! ¡Me casé con un lunático! Un potencial asesino. —Tus pulmones se tensan al sentir que no se llenan lo suficiente de tan rápido que hablas—. No me quedaré… No me quedaré aquí a que me… —Intentas abrir la puerta y esta no cede, Felix acelera tranquilo cuando la policía le da el paso—. Felix, abre la puerta. —Silencio—. Felix.
Felix: La abriré en casa. —Siente tu mirada fija en él y solo notas como tu esposo se acomoda en su lugar para manejar con una mano—. Si estás pensando en hacerme algo, sabes lo que pasará. Haré lo que me hagas. Yo fuera tú y lo pensaría fríamente. —Mueve su cabeza para tronar un poco su cuello—. Si ya terminaste, quisiera silencio hasta llegar.
Tú: Silencio… —Haces tus manos puños—. Cuando una situación se sale de tus manos… siempre pides silencio. —La mandíbula de Felix se marca—. Eres un manipulador. —Sus nudillos se hacen blancos a pesar de que su cara está tranquila—. Eres un… maldito controlador. —Él frena de golpe—. ¡Mierda! Que susto…
Felix: ¿Cómo me llamaste? —Sus ojos, muy amplios, te buscan lentamente—. Repítelo. —Lo ves con miedo, no te gustaba para nada su cara—. No… No importa. —Asiente como si se intentara convencer a sí mismo—. Ya veremos si lo repetirás. —Vuelve a avanzar y, así como pidió Felix en su momento, el auto se bañó de silencio total. Se detuvo frente a la casa de ambos, pero nadie se movió por varios minutos. Felix, como prometió, abrió la puerta y apagó el motor, tú no te moviste ni un centímetro—. Llegamos.
Tú: Lo sé.
Felix: Entremos a la casa.
Tú: No quiero. —Él suspiró sin mirarte y cerró los ojos un momento, solo un poco más de compostura. Un… poco… más…
Felix: Conversaremos.
Tú: No es así. Tenemos tres años de matrimonio, Felix. Sé lo que significa.
Felix: Estoy intentando ser comprensivo y… “negociar” una solución luego de ver a mi esposa con mi mejor amigo dentro de mi auto por más de cinco minutos. Estoy siendo lo más racional que un hombre puede ser. Pero… si no sales del auto y entras a la casa en los próximo diez segundos, no será bonito…
Tú: A-amor…
Felix: Diez… Nueve… —Sostiene con fuerza el guía cuando abres la puerta y sales del auto—… ocho… siete…
Tú: Estás loco. —Le susurras sin cerrar la puerta—. Si crees que entraré a la casa a que me mates, en serio estás loco. —Caminas de espaldas para alejarte, él sigue quieto dentro del auto sin mirarte—. Tengo AÑOS encerrada en esa casa. Eres una maldita cárcel. ¡Te odio! ¡Eres un maldito controlador y me harté de tu…! ¡Tu…! —Tiemblas cuando te observa de reojo, tu piel se eriza al escucharlo aun contando.
Felix: Cuatro… tres… —Ahora abre su puerta y mira en tu dirección por encima del techo de su carro, azota la puerta—… dos… —Justo en ese momento te giras para correr por la calle y gritar por ayuda—…uno. —Suspira sin moverse de su lugar—. Se ve tan linda corriendo así. —Chasquea la lengua y suspira con cierto aire de desdén—. Qué lástima que no lo hará después del castigo de esta noche.
De tu lado seguías corriendo y mirando atrás, podías verlo estático, viéndote desde su lugar sin seguirte, haciéndose más pequeño mientras más te alejabas. Debías buscar ayuda, debía sobrevivir… debías… Debías…
Tú: ¡Ayuda! —Gritaste al ubicar la casa de un vecino, al menos el que te llamó la atención por el ruido de las carcajadas de él junto a otras personas. Golpeaste la puerta desesperada y una señora mayor abrió. Ella no pudo articular nada a verte, quedó boquiabierta con tu apariencia. Pero… ¿y cómo no hacerlo? Despeinada, respirando por la boca en desesperación, con las piernas temblando por correr, sudada por el esfuerzo…. Eso no era normal. La señora llamó a quien parecía ser su hijo y el dueño de la casa, juntos te ayudaron a entrar.
Señora: Dios mío, linda… ¿Qué pasó? ¿Por qué estás así?
Tú: Felix… Felix…
Vecino: ¿Tu esposo? —Frunce el ceño extrañado, pero tú asientes—. ¿Necesitas que lo llame o…?
Tú: ¡NO! ¡No! No por favor, no lo haga, no lo haga… —Ahora el hombre está más confundido. Observó de reojo a su madre y esposa, la mujer más joven niega con la cabeza y luego mueve su dedo alrededor de su oreja, indicando un simple “está loca”. La señora mayor, que estaba atenta a la situación, solo podía cubrirse los labios. La esposa fue hacia el teléfono y empezó a llamar con tranquilidad mientras los demás estaban sumergidos por la situación.
—. Él es malo, muy malo.
Vecino: A ver, linda. Primero respira, cuéntame lo que sucedió. —Tomas bocanas de aire mientras las lágrimas se te acumulan en los ojos—. Despacio, por favor. Ve despacio. —Niegas tragando con dificultad y lo sostienes de los brazos, las palabras casi no te salían.
Tú: Malo, muy malo… Casi lo mata…
Vecino: ¿Quién? ¿A quién mata? ¿Felix? No entiendo, linda. Debes ser más clara. —Te era complicado ser coherente cuando querías decir tantas cosas, ¿cómo podías resumir tres años de dominación absoluta por tu esposo? ¿Cómo le diría a ese hombre que te sentías asustada y con tu vida peligrando con cada segundo que pasaba?
Tú: En su casa…
Vecino: ¿En tu casa? —Niegas con fuerza.
Tú: Mis suegros, él… él sacó una pistola y… y disparó…
Vecino: ¿Quién tenía una pistola? ¿Tu esposo? —Confirmas exasperada—. ¿Por qué? ¿Por qué tenía una pistola?
Tú: Su padre tiene una y se la robó, le disparó a su amigo y ahora me quiere matar a mí, él… —El timbre suena y todos se quedan en silencio. La mujer, con tranquilidad, pasa por el lado tuyo y de su esposo para abrir la puerta. Un grito se te atoró cuando viste la tierna sonrisa de Felix asomarse—. No…
Felix: Muy buenas noches, vecinos. Señora Devis, gracias por su llamada. Lamento los inconvenientes ocasionados por mi amada esposa. —Pasa hablando con amabilidad, tú observas a la mujer y luego a tu esposo con incredulidad—. El día de hoy fue muy estresante para ella. Visitamos a mis padres y creo que algo desencadenó esta actitud. Si lo mezclamos con que no se pudo tomar su medicamento regular, bueno… ya ve usted.
¿Qué? ¿Medicamento? ¿De qué medicamento habla?
Vecina: Déjala, Edward. Su esposo se encargará de ella. —Te sostuviste más del hombre cuando este intentó alejarse, este no decía nada, pero preguntaba con la mirada—. Hace tiempo, cuando llegamos al vecindario, le pregunté al señor Lee por qué nunca veíamos a su señora. Él me explicó que tiene una condición algo… incómoda. Debía ser controlada. Y, cuando todo se sale de lo habitual, puede suceder cosas como… esta. Son como… ¿Brotes psicóticos, señor Lee? —Él afirmo con su cabeza, permaneciendo sereno.
Tus ojos volvieron a Felix y él te devolvió la vista con dulzura. Maldita sea… Lo había planeado todo desde el principio, él no solo te tenía bajo su control, sino que también había preparado la situación para este tipo de eventualidades con sus vecinos. Con cada uno de ellos. No podrías escapar. Si todos pensaban que estabas loca, NUNCA te dejarían escapar.
Felix no era solo un controlador, era un psicópata y malditamente inteligente en sus movimientos. Ahora veías con terror a aquel hombre que te juró amor en todas sus formas, al chico rubio teñido con pecas adorables y voz profunda que podía usarla a su favor.
Tú: No, por favor…
Felix: Tenemos que ir a casa, mi pedazo de luz. —Susurra con dulzura al acercarse, utilizando aquel tenue timbre de voz que lograba engañar a todos… menos a ti.
Tú: No te me acerques. —Miras a tu vecino—. Señor… Edward, se lo ruego por mi vida. No me deje ir con él.
Felix: Ya atormentaste mucho a los vecinos, cariño. —Te toma del brazo con cuidado para alejarte y, cuando nota tus intenciones de escapar te jala con más autoridad—. No compliques las cosas, amor. Ya estarás bien. Tomarás tu medicamento y estarás más “relajada”. —Te atrae a él y besa tu mejilla a pesar de que lo intentas apartar con todas tus fuerzas. —Estarás más controlada.
Tú: No, no, no, no, no… Se los suplico. ¡Se los suplico! ¡Ayúdenme! —Él te jala lejos de los brazos ajenos—. ¡Llamen a la policía! ¡Me hará daño! Se los pido… —Las lágrimas bajan por tu cara, mezclándose con el sudor de desesperación y el temor contenido—. ¡AYUDA! —Sollozas como último intento de que te escuchen mientras salen por la puerta.
Felix: Lamento mucho… —Aguanta tus sacudidas—…este inconveniente. Prometo que estaré más atento. Pasen feliz resto de la noche.
Vecina: Pobrecita… El señor Lee es un ángel al tener que tolerar eso con el amor que le tiene. Que admirable. —Cierra la puerta de su hogar tras su último vistazo. No valieron los gritos por toda la calle, para todos los demás estabas loca y Felix remediaría a su esposa. O, mejor dicho, controlaría a su esposa.
Y es ahí, entrando a la casa, es donde llegamos a la situación actual.
Felix: ¡¿Por qué te miró tanto tiempo?! ¿De dónde mierda se conocen? Eres MI mujer. —Intentas escapar de sus acusaciones al casi correr a la habitación, él lo evita al colocarse frente a ti—. ¡Que me contestes! ¿Quién es él en tu vida? —Te sostiene de los brazos con fuerza —. Te lo advierto, no me saques de quicio. Piensa MUY bien lo que dirás-…
Tú: ¡No es nadie!
Felix: ¡Mentirosa! —Te sacude y tú chillas asustada. Te fija en tu lugar y habla entre dientes al acercar su rostro al tuyo—. Tu última oportunidad. ¿Quién…es…? —Sientes sus dedos tensarse alrededor de tu piel, eso dejará marca—. ¿…“él”? —Lo mírate en silencio y repentinamente su mano llegó a tu cabello, lo atrajo para someterte, jalándolo hasta que te pudo ver desde arriba—. Te lo advertí, y no me hiciste caso.
Tú: Felix. —Tragas grueso—. Felix, Fefi mi amor, duele… duele… —Él agudiza el agarre—. No es nadie, te lo juro…
Felix: Nadie es un fantasma. Él es un hombre, de carne y hueso… Y yo lo vi. Los vi a los dos. En mi auto… Él es mi amigo. —Jala una vez más, tú cedes hasta colocarte de rodillas frente a tu esposo—. Fui bueno contigo. Solo debías hacer lo que yo pedía, no era tan difícil… Lo hiciste por tres malditos años.
Tú: Felix… —Gemiste en suplica por su puño enredado entre tus hebras y lo observaste con lágrimas en los ojos—. Fue una trampa… Te lo juro. Yo nunca te haría daño. Yo nunca haría eso… —Aumenta el esfuerzo—. ¡Felix! —Casi sollozas, él te seguía vigilando desde arriba, con los ojos bien abiertos, capturando cada una de tus reacciones y palabras—. Por favor, por favor…
Felix: ¿Cómo me dijiste en el auto? —Levantas la vista llena de lágrimas, algunas de estas deslizándose por tus mejillas—. ¿“Psicópata”? ¿“Loco”? ¿“Manipulador”? —Sonríe—. Vamos, mi cielo. Refréscame la palabra. “Esa”… —Levanta más las comisuras —… palabra.
Tú: No-… —Respiras hondo—. No lo sé. Ya ni la recuerdo.
Felix: ¿Ya la olvidaste? —Susurra irónico y te suelta. Acaricias tu cuero cabelludo lastimado sin dejar de mirarlo, la tensión aumentando cuando él no parece pestañear desde tu punto de vista—. No hay problema, yo te la recuerdo… “mi querida esposa”. —Sus manos van lentamente hasta el contorno de tu cara y la sostienen, sus dedos se clavan en tu piel—. Así te quedará en la memoria cada vez que intentes hacer algo malo de nuevo.
Tú: Amor. —Agarras sus muñecas, pero la fuerza que él ejerce no te ayuda a pensar—. Felix, detente.
Felix: No puedo, mi pedazo de luz… —Ahora su mirada pierde un tino de cordura, con un tic en su ojo— Amo ser… tu maldito controlador. —Inclina tu cabeza hacia atrás hasta que no puedes moverte, solo verlo a él, sus pulgares amasan tus mejillas—. Sabes que todo tiene sus consecuencias…
Tú: Me portaré mejor, no intentaré escapar… Lo… Lo prometo. Yo lo solo-…
Felix: Usa esa boca para otra cosa más que decir mentiras. —Te quedaste congelada—. Hoy me hiciste el día especialmente difícil… Necesito “desahogarme”. —Suelta tu cara con cierta violencia y sigue observándote—. Quizás fui demasiado “dulce” contigo en el pasado y eso te dio la certeza de verme la cara de idiota.
Tú: No es así… No es idiota. —Él avanza un paso y tú quedas sentada en el piso, sigue su andar y tú te arrastras hasta que la pared te impide seguir—. Sabes… Sabes que te amo, y mucho. N-no me harás daño si… si…
Felix: Yo también te amo. —Se quita su cinturón sin dejar de mirarte bajo su sombra, su voz siendo más gruesa de lo usual—. Pero el amor tiene un poco de todo. Risas, dulzura, decisiones… Sometimiento. —Desliza el cuero de su correa hasta sacarla de sus jeans, y lo toma con ambas manos—. Dolor… —Estira con fuerza el objeto y este emite un impecable latigazo que te atemoriza—. “Placer”.
Tú: Cie-cielo… Mi tesoro… —Su mirada se endurece con tus apodos y enrosca el cinturón en su mano—. No hay que llegar a-…
Felix: ¿…a perder la cabeza? —Se ríe por lo bajo y hora busca desabotonar su pantalón—. Pero si lo hiciste desde el inicio. Pero ya estoy cansado de ser un “rayito de sol” contigo. Quizás entiendas más si soy un bestia. Creo que… las palabras no te funcionan. —Cuando logra liberar la primera parte del camino entre su miembro y el exterior, se detiene—. Levanta tus manos.
Lo haces con leves temblores y sin perder tiempo ves como utiliza la correa para atarlas. Cuando creerías que estaba listo intentaste moverte, pero él lo evitó. Pasó el restante de la correa por tu cuello y te ató. Tus manos quedaron cohibidas debajo de tu mentón, unidas a tu cuello. Ahora, contigo inmóvil y desconcertada, Felix pudo ocupar sus manos para liberarse por completo.
Felix: Eras muy obediente, ¿cuándo te hiciste tan rebelde, cariño? —Viste su pene salir cuando bajó su ropa interior junto con su pantalón y ser tomado por él mismo para masturbarse frente a tu cara. Cuando ibas intentar a hablar él sonrió por segunda vez y tomó tu cabello para que te contuvieras. Golpeó tu mejilla con su miembro par de veces—. ¿Qué? ¿Quieres defenderte? —Lo presionó contra tu mejilla, allí se masturbó entre su mano y tu cara, complaciéndose del leve calor que le emitía tu sonrojo ante la escena—. No te veo tan renuente.
Tú: Pero yo-…
Felix: Ah, ah. Traga. —Jala tu cabeza hacia atrás y cuando abres la boca él entra de repente, casi ahogándote de paso al llegar tan profundo—. Con la boca llena no se habla. —Suspira sin dejar de mirarte, moviendo tu pelvis despacio—. Eso es…~ Buena chica.
Quizás fuera lento, pero la intensidad de sus penetraciones contra tu boca te removía por completo. Se relamió los labios ante la erótica imagen, se quedó estático en un momento, con la punta sumergida en tu garganta, envolviéndose de tu lengua y jadeando al sentir perfectamente como tragabas y apretabas.
Una vez más te sostuvo con ambas manos y salió para entrar con fuerza, lo hizo otra vez y de nuevo, tus ojos casi se cierran al sentir como acomodaba sus manos alrededor de ti…
…Esta vez no tendría piedad.
Sus invasiones se hicieron cada vez más intensas, descontroladas y sin intenciones de ser aplacables. Emitías sonidos toscos que lo envolvían, sus jadeos se hicieron quejidos y rápidamente se transformaron en gemidos roncos al aumentar la velocidad. Su mano derecha se plantó en la pared, luego la izquierda y ahora solo arremetía contra ti sin un seguro.
Felix: Ahora sí estás… obediente, ¿eh? —Sus caderas intensifican y un grito se agudiza desde tu interior—. Mírame, quiero ver tu cara… el cómo me sientes. —Lo hiciste, tus ojos se alzaron y el corazón de tu esposo casi se desborda de placer al ver su pene entrar una tras otra con desmedida junto a tus ojos suplicantes, ¿por separarte o seguir? Ni idea, pero amaba lo que veía.
Salió antes de venirse y lo hizo justo en tu cara, se masturbó un par de veces más mientras cerrabas los ojos y sentías las tiras de su esperma cubrir tu cara. Su aliento era caliente, intenso, sucio y retorcido al igual que tu intento por respirar tras esos minutos de oral completamente desenfrenado. Te empujó hacia un lado y dejó que cayeras de al piso, quedando recostada tras un quejido sorpresivo.
Tú: Aaaay…
Felix: Levanta el culo. Veremos si te quedan ganas de correr o hablar cuando te recuerde tu lugar. —No te moviste por unos segundos, por lo que Felix mismo tomó tus caderas bruscamente y las levantó con violencia, quedaste de rodillas, boca abajo y a su gusto, sus manos amortiguándote en el piso para que tu mentón no chocara con este.
Sostuvo tu pantalón y lo jaló sin intenciones de ser cuidadoso, quitándotelo tras varios remeneones. Su boca fue directamente a tus muslos ahora descubiertos y… no besó en estos, marcó sus dientes donde piel hubiese.
Tú: ¡Felix! ¡Ay! Es-… ¡Dios! —Quería que se detuviera, pero… el muy maldito sabía lo que debía hacer para encenderte. Lamía desde la parte trasera de tu rodilla y subía hasta casi llegar a tu entrepierna, mordía y jalaba tu piel. Azotaba tu trasero o muslos, excitándose más cuando el sonido se asimilaba a un latigazo.
Terminó por bajar tu ropa interior hasta la mitad de tus muslos y sumergir su boca entre tus piernas, los gemidos de tus labios no se hicieron esperar y mucho menos tus removimientos de caderas al sentir su lengua entrar. Arqueabas tu espalda, él estiraba tu trasero para ingresar más y jadear entre separaciones. Querías sostenerlo o apartarlo, que entrara o que se alejara… La indecisión te mataba.
Él sostuvo tu ropa interior colgada y la jaló hasta romperla, el acto vandálico te hizo gemir gustosa por la fuerza empleada y él tuvo que volver a tocarse por tus obscenos ruidos. No, no aguantaría más tiempo sin estar dentro, se separó dejando un rastro de saliva entre tu entrada y su lengua, se lamió los labios antes de girarte y ahora dejarte boca arriba… disponible para él.
Felix: Quiero que gimas como la maldita perra que eres… —Se coloca sobre ti y sus manos se plantan a los lados de tu cintura—. Te cohíbes y no te dejaré tener tu maldito orgasmo. —Se acerca a tu oreja y susurra con voz profunda—. ¿Quedó claro? —Gimes la aceptación a su amenaza y él se alinea contigo—. Muéstrame que ni el maldito de Hyunjin-Hyung te puede poner como lo hago yo.
Tú: No lo menciones…
Felix: ¿Por qué no? —Silencio y él se detiene—. ¿Me quieres molestar más?
Tú: Porque él es mi pasado y tú mi presente. —Felix se aleja para verte desde arriba—. A él no lo voy a amar, no lo amo. A ti sí… ¿Crees que no quise escapar antes? ¿Crees que no lo pensé muchas veces? De no amarte me habría quedado con él hace tiempo y no nos habríamos-… ¡Dios mío! —Gritaste al sentirlo entrar de golpe.
Felix: Estás tan mojada… —Lo ves con el aire atorado en tu pecho—. Solo lo haces cuando estás conmigo. —Entra con fuerza y sale lentamente—. No te atrevas a mirarlo de nuevo… —Ibas a hablar y él de nuevo se mete con crudeza para salir despacio—. Cada parte de ti… —penetración—… me pertenece.
Tú: Lo es… —Gimes con los parpados a mitad de los ojos—. Te miro… a ti~ —Él se sostiene de tus hombros y se recuesta sobre tu cuerpo, se encaja lo mejor posible entre tus piernas y sientes sus caderas moverse en círculos lentos antes de retomar la violencia anterior.
Felix: No te dejes de mover… No lo pienses, aprieta con las malditas ganas que sugieres tenerme. —Arqueas tu espalda con un largo gemido que a él lo atrae más—. ¿Sabes que… es lo peor? —Jadea cuando siente que haces lo que pides—… Que tú provocaste esto. —Arremete contra ti y tus gemidos se convierten en suplicas agónicas, giras los ojos al casi quedarte inmóvil por la tensión generada en tus nervios, tus manos queriendo soltarse sin tener la oportunidad—. Te da miedo cuánto te gusta que te controle, ¿verdad? —Sonríe entre su desdén de locura—. Por eso me provocas cada vez que puedes-… Mierda, sigue así~
Comenzaste a gritar su nombre con desesperación, él provechó para buscar tus pezones entre la tela de tu blusa y chuparlos sobre esta en busca de provocarte, se separó solo cuando sintió su pene casi arder por la rapidez y fuerza mezclado con tu llamado en el interior, sus testículos chocando con tu trasero generaban el ruido necesario para arrancarle los roncos gemidos desesperados que se bañaban a los tuyos.
Te miró una vez más, sumergido en el salvajismo del momento, su pecho sostuvo la respiración cuando sus caderas perdieron el ritmo, sus ojos conectados, sentías el ardor de tu piel magullada por sus azotes y casi llorabas ante la mezcla de dolor con placer, pero ya la voz no te salía, todo temblaba.
Ninguno de los dos pudo entablar una palabra coherente cuando el clímax los arropó, él siguió el mismo ritmo aun cuando sentiste tu orgasmo llegar, siguió aun cuando el suyo lo debilitó. Y, como si lo imposible se hiciera posible, una eyaculación en conjunto con la tuya por la sensibilidad te llenó.
A pesar de tu mente perdida, tu cuerpo fue consciente del desbordante placer y de dejar que el piso se llenara de sudor, calor y restos de la locura de tu esposo.
Aun caliente por el sexo Felix salió de ti, no esperó a calmarse para recostarse tu lado y contemplar el techo, desnudo en la parte posterior al igual que tú. Él te observó de reojo mientras tocías ronca y prácticamente temblabas por los espasmos del duple orgasmo que te generó.
Felix: Que eso te-… —Respira hondo—… enseñe… quien tiene el maldito control.