Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 12 de julio del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 12 de julio del 2025
Esa noche vieron la película que puso Minho y aquello quedó como una vergüenza para ti y una victoria silenciosa para tu novio. Aprovechó tu propio juego para tenerte en jaque y ahora te sentías… Molesta. Más que antes.
Sin embargo, lo perdonaste. O al menos lo dejaste pasar. Pelear con Minho era sinónimo de que él te ignoraría y solo dejaría ver en claro lo tanto que te afectó su cercanía, por lo que no le darías ese placer, y menos con esa estúpida sonrisa socarrona que dibujaba su rostro mientras observaba el televisor. Tarde o temprano obtendrías tu venganza.
A la mañana siguiente recibiste la visita de tu mejor amiga, tu novio estaba grabando para el nuevo álbum que lanzarían en otoño junto a sus amigos fuera de la ciudad, por lo que tendrías todo el día para hacer lo que quisieras. El timbre sonó y tras abrir la puerta el hermoso rostro de Hannah se iluminó con genuina felicidad, saltándote encima con abrazo que recibiste con todo el amor del mundo.
Hannah y tú se conocieron desde que te hiciste novia de Minho, como siempre lo acompañabas en los primeros meses de relación te la encontrabas con mucha frecuencia en sus visitas con su hermano. Hablaron un día y la relación entre ustedes se fue estrechando, llegando a la situación presente: ustedes sentadas en el balcón, descalzas, comiendo queso y bebiendo vino, riendo de todo y nada al mismo tiempo.
Hannah: Le dije a Chan que la chica es una lunática y que hablara con la empresa. Su sonrisa es… espelúznate. Tengo bastante tiempo que no escucho de ella, pero antes se ganaba todos los concursos en los que mi hermano estaba relacionado.
Tú: Que tóxica. —Tomaste de tu vino y ella comió del queso, ahora las dos mirando el paisaje mezclado entre árboles y edificios.
Los tres gatitos estaban a tus pies, esperando que le dieran un poco de los aperitivos que consumían. Tú le echabas trocitos de queso y estos se recostaban para comer tranquilos lo que su “madre” les daba.
Hannah: ¿A Minho-Oppa no le ha sucedido lo mismo? Es cierto que es normal que los hombres de la industria sean afectados por este tipo de situaciones. —Niegas volviendo tus ojos a ella—. Me alegra. —Hannah medita un momento y frunce el ceño mientras toma su copa—. ¿Y si quizás no te lo ha dicho? Tal vez no quiera preocuparte.
Tú: Le sacaría la información a Seungmin o Hyunjin. Sus visitas siempre están llenas de “contenido”. —Ella ríe un poco, chocan sus copas con sonrisas divertidas y toman de estas en el tranquilo silencio.
De repente el teléfono de Hannah empezó a sonar y ella dejó el líquido a un lado para tomar el dispositivo, revisa su pantalla y una sonrisa de hoyuelos característicos de los Bahng surge en su rostro. Te pide con la mirada una disculpa a lo que tú asientes, indicándole que no había problema. Ella descuelga para colocar el celular en su oreja.
Hannah: Hola, ¿qué tal? —Se queda en silencio escuchando el otro lado del audio—. ¿Estarás en Seúl? ¿Cuándo? —Mira al piso y tú buscas tu celular, esperando distraerte mientras esperas—. ¿Hoy? ¿En la noche? —Ella sonríe de lado, muerde su labio y ahora mira al cielo. Aquellos gestos no pasaron desapercibidos para ti—. Estoy con una amiga. —Asiente—. No estés celosa… Es mi mejor amiga. —Más silencio—. Ajá, la novia de Minho-Oppa, ella misma. —Sus ojos parecen iluminados y aprieta la mordida en su labio inferior, al parecer lo que sea que le decían era muy emocionante—. Sí, te comparto la ubicación. Te espero aquí.
Tras terminar la llamada se quedó suspirando alegre de su nuevo plan para esa noche, sin embargo, sintió tu intensa mirada al punto de tener que aguantar la risa para observarte de reojo.
Tú: ¿Quién?
Hannah: Nadie. —Aprieta sus labios, observando a otro lado.
Tú: Bueno. Por lo que veo “nadie” vendrá a buscarte a mi apartamento, ¿verdad?
Hannah: Es solo una amiga. —Susurra.
Tú: ¿Una amiga? Yo soy una amiga, y estoy segura de que no haces todos esos gestos lo que hiciste cuando hablas conmigo. —Agudizas tu mirada— A menos-… —Hannah vuelve a mirarte y se altera en su lugar.
Hannah: ¡Nooo! Que asco, contigo no. Tienes novio y te quiero solo como amiga. No. Mejor dicho, eres como mi hermana.
Tú: ¡¿Lo ves?! Me diste la razón. —Dejas tu copa de vino en la pequeña mesa del enfrente, con los restantes trozos de queso en el plato—. Esa “amiga” es especial. Así que… —Tomas tu silla y te acercas a tu mejor amiga, ella vuelve a reír, recordándote al instante que era hermana de Chan. Fue verla reír y recordar al líder del grupo cuando se encogía en su lugar al sentirse descubierto—… habla, mi querida “hermana”.
Así se pasaron el resto de la tarde, explicándote sobre la linda baterista que había conocido en un bar y cómo se empezaron a tratar. De cuando viajaron a algunas ciudades de Australia juntas, ella para verla cantar o Hannah para escucharla tocar con su banda. De cómo se sentaron en un lago a kilómetros de todo para hundir sus pies en este y hablar de todo bajo las estrellas. Para susurrarte con un brillo en los ojos el cómo ella sentía una extraña conexión con esa “amiga” que no quería perder.
Sonreías en todo momento, ver a tu mejor amiga así de alegre e iluminada por otra persona lo hacía sentir especial. Escucharla era saber que estaba enamorada y que aún no lo había reconocido. Pero no serías tú quien se lo diría, dejarías que todo fluyera de manera natural. Si era obvio que, a este paso, pronto le llamarías a esa extraña… “cuñada”.
Una chispa de lluvia cayó en la nariz de la pelinegra con mechones, luego otra gota golpeó tu frente y, minutos después, estaban dentro tanto ustedes con sus pertenencias como los gatitos que corrieron a sus lugares seguros, viendo la lluvia caer desde el ventanal de tu casa. La noche cayendo a la vez que ustedes bromeaban de la situación de ella.
Hannah: Dice que estará aquí en cinco minutos. Por lo que es hora de utilizar esto. —La ves tomar su bolso y sacar un pequeño frasco transparente, parecía ser agua. Frunciste el ceño al verla echarlo en su cuello, muñeca, pecho y detrás de sus orejas.
Tú: ¿Qué haces?
Hannah: ¿No es obvio?
Tú: ¿Te rocías agua? —Ella se ríe divertida y muestra su mano, baja el dedo pulgar, luego el índice, estaba mostrándote la cuenta de cinco segundos de manera regresiva. Cuando terminó de contar te dio un olor muy suave, pero extraño. Pestañeaste al intentar identificarlo, pero solo se sentía como un ligero aroma fructífero a flores, muy sencillo para ser apenas detectable—. ¿Perfume?
Hannah: Casi. —Se acerca a ti y te lo muestra—. Esto, mi querida “hermana”, son feromonas. —Tomas el frasco en sus manos, observándolo a detalle. No tenía etiqueta ni algo alusivo. La duda era muy obvia en tu rostro—. Las feromonas son compuestos químicos que producimos las personas y los animales para transmitir intenciones. Por ejemplo, cuando los animales se sienten amenazados, mandan feromonas de forma natural para indicar que pueden atacar en cualquier momento.
Tú: Pero… Tú no te sientes amenazada, ¿o sí? —Sonríes sin entender.
Hannah: Hay distintos tipos de feromonas. Existen las territoriales y las… sexuales. —Casi farfulla la última palabra, por poco tus ojos salen de las orbitas al escucharla—. Son muy tenues, pero pueden hacer que la persona que las huele se interese en ti.
Tú: ¿Y por qué te colocas eso aquí? Estás-… —Tu voz se ve interrumpida por un bocinazo desde afuera, automáticamente se dieron cuenta de que sería quien tanto esperaba tu mejor amiga—. Hannah-…
Hannah: Ya me tengo que ir. Quédate con ese frasco si gustas, creo que a partir de esta noche no lo voy a necesitar. —Te guiña el ojo recogiendo sus cosas para ir hacia la puerta a toda velocidad con una gran sonrisa—. Tal vez te funcione con Minho-Oppa para que al fin te pida matrimonio. —Se carcajea saliendo por la puerta sin importar que esté lloviendo, dejándote con las palabras tanto de curiosidad como de despedida en la boca.
Escuchaste los neumáticos húmedos arrancar y dejarte completamente sola en tu casa, miraste el frasco en tu mano, ¿acaso algo como eso existiría?
La lluvia empezaba a ser más fuerte mientras preparabas la cena, veías la receta en tu Tablet de un platillo vietnamita que a tu novio le había interesado hace tiempo y quisiste complacerlo en esa noche. Constaba con mucho picante, por lo que meditabas bajarle el nivel para que no lo molestara. Por eso preparaste dos tipos de pollo, uno sin picante para ti y otro con la receta original para tu novio.
Por otro lado tu celular reproducía un video que hablaba sobre las famosas “feromonas” de las que Hannah te había dejado.
Video: «Las feromonas naturales pueden salir cuando existe atracción sexual, un estado emocional cambiante y hasta cuando llega nuestro ciclo menstrual. Salen de manera subconsciente, pero son más intensas en nuestra ovulación. Esto porque nuestro cuerpo busca una pareja y llama la atención con esta segregación sin que nos demos cuenta.»
Tú: Entonces todos tenemos feromonas… —Susurras para ti al echar una pizca de picante al pollo crujiente que estabas preparando al estilo acordado—. Me pregunto si los hombres tienen lo mismo. —De repente Doongie saltó hacia la mesa al lado de la estufa y maulló con ternura, tú reíste al ver su dulce carita mirándote con atención, era obvio que el olor a pollo lo llamó—. ¿Tú también las tienes, bonito? —Este movió su cola con elegancia mientras ronroneaba.
Video: «Las feromonas se producen por zonas como las axilas, cuello, detrás de la oreja, zonas íntimas y, cuando nuestra piel está expuesta a rangos altos de ejercicio, el sudor fresco también lo puede segregar. Existen distintos dos grandes tipos de feromonas. Para los hombres está la androstenona o Androstenol, que segrega masculinidad, poder y dominancia. Mientras que en la mujer se presenta la androstadienona…» —La chica hace una mueca al tener que leer la palabra para no equivocarse— «que está relacionada a la relajación, atención y aumento de la excitación en quien le rodea.»
Esta hace una pausa para maquillarse y hace un leve chiste de cómo sus ojos quedaron chuecos, se limpió para volver a hacerlo sin dejar de hablar del tema que te había generado interés.
Video: «Como decía, la androstenona y la androstadienona… Espero mencionarlos bien, porque son nombre muy complicados.» —Se ríe divertida y tú también ríes al prestarle más atención—. «Son las feromonas principales. Sin embargo, la que nos importa es la “copulina”. La copulina es una feromona que se produce en las mujeres, especialmente en la ovulación. Esta aumenta el deseo de los hombres o, de otra mujer, en muchos de los casos.»
Bajaste el fuego de la comida, Lee Know no llegaría hasta dentro de casi una hora, por lo que el tiempo te sobraba. Pero quisiste hacer la cena con tiempo por si había pasos tediosos o que no conocías. Doongie aprovechó tu falta de atención para bajar e ir con sus hermanitos a jugar.
Video: «Bien, sabiendo esto y conociendo cómo funciona nuestro cuerpo de forma natural.» —Ella sonríe divertida—. «Ahora entenderemos cómo funcionan las feromonas artificiales o sintéticas. Estas simulan las feromonas naturales y ayudan a la atracción. Pero… ¡Ojo!» —Levanta su dedo frente a la cámara—. «Ojo. Ojo. No son una poción mágica que hará a esta persona “enamorarse” de ti. Porque usted utilice esto no significa que la otra persona caerá a sus pies. Esto funciona para “llamar” la atención, aumentar tu atractivo, relajar a quien te huele y provocar esa “sensación” placentera de que necesita fijarse en ti o tu atención, ¿entiendes?»
Asientes comprensiva en sus palabras como si te mirara. Sacas el pequeño frasco del bolsillo de tu delantal y lo observaste de nuevo, lo contemplaste por varios segundos, sentías una gran curiosidad por saber si esto era real. Pero ver a Hannah echarlo con tanto entusiasmo hacía caer tus dudas y querer utilizarlo también.
¿Cómo reaccionaría tu novio si lo sintiera? Miraste el fuego bajo las ollas y sartenes, meditando la idea, ¿acaso podrías provocar en él lo que él provocó en ti la noche anterior en tu sofá?
Y ahí tu bombillo se encendió. Ladeaste la sonrisa.
Video: «Ahora, para que las feromonas sean efectivas con tu pareja, debes mezclarlo con otras cosas naturales. Algo como una mirada intensa, o un acercamiento delicado, quizás un coqueteo o trato suave que obtenga más su atención. Hasta jugar con él o ella, como gustes. Todo esto depende de ti.» —Te levantaste un momento para revisar lo que cocinabas y girarlo—. «Como dijimos anteriormente, las feromonas tienes sus lugares específicos de segregación. Por lo que, para simular naturalidad, las feromonas sintéticas deben salir de estos lugares. Es decir, echar un poco cuello, clavícula o pecho, en la nuca, muñecas.»
Tú: ¿Ya le eché picante al pollo de Minho? —Te cuestionaste al detener un momento el video y ver el frasco de picante, observaste la receta. Aparentemente no había sido así y, por ende, echaste un poco en el pollo, removiéndolo una vez más—. Entonces esperemos a que se condimente bien. —Miras el reloj y notas que faltan menos de veinte minutos para que tu novio llegara. Observaste el frasco de feromonas, pensaste un poco más—. Me ducharé y me lo colocaré.
Tal como te prometiste, dejaste que la preparación del platillo siguiera en su curso y te diste un baño rápido, te colocaste frente al espejo, abriste el frasco y echaste levemente su contenido en los lugares indicados. Lo dejaste en la habitación para cambiarte de ropa por un pijama corta, llegaste a la cocina para revisar todo y, tras apagar las hornillas, servir en la mesa los platos.
Observaste el arroz, aun le quedaba cinco minutos. Justo a tiempo para escuchar a tu novio llegando, cerrando su sombrilla y quejándose de lo mojado que estaba por la brisa que había de camino a casa.
Minho: ¿Cómo están, pequeños? No se acerquen a papá, está lleno de agua de pie a cabeza. —Advierte divertido, siendo seguido por estos con maullidos dulces—. Mmmh~ ¿Qué huele tan bien por acá? Sé que es pollo, pero está diferente. —Se quita su chaqueta mojada mientras estás de espaldas, aun arreglando los platos—. Parece el platillo que vimos en la casa de Jisung-ah aquella vez.
Tú: Efectivamente, es… —Miras al techo, intentando recordar el nombre del platillo—… Kom Gà soi… ¿moeh kai? (“Cơm Gà Xối Mỡ Cay”) —Cuando observas a tu novio él esta con las cejas hundidas—. Espero haberlo dicho bien y no invocar al diablo. —Te ríes—. Pero le pregunté a HanJi y me dijo que era un plato vietnamita. —Te acercas al castaño para dejar un platillo en la mesa y luego besar sus labios por la bienvenida—. Date una ducha, me falta el arroz y-… —Tu boca fue tomada en otro beso que te sorprendió—. Oh… Minn… —Otro beso más—. Amor-… —Un tercer beso, uno más intenso y posesivo al punto de quitarte el aliento. Te sostuvo de cintura y, no le importó mojarte con su ropa empapada en lluvia, sentía la necesidad de fundirse en un beso contigo—. ¡Espera! —Diste un paso atrás—. ¿Minho?
Minho: No sé, es que te ves muy bonita. —Sonríe de lado y aprovechas la distancia para mirarte por completo. Quizás el pijama corta con diseño de gatitos y conejitos que utilizabas sí era bonita, pero él ya la conocía. Volviste a verlo con extrañeza—. ¿Qué pasa?
Tú: Nada, ve a bañarte.
Minho se queda observándote con cierta curiosidad y se ríe un poco al ser empujado hacia el pasillo por ti. Él te mira antes de desaparecer por la puerta del baño, mueves tu mano para que termine de encerrarse y… sus ojos parecieron tener un brillo que captaron tu atención, no sabías que era, pero no parecía contemplarte como siempre… Algo parecía diferente. Con eso entró al baño y se encerró, tú respiraste de nuevo sin darte cuenta de cuando dejaste de hacerlo.
Tú: ¿Y si es la feromona? —Niegas en reproche hacia ti—. Debo dejar de imaginarme cosas. —Murmuras, volviendo a prestar atención a tu alrededor. Una vez más te concentraste en la cocina y así fue por varios minutos hasta que tu novio salió del baño, directamente hacia ti con su toalla en su cintura—. ¿Quieres cerveza? Leí que este platillo es un combo con-… —Sentiste los brazos de Minho abrazarte desde atrás y besar tu mejilla.
Minho: Como gustes, mi amor. Lo que hagas está bien para mí. —Respiró hondo y soltó el aire con lentitud. Besó sobre tu hombro para ahora visualizar lo que hacías—. ¿Te duchaste con un nuevo jabón? —Negaste y él vuelve a oler—. Es que creo que hueles tan…diferente. No lo sé.
Tú: ¿Cómo te fue con los chicos?
Minho: Creé una nueva coreografía para la canción principal del próximo álbum, logramos grabar una parte. Me sentí extraño porque tuve que tomar extractos de ATE. Y sé que hago eso en muchas ocasiones, pero quedó muy bien. —Se separa cuando tomas los últimos platillos de pollo, él sostiene el par de latas de cerveza y dejan todo en el centro—. Le dije a Chan-Hyung que para el próximo álbum podríamos ver estilos africanos o del oriente. —Se sienta en su silla de siempre y tú al frente de él—. Vi varios videos de los tipos de baile de Sudáfrica y del Chad, creo que podría sacar muchas cosas de estos.
Tú: Me parece que a Chan le gustó más el estilo latino.
Minho: A mí también me gusta, pero nos caracteriza el innovar y buscar nuevas cosas. Podemos tomar del latino, del europeo, del oriental. —Toma los palillos y el arroz para servirse, tú tomas la ensalada y el pollo sin picante que preparaste para ti—. Hay tonadas chinas muy buenas y… ¿Has escuchado el reggae de Jamaica o las canciones de Paraguay? Cuando estábamos en Chile escuchamos cosas de otros países. Hubo un Mix muy bueno de Colombia y… —Piensa un momento—… creo que era de El Salvador Ecuador, no recuerdo bien. —Deja el plato y ahora toma el pollo tuyo.
Tú: No, no. Ese es mío, el tuyo es este. —Señalas con tu palillo el pollo más rojizo.
Minho: ¿Cuál es la diferencia?
Tú: El tuyo es la receta tradicional, con picante. Recuerda lo que me pasó a mí cuando lo probé, por eso la alteré y no le puse picante al pollo que yo comeré.
Minho: Probaré los dos. —Toma una porción de tu pollo y tres piezas del que le correspondía, tú miras al techo y suspiras entre risas—. ¿Qué? Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, ¿no?
Tú: No estamos casados. Eso aplicaría se estuviéramos casados. —Tomas el arroz y lo sirves.
Minho: Vivimos juntos, dormimos juntos. Desayunamos, comemos y cenamos juntos, en ocasiones nos vayamos juntos. Lo único diferente entre un matrimonio y lo que tenemos es el papel.
Tú: Papel que no quieres obtener.
Minho: Te amo, ¿me amas? —Asientes—. ¿Entonces por qué un papel debe comprobar eso? Ya nosotros lo sabemos y es lo importante. —Respiras hondo y prefieres quedarte en silencio para empezar a comer de tu platillo. Minho levanta sus ojos para verte, sintiéndose extraño porque no insistieras más en la conversación. ¿Quizás dijo algo mal? Hizo una pequeña mueca. Quería hablar más contigo—. Y… ¿Cómo se portaron los niños?
Tú: Como siempre. —Te sobresaltas en tu lugar con una sonrisa al recordar algo—. ¡Oh! Esta mañana Dori y Soonie jugaban entre tus cosas, y se bañaron de tu perfume sin querer.
Minho: ¿De mi perfume? —Confirmas riendo y él ladea su sonrisa terminando de masticar su cena—. ¿Cómo hicieron eso? Estaba literalmente cerrado. —Niegas riendo más.
Tú: Ni idea. De repente terminé de hacer mis pendientes de la empresa y llegó el olor de tu perfume. Me dije: “¿Minho llegó temprano?” y eran ellos que andaban por todos lados oliendo a Chanel. —Se ríen divertidos, los pequeños protagonistas los miraban desde sus camitas como si el chiste no les fuera de agrado.
Tu novio te observó una vez más. No sabía por qué, pero algo en esta noche llamaba más su atención en ti, algo le atraía y quería descubrirlo. Comió las porciones, tomándolas sin mirar su plato, solo tenía ojos para ti.
Minho: Amor. —Le observas por su llamado—. Sabes que eres muy bonita, ¿verdad? —Le sonríes con pena, sonrojándote por sus hermosas palabras—. Y lo eres más cuando sonríes.
Tú: Ya para.
Minho: No quiero parar. ¿Por qué no me miras más con esos bonito ojos, eh? —Esquivas la mirada—. Hiciste justo lo contrario. —Tose un poco y mira su plato, pero le resta importancia para volver a verte—. Vamos, no quieras ser tímida ahora.
Tú: No estoy siendo tímida. —Lo miraste entre pestañas y él se quedó observándote al comer más, entonces la tos se intensifica un poco, le prestas más atención cuando vez su garganta tragar con fuerza—. ¿Estás bien, amor?
Minho: Sí, solo… está un poco picante mi pollo. —Se ríe muy bajo, pestañea al sentir como el calor del condimento se expande por su boca—. Sí, es… es picante.
Tú: No entiendo, le eché muy poco. —Él toma aliento y lanza una breve carraspera desde su garganta, sus orejas se colocan rojas y lo ves acariciar su pecho desnudo con su mano—. ¿Quieres tomarte la cerveza? —Minho asiente, lo que sea líquido le ayudaría, ¿no?
Te levantas para alcanzar la lata, se la abres y dejas que la tome. Ves como empieza a beberla en tragos muy largos hasta acabársela—. ¿Cómo te sientes?
Minho: No… no está funcionando. Se siente peor. —Se coloca de pie también y notas como se empieza a desesperar—. Agua… Busca-… —Tose con más fuerza y te encaminas a su petición, abres el refrigerador para tomar un jarrón de agua fría y otro jarrón de hielos, buscas un vaso y corres para encontrar a tu novio con la cara roja. Sirves todo de manera rápida, Minho lo toma—. Más.
Tú: De acuerdo. —Sirves más agua, le echas hielo. Tu novio la toma.
Minho: Dame más. —Hiciste una mueca y le ofreciste otro vaso—. ¡Esta mierda no está funcionando!
Tú: Minho, debes calmarte. —Lo viste rascarse la nuca, sus labios tomando el rojizo que profesaba el ardor interno, su pecho subiendo y bajando desesperado por el ardor, su lengua relamiendo su boca cada cierto momento para sentir que el dolor se disipaba.
Quizás estabas loca, pero a pesar del sufrimiento de tu novio, todo lo que hacía se veía erótico e hipnótico. El cómo se sostenía de la silla y ahora tomaba el tarro de agua que habías traído para intentarlo por última vez, tal fue su rápido movimiento que el agua le cayó casi toda encima de sí y lo hizo apartarse de golpe con frustración absoluta.
Sus brazos flexionarse, cuando se peinaba el cabello hacia atrás y jadeaba frunciendo sus cejas, cada vez que carraspeaba su abdomen trabajado se contraía. Y ahora esas gotitas escurridizas que bajaban por su piel le daban ese aire de lujuria que tanto te atraía de él.
Tú: Dios… mío… —Susurraste para ti, ahora eras tú que sentías “calor”. Tomaste un cubito de hielo sin apartar los ojos de las acciones de él y lo llevaste a tus labios para “enfriar” esos pensamientos. Sin embargo, no imaginaste que él se daría cuenta de tu movimiento.
Minho: ¿Qué tienes en la boca?
Tú: ¿Mh?
Minho: ¿Es hielo? Dámelo.
Tú: No, pero puedes-… —La rapidez con la que se acercó fue sobrehumana.
Estuvo a centímetros de ti en menos de tres segundos y tomó tu cara con una mano para atrapar tu boca entre la suya, ninguno de los dos cerró los ojos, mantuvieron sus miradas con intensidad sin dejar de sentir su agarre en tus mejillas. Su lengua se introdujo sin permiso alguno en tu interior y por inercia buscaste sostenerte de él, encontrando su toalla como único sustento.
Cuando se separó el hielo se movía dentro de la boca del castaño y ahora eras tú que coronabas tus mejillas de carmín con una respiración desesperada.
Tú: Minho, yo-… —Fuiste interrumpida por sus dientes triturando el agua sólida, sin dejar de mirarte ni un solo segundo y con una seriedad que le caracterizaba solo en momentos muy puntuales.
Minho: Eso me ayudó bastante. Intentémoslo… —Busca un granulo de hielo de los que trajiste y llevó este a tu boca, empujándolo con su pulgar para que cedieras—…otra vez.
Tú: ¿Mh? —Te ibas a negar y apartarte, pero no te lo permite al apretar más el agarre en tu rostro.
Minho: Abre la boca. —Te niegas con la cabeza y Minho, con frustración, deja que te separes—. ¿Por qué no? —Lo observas en silencio—. Te hago una pregunta, aun la boca me arde y el hielo me tranquilizó la molestia.
Tú: Puedes comerte el hielo… —Lo mira cuando lo señalas en su mano—. Solo llévalo a tu boca.
Minho: Pero yo lo quiero de tu boca. —Lo observaste confundida, ¿acaso escuchaste bien? Él suspira al verte estática en el mismo lugar—. Si Mahoma no va a la montaña… —Se come el hielo al acercarse.
Tú: No es necesario que me beses para que se te vaya el ardor. —Lo evitas caminando con rapidez por su lado hasta quedar detrás y él queda estático—. Sé que con ese hielo podrás sentirte mejor, ahora que está directamente en tu boca.
Minho: Sí sabes que la comida que preparaste fue lo que me hizo esto. —Señala con la voz levemente distorsionada al tener que llevar la pequeña pieza congelada a su mejilla.
Tú: Fue un accidente.
Minho: Pero mira lo que provocó.
Tú: No fue mi intención.
Minho: Aun así tuve una reacción. Hazte responsable.
Tú: Se puede pasar.
Minho: Que se pase contigo. —Va hacia ti otra vez y una vez más lo evitas hasta colocarte detrás de él, Minho suelta un largo suspiro—. Maldita sea…
Tú: Escucha, amor. Lo que podemos hacer es que te lo recompensaré con otra cosa, ¿mh?
Minho: Quiero que me lo recompenses con tu boca, tú sabrás de qué manera.
Tú: ¿Un poema? —La cara de tu novio se desconfigura—. Tú dijiste que yo sabría la manera.
Minho: ¿Me estás intentando sacar de quicio? —Niegas con seguridad—. Eso es lo que estás logrando ahora.
Tú: Pero Minho, que estoy intentando buscar soluciones.
Él te examina molesto. Su vista se endurece y no la aparta de ti, no importa hacia donde mires o como actúes, sus ojos sobre tu cuerpo parecían casi atravesarte. Te sentías nerviosa, solo recordabas a tu chico de esa manera una sola vez y fue cuando Hyunjin lo sacó de quicio con una discusión.
Lo próximo que paso es que el pobre pelinegro tuvo que ir al psicólogo por un mes porque Minho aparecía todas las noches en su ventana durante una semana, con una sonrisa maquiavélica y arañando el cristal… amenazando con entrar y hacerle daño.
Sí, sus castigos podían ser extremos.
Pero ahora no te podías imaginar lo que lograría hacer, el único movimiento que pudiste capturar durante todo ese intenso silencio fue la garganta de tu novio tragando lo que restaba del hielo en su boca.
Minho: Anoche… —Comenzó—. Querías te hiciera mía en ese sofá. No quiero creer que lo que pasa en este momento es por eso. —Tú lo miras de reojo y él tensa su mandíbula—. Esto es… una maldita broma.
Tú: Sabes que estabas mal y aun así lo empeoraste con eso.
Minho: Pedí disculpas y seguías enojada conmigo, ¿qué debería de hacer?
Tú: Recompensar tu error, no solo sentarte como un idiota a mi lado y sonsacarme como hiciste. ¿Ves que no se siente bien? —Te cruzas de brazos y él acaricia su cara con pesadez. De ser otro momento quizás se habría ido, dejando la situación como estaba y esperando que se te pase la molestia para irse a la cama en busca de paz, pero no sabía el por qué su cerebro gritaba que esa noche necesitaba que fueras suya. Insistiría porque, de verdad, te necesitaba.
Minho: Déjame recompensarlo.
Tú: El sexo no es recompensación. —Él se queja audiblemente y tú lo ignoras, Minho cierra sus ojos y piensa en otra forma de bordear la situación.
Minho: Muy bien, de acuerdo. Hagamos algo. Será sencillo. —Le vuelves a ver de reojo—. Tengamos un pequeño juego de rivalidad. Mirémonos a fijamente durante quince minutos, ¿de acuerdo? Tú podrás provocarme todo lo que quieras y yo no podré hacer nada. Ni tocarte, ni besarte, ni sostenerte; solo mirarte y aguantar. Si gano, tendrás que dejar ese orgullo y enojo, te querré en la cama.
Tú: ¿Y si yo gano?
Minho: Me casaré contigo. —Todo el mundo se detuvo. No podía estar hablando en serio.
Él levantó una ceja esperando que dijeras algo, tu corazón latió con fuerza dentro de tu pecho, esa meta se trazó en automático en tu mente: “Tendrías que sacarlo de quicio”. Soltaste el cruce de tus brazos y lo miraste de arriba hacia abajo, extendiste tu mano derecha, él la tomó para estrecharla. El trato había sido pactado.
Buscaste tu celular y recogiste los platillos de comida que quedaron en la mesa, tu novio aprovechó el momento para estar con sus gatitos, aprovechando para moverlos de lugar. No harían nada si veían tres pares de ojitos observándole fijamente. Volvieron al salón principal, colocaste el temporizador y se lo mostraste.
Tú: ¿Quince minutos?
Minho: Quince minutos. —Afirma tranquilamente, incluso sonríe como si nada, como si tuviera un truco bajo la manga. No sabías por qué tenías una mala espina sobre esto, pero aun así accediste e iniciaste el tiempo.
Dejaste el celular en uno de los muebles, tu novio se cruzó de brazos, esperando tus movimientos. Diste unos pasos cautelosos hasta él y plasmaste la punta de tu dedo índice en su pecho, alzaste tus ojos a los suyos para que no perdiera contacto contigo y así moviste este despacio hasta su abdomen tallado por el ejercicio, sintiendo aun algunas gotas de las que cayeron sobre él antes.
Ahora dirigiste tus pasos hacia los laterales de tu novio y lo rodeaste mientras tus manos acariciaban a diestra y siniestra toda su extensión. De repente las fosas nasales de Minho captaron un leve aroma, era muy sutil y nada reconocido. El mismo que sintió cuando te olió en la cocina. Sin embargo, su cuerpo reaccionó casi al instante al erizarse, sus pupilas se dilataron y la respiración se le atoró, ¿qué había sido eso? ¿Acaso era un nuevo champú en tu cabello? Aprovechaste para agarrar una de sus nalgas y aquello lo sobresaltó.
Tú: ¿Qué pasa? —Le susurras en el oído y traga grueso, estabas detrás de él, arañando leventemente su espalda de arriba hacia abajo. Los músculos en su cuello se tensaron al querer contener la tentación—. ¿No te gusta lo que sientes?
Minho: No sé de lo que hablas. —Se forzó a decir, pero en su interior todo estaba trabajando a vapor—. Deberás hacerlo mejor si quieres lograr algo. —Volviste a caminar seguiste rodeándolo hasta estar de frente otra vez, una vez más sus ojos se encontraron, tus manos sin dejar de tocar ni un segundo el cuerpo de quien fingía no tener esos leves tics por el calor de tus palmas.
Tú: De acuerdo… —Te alejas—. Subamos un poco el nivel. —Vas hacia el interruptor y apagas la luz, las sombras cubriéndoles a excepción de pequeños rayos que entraban por el ventanal del apartamento, el mismo que era cubierto por livianas cortinas que daban poca vista hacia el balcón. Llegaste a estas y las deslizaste para dejar el cristal a la vista, entrando toda la luz de la calle que podía dejar un cuarto piso.
Minho: ¿Qué haces?
Tú: Tranquilo, solo me tomo mi tiempo. —Vuelves hacia él—. Solo han pasado… —Miras tu celular y sonríes—…ocho minutos. Estás en ventaja, solo me quedan siete para hacerte perder. —Para él había pasado una eternidad, no se daba cuenta de que aún faltaba lo peor. De nuevo estuviste delante, sonriéndole divertida al sentir como lentamente su coraza se desprendía en esa aura de intimidad—. ¿Estás asustado?
Minho: ¿Debería estarlo? —Tu mano llega a la orilla de su toalla, donde el nudo era sujetado con fuerza. Lo deshaces y dejas que esta caiga, dejándolo completamente desnudo ante ti.
Tú: Sí. Creo que sería inteligente estarlo. —Tu mano se plantó en su pene y él cerró sus ojos, apretando la mandíbula cuando todo su interior se tambaleó. Su cara y orejas se enrojecieron, sus músculos tomaron una postura de advertencia, pero no dejó de mirarte ni un segundo—. ¿Por qué me miras así?
Minho: ¿Así como?
Tú: Así… Como si quisieras comerme. —Relames tus labios y él le presta atención a este movimiento—. ¿Lo quieres hacer? Debes tener cuidado, puedo ser más picante que la comida vietnamita. —Lo sujetaste con firmeza y de su pecho afloró un quejido que apenas pudo contener—. Oh, ¿qué fue eso?
Minho: Na…da.
Tú: Creo que escuché algo. —Acercaste tu oreja a su pecho como si buscaras algún sonido en específico, sus manos casi lo traicionan en el deseo de querer abrazarte y comprimirte contra su pecho—. ¿Y si hago esto? —Manoseas desde la punta hasta el tronco su pene ya erguido, él tiembla y suspira casi agónico, ¿qué mierda le pasaba? Solo le estabas tentando—. Sí, ese sonido. Suena delicioso, ¿lo puedes hacer otra vez, amor?
Él seguía fingiendo fuerza sobre tus provocaciones, a pesar de ya estar débil por tu mirada, de sentirse embriagado por tu aroma, de perderse en tu tacto. Y ahora sumándole que acariciabas la división de su pelvis y caderas con descaro mientras plantabas tu lengua en su clavícula.
Minho: Mierda. —Murmuró al alzar la cabeza en búsqueda de un respiro visual. Pensaba en todo lo que fuera ordinario y nada erótico para sobrellevar esta prueba, pero cada vez que lo intentaba te veía a ti. Una lámpara que estaba en la habitación de ambos y te veía tomarla con obscenidad. Se imaginaba la cocina desordenada y te veía a ti limpiando los platos mientras le removías el trasero. Nada estaba funcionando.
Tú: ¿Qué dijiste? —Su mano derecha se colocó muy cerca de tu cintura, los dedos le cosquilleaban por tomarte. Solo tenía que ser fuerte, un dos o tres minutos y podría satisfacerse. Solo debía… — Aaah~ —Sus ojos abrieron de golpe. Su oído capturó ese pequeño sonido, ese leve gemido provocativo que no venía de algo que haya provocado él, sino de la insistencia de poder arroparlo en su propia excitación—. Perdiste.
Minho no se había dado cuenta, pero la mano que tenía tanto tiempo suspendida cayó justo en tu espalda, muy cerca de tu trasero. La alarma sonó poco después, perdió por un par de segundos y eso solo lo hacía observarte con un pequeño tic en el ojo.
Tú: No te sientas mal, cuando sea tu esposa será más divertido. —Te ibas a separar, pero él no lo permitió—. ¿Me puedes soltar?
Minho: No quiero.
Tú: Pero perdiste.
Minho: Dije que, si perdía, me casaría contigo, no comenté nada de no tener sexo contigo. —Ahí estaba la trampa. Te lograste soltar y retroceder, él te siguió con su pequeña sonrisa de victoria sobre tu diminuta ignorancia—. Además, tarde o temprano te pediría matrimonio… —Tu espalda chocó con el cristal que daba la vista al balcón— ¿Creías que dejaría por sentado lo bien que me aprietas? Necesito atarte a mí con ese maldito papel. Pero ahora te ataré a mí como mi mujer. Y, como mi mujer… —Planta con fuerza sus manos en el cristal, justo a los lados de tu cabeza, acorralándote y dándote un gran susto por el potente sonido que emitió el material ante el impacto—…Te la vas a tragar hasta el fondo. —La saliva pasó por tu garganta ruidosamente.
Tú: Amor… —Su cara se acercó a la tuya y luego bajó a tu cuello, su nariz buscó detrás de tu oreja, viajó a tu nuca y pegó su miembro a tu pelvis aun cubierta por el pijama, la sentiste dura contra ti y tu cara no pudo arder más. El contacto de tu piel con la de él mandaba electricidad a tu espalda y la arqueabas, él tomaba esto como una sensual invitación.
Minho: No sé qué mierda tienes, pero tengo la maldita necesidad de joderte tan duro hasta que estes llena de mí por todos lados. —Habló con crudeza, sus dientes adueñándose de lo que encontraba al costado de tu cara, los jadeos te abandonaron y te obligaron a sostenerte de él—. Quiero… —Acerca sus labios a tu oído— …que sientas cada centímetro de mí. Entrar lentamente… Muy adentro… —su aliento era más fuerte que su propia voz y de solo imaginar sentirlo te perdías en el deseo— …hasta romperte.
Tú: No digas… eso.
Minho: ¿Qué quieres que te diga? —Su mano izquierda dejó el panel de vidrio para descender a la parte inferior de tu pijama, no pidió permiso para mover a un lado la costura del pantalón entre tus piernas y menos tu ropa interior, te acarició con dos de sus dedos y sonrió ante tu reacción—. ¿Quieres que te diga lo mojada que estás? Que solo te he hablado y ya me quieres metido entre tus piernas.
El roce te hizo relamer tus labios, el aliento era cada vez más caliente, el anhelo de tu cuerpo subía con cada segundo que pasaba y su figura contra la tuya te hacía perder parte del sentido.
Minho: ¿Eso te gusta? Dímelo. Quiero escuchar como lo pides. —Ahora su mano derecha se plantó en tus caderas cuando empezaste a moverte por inercia—. Hazlo más lento, hazme perderme en tu cuerpo sin aun entrar. —Deja un beso detrás de tu oreja—. ¿O ya quieres sentirme?
Tú: Sí… —Sollozaste con ambrosía y él suspiró pegado a tu cuello, introdujo sus dedos y removió sin ir tan profundo, aquello te mortificó—. Si sigues así, no dejaré que me la metas. —Tu novio apartó su cara para ahora dejarla frente a ti, sus ojos fijos en tu cara al igual que tú en la suya. Sonríe ante el silencio entre ustedes, no había bromas en tus palabras.
Minho: ¿Tan desesperada estás?
Tú: Mira quien habla. —Quitas sus manos de tu interior y caderas, te giras para ver la ciudad, la lluvia aligerando su fuerza para ahora solo caer con suavidad.
Descansas tus manos en los pantalones cortos junto con la ropa interior. Minho observó como la descendiste, una vez más sus manos fueron al cristal y sus ojos se enfocaron en tu trasero cuando te agachaste para estar libre de la prenda. Te enderezaste frente al ventanal, dándole la espalda, y terminaste por retirar tu camiseta. Él seguía deleitándose de cada parte de cuerpo que mostrabas ante su cautelosa mirada.
Minho: ¿Qué me has hecho? ¿Por qué no se me quitan las ganas de amarte especialmente hoy? Mi mente solo te tiene a ti en cada espacio que encuentra. —Descansa su frente en tu nuca y, con su cuerpo, te pega al cristal hasta que no hay espacio entre ustedes. Sientes su pene entre tus nalgas y mueve sus caderas con un suave vaivén cuando llevas tus manos hacia atrás hasta alcanzar su cabello, acariciándolo con dulzura—. ¿Cómo me puedes tener así?
Besa tu espalda, traza una línea con lengua por tu hombro, tu calor lo alimenta y lo percibes cada vez más ansioso. Una de sus manos busca tu pecho a pesar de estar aplastado contra el cristal, lo amasa mientras jadea y sigue oliendo tu piel, estaba perdiendo la noción contigo, con tus movimientos contra él, con tu sudor… todo era demasiado para él.
Minho: ¿Puedo-…?
Tú: Te dilatas demasiado. —Indicas entre un jadeo sutil, volteando tu cara hasta él, mirándolo sobre tu hombro, sintiendo como tanto sus narices y bocas se rozaron por la rapidez del movimiento.
Él jugó un poco más con estos pequeños movimientos hasta que capturó tu boca en un beso lento, soltando y tomado tus labios en sonidos húmedos que no dejaban nada a la imaginación.
Su diestra se encaminó por tu abdomen y bajó a tu entrepierna desde adelante, volvió a ingresar sus dedos, pero esta vez para hacer abrir tu entrada con lentitud, provocando más removimiento en tu interior.
Minho: Tranquilita y coopera. Te va a gustar si lo hacemos a mi manera. —Tus uñas parecieron clavarse en el material y no te quedó de otra que dejarte llevar, Minho siguió en lo suyo, mortificándote hasta que creyó conveniente.
Te dejó e inclinó un poco tus caderas para que tu trasero sobresaliera, dándole la oportunidad de que su pene quedara a la altura de tu entrada. Rozó la punta varias veces, sacándote suplicas lastimeras y removiéndote en búsqueda de que terminaras la sofocación. Tras un minuto se alineó y empujó lentamente hacia tu interior, tu respiración se alteró, pegaste la mejilla al cristal, gruñendo satisfecha al tenerlo por fin en tu interior.
Tú: Dios… que rico.~
Minho: Cada vez que gimes así, solo me dan más ganas de hundirme más dentro de ti, ¿será posible? —A pesar de que llegó al tope, él empujó y te arrancó un gemido de sorpresa, no salía, simplemente se mantenía por completo en tu interior y se removía para escuchar tus quejas. Tú misma lograste que saliera un poco para luego volver a él, chocando tu trasero con su entrepierna.
Ahora fue él que salió e ingresó sin pizca de decencia, lo realizó por segunda vez y… Dios mío, claro que le ibas agradecer a quien sea que estuviera en el cielo por darte un novio que movía sus caderas con una lentitud deliciosa, había dado pocas estocadas y ya te conmocionabas por un orgasmo próximo. Pero te aguantas, no llegarías ahora y mordiste tu labio para acallar el principal incentivo de su morbo.
Minho: ¿Escuchas eso? ¿Escuchas cómo te la meto y todo te rebota? Es delicioso el sonido, me hace sentir que me la tragas toda. Pero tú no quieres completarlo con tus gemidos. —Sonríe de lado—. No seas mala y gime para mí. —Te intentas negar, pero él te toma de la barbilla y alza tu cara lo suficiente para arquear tu espalda—. Entonces no me dejas opción.
Y sin esperar a que captaras la idea aumentó la velocidad, todo fue efusivo y violento, sus brazos y piernas marcaban el esfuerzo que realizaba, su abdomen se removía con cada penetración que te arrancaba, no un gemido, sino un lamento agónico. Tu cuerpo se plantó más en el cristal y, aún más cuando en su desesperación por ir más hondo te alzó de la pierna derecha desde tu muslo.
Tú: Despaci-… ¡Ngh! ¡Dios! ¡Dios~!
Minho: Estás tan malditamente sensible… —Gime cuando te siente apretar hasta casi cortarle el hilo de lo que diría—. Mierda, un movimiento más y te vas a venir gritando mi nombre, ¿verdad?
Tu novio tuvo bastante razón, no podías aguantar más, te estabas volviendo loca y sentías que todo se perdía a tu alrededor. Lo que Minho no sabía es que, tu éxtasis lo arrastraría a él. Tan pronto como gritaste su nombre, contrayéndote en un mar de emociones, él gritó el tuyo, sosteniéndote de tu cuerpo con tal fuerza que sus dedos dejaron marcas de las uñas en los lugares a donde se aferraron. Todo se sentía tan bien, tanta sensiblería te tenía delirando al punto de no darte cuenta…
…que Minho no había acabado.
Tú: ¿Eh? —Susurraste perdida al sentirlo moverse de nuevo lentamente, como si agarrara el ritmo para empezar otra vez—. ¿Amor?
Minho: Un poco más. —Te deslizaste por el cristal casi quedándote inclinada ante él, tu novio aprovechó la nueva postura para tomarte de las caderas. Le ibas a decir que se moviera más despacio, que apenas podía respirar. Pero no lograste tomar bien el próximo aliento cuando con su mano libre, por tercera vez, se apoya del ventanal y vuelve al mismo ritmo bestial que te había llevado al límite—. Solo… Solo un poco… más. —Dice entre dientes, con las venas marcándole tanto en su frente como brazos y cuello.
Tú: Minho… Minho… —Tu voz se escucha magullada por la ronquera que se asoma ante los esfuerzos anteriores.
Abriste un poco más las piernas, solo un pequeño centímetro, lo acorralaste y es fue la perdición para él. Su pecho atrapó su respiración, tomó tu cabello como último auxilio de agarrar coherencia y la última embestida se quedó estático en ti, esta vez recibiendo un orgasmo acompañado del semen que te llenó hasta sentirte totalmente débil.
Tus rodillas cedieron hacia adelante y él cayó sentado a tu lado, con los ojos casi cerrados. En un pestañeo ambos se encontraban acostados en el piso del salón. Desnudos, sudados, con la mente perdida, pero con unas inmensas sonrisas que ni el mismo sol podía ocultar.
Minho: Entonces… ¿Te gustó… mi recompensa? Perdón si estaba un poco “picante”, es que fue… un accidente. —Lo miras y te aguantas la risa, sabías que él hacía referencia a tus palabras antes de la discusión. Él también se aguanta una carcajada y vuelven a mirar al techo oscuro, esta vez sintiendo como él te atrae a su cuerpo para estar juntos—. Sobre nuestra boda…
Tú: Minho. —Él te observa—. Un paso a la vez, mi amor.
Minho: Un paso a la vez. —Asiente y te sonríe.