Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 30 de marzo del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 30 de marzo del 2025
Aclamado por el ojo público, alabado por millones de personas y convirtiéndose en el primer artista coreano de K-Drama en ganar un Globo de Oro y Óscar en menos de un año, Jeongin se había convertido en el niño “de oro” de la noche a la mañana con su esfuerzo y trabajo constante.
Era amado por las cámaras y su mirada daba ese deseo de tener su atención de cualquier manera cuando sus ojos conectaban con los tuyos. Nombres como “el zorro de la seducción” y “el chico espuma” fueron apodos que se llevó a sus bolsillos tras su camino por el espectáculo. Este último obteniéndolo por lo rápido que ascendió a la fama.
Jeongin pareciera que estaba acostumbrado a la resplandor y aclamación de todas las maneras posibles, pero la realidad era otra. Su nacimiento fue trágico y su infancia era suficiente para hacer una saga completa sin perdedera sobre su vida.
Infidelidades, traiciones, rechazos, odio, el hermoso rostro de Jeongin escondía un oscuro pasado que solo podía ser salvado por una única persona: tú.
Y, a decir verdad, Jeongin era un delincuente en sus años posteriores a su adolescencia. Él robaba para poder sobrevivir, creía tener el mundo a sus pies a pesar de no ser nadie y lo recordaba todo con cierto mal sabor su cambio brutal. Sin embargo, le gustaba recordar el por qué estaba aquí y qué había hecho que todo cambiara.
Ocho años atrás
Sus audífonos parecían explotar para los que estaban alrededor de él en aquel bus, pero Jeongin no les hacía caso, él estaba sumergido en su mundo, tarareando suavemente la canción y mascando el chicle de manera ruidosa. Su vestimenta tampoco ayudaba, su cabello, su apariencia, todo en él gritaba “problemas” hasta para el que tenía poco sentido común.
Hacía una bomba de goma de mascar mientras veía a las personas pasar en la calle. Jeongin tenía una pequeña habilidad que había adquirido con el pasar del tiempo y eso era aprender a identificar personas con mucho dinero a simple vista. Sonreía cada vez que ubicaba a una y poco a poco formulaba su plan en silencio para obtener lo que quería sin llamar la atención.
Señora: Disculpe, jovencito. —Jeongin mueve su cabeza al ritmo de la canción, con sus audífonos cubriendo sus oídos de una manera bastante brusca y sus ojos, casi inexpresivos, se fijaban en el vidrio—. Oye, chico. —La señora de avanzada edad tocó su brazo con un dedo, llevaba casi diez minutos intentando llamar su atención y él la miró de reojo mientras llevaba su mano a su auricular derecho para retirarlo.
Jeongin: ¿Mh?
Señora: Perdón, ¿pero no crees que esa música está muy alta? Te podría dañar los oídos. —El chico miró por un par de segundos a la mujer, bajó su mirada y la subió. Entonces sonrió con dulzura y asintió en compresión.
Jeongin: Sí, lamento los inconvenientes causados, mi estimada. —Él se vuelve a colocar su audífono con una última sonrisa, la señora también se muestra asertiva y mira al frente con alegría de ser escuchada. Entonces Jeongin toma su celular y, al contrario de lo que esperaba la mujer, en vez de bajar el volumen, este sube aún más, literalmente escuchando mejor la letra.
“Y mientras el beat suena te recito un poema. Qué bonitos ojos tienes, quiero chuparte el pene”.
Todos, incluyendo la señora, miraron a Jeongin con ojos muy abiertos mientras él sonreía más al saber lo que había provocado. Y eso demostraría el primer punto de Jeongin, uno de sus pilares: “Yo hago lo que me dé la gana, cuando me dé la gana y donde me dé la gana”.
Bajó de ese autobús a paso firme y caminó con aquel andar que parecía llamar la atención. A pesar de vestir normal para un chico de su edad, no era secreto que daba bastante curiosidad tanto su estilo como su mirada, más de uno se volteaba para verlo de nuevo y muchos otros se mordían el labio cuando él les sonreía sin vergüenza alguna.
Pero… ¿qué era lo que gustaba en su persona? ¿Acaso sería sus pantalones anchos pero bien ajustados en las zonas correctas? ¿Sus zapatos de marca reconocida a pesar de antiguos? ¿O podría ser su franelilla que dejaba ver parte de su pecho descubierto? Era obvio que su chaqueta escondería esos fortalecidos brazos y que su cara no aparentaría todo lo que su mente guardaba, pero algo sí pensaban todos los que veían a Jeongin por primera vez. Y es que era un chico muy coqueto… Sexy y coqueto.
Él sacaba su lengua de forma juguetona y todos parecían una de dos cosas, o salir corriendo por la pena que les provocaba o querer comérselo allí mismo.
Sin embargo, Jeongin no estaba allí para llamar la atención. Se detuvo justo en esa plaza abierta del parque, sacó un cigarro, lo encendió y lo llevó a su boca con tranquilidad, buscó su celular aun escuchando música a todo volumen y… esperó.
¿Qué era lo que esperaba? La oportunidad exacta. Para los demás Jeongin solo miraba su celular, detenido en el medio y distraído de lo que pasaba a su alrededor. Pero otra de las habilidades que le daban sus ojos rasgados era poder mirar hacia donde quisiera sin parecer que lo hacía, su cabello le servía de apoyo y se mantenía activo con todas las personas que caminaban con un sentido propio cerca de él.
Jeongin encontraría su próxima oportunidad en unos tacones negros que pisaban muy fuertes y que pasarían por su lado con un perfume embriagador hasta más no poder. Esta vez él levantó su cara y pudo divisar la figura alejarse en la acera, rápidamente ubicó tres cosas que le gustaron bastante: Uno, la frondosa cartera en su mano derecha; dos, el collar de aparente valor que decoraba su cuello y, tercero, aquellas caderas que parecían un baile hipnótico de un reloj de cadena.
Él sonrió.
Sus pasos se encaminaron detrás de ti de manera disimulada y guardaron su celular en un bolsillo mientras miraba a los lados. Iban a algunos metros de distancia, los suficientes para que los demás no pensaran en lo que hacía Jeongin, para cualquiera que los veía creían que serían dos personas independientes de sus rutas, pero tú doblabas y él lo hacía un minuto después, tú aumentabas los pasos y él también.
Tras veinte minutos de caminata Jeongin se detuvo y se escondió, allí entraste en un local aparentemente vacío y el ruido de las voces de varias personas le llamaron la atención, al parecer te conocían y eso lo intimidó bastante, pero aun así decidió entrar.
La campana de la tienda sonó y he hizo que algunos empleados lo miraran. Aparentemente organizaban los andamios donde irían los productos que estarían descargando de algunas cajas. Uno de ellos se levantó y Jeongin se intimidó, pero luego apareciste tú en su campo visual y se pudo calmar.
Tú: ¡Oh, hola! ¿Qué tal? ¿Qué se te puede ofrecer? —Se te quedó mirando por un rato sin saber qué decir, ¿por qué debería estar él ahí? Ni sabía lo que ofrecían en ese lugar? — ¿Vienes por una botella de Champaña específica? —Entonces ahí reaccionó.
Jeongin: Yo… ¡Sí! A eso era que venía. Me enviaron a investigar el costo de las champañas, el joven empresario para el que trabajo quisiera comprar una más adelante para una fiesta. —Inventó al instante, ya la mentira estaba en su sangre. Tú, inocente de la situación, te emocionaste y lo dejaste pasar.
Tú: ¡Me alegra tanto que nos haya elegido! Entonces ven por aquí, te muestro lo que mejor tenemos. —Y él te siguió hacia el lugar que ya tenían listo para vender—. Lamento la desorganización, apenas estamos iniciando a arreglar todo. Tendremos nuestra inauguración en la semana que viene, pero aun así podemos iniciar las ventas.
Jeongin: ¿Inauguración?
Tú: Sí. —Te detuviste—. He ahorrado desde muy pequeña para poder lograr esto, desde los doce más o menos. —Ríes divertida—. Mi sueño siempre fue lograr lo que mi padre no pudo y crear una tienda reconocida de ventas de bebidas sofisticadas. Nuestra especialidad es la Champaña, pero también venderemos otras cosas como vinos.
Jeongin: ¿Por qué tu padre no pudo?
Tú: Murió antes de lograrlo. —Jeongin se sobresaltó un poco y reíste suavemente—. No pasa nada, fue hace tiempo, ¿continuamos? —Caminaron de nuevo hasta llegar a la repisa—. Estas son las champañas que tenemos hasta el momento. Esta es un Louis Roederer, Cristal Brut 1990 Millennium Cuvee Methuselah.
Jeongin: Un… ¿Qué? —Te reíste con su expresión de confusión—. Perdón es que…
Tú: No pasa nada, yo también tuve que estudiar mucho los nombres para aprendérmelos. Es algo costoso y raro, fue un reto para mi poder encontrarlos por su valor histórico y es de edición limitada.
Jeongin: ¿Y ese? —Señala una botella oscura con apariencia de abandono—. No se ve tan cara.
Tú: Bueno, ese es un Veuve Clicquot 1841. Y, es gracioso, porque cuesta el doble de la que acabamos de hablar. —Los ojos de Jeongin parecieron casi salir de sus ojos y de nuevo te reíste—. Te sorprendería muchas cosas de este mundo.
Jeongin: Pero si la otra botella se ve más bonita…
Tú: No es porque se vea bonita. —Das unos pasos más adelante y él te sigue—. La champaña, al igual que el vino, depende su tiempo y lugar de preparación, sentido histórico y peso intrínseco por su lugar de origen. ¿Por qué crees que se celebra con champaña? —El chico de ojos rasgados te mira con curiosidad, no sabía la respuesta—. Es porque, desde el siglo diecinueve el celebrar con esto demuestra aristocracia, prestigio y elegancia, no todos pueden darse el lujo de ver esa botella abrir por un evento importante en su vida, es algo como…
Jeongin: …celebrar la vida. —Le sonreíste y asentiste. Entonces señalaste espacios vacíos.
Tú: En esta parte aquí se llenará en el transcurso de la semana con otras bebidas que vienen en camino, y la única que me faltaría encontrar sería la “Taste of Diamonds 2013”. Es casi imposible tenerla por su monto.
Jeongin: ¿Cuánto cuesta?
Tú: Más de dos millones de dólares. —Esta vez Jeongin casi siente que le da una taquicardia y de nuevo no paraste de reír—. Su precio viene porque la botella tiene diamantes reales incrustados, una capa de oro blanco en vez de papel, su diseño fue realizado por un multimillonario y un diseñador de modas, es personalizable y… Es casi imposible obtenerla.
Jeongin: Con sus razones. —Niega con la cabeza sin poder creer lo que escuchaba.
Tú: Mi sueño… —Jeongin te miró con atención mientras tú colocabas tu mano en el lugar vacío, sonriendo tristemente—… es poder celebrar con una de esas botellas el triunfo de alguien más, y a la vez celebrar el mío. Ser un lugar tan reconocido que pueda conseguir esa botella a través de un diseñador o la misma casa de Goût de Diamants y algún día… No sé, venga un artista importante y decida celebrar con nosotros o… No sé. —Ríes con pena al mirar—. Ya estoy diciendo babosadas.
Jeongin: No es… “babosada”, es un sueño algo… bonito. —Se miraron a los ojos y no pudieron evitar sonreírse con timidez, algo en ambos cambió ese día, tú veías a un joven de vestimenta algo tentativa y el miraba a una chica con un sueño de alto valor, ninguno de los dos se imaginaba lo que le deparaba el destino, pero ese día parecieron hacerse una promesa silente. Tú, aunque sonara tonto, te propusiste el alcanzar ese sueño para enorgullecer a ese desconocido y, Jeongin, se propuso ser ese alguien que te ayudara a alcanzar de una manera u otra ese sueño.
Tú: Sabes, ahora que lo pienso. —Soltaste de repente—. ¿Eres actor o estás estudiando para serlo? —Él pestañeó confundido y negó al instante—. No sé por qué, pero tu rostro me es muy agradable, ¿no has pensado serlo?
Y justo en ese momento el destino de Jeongin cambió de rumbo a casi cientos cuarenta y tres grados.
¿Él? ¿Cómo actor? ¿Sería eso posible? Se miraba al espejo y volteaba su cara para meditando esas palabras, empezó a ver videos relacionados al tema y, cuando menos lo pensó, Jeongin estaba agarrando una pasión a la actuación como nunca se imaginó.
Dejó de robar para comer y buscó lugares de trabajo con el fin de financiar tanto sus alimentos como sus talleres y cursos de teatro. Practicaba solo en su pequeña habitación de mala muerte los guiones que encontraba por internet, aunque no fuera audicionar. Se tomó tan enserio su papel que, cuando llegó el momento de su vida, lo aprovechó como si no hubiese un mañana.
Y así llegamos al presente, con un Jeongin maduro, bañado de flashes con tan solo sonreír y firmando su contrato con aquella reconocida compañía de actores en Corea y Estados Unidos, siendo contratado como el protagonista de un costoso K-Drama que se valoraba en más de medio millón de dólares. Sí, Jeongin ahora mismo era una superestrella valorada en millones de dólares, todos coreaban su nombre y un solo saludo de él acompañado de su mortal mueca feliz hacia desmayar a más de uno.
Reportera: Buenas tardes, reportera de CNN. Yang Jeongin, primero debo felicitarlo por convertirse en este momento en el actor de dramas coreano más cotizado del mundo tras recibir sus últimas premiaciones en los Globos de Oro y los Oscars, como también este reciente contrato. Viendo todo este triunfo a su alrededor nos hace preguntarnos, señor Jeongin, ¿cómo usted ha llegado hasta aquí? ¿Qué lo motiva cada mañana a despertar para llegar cada vez más lejos?
Los flashes volvieron a surgir contra el entrevistado y él medito aquella pregunta, claro que sabía la respuesta, pero no podía darla como tal. Resulta que Jeongin tenía una novia modelo, no se querían ni nada, lo hacían por puro estatus, pero aun así debía respetar su persona.
Jeongin: Buenas tardes, gracias por su pregunta. —Asiente al acercar el micrófono, de nuevo las fotografías por todos lados—. Ahm… Una persona, hace tiempo, la conocí en la situación más irreal posible, si se puede llamar así. Esta persona me contó su sueño y me hizo creer que, por más grande que fuera, se podía cumplir. Entonces, esa misma persona dijo que me vería bien como actor y… digamos que encendió algo en mí que creí no tener.
Reportera: ¿Aun tiene contacto con esa persona? ¿Le agradeció por esa ayuda?
Él se quedó en silencio y… No supo que responder en el instante. Tanto los directivos como los fotógrafos se quedaron expectantes de su respuesta.
Jeongin: No. No lo he hecho. —Susurra y una vez más las fotos lo bañaron—. No lo he hecho porque me prometí a mí mismo agradecerle cumpliendo su sueño. —Sonríe—. Y creo que estoy a punto de conseguirlo.
Así aquella entrevista acabó y pudo ir a su casa, en aquel silencio ensordecedor que de alguna manera lo tranquilizaba. Jeongin pensaba cuando era más joven que el silencio era muy molesto, pero nunca creyó que el ruido de mucha gente reunida sería peor. Se dejó caer en el sofá y lanzó su cabeza hacia atrás, cerró los ojos un momento y luego miró al techo blanco.
“…me prometí a mí mismo agradecerle cumpliendo su sueño.”
Jeongin: Ya casi lo logro… Solo aguantarme un poco más. —Susurró al aire al recordar lo que él le había respondido a la reportera. Jeongin, a pesar de haberse alejado del establecimiento donde te había conocido para ir tras un sueño, jamás se olvidó de ti. Jamás olvidó tus risas, tampoco tus palabras hablando sobre bebidas caras. Él no se dio cuenta hasta bastante tiempo después que había tenido un flechazo contigo a primera vista, desde que te vio en aquel parque.
Una llamada hizo a Jeongin chasquear la lengua al sentir como la paz se rompía. Tomó el teléfono de su bolso y lo descolgó para llevarlo a su oreja.
Jeongin: Changbin-Hyung… —Se acomodó en el sofá.
Changbin: Se nota lo cansado que estás, ¿cómo te fue en la entrevista?
Jeongin: ¿No la viste? Uhm… Eso duele, ¿sabes? —El mayor soltó una leve risa a través del auricular—. No es gracioso…
Changbin: Que como tu manager no puedo detenerme con el contrato más caro de Corea, debo seguir buscando más, ¿no es lo que me dijiste? —El menor se quejó—. Eres un mimado.
Jeongin: Es su culpa, Hyung.
Changbin: Deja de ser un malcriado y escucha. He hecho dos contratos más con una compañía de viajes y otra de filtro solar, así que prepárate para recibir documentos. —Otra queja más audible vino de él al cerrar sus ojos—. Y, por cierto, ¿te acuerdas del vino que me dijiste aquella vez?
Jeongin: ¿Vino?
Changbin: Sí, ese que tiene diamantes incrustados y eso. —Los ojos de Jeongin se abrieron de golpe y se enderezó.
Jeongin: ¿Vino o Champaña? —Se hace el silencio—. ¡Changbin-Hyung!
Changbin: ¡Que no recuerdo! Solo me dijiste que tiene diamantes y es muy costoso. —Jeongin rueda los ojos—. Bueno, sea lo que sea, creo que lo puedo conseguir. —Ahora él se levantó de golpe y se quedó mirando a la nada—. He conocido a una adorable chica en Dasan-ro, su tienda es enorme y le pregunté por la bebida con diamantes, y dijo que la puede conseguir por nosotros.
¿Dasan-ro? Él frunció el ceño y pensó detenidamente, su corazón se aceleró y…
Jeongin: Dios mío… Ella lo logró. —Murmura con una gran sonrisa para luego toser— Es-… ¿Estás allá ahora mismo?
Changbin: Salí hace media hora, ahora estoy en un restaurante en Toegye-ro.
Jeongin: Vuelve allí y cómpralo.
Changbin: ¿Qué? —La risa nerviosa de incredulidad salió antes que la pregunta.
Jeongin: Te trasferiré el dinero, cómpralo con ella.
Changbin: Estamos hablando de más de dos millones de dólares, Jeongin. Dó-la-res. ¿Qué maldito banco te permite transferir ese monto? Además, ¿cómo mierda vas a gastar dos millones de dólares en una botella?
Jeongin: Hazlo. —Y con eso colgó, dejando un Changbin más que perdido en el horizonte con todas las dudas que surgieron por su cabeza. Al final el mayor chasqueó su lengua y negó mientras tomaba con sus palillos la carne frita frente a él.
Changbin: Maldito loco de mierda…
Pero Changbin hizo lo que Jeongin le pidió y le indicaron que en menos de una semana la champaña estaría disponible para entrega.
Los días pasaron con rapidez y Jeongin se ponía cada vez más nervioso, te volvería a ver tras ocho años, te agradecería por lo que hiciste por él y, quizás, podría hacer algo que tenía su corazón encerrado desde que se dio cuenta de lo que sentía por ti. Eventos van y vienen, fotos con su “novia”, fotos con directivos, estrechón de manos, acto de presencia en anuncios y actos de calidad, firmas de autógrafos para sus fans y… Agenda despejada para el gran día.
Jeongin se removía en el asiento del copiloto mientras Changbin conducía, había revisado su peinado cuatro veces y miraba alrededor, reconociendo el lugar e impregnándose de nostalgia cuando a su mente volvió todas las travesuras que hizo por esa calle. El mayor parqueó y los labios de Jeongin se abrieron impresionados, salió del auto y contempló ese establecimiento totalmente cambiado, ahora con apariencia de madera del más alto nivel y que expedía glamour por cada esquina.
Changbin: Aquí es. —Cerró la puerta del auto.
Jeongin: ¿No hay estacionamiento? ¿Por qué parqueaste aquí?
Changbin: ¿Estás loco? La última vez que vine me cobraron lo mismo que una de sus bebidas por quince minutos. Prefiero la calle aunque me multen, una multa es más barata. —Jeongin ríe y espera a que el otro lo alcance para entrar juntos.
Abrieron la puerta y sonó aquella campana que avisaba la llegada de un nuevo cliente, eso era lo único que no había cambiado, porque después absolutamente todo parecía sacado de un castillo real en Londres. Alfombras rojas, cristalería sofisticada, grandes escaleras… Sí, Jeongin estaba orgulloso, muy orgulloso de lo que veía.
Asistente: Muy buenas tardes, mis estimados. Sean bienvenidos ustedes a Hallucination, yo seré su ayudante en el día de hoy, ¿Qué se les ofrece?
Changbin: Buenas tardes, soy Seo Changbin y él es mi buen amigo, Yang Jeongin.
Asistente: Claro, el actor Yang Jeongin. Es un placer y privilegio. —Tanto Jeongin como el joven hombre se inclinan en respeto.
Changbin: Estamos aquí por el Taste of Diamants personalizado. —El trabajador del lugar asiente y les indica que lo sigan.
Los tres hombres se abren camino por el lugar, sin dejar de ver alrededor todas las bebidas sofisticadas y de alto valor. Se adentraron en aquellas puertas con tranquilidad y llegaron lo que parecía una habitación privada, ya había alguien más allí sentado.
Tú: Muy buenas tardes, esti-… —Te quedaste en silencio de golpe al ver a Jeongin y este se detuvo al instante, llevándose una mirada confundida de Changbin. Tanto el asistente como el pelinegro no entendían lo que estaba pasando, pero ustedes parecían haberse perdido en la mirada del otro sin darse cuenta en su alrededor—. Yo te conozco.
Jeongin: Y me satisface que te acuerdes de mí.
Tú: Fuiste al único que le conté mi sueño más loco. —Sonríes jugando con tus manos y agachas tu mirada apenada, sintiéndote vulnerable de repente—. ¿Cómo podría olvidarte?
Jeongin: Y hoy vine a cumplirlo. —Un resoplido de risa nerviosa salió de ti cuando levantaste la mirada, de nuevo conectándola al instante.
Changbin: ¿Ustedes… se conocen?
Jeongin: Ella fue la que me hizo ser quien soy ahora. —No entendiste aquello y él suspiró con una leve risa—. No sé si recuerdas lo que dijiste en ese momento, pero te refresco la memoria. “Sabes, ahora que lo pienso. ¿Eres actor o estás estudiando para serlo? No sé por qué, pero…”
Tú: “…tu rostro me es muy agradable, ¿no has pensado serlo?”
Jeongin: Sí. Después de eso lo pensé. Tú me hiciste lo que soy ahora. —Se acerca unos pasos para estar a menos distancia de ti—. Ahora, déjame devolverte el favor.
Sus sonrisas parecían iluminar el lugar, y de nuevo el asistente y Changbin se miraron sin saber si quedarse o irse para darles espacio, más el asistente porque sería el que abriría el champán. Sin embargo, con una mirada le indicaste que no se tenía que quedar y así el hombre hizo una reverencia para alejarse.
Por otro lado, Changbin solo miró a diferentes lugares para silbar, sacó su celular y lo colocó en su oreja para fingir una llamada.
Changbin: ¡Oh! Sí, hola. ¿Otro contrato? Claro, claro. Hablemos de eso ahora. —Sale de la habitación mientras ustedes se ríen de su mala actuación y cierra la puerta detrás de él, cediéndoles la soledad y sintiéndose la tensión tras la puerta de hierro chirriar.
Jeongin: No has cambiado nada desde la primera vez que te vi.
Tú: ¿Tú crees? Lo dices como si me conocieras desde el primer día. —Le muestras la silla y ambos se sientan en aquella mesa cuadrada frente al otro.
En el centro de ustedes se encontraba el balde de hilo con la botella negra en su interior, mostrando tanto el oro blanco en su cristal como los diamantes incrustados, más abajo había una placa plateada con el nombre de la bebida y después el nombre de Jeongin completo.
Jeongin: Te he pensado tanto que es como si te conociera. —De nuevo aquellas sonrisas se escaparon y ninguno de los dos pareció poder esconder el sonrojo.
Tú: ¿Cómo puedes decir ese tipo de cosas tan simple?
Jeongin: ¿Será las ventajas de ser actor?
Tú: ¿O será que sientes que de verdad me conoces? —Se hizo un pequeño silencio.
Jeongin: No te conozco, pero quisiera hacerlo. —Asiente—. De ahora en adelante, quisiera saber más de ti. Si… me lo permites, claro. —No le respondiste, solo le señalaste la botella y él la miró con una gran sonrisa. Entonces Jeongin se levantó, tomó una toalla que estaba cerca de ustedes y con esta agarró la botella para mirarla—. ¿Le tomaste foto?
Tú: Como diez mil. —Se carcajearon y soltaron suspiros de felicidad absoluta. Entonces él quitó la envoltura de la boquilla, coloca su pulgar encima de la lámina de aluminio y empezó a darle vueltas a la pequeña jaula que cubría el colcho hasta estar libre de este, Jeongin quita el metal y ahora, coloca la misma toalla sobre el colcho.
Jeongin: ¿Debería empujarlo o…? —Te colocas de pie para indicarle.
Tú: Inclina un poco la botella, sostén el colcho y solo gira la botella, él va a explotar suavemente.
Él sigue tus instrucciones y, en efecto, el colcho salió con una pequeña línea humeante. Aplaudes con felicidad y Jeongin no puede dejar de estar más que alegre con el suceso. Colocas dos de las tres copas frente a ustedes, Jeongin intenta servir con sumo cuidado hasta donde tú le indicas y vuelve a dejar la botella en el hielo, intentando cubrirlo con el paño. Aun de pie toman sus copas y las levantan mirándose a los ojos.
Jeongin: Ocho años... Ocho años de escenarios, luces, premios y contratos que parecían inalcanzables. Ocho años de aplausos, de noches interminables, de sueños cumplidos... y de un vacío que ni el éxito pudo llenar. —Te mira con aquel brillo que él ve en ti, respira profundo y continúa—. Porque entre todo lo que conquisté, lo que realmente importaba siempre estuvo en otra parte. En alguien que una vez, con la misma delicadeza con la que ahora sostiene esa copa, sostuvo mi corazón por todos estos años. No sé si el universo juega con nosotros o simplemente nos da segundas oportunidades cuando estamos listos para tomarlas. Pero esta noche, con este brindis, no celebro mis premios ni mi contrato millonario... Celebro el reencuentro con el único tesoro que siempre fue mío, aunque me haya alejado.
Tú: Jeongin…
Jeongin: Por los sueños cumplidos, por los caminos que nos separaron y por el destino que nos trajo de vuelta. Pero, sobre todo… por el amor que ni el tiempo ni la distancia pudieron apagar. Salud.
Chocan sus copas y toman de estas sin apartar sus miradas, el burbujeante sabor de la champaña los arropa en un íntimo encuentro. No se sientan, solo se quedan allí, sintiendo la presencia del otro y contemplado lo que parecía ser un premio de la vida para cada uno.
El primero en hacer algo diferente fue él, rodeó la mesa y se colocó a centímetros de ti. Tuviste que levantar un poco la cabeza para verle y de repente fueron conscientes del aliento del otro, del calor y la sensación de quererse tener más cerca.
Jeongin: Ocho años… —Susurra—. Y al fin, podré cumplir un verdadero sueño.
Tú: ¿Acaso tenemos el mismo sueño en común?
Jeongin: Quizás. —Se acerca levantando sus comisuras—. Vamos a confirmarlo.
Con eso su mano llegó al contorno de tu cara y presionó sus labios sobre los tuyos, por inercia cerraron los ojos y se quedaron totalmente quietos, sintiendo todo y nada a la vez, absorbiendo el aroma del otro mientras el calor subía en la soledad de aquel lugar. Él se separó y levantaron sus parpados para verse por un breve momento, uniéndose casi al instante, pero esta vez ladeando sus cabezas para abrir sus labios y saboreando la mezcla de ustedes con la costosa champaña que de repente pasó a segundo plano.
Tus manos buscaron su cuerpo y las de él te quisieron sentir más. En algún punto de la situación tus dedos estaban agarrando a puños sus hebras y los labios de él se adentraban más en los tuyos. El beso empezó a perder el sentido cuando los jadeos de Jeongin y tus quejidos bailaron a su alrededor, sus lenguas se unían una tras otra vez sin querer separarse, no importaba cuando duraran tan cerca, aun tenían esa ansiedad de tenerse.
Entonces Jeongin se separó, dejándote entre jadeos cadentes y mirándolo con la curiosidad de lo que haría. Él acercó su mano hacia una de las copas del licor, la llevó a sus labios e ingirió un sorbo de este para mantenerlo en su boca, dejando el cristal en la mesa mientras se unía a ti en un nuevo beso cargado de burbujas y escozor del líquido.
Gemiste con cierto disfrute ante la deliciosa esencia y de aquella unión el champán se resbaló de la comisura de tus labios hacia tu cuello. Jeongin se dio cuenta de esto, por lo que aprovechó cuando ambos tragaron para seguir el rastro en tu piel.
Sus manos no estaban quietas, viajaban de tu cintura a tus caderas y de allí volvían a subir hasta tu costado, sus besos amasaron tu cuello y los suspiros que emitías llenaban a Jeongin lo suficiente para hincharse en sus pantalones. Quitó tu chaqueta blanca y acarició tus brazos al tirarla al suelo, luego fue contra tu elegante blusa, levantándola hasta debajo de tus pechos al chupar detrás de tu oreja, ahora fuiste tú que tomaste la copa y bebiste todo el contenido que quedaba.
Jeongin: Mmh… ¿Qué se siente beber la champaña más cara del mundo? —Murmura gravemente contra tu oído y se aleja para ver tu rostro.
Tú: Se siente bien, pero son más deliciosos los labios del actor más caro. —Te relamiste sin dejar de mirarlo y la erótica imagen hizo que él dejara de sonreír. Sus ojos adquirieron ese tono teñido de lujuria y desesperación que solo un hombre salvaje quizás tendría.
Ahora mismo Jeongin no era un actor o un personaje famoso.
Era un hombre… y te quería coger.
Te empujó con su cuerpo hasta la mesa, tambaleando todo lo que estaba allí cuando te llevó a sentarte sobre esta. Se metió entre tus piernas y una nueva ronda de besos comenzó. Pero, esta vez, la sofisticación y elegancia se fueron de vacaciones, Jeongin era desesperación, incoherencia y el salvajismo. Se quitó su chaqueta con rabia para arrojarla al piso, continuó con su camisa que, cuando sus dedos se trabaron, rompieron la línea de botones para sacarlo de sus pantalones y también lanzarla.
Tú: Jeongin… —Te separaste con un suspiro y él lamió tus labios al plasmar su mano entre tus muslos.
Jeongin: ¿Tesoro?
Tú: El champán no es lo único que quiero probar esta noche… —Presionaste tu dedo en su pecho, ahora desnudo, y lo deslizaste por su torso. Jeongin cerró sus ojos al sentirlo por sus abdominales— …quiero ver qué tan “espumeante” es la otra “botella”. —La mueca de sonrisa hecha por él fue inhumanamente insana, de nuevo te vio justo en el momento que tu mano llegó a su cinturón. Jadeó cuando lo jalaste más cerca de ti.
Jeongin: Me estás provocando bastante…
Tú: ¿Y eso es malo?
Jeongin: No. Pero asegúrate de gritar mi nombre cuando explote dentro y te haga “burbujear”.
Una risa cargada de coquetería por el doble sentido le dio el visto bueno a Jeongin para seguir, agarró con fuerza tus piernas para pegarte hasta él a pesar de la ropa y respiraste profundo al sentir la protuberancia entre sus pantalones contra los tuyos. Sostuvo el cabello que estaba en tu nuca y te hizo levantar la cabeza para que lo miraras, y allí se movió contra ti, haciéndolo lento para disfrutar tu rostro desfigurándose del gusto.
Arañó tu trasero la juntarte más a él y un grito de sorpresa surgió con su movimiento brusco. Su cuello se tensó y algo dentro de los dos se rompió por diferentes situaciones, tu grito hizo que Jeongin quisiera escucharlo más y las venas marcadas en el cuello de Jeongin te dieron aquel placer visual que pocas veces tuviste.
En un arranque de adrenalina él tomó la botella de champaña de la hielera y llevó el pico de la botella de su boca para beberlo grandes tragos, tú abriste tanto los ojos como los labios, impresionada de lo que hacía y aún más cuando lanzó la botella en el piso para volver su atención a ti.
Jeongin: Ahora sí vamos a celebrar, cariño. —Secó con el endorso de su mano sus labios y la imagen frente a ti te hizo temblar de placer, ¿cómo mierda se podía ver tan sexy solo secándose el líquido de la cara?
No te dio tiempo a responder porque ya él se encontraba jalando tus pantalones hacia abajo con furor mientras te sostenías, tanto tus tacones como la tela dejó de estar sobre tu piel y expuso para él, solo siendo cubierta por aquella ropa interior que por suerte era de las más decentes posibles.
Siguió Jeongin, quitándose su cinturón y luego su pantalón. No lo bajó, se quedó con él en sus caderas y solo descendió la ropa interior con su pulgar para sacar su pene con la zurda, moviendo su mano de arriba abajo al soltar un jadeo de relajación total.
Jeongin: ¿Qué pasa? ¿Te sorprendió el tamaño de la “botella”? —Tu mirada se levantó al instante, ni siquiera te habías dado cuenta de cuando empezaste a verlo, solo sentías las grandes ganas de tenerlo dentro lo antes posible y casi cierras las piernas por la inercia, pero él lo evitó con una mano—. No. Abre. —Y antes de que lo hicieras ya él te sostenía de las rodillas, accediendo a exponerte más que antes.
Tú: Esto es…
Jeongin: Delicioso. —Se relame los labios—. Esto sí vale dos millones de dólares.
Unió su frente con la tuya al acercarse, con su mano movió tu ropa interior a un lado y con la otra se alineó contigo. Sus ojos de nuevo se encontraron y así se fue adentrando en ti, no lo hizo rápido, fue sumamente lento, sus caras se tensaron y las respiraciones se detuvieron hasta que te sentiste totalmente llena. Lanzaste tu cabeza hacia atrás y él aprovechó esto para con la punta de su lengua pasar por tu garganta hasta tus labios y capturarlos en un beso pausado.
Salió lentamente y creíste que volvería a entrar despacio, pero te sorprendió que entró con tanta fuerza que arqueaste la espalda y gemiste con delicia absoluta, y eso era justo lo que quería Jeongin. De ahí en adelante nada fue lento, tus piernas lo abrazaron y él se sostuvo de la mesa para chocar contigo de con fuerza, la velocidad subía y tus ojos al igual que los sonidos estaban cada vez más altos.
Tus manos buscaron ancla en su espalda y lo impulsaron a cambiar de movimientos sin dejar que sus caderas bajaran el ritmo.
Tú: Así~… Mierda, espera.
Jeongin: ¿Te gusta? ¿Quieres más? —Tus uñas se clavaron cuando se hizo más rápido y certero, todo en ti parecía temblar o buscar auxilio ante la violencia de Jeongin, ya no gemías con represión, casi parecías gritar de agonía a pesar de que era todo lo contrario—. Dios, amo tu voz… Quiero escucharla más… —Estocada—… fuerte.
Los ojos se te cruzaron con aquello y no sabías ni lo que estabas diciendo, él de nuevo levantó tu cabeza para juntar sus frentes, era muy difícil concentrarte en sus ojos y hasta él parecía crispar entre el sentido común y la locura. Las uñas de Jeongin se fijaron en tus caderas y el cómo lo absorbías lo estaba volviendo loco, se estaba ahogando tanto en el alcohol bebido minutos antes como en tu calor, su pene parecía acorralado y la mejor parte era que él no quería salir de ahí.
Y entonces lo nombraste, lo nombraste de esa manera tan urgida y agonizante que él no ayudó a contenerse. Intentó pensar en otra cosa para durar más, quiso hasta imaginarse algo estúpido para no llegar al clímax, pero era demasiado tarde, él chocó dos veces más contra ti y sonreíste ampliamente sin una pizca del juicio en tu sistema al sentirlo llenarte hasta que se rebosó.
Terminaste temblando y arrastrándote a un lento, pero delicioso orgasmo que solo deshiló a Jeongin más de la realidad, creando un aura de desesperación absoluta en cuestión de segundos y, de repente, silencio. Quedaron oscilando en sus respiraciones, temblando y con las pupilas demasiado dilatadas ante el placer.
Jeongin de nuevo plasmó sus manos con fuerza en la mesa y tomaba bocanada de aire cuando sus pulmones le rogaban por llenarse de paz, tú lo mirabas aun con la mente nublada, sintiendo los espasmos bajar a medida que tomaban su normalidad.
Jeongin: Dios… —Le prestaste atención mientras se enderezaba sudado— …este brindis ha sido el mejor que he tenido en toda mi vida.
Negaste con la cabeza con una sonrisa y él soltó una risa cansada con una ligereza de embriaguez, aun unidos y esperando que aquel vapor post-sexo bajara lentamente decidieron abrazarse hasta poder hablar mejor las cosas. De ahora en adelante sabían que los sueños sí se cumplían.