Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 22 de febrero del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 22 de febrero del 2025
Hyunjin tenía un secreto, y era su adicción a las gomas de mascar.
Las comía siempre cuando estaba nervioso, ocupado, molesto o distraído, de cualquier sabor, sin importar las texturas, sea dulce o sin azúcar. Él solo necesitaba mascar algo para poder concentrarse y no dejar que las situaciones lo superaran.
Así fue como te conoció en un evento de modelaje, se le había quedado en su habitación de hotel la pequeña caja de chicles y empezó a pedirle a las personas de su alrededor a discreción. Tú tenías aquel chicle de fresa y él aceptó gustoso al preguntar tu nombre, así fue como empezó una amena conversación en el transcurrir del evento.
Pasaron los días y aprendiste a leer sus mensajes escondidos, chicle de uva para el mal humor de Hyunjin con sus compañeros, de fresa para momentos de ansiedad, frambuesa o menta para momentos serios, sin azúcar para el enojo y picantes para meditar cosas de alto impacto.
En tu casa siempre debía haber cajas de estos para cuando Hyunjin te visitaba y cuando te tocaba a ti tomabas oportunidad de robarte uno que otro para acompañarlo, que ya parecía que a ti se te había pegado la manía.
Minho: Hey. —Saludó cuando abriste la puerta de entrada, Hyunjin había dicho en la mañana antes de salir que él llegaría para buscar unas cosas que le prestó para entrenar. Lo dejaste pasar y Minho fue tranquilamente hasta la habitación que tu novio tenía para sus cosas.
Tú: ¿Todo bien, Minho? —Él emitió un sonido tranquilo al abrir la puerta y tú encendiste la televisión para ver el drama que pasarían en unos minutos. Te acomodaste en el sofá y la presencia del chico pasó por detrás de ti, deteniéndose a un lado antes de abrir la puerta.
Minho: ¿También estás tomando la manía del chicle? —Lo observaste y negaste con una sonrisa.
Tú: Solo lo vi mal colocado y quise comerlo, lo de Hyunjin ya no tiene arreglo. —Reíste un poco, volviste a mirar la pantalla y el castaño hizo una mueca al meditar algo en su mente, ¿debería hacer lo que pensaba o no? Tú no tenías culpa de lo que le había el menor.
Minho estaba molesto porque Hyunjin había tomado sin su permiso una sudadera que le había regalado Han años atrás y que él cuidaba con bastante amor. Ahora esta sudadera estaba llena de pelo de perros, la encontró lanzada en el piso de la habitación del más alto y, para más colmo, ni se había dignado a lavarla luego de usarla. Movió sus labios en una mueca molesta y se giró en sus talones para ir hacia ti.
Minho: Oye… —De nuevo lo miraste y te diste cuenta de que se acercó más a ti, llevó su mano a su bolsillo y sacó de allí un pequeño paquete de chicles de color dorado que parecía ser muy curioso—. Compré estos chicles hace par de meses y me ayudaron bastante con el tema de la gira. Hyunjin también comía de estos y se relajaba mucho, me preguntó por ellos y le dije que le compraría para que los probara.
Te los pasa y tú lo tomas con curiosidad para darle la vuelta. La envoltura era brillante y curiosa.
Minho: No los comas, son algo picantes y pueden ser incómodos de aguanta, Hyunjin lo podrá sobrellevar más. —Sonríe tranquilamente y tú le devuelves la sonrisa.
Tú: Gracias, Minho. Eres muy buen amigo.
Minho: Sí, pasa buenas tardes. —Se aleja y toma la perilla de la puerta—. Suerte, bonita. —Sale del apartamento de Hyunjin y cierra detrás de él con una gran sonrisa—. La vas a necesitar… —Se ríe para seguir su camino mientras lleva la bolsa con su pertenencia al hombro.
Dejaste la caja en el mueble al prestar atención a drama y solo cobraste atención de tu soledad cuando la puerta del lugar se volvió a abrir para dejar entrar a tu novio. Él sonrió mientras dejaba el bulto en su mano en el piso, se apoyó del marco del sofá con ambas manos y plantó un ruidoso beso en tu mejilla.
Hyunjin: Mi reina preciosa, buenas noches. Te extrañé muchísimo.
Tú: Llegaste temprano hoy, ¿ya decidieron el lugar?
Hyunjin: Mi manager no se decide porque vaya a la fiesta de Will Smith o al benéfico de Milán. Ambas parecen ser igual de importantes, así que quizás haya otra reunión mañana. —Acomodó sus brazos sobre el marco del sillón y se inclinó para al descansar su mentón en estas.
Tú: Creo que el benéfico te conviene.
Hyunjin: Dije lo mismo, pero está más decidido de enviarme con Will porque considera la idea de enviar a Seungmin al benéfico. —Hizo un pequeño pico de pato al ver la televisión y soltó el aire, iba a decir algo más, pero se detuvo al ver la pequeña caja sobre los cojines—. Oh, ¿qué es esto? ¿Preservativos?
Tú: ¡¿EH?! —Lo miraste de repente y él se ríe para mostrarte el empaque, tú ruedas los ojos cuando él vuelve a reír por tu reacción. Da la vuelta para sentarse a tu lado y mirar en empaque—. Es una caja de chicles que dejó Lee Know.
Hyunjin: ¿Lee Know? —Confirmas con la cabeza.
Tú: Dijo que durante la gira tú y él comieron de ese chicle para relajarse. —Y es ahí donde Hyunjin hace un gesto de comprender mejor a lo que te referías.
Hyunjin: Sí, este chicle me ayudó a bajar la ansiedad y estrés de los conciertos por horas. Todos comíamos, a Jeongin no le gustó porque tenía un fuerte sabor a canela.
Tú: ¿Pica mucho? —Él niega con diversión.
Hyunjin: Quizás a ti no te agrade mucho el sabor, pero no es tan picante. —Abre el empaque y toma una de las líneas de chicle—. Bang Chan lo toleró sin problemas, y es el que menos aguanta el picante, Felix también. —Te observó mientras quitaba el papel.
Tú: Lo probaré después, ahora le prestaré atención a esta escena. Faltan doce minutos para que acabe el episodio de hoy y tengo fe de que Ri Jeong-hyeok le confiese sus sentimientos a Yoon Se-ri. —Hyunjin rueda los ojos con una sonrisa y se levanta del asiento al llevar el chicle a su boca, mastica tranquilamente mientras lanza los demás en la mesa central.
Entró a su habitación y se retiró su abrigo, saboreó el chicle y este le pareció extraño, no tenía ese sabor que recordaba a canela, parecía más a fresa artificial, pero no lo pensó mucho y siguió retirándose su camiseta, quizás Minho había comprado de otro sabor al no encontrar el acostumbrado, por lo menos esperaba que el efecto sea el mismo.
Se aflojó sus pantalones y se quedó con el torso desnudo, haciendo bombas del chicle fue al baño y lanzó sus prendas superiores a la ropa sucia, se miró por el espejo del lavado y se echó agua al sentirla algo caliente de repente. Un pequeño grito de emoción se escuchó desde donde estabas y supuso que se había cumplido lo que deseabas, riendo cuando te quejaste al acabarse la novela.
Secó su cara y siguió su caminó hasta la cocina para verte en la nevera, te iba a preguntar lo que habría de cenar, pero se detuvo al verte inclinada con la cabeza dentro de las rejillas en búsqueda de algo de comer. Hyunjin, pero él solo se fijó en el remeneo de tu trasero.
Tosió un poco y tomó un tazón que había por ahí para llevarlo al lugar del lavado. Cuando saliste lo encontraste de espaldas empezando a realizar los quehaceres mientras tú cocinabas.
Tú: ¿Qué veo aquí? El gran Hyunjin ayudándome a lavar los platos, ¿quién se va a morir?
Hyunjin: Lo dices como si no lo hiciera. —Ríen divertidos.
Tú: ¿La última vez cuándo fue? ¿En mi cumpleaños?
Hyunjin: No fue hace tanto…
Tú: ¡Fue hace más de tres meses!
Hyunjin: ¡Estaba ocupado con mi trabajo, amor! ¡Lo sabes!
Tú: Istibi iquipidi quin mi tribiji, imir. ~ —Él te salpicó un poco de agua con sus manos y tú te separaste entre risas—. ¡Que infantil eres!
Hyunjin: ¿Yo soy el infantil? —Te mira con los ojos bien amplios y tú le das la espalda para fingir que no dijiste nada. Ibas a preparar arroz frito con kimchi y salmón marinado, pero como Hyunjin no lo sabía te espiaba cada cierto momento para deducirlo sin preguntarte.
Tú: Amor, ¿me prestas un cucharon?
Hyunjin: El cucharón real para la princesa. —Finge una voz gruesa mientras te pasa lo solicitado, tú te ríes y lo tomas.
Te quedaste un momento mirando la espalda de Hyunjin y le diste vuelta al utensilio a la vez que detallabas con la mirada aquella espalda bien definida, su pantalón esta casi en sus nalgas, por lo que veías a la perfección su bóxer negro hasta sus caderas, sus brazos musculosos remenearse al restregar los platos, sus hombros anchos descubiertos desde que se había cortado y teñido el cabello, y su mandíbula moviéndose cada vez que mascaba el chicle con precisión.
Suspiraste para tus adentros, como querías tenerlo contigo esta noche y disfrutar como siempre ese pequeño placer de hacerlo tuyo así como él te hacía suya. Pero habían hecho un trato y eso era nada de sexo mientras Hyunjin o tú tuvieran compromisos bastantes importantes que requerían concentración por más de tres días, y esas estúpidas fiestas conjunto a los ensayos y ComeBack de los chicos les estaba pasando factura.
Hyunjin removió su cabeza y tosió para seguir mascando como si nada, tú regresaste a tu mundo en la estufa y cortando tanto las verduras como el salmón. El televisor estaba encendido y llenaba el espacio de silencio tranquilo que había entre ustedes, espacio que se interrumpía cada vez más seguido al Hyunjin carraspear con incomodidad.
De un momento a otro un platillo sonó demasiado fuerte y miraste hacia tu novio al instante, él se sostenía del filo del lavado y movía su cabeza en negación con suavidad, acarició su car y la palmeó un par de veces, eso te preocupó.
Tú: Amor, ¿pasa algo? —Bajas el fuego de los sartenes.
Hyunjin: No, no… Solo que… De repente me molesta la garganta y me dio calor. —Se endereza en su lugar y suelta un largo suspiro—. Debe ser el cansancio por la reunión de hoy, estoy bien. —Toma el platillo nuevamente y sigue en su proceso. Tú lo miras a detalle, pero no insistes, solo lo observarías en silencio por si la situación podía escalar.
Sin embargo, esta se mantuvo igual. Hyunjin desechó el chicle usado, te ayudó a servir la comida y se sentaron juntos en la mesa para dialogar mientras comían. No te percatabas, pero tu novio desde minutos atrás te estaba mirando con más insistencia, masticaba con lentitud y ladeaba la cabeza al remover los palillos en su platillo. Cuando levantabas la mirada volvía a comer como si nada y fingía no tener nada en mente.
Por alguna extraña razón tenía una comenzó extraña en sus brazos y pecho, su cara se sentía arder y su vista enfocarse en un punto absoluto, su respiración se calentaba con la medida de los segundos y ni hablar de la inquietud de su pierna debajo de la mesa por lo apretado de los pantalones, a pesar de esto estar sueltos del botón.
Tú: ¿Hyunjin? —Él te miró de golpe, casi pareciendo asustado—. ¿Seguro que estás bien?
Hyunjin: Sí. Lo estoy. Solo la molesta sensación de la garganta de nuevo. —Fingió una tos y mostró una suave sonrisa que desapareció tan pronto como fijó su mirada en lo que restaba de su plato. Tú tomas el jarrón de agua y sirves lo que queda de esta en tu vaso.
Tú: Oh, creo que me acabé toda el agua. Iré a buscar más. —Tu novio accedió y te levantaste de la mesa con dirección a la nevera, él siguió tus pasos con su mirada, fijándose principalmente en tu cintura y caderas.
Hyunjin: ¿Qué me pasa? —Vuelve sus ojos al frente, pestañea un par de veces más y de nuevo su mente ataca con ideas intrusivas que le proponen hacer cosas no planeadas para esa noche. Tú vuelves con el jarrón lleno, pero él no se da cuenta, está tan sumergido en diferenciar el presente de su mente que solo puede atinar a abrir sus labios levemente y respirar.
Tú: ¿Por qué respiras por la boca?
Hyunjin: Creo que me está dando fiebre… Y me siento ansioso. —Mira la caja de chicles que había dejado hora atrás para quitarse su ropa—. Creo que mascaré otro chicle más.
Tú: No es buena idea. —Él extiende su mano y tú la tomas para evitarlo—. No lo hagas si tienes fiebre.
Ese leve contacto casi ardió en Hyunjin, él se separó prácticamente al instante y soltó una exhalación cargada de incomodidad. Notaste sus mejillas rojas al igual que sus orejas y cuello, era momento de hacer algo y lo sabías.
Tú: Vamos a la cama, te pondré agua fría. Al parecer te está comenzando la fiebre. —Él acepta y se levanta con pesadez, decides ir hasta él y sostenerlo. Sin embargo, te percatas de dos cosas; la primera es que Hyunjin arde, y literalmente. Lo segundo es que su queja no fue normal, fue un sollozo incómodo y que lo devolvieron a su silla al fruncir el ceño.
Hyunjin: Mierda, que calor…
Prácticamente se deslizó en la silla y su aliento pareció humear al soltarlo, el caso aumentaba más rápido de lo que parecía. Fuiste a la cocina y ubicaste un paño, un recipiente y agua fría para colocarlos sobre él, pero te quedaste congelada con la imagen que encontraste en plena sala.
Él se había desesperado, sentía que necesitaba liberarse, que debía satisfacerse de alguna manera u otra, su cuerpo ardía y era tanto extraño como incómodo. Por lo que, en tu ausencia, y con su mente nublada en agobio decidió bajar sus pantalones hasta sus rodillas, mover su ropa interior y masturbarse mientras temblaba con violencia contenida.
Lo viste apretar sus dientes, sus dedos se clavaron en el material de la silla del comedor y sus caderas empujaron con violencia en contra de su mano, tan brutal que terminó eyaculando en esta y desparramándose sobre él sobre él mismo a la vez que se dejaba yacer en su asiento. En un leve momento de lucidez él miró hacia ti y tú dejaste caer el embace lleno de agua al verlo en tales condiciones.
Tú: ¿Qué te hicieron…? —Él negó lentamente como si indicara que tampoco sabía y con la mente perdida, su mirada era oscura y se notaba a leguas que su cordura parecía hilarse y romperse repetidas veces mientras permanecía atento a ti.
Hyunjin: Caliente… —Suspira—. Calor… —Abre sus labios y vuelve a soltar aliento—. Necesito…
Su mano volvió hacia su pene y tu casi corriste hacia él para detenerlo, tomaste su muñeca y sus ojos, que se cerraron por inercia, ascendieron con pesadez hasta la mitad, divisándote entre las pestañas con sus labios entreabiertos.
Tú: ¿Qué tienes? ¿Por qué estás así? —Acariciaste su cara y el sonido que salió de su garganta fue bastante salvaje hasta para ti, ni siquiera las veces que Hyunjin estuvo tan descontrolado había emitido un sonido como ese—. ¿Amor?
Hyunjin: Tócame… —Gimió. Soltó su pene y tomó tus muñecas para dirigirlas fuera de su cara, tú seguiste con tus ojos fijos en los suyos y él se removió con bastante sensibilidad al tener tu piel sobre sus pectorales—. Acaríciame, bésame… Muérdeme… Haz algo, pero quítame esto…
Tú: Nuestra promesa… Tienes mucho trabajo.
Hyunjin: Si no me dejas meterme en lo más profundo de ti en los próximos cinco minutos, colapsaré o me masturbaré hasta la inconsciencia, lo que suceda primero. —El carácter con lo que dijo eso te sorprendió. Te colocaste sobre él lentamente y debías admitir que Hyunjin parecía un depredador, acechando tus movimientos.
Tú: Jinnie, cariño… —Tomaste sus mejillas y llevaste tus labios a sus pómulos, él cerró sus ojos de nuevo. Estabas sentada sobre sus piernas frente a él, por lo que sentías a la perfección su pene junto a tus muslos a pesar del pantalón pijama.
Hyunjin: Tengo calor…
Tú: Yo te lo quitaré.
Hyunjin: No aguanto, te quiero ahora. —Jadeo con un beso sobre sus labios y él retuvo el aire al aguantar el aliento, sus manos se plasmaron en tu trasero y te atrajo más hacia él—. Te quiero ahora, amor… —Arrulló con agudeza, levantó su mirada hacia ti y te rompiste al verlo tan vulnerable—. Me duele tanto… Te necesito ya. —Sus manos arañaron la tela sobre tu piel, viajaron a tu espalda como si desearan arrancarlas.
Tú: Te cuidaré, mi príncipe. Siempre lo hago.
Hyunjin: Conmigo… Te quiero conmigo. —Acercaste tus labios a su cuello y allí mordiste lentamente, él sollozó en disfrute, sabías lo mucho que le gustaban las mordidas y, al verlo tan necesitado de deseo, lo harías soltar todo lo que tenía contenido.
Seguiste las mordidas, ejercías fuerzas y él gemía, arañabas su abdomen y suplicaba por más de manera grave en tu oído, removía sus caderas y se tensaba al sentir el frío envolver su miembro entre ustedes. Aún así eyaculó de manera muy lenta, solo soltando leve líquido que se desparramó por la extensión.
Te diste cuenta de esto después, cuando él pareció tomar un leve descanso sobre le espaldar de la silla. Por lo que aprovechaste y tomaste con tu mano derecha la punta, y la descendiste sin apretar mucho, Hyunjin reaccionó casi al instante con un jadeo agónico, tu pulgar acarició el glande y su cuerpo respondió otra vez.
Hyunjin: Amor… —Su cabeza se lanzó hacia atrás una vez más, sus labios estaban abiertos y su rostro se contorsionaba cuando tu mano lo masturbaba con deliciosa lentitud, sintió su pelvis acumular el calambre acostumbrado antes del orgasmo y tú lo torturaste más al apretarlo, dejando que se sobresalte con la estimulación—. Mierda… No hagas-… Mgh…
La tercera eyaculación de la noche e… impresionantemente, Hyunjin seguía levantado como si nada. Era obvio lo que pasaba aunque tú quisieras descartarlo: estaba drogado con afrodisiaco. Tendrías que seguir hasta que se calme o por lo menos se relaje, lo harías de otras maneras más calmadas, pero Hyunjin ya se estaba hartando de la calma.
Sus manos se plantaron de nuevo en tu trasero, pero esta vez con más energía. Pudiste ver sus venas marcarse desde su mandíbula y frente, sus brazos ejercían lo que parecía ser un esfuerzo sobre humano y, por alguna razón, su rostro estaba molesto. Si no lo conocieras, creerías que te quería matar, y tal vez sí quería…
…Pero de otra manera.
Hyunjin: Te dije que te necesito. —Clavó sus uñas en las telas de tu pijama.
Tú: ¿Hy-Hyunjin? Espera-…
Hyunjin: No. Es mi turno. —Habló con los dientes muy apretados y jaló con tal fuerza que de un tiró las telas se quebraron, tú te sostuviste de él y sus manos siguieron jalando hasta tener tu trasero libre de esa restricción y rápidamente siguió tu ropa interior. Se removía con ferocidad para tenerte dispuesta, por lo que le dejaste hasta que se sintió satisfecho con sentir tus muslos sobre los de él.
Sabías que tu novio era muy fuerte, pero nunca supiste que tanto hasta que te tomó de la cintura y te levantó a su gusto sobre su pene, quedaste entre asombrada y excitada con tal escena. Sin embargo, él estaba tan concentrado en introducirse que no se había dado cuenta de tu fascinación. Te sostuviste de sus hombros, él colocó la punta justo en tu entrada y te descendió un poco para saber si iba a acceder correctamente, una respiración lenta lo hizo mirarte una vez más, sí estaba por buen camino. Y entonces…
Te dejó caer sobre él al mismo tiempo que levantaba sus caderas.
El chillido que soltaste pareció romper todo lo que los rodeaba, pero más la cordura de él. De ahí nada fue lento, fue desesperante, desenfrenado y sin cuidado alguno. Te habría pedido que saltaras sobre él, de no ser que era él mismo el que te estrellaba contra su miembro. Tú rebotabas sobre él con los ojos cruzados, desde que lo sentiste por completo adentro no obtuviste una sola idea coherente, solo quería sentirlo más, y lo estaba logrando.
Su mano izquierda se introdujo entre las hebras de tu coleta deshecha y los tomó para empujarte hasta que tu frente y la de él se unieran. Se miraban con desconocimiento animal, nunca imaginaste ver a un Hyunjin totalmente animal y perdido en la lujuria absoluta.
Apretó el agarre de tu cabello y mordió su labio inferior, agarró tu cintura con su brazo derecho y, como si fuera posible, se clavó contra ti con una sonrisa sádica y un descaro excitante. Tu voz ya no era opacada por gemidos, sollozos o jadeos, eran gritos, gritos agudos y provocativos que rodeaban la inhibición de Hyunjin.
Hyunjin: ¿Qué pasa? —Jadea con una amplia sonrisa irónica—. ¿Me crees tu chicle? —Alza sus cejas—. ¿No? ¿Entonces por qué me aprietas como si ya vas a acabar? —Choca sus caderas contra ti y tú reclamas entre dientes—. Cariño… Soy como el chicle… —Jadea al sacar su lengua y lamer tu mejilla hasta llegar a tu oído—. Si me usas bien… —Otra penetración fuerte, te remueve y clavas tus uñas—… Pego fuerte y duro más de lo que imaginas.
Tú: Mmh… —Ya de tu boca no salían palabras, eran sonidos irracionales que tu novio interpretaba como indicios de un buen final. Y ahora Hyunjin se sentía en ánimo de hablarte cerca de tu oreja al aumentar el ritmo hasta casi ser incontrolable.
Hyunjin: …Vamos… ¿No que me quitarías el calor? Más parece que se propaga… —Su emoción se disparó cuando lo atrapaste dentro de ti y él desfalleció en su interior, te unió más a él y buscó más de esa sensación. La rapidez con la que ingresaba y salía era tan fuerte que ambos temblaban erráticos, palmeabas sus brazos desesperada al no poder emitir ningún sonido, solo con los labios abiertos y la respiración trancada.
En la última estocada él se quedó bien pegado a ti, dejando que su interior te llenara y de paso el tuyo lo cubriera, esta vez la cuarta era la vencida y tu novio tardó un rato vertiéndose en ti. Aunque se desparramaba por la unión él siguió y cuando terminó cedió al cansancio con la vista nublada en el techo.
Esa noche fue más larga de lo esperada, lo suficiente hasta que Hyunjin pudo dormirse en tus brazos. Al siguiente día Minho recibía agradecimientos muy alegres de tu parte y de Hyunjin, sin embargo él miraba confundido, ¿qué había pasado y por qué su plan de venganza no salió como esperaba?
Hyunjin: ¿Crees que puedas conseguirnos más de esos “Bubblegum”? Se nos acabaron…
Minho: ¿Eh? —Lo observa confundido y después intercambia la mirada entre ustedes dos, impresionado—. ¡¿EH?!