Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 29 de junio del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 29 de junio del 2025
Felix echaba humos con los mensajes enviados por Minho. Tomaba tu celular con fuerza, respondiéndole los mensajes y chasqueando la lengua cada vez que se sentía frustrado por las palabras del otro chico. Juraba que le quitaría la estúpida risa y lo golpearía por cada burla que le había hecho.
Tú: ¿Fefi? —Levantó sus ojos del dispositivo y te observó, ambos sentados en tu cama, una tarde después de los sucesos donde los tres estaban juntos. Sabías que Felix estaba molesto y tenía sus razones, era tu novio y había tenido que ver esta situación en su “primera vez” (si se podría llamar así)—. Fefi… ya deja-… —Él alejó el teléfono antes de que se lo quitaras, sin dejar de mirarte seriamente—. ¿Qué pasa?
Felix: Él quiere… que vayamos. —Casi susurró.
Tú: ¿“Vayamos”? ¿A dónde? —Tu novio muestra la pantalla y logras ver la ubicación desplegada. Reconociste el lugar al instante—. No.
Felix: Iremos.
Tú: ¡¿Qué?! ¡No! —Lo viste levantarse de la cama mientras lanzaba tu celular hacia el colchón—. No, Felix. No iremos. Yo dejé esa vida, yo-… Yo te tengo a ti y-…
Tu novio se detuvo al escritorio donde estudiabas y lo acarició lentamente con un dedo. No, Felix no quería ir. Pero tenía un llamado más fuerte por saber lo que se hacía ahí. Lo que TÚ hacías ahí. ¿Por qué él estaba tan obsesionado contigo? ¿Qué te hacía sobresaltar sobre un lugar como ese? Se giró sobre sus talones en silencio y te miró, no había sonreído desde esa mañana. Se despertó con todos los recuerdos de la noche anterior, solo contigo en la cama, Minho se fue sin avisar y ahora… hacía “esto”.
Tú: Por favor, Felix. Te diré todo, sabrás todo de mí… Pero, por favor.
Felix: ¿Por qué él te quiere tanto, amor? —Su voz salió más profunda de lo normal y tú no entendiste la duda—. ¿Qué tanto amor… debe tener una persona…? —Mira al piso y desliza por última vez sus dedos en la mesa—. ¿…para que no le moleste compartirte?
Tú: No es amor… es lujuria. Son dos cosas distintas. —Una vez más sus ojos expresivos volvieron a ti y sentiste el verdadero peso de su pregunta—. Él no me ama, él quiere poseerme.
Felix: Porque te amo también quiero poseerte… —Sus palabras parecieron arrastrarse, como si quisiera convencerse de lo que decías. Pero dentro de él había una voz posesiva, una que reiteraba una y otra vez su deber como hombre—. Porque te amo… es que quiero ir.
Tú: Felix. —Te pusiste de pie y se mantuvieron en silencio un largo rato, sintiendo sus corazones bombear fuertemente, como si fuera uno solo—. No hay que llegar a su terreno.
Felix: Fue el tuyo alguna vez.
Tú: Ya no lo es, no lo es más. Tú me cambiaste.
Felix: ¿Qué hice yo para que cambiaras de vida?
Tú: Amarme. —Sonríes y él se queda mudo, tragando grueso—. Amarme como soy, mi amor.
Felix: ¿Qué te hizo tomar esa vida?
Tú: Eso ya no importa.
Felix: A mí si me importa. Me importa todo de ti. Todo lo que somos. Me importas tú porque siento que somos uno, y creí que también lo sentías… —Sus cejas se acentúan sobre sus ojos, como si esperara una prueba más sustanciosa de tu amor, pestañeó abriendo sus labios y soltando el aliento, ¿por qué era tan difícil decir lo que en realidad pensaba de la situación?—. Solo dime todo. Yo lo hice contigo, amor. Te pido la verdad para no sentirme tan… —Busca las palabras correctas mirando al piso y niega sin saber cómo completarlo—. Dímelo, por favor.
Se hizo nuevamente el silencio. Cerraste los ojos, suspirando en una leve derrota que te dolía. Aquel pasado que tanto te avergonzaba resurgiría y te dejaste caer en la orilla de la cama con frustración. Felix caminó lentamente hasta ti y se sentó a tu lado, dándote un espacio, pero siendo atento a que hablaras.
Tú: Todo comenzó cinco años atrás. —Abriste los ojos—. Llegué a este país porque había orden de captura de mi persona por un malentendido familiar. —La mano de Felix, que casi llegaba a tu hombro para darte apoyo, se detuvo—. Asesinaron a uno de mis tíos y, para mi familia, yo y un primo fuimos culpables cuando no fue así. Él tenía problemas con cosas turbias, pero nadie nos creyó. Tuvimos que escapar y dejar todo atrás.
Felix: ¿Cómo lo hiciste?
Tú: Pasé por Belice, Brasil y la Guyana inglesa, escalé a España y por último llegué a Suiza antes de estar aquí. Todo en cuestión de tres meses, para perder el rastro. —Respiras profundo—. Cambié mi nombre y mi apariencia para hacerlo un poco más difícil. Creo que funcionó. Pero…
Felix: ¿“Pero…”?
Tú: No tengo a nadie aquí. Era inmigrante y en estos alrededores son muy… “nacionalistas”. —Haces comillas con tus dedos—. El conseguir trabajo para una joven de diecisiete era muy problemático, considerando que en la mayoría de los locales la edad para ser mayor es veintiuno. Por lo que tuve que improvisar.
A días de llegar a Ámsterdam te diste cuenta de que los lugareños les encantaba que las cosas normales se hicieran de repente fuera de lo común. Por lo que decidiste hacer un plan para captar su atención y que esto se volviera tu principal atracción.
Contra tus principios robaste el bolso de una señora, allí encontraste algo de dinero para comer y maquillaje para usar. Esa misma noche buscaste un lugar céntrico, donde muchas personas caminaran despreocupadas y entre las andadas llegaste a un árbol gigante que se encontraba en el medio de una plaza. Pensaste y pensaste… tu sonrisa se amplió al tener una idea.
Tú: Ladies and gentlemen (Señoras y señores). —Algunos se detuvieron y otros solo miraron de reojo a tu dirección por la voz alta—. Are you ready to see something crazy? (¿Están listos para ver una locura?) —Más personas se detuvieron y señalaste aquel pino robusto detrás de ti, usando tu poco nivel de inglés para que te entendieran—. It's show time.
Con eso diste la espalda, justo en el momento que un joven misterioso se detuvo junto con el cúmulo de personas a ver lo que sucedía. Miraste la madera cuando estuviste frente a esta y respiraste hondo. En tu país tenías la costumbre de subir a los árboles para comer de los frutos más altos: mangos, manzanas, naranjas, lo que sea. Escalar no era tan difícil en las áreas tropicales, por lo que un pino no te iba a vencer tan fácil.
Saltaste a una de las ramas, las personas empezaron con sus suspiros impresionados. Otra rama tras otra, subías sin mirar abajo y las voces se escuchaban cada vez más distantes. En algunos treinta minutos estuviste cerca de la copa y… mierda, sí que era alto, podías ver parte de la distante ciudad bulliciosa.
Tus ojos vieron abajo y, sentiste algo de vértigo, pero también sonreíste al ver como todos victoreaban. ¡Bien! Hoy podrías comer. Ahora era de bajar. En esta ocasión sería más lento porque no querrías lastimarte ni caer de la altura, por lo que te diste tu tiempo para descender.
Tras estar en el piso todos te aplaudieron, acercándose para dejarte papeletas y monedas en una bolsita que sacaste de tu bolsillo tras el espectáculo, algunos te decían cosas que no entendías, pero por sus miradas pícaras era evidente que nada bueno podría ser. Cuando creías que todo había acabado y contarías el dinero, el hombre misterioso se acercó a ti y extendió su mano con un billete de cien dólares.
Tú: Dios mío… Eso-… Dios, es demasiado. —Levantas tus ojos y ves al desconocido—. It’s… It’s too much money. (Es… Es demasiado dinero).
X: Do you speak english? (¿Hablas inglés?) —Te quedaste mirándolo por unos segundos, ibas a decir que sí, pero tu nivel de conversación era baja, muy baja—. French? Spanish? (¿francés? ¿español?).
Tú: Spanish! Spanish! (¡Español! ¡Español!) —Sueltas desesperada y él se ríe divertido.
X: Hola. Yo… hablar… poco español. Espero-… Espero tú entender. —Haces una leve mueca de felicidad y asientes, él también sonríe—. Que bien. Gusto mío. Me llamo Christopher. —Asientes—. Mi puedes llamar Chan.
Tú: El gusto es mío, Chan. —Tu rostro se ilumina de alegría. Al fin podrías hablar sin tener tanto impedimento.
Felix: ¿Quién sería Chan en esta historia?
Tú: Fue mi primer y único amigo en este país en esa época. Se preocupó por mí cuando para todos fui invisible. Intentó en muchas ocasiones ayudarme a conseguir trabajo. Pero mi condición de inmigrante y edad seguían sin ayudar. Entonces, él tuvo una idea loca…
Felix: ¿El Barrio Rojo?
Tú: No exactamente. —Sonríes de lado—. Él le preguntó a una amiga sobre un trabajo para alguien como yo, y ella le preguntó a alguien más. Y así hasta que llegaron con el dueño de una tienda. Me dio la oportunidad de forma clandestina y estuve un año allí. —Llevas tus manos a tu regazo y suspiraste al recordar—. Pude tener algo de dinero, pero seguía sin ser suficiente para independizarme. Cuando le comenté a Chan él entendió y… fue entonces que tomamos la mala decisión.
Felix a este punto estaba sumergido en tu historia, esperando el momento en el que le dirías sobre ese punto exacto que quería saber.
Tú: Llegamos al Barrio Rojo por uno de los clientes de Chan, él vendía licor a lugares clandestinos. Nunca quiso que me mezclara con ese tipo de personas, pero al ver mi insistencia por crecer en un lugar como este y llegar a donde quería, no se vio de otra que-…
Felix: ¿A dónde querías llegar? —Lo miras fijamente y él pestañea confuso.
Tú: A la universidad. Quería estudiar, amor. No quería ser siempre una inmigrante sin nada que ofrecer a este país. —De nuevo Felix traga grueso—. Tenía la fe de que, podría terminar y volver a mi país siendo alguien en la vida. Por eso tuve que trabajar ahí… —Aprietas tanto tus manos como labios—. Tuve que vivir atrocidades en ese lugar, pero el dinero era suficiente. Más que suficiente. Pude conseguir este apartamento y… obtener un cupo en una universidad tan privilegiada.
Tu novio bajó la mirada de ti, pensando a detalle lo que habías dicho, pero imaginándose lo que sucedía en aquel barrio.
Tú: Uno de los primero clientes que conocí fue a Minho. Es hijo de la élite coreana y llegaba a este país cada verano para estar en ese lugar. Se encaprichó conmigo porque le decía lo que quería escuchar y siempre estaba disponible… —Felix te mira—…para él.
Felix: Por eso no te puede dejar ir tan fácil. —Analiza tu rostro cuando se miran fijamente—. Eras… su juguete favorito. Y cuando no volviste a él… —Sus palabras te dolieron y quisiste disimularlo, pero él se dio cuenta y te tomó de brazos para que te ladearas más hasta estar frente a él—. No estoy diciendo que seas un juguete, amor. No lo eres, eres un ser humano. Pero… tenemos que ir.
Tú: Pero Felix…
Felix: Tenemos que enfrentarlo, juntos. No puede solo tenerte cuando quiere y hacer lo que quiera contigo. Ni siquiera cuando se está enamora-… —No completó aquella palabra cuando cayó en el peso de esta. Sus ojos sorteando la pregunta—. Él… Él te gusta. —Silencio—. Me amas a mí, pero él te atrae. —Ambos se quedan quietos—. ¿Cinco años?
Tú: Cuatro.
Felix: Es demasiado… —Aleja sus manos de ti y se endereza en su lugar. Este torbellino de información parecía ser demasiada para Felix, por un lado se sentía liberador, podía entender muchos de tus movimientos y forma de ser. Pero por otro lado, admitía que le dolía.
Tú: Si te quieres ir… —Él te observa de reojo—. Si… quieres terminar….
Felix: No.
Tú: No haré que cargues con una persona como yo.
Felix: No estoy cargando con nadie, solo eres una persona, con un pasado, como todos.
Tú: Pero Felix-…
Felix: ¡Te amo! —Te detienes con los labios abiertos—. Te amo por encima de todo y todos, ¿sí? Y-… Y no es un… “Te amo” solo por decirlo. Te amo con tus defectos y pasado. Sé… Sé que lo de él es algo por costumbres o-… o por gusto. Pero a mí… —Se señala a sí mismo—. Pero a mí me amas. Porque me amas, ¿verdad?
Tomas su mano con desesperación y la colocas sobre tu pecho, él siente tu corazón latir con fuerza, confirmando sus palabras, era un amor fuerte y profundo, algo que nada ni nadie lograría comprender, algo que ningún tercero afectaría por nada en el mundo.
Tú: Te amo, Felix. —Sus mejillas se enrojecieron—. Te amo como no tienes idea. Minho vio lo que fui alguna vez, pero tú me hiciste ser quien soy ahora. —Sus ojos se cristalizaron y se aguantaron ante el desborde de caer—. Te amo, te amo demasiado.
Felix: Lo sé, sé que lo haces. —Mueve su mano a tu mejilla y alcanza tus labios, besándolos con suma lentitud, una que conectaba sus sentimientos en la forma perfecta. Un beso que los hacía suspirar sobre los labios del otro y creaba en Felix una necesidad de irse colocando sobre ti—. Te amo… Te amo de una forma tan fuerte, mi amor. —Otro beso de ojos cerrados—. Te amo tanto que te necesito ahora. —Tus manos llegaron a su nuca, deslizando los dedos dentro de su cabellera y robándole un jadeo cuando sus narices se acariciaban.
Tú: Entonces toma lo que gustes. No tengo nada que esconderte. —Sus ojos se abrieron al mismo tiempo y se sonrieron como si aquello fuera el romper una atadura que nunca vieron antes. Un nuevo beso los ató, pero con un movimiento de Felix para que quedaras acostada en el colchón y él con cada una de sus rodillas cerca de tus caderas, su figura sobre ti.
Tus manos se fueron a sus piernas y las acariciaron sobre el pantalón, mientras estas se deslizaban por sus muslos hasta casi llegar a su entrepierna, la emoción lo hizo abandonar tus labios para atacar tu cuello.
Felix: Si Minho va a querer estar dentro de ti… —Susurra profundo contra tu cuello—…primero tendrá que sentirte llena de mí. —Sonríe con cierta maldad y tú frunces el ceño.
Tú: ¿Amor? —Ahora tu novio se acomodó entre tus piernas, mordiéndote con suavidad el cuello y recostándose con cierta fuerza para sentir tu entrepierna contra la de él—. Pe-… Felix, eso es nuevo. —Él se apartó hasta queda de rodillas entre tus piernas y sonreírte mientras se quitaba la camiseta.
Felix: Que no lo haya podido hacer antes no significa que no lo pensara a cada momento. Y… creo que ahora es la oportunidad perfecta. —El torso de tu novio se vio totalmente descubierto y no pudiste disimular tus ojos a través de su cuerpo trabajado. Tomó sus pantalones para quitar la prenda sin dejar de mirarte desde arriba, conectando con tus ojos con el deseo que tanto lo consumía desde anoche—. Voy a eliminar cada rastro de él en ti. Al punto de que, cuando te toque, creas que soy yo.
Tus ojos se abrieron con sorpresa por las palabras que él lanzaba, ¿acaso ese era Felix? ¿Felix posesivo? ¿Tu lindo chico de pecas? Ahora su cara parecía maniática, como si fuera la crónica de una muerte anunciada cuando se ceñía nuevamente sobre tu cuerpo.
Tú: ¿Desde cuando eres así, Felix? —Le sonríes cuando su cara se acerca a la tuya, sintiendo su aliento sobre ti mientras acomodaba sus propios pantalones para bajarlos.
Felix: Siempre he sido así. Siempre he querido que gimas mi nombre con tu dulce voz mientras te la meto. Pero no sería muy “tierno” de mi parte decirte eso en cualquier momento, ¿verdad? —Murmura entre ustedes, divirtiéndose de tu cara sonrojada al buscar liberarte a ti, te habías colocado un pantalón corto esa mañana tras darte una ducha, pantalón que Felix desapareció al deslizarlo entre tus piernas y lanzarlo al piso junto con su ropa—. Ahora sí, quiero ver cómo me tragas… —Te roba un beso—. Pero ve despacio, recuerda que es “mi primera vez”. —Se ríe por lo bajo al llevar su dedo a tu ropa interior y moverla a un lado para dejar libre tu abertura.
Tú: Me encanta que seas tierno, pero debo admitir que me emociona esta faceta tuya.
Felix: Y este es solo el comienzo. —Roza su dedo justo en tu entrepierna, introduciendo solo un poco lentamente, deleitándose de tu jadeo mientras él traga con emoción contenida—. Deja que sientas como un “chico” te llena.
Ahora bajó su ropa interior, siendo la única barrera para quedar a tu disposición al liberar su miembro. De nuevo sostuvo tu ropa interior, pero con el pulgar, así podría alinear su pene con tu entrada y empujar. En el primer momento solo te tensaste, pero mientras más entraba, más tu cara se transformaba a sentir como te llenaba de una forma que no habías sentido con otro.
Tu novio estuvo completamente dentro al sentir tus nalgas junto a sus testículos, empujó un poco contra ti y al ver como contuviste un gemido supo que lo estaba haciendo bien. Se removió contra ti de nuevo, sin salir y ahora sí se te escapó.
Felix: Al fin… Que bien se siente saber que soy yo que provoco eso en ti. —Salió de ti para empujar una vez más, los movimientos siendo lentos al querer tu novio ver cada uno de tus gestos con cada cosa que él hacía. Una vez más casi se recostó sobre ti, tus piernas cediéndole el espacio y él sosteniendo tus caderas para dejarte quieta—. Cálida… Caliente… —Cierra los ojos al gemir tu nombre y subir el sentido de las embestidas—. Me volverás… loco.
Tú: Felix… A-amor. Mírame. —Él te hizo caso, sus ojos perdidos en el disfrute tan pronto como los abrió y aprovechaste para abrazarlo de la espalda, rodeaste tus muslos en sus caderas, gemiste al sentirlo más profundo y él volteó sus ojos cuando tu respuesta fue acorralar su pene más. Esto era totalmente diferente a tu boca. No podía cederle esto a nada ni nadie, esto tenía que ser solo suyo.
Sus brazos parecían flaquear, sabía que lo disfrutabas, pero el disfrute de tu novio era otra cosa. Podías verlo casi contorsionarse con tal de que sus caderas chocaran con fuerza contra tu entrada, simulando unos latigazos que solo te arrancaban más sollozos mientras aumentaba el ritmo.
Felix: Nadie… —Colocó sus manos a los lados de tu cabeza y se enderezó sobre ti cuando tuvo cierto nivel de control—. Nadie más tendrá esto de ti, solo yo.
Clavó sus uñas entre las sábanas mientras su cara se tensaba por el sobreesfuerzo que te entregaba, sus venas marcándose y el sudor cayendo de su piel, arañaste su espalda y él tembló arqueando su espalda, esto era demasiado, sentía que su pene, su eyaculación llegaría en cualquier momento y más cuando lo alcanzaste para lamer su pecho y cuello. Mordiste y saboreaste su piel, Felix te suplicaba que siguieras, que lo comieras como él te quería comer a ti, los recostó una vez más en la cama y penetró con una violencia desesperada al no poder contener sus instintos.
La cama chirrió bajo de ustedes y tus ojos se voltearon al no poder pensar nada coherente, los gruñidos y quejidos deliciosos de tu novio inundaban tus oídos y así el tan anhelado orgasmo te llenó haciéndote gritar su nombre, era demasiado, la mezcla de ruidos los llevó a besarse desesperados y sentir una última embestida de tu novio, desbordando el líquido de ambos a pesar de su unión.
Cinco minutos, Felix estuvo cinco minutos completos recuperándose de ese momento y sonriendo como idiota, dando indicios de querer repetirlo o de lo bien que se había sentido. Esta SÍ era su primera vez, esta era la oportunidad que tanto había pedido y al fin la vida se la había dado.
Felix: ¿Te he dicho que eres hermosa? —Te susurra recostado a tu lado, besando tu hombro y luego tu pecho mientras bajaba la escena de erotismo que habían tenido hace pocos minutos—. Creí que era imposible, pero estoy más enamorado de ti… Mucho más. —Susurra, dejando más besos en tu rostro.
Tú: Nunca había tenido un momento tan bonito después de tener sexo. —Te ríes, sintiendo sus besos sobre tu cara y ahora intercambia sus labios con su nariz, acariciando con la punta de esta en tu mejilla.
Felix: Eso es porque ahora sabes que eres amada. Esto es el amor. —Habla lento—. Esto es… lo que siento por ti.
Se dieron un pequeño beso de ojos cerrados en los labios y unieron sus frentes por un breve rato. Y así fue hasta que le pediste un pequeño espacio a tu novio para ir al baño y él te hizo una petición… extraña.
Tú: Felix, ¿qué mierda?
Felix: Sí, sé que suena MUY loco, amor. —Se ríe un poco, con solo el pantalón puesto y el torso desnudo—. Pero quiero darle una lección a ese pedazo de-…
Tú: ¡¿Y lo quieres hacer conmigo reteniendo tu semen?! —Le gritas incrédula y él vuelve a sonreír, pero es más una mueca infantil que otra cosa—. ¡Felix!
Felix: No hay riesgo de embarazo, si me dijiste que te planificas.
Tú: ¿Y eso qué? Es que eres un-… —Tu celular suena y Felix lo busca, te mira y te alzas de hombros—. Creo que se cayó detrás de la cama. Yo iré a hacer pipí.
Felix: Pero amooor… —Hace un puchero cuando lanzas el portazo del baño y él suspira frustrado. Se arrastró por la cama y buscó detrás de la cama, tomando tu celular para ver el mensaje.
Se preguntarán por qué Felix quería que hicieras eso. Bueno, mientras tenían sexo e intentaba no venirse muy pronto para no parecer un chico promiscuo, pensó detenidamente en su idea del principio, si Minho quería tenerte como tanto lo pedía, quizás lo haría, pero sabía que se detendría si te veía aun llena de él. En su mente la idea era totalmente perfecta, pero ahora veía que no con tu reacción.
Minho: “¿No van a venir? ¿O prefieren que yo vaya?” —Felix chasquea su lengua con molestia, claro que iría, pero debía idear una manera para que esta sea la última vez que quisiera molestarte.
Tú: Felix, me pasas mi toalla, también me ducharé. —Él lanza un quejido infantil al no obtener lo que quería, pero se levanta para ir por la toalla y llegar a la puerta, toca esta. Cuando la abres te pasa lo solicitado con un puchero—. ¿Y ahora por qué traes esa cara?
Felix: Ñada. —Intensifica el gesto y se da la vuelta.
Tú: Felix…
Felix: Es que quería darle una lección al estúpido gato. Mira, mira, te escribió: “¿No van a venir? ¿O prefieren que yo vaya?” —Se da la vuelta, molesto—. Le quiero pegar en la cara, quiero ir para romperle su estúpida risita de gato.
Tú meditas su queja, en realidad tenía sentido la molestia de Felix, ya ustedes eran una pareja establecida. Mientras Minho siguiera creyendo que pertenecías al Barrio Rojo seguiría molestando… Y ahí abriste los ojos más, te había llegado una idea. Tu novio te observó con extrañeza por tu cambio de gestos.
Tú: Amor…
Felix: Tu reacción me acaba de dar miedo. —Confiesa con una mueca extraña.
Tú: Tengo un plan, amor. —Él luce interesado—. Pero deberás estar de acuerdo con todo lo que diga, ¿sí?
Felix: De… De acuerdo, creo.
Tú: Amor, ¿qué tipo de show en vivo te gustaría ver esta noche junto a Minho? —Tomas la toalla de su mano y él queda algo sorprendido—. ¿Una tranquila universitaria o…? —Sacas tu pierna desde detrás de la puerta del baño hasta él, alcanzando su muslo con la punta de tus pies y sacándole un suspiro de nervios— ¿…una princesa? —Y a partir de ese momento Felix supo que las cosas iban a cambiar. Drásticamente.
Ahora caminaban de la mano en dirección al famoso Barrio Rojo cuando apenas caía la noche. Le contestaron a Minho en la hora en que irían y te preparaste para darle el espectáculo que tanto quería. Tu novio solo sentía su cara roja al ver cómo te colocabas aquellas medias de mallas o el corsé ajustado que en algún punto él tuvo que ayudar a ajustar, teniendo que mirar a otro lado cada vez que te inclinabas y tu trasero se movía muy cerca de su entre pierna. “Sé fuerte, Felix. Sé fuerte”.
Esencia de rosas rojas y humectante de labios, un peinado elegante que hacía destacar tu belleza natural, ropa para ocultar las prendas y tu novio… mierda, estaba tan excitado con cada movimiento tuyo, pero debía guiarse del plan, si todo salía bien, todo eso sería suyo sin tener más molestias, un pequeño sacrificio por el fin de tenerte solo para él.
Ahora se detuvieron frente a aquel club, tú sonriendo tranquila, él nervioso y apretando tu mano, sin saber que le esperaba allí adentro.
Tú: ¿Felix?
Felix: Estoy… —Respira hondo y asiente sin mirarte—. Estoy listo.
Te detienes unos segundos más en su rostro y entonces decides accede al lugar, siendo seguida por él. Al entrar todo era muy movido y bañado en un color rosa chillón. El nivel de hipersexualidad, alcohol y libertinaje perturbó en el primer segundo a Felix, pero pronto lo tomaste de la mano y él solo se concentró en ti para seguirte.
Conoces bien a Minho, sabía donde te iba a esperar y por eso caminaste hasta aquella habitación. No tocaste, solo pasaste y Felix también accedió, mirándolo a los lados como si tuviera miedo de que alguien los siguiera.
Te habías acostumbrado a ese tipo de vida, pero Felix quedó impresionado al ver a dos personas besando por completo a quien consideraba su contrincante. Una de las personas, una chica, casi sentada sobre sus piernas mientras lo besaba en los labios y acariciaba su pecho, por otro lado el chico acariciaba su entrepierna a la vez que besaba su cuello.
Silbaste con fuerza y los tres personajes miraron en su dirección, deteniendo su momento de diversión. Minho casi empujó a los chicos con una gran sonrisa al verte.
Minho: ¡Maldita sea! Hasta que al fin llega mi chica y mi socio. —El gruñido de Felix lo hizo reír, sí que le gustaba molestar a ese niño—. Espero que no les haya fastidiado mi momento de espera.
Felix: Que asco… —Tanto el rubio como el castaño se observan, uno con odio y otro con evidente diversión sarcástica, la tensión aumentó entre los dos y tú los dejaste matarse con la mirada mientras les pedías a los dos “amigos” de Minho salir de la habitación—. Me encantaría borrarte esa maldita sonrisa.
Minho: Aquí la tienes, niño. No hago impedimento. —La puerta se cerró cuando los dos extraños se fueron y solo ahí rompieron su enfrentamiento para buscarte con la mirada, encontrándote sobre el sofá de rodillas, observando a través de una ventada detrás de este que daba hacia el mar.
Tú: Ooow… Esta vista me trae recuerdos.
Minho miró al rubio y alzó su ceja, Felix solo apretó los dientes cuando lo vio girarse una vez más para ir contigo hacia el sofá. Lo habría detenido, pero confiaba en ti, le dijiste que se quedara quieto y dejaras que por ti misma resolvieras. Sin embargo, él seguía alerta.
Minho: ¿Y a mí no me extrañas? —Habló bajo en tu oído, apoyándose del marco del mueble con ambas manos para acorralarte, tu trasero se inclinó contra el y Minho siseó ante el delicioso roce que tanto estaba esperando—. Porque tú ya sabes que yo sí. —Fingiste una suave risa divertida que él imitó, llevando su mano a tu vientre para bajarla lentamente.
Le pareció extraño que su rival no le detuviera, pero ahora no le importaba, sus labios llegaron tu mejilla y, estando casi posicionados a cuatro patas, él se remeneó contra ti. Su mano llegó hasta tu pantalón y lo desabotonó, siguió acariciándote hasta llegar a tu entrepierna, justo donde quería.
Minho: Mmmmh~… ¿Ya estás húmeda solo con mi vo-…? —Él se detuvo, sacó su mano al enderezarse en su lugar y mira sus dedos cubiertos de aquel material que reconocía muy bien. Era esperma… Era el maldito esperma de-…—. Tú… —Giró su torso con molestia, Felix movía sus labios, intentando contenerse la risa y el orgullo de que al final sí hicieras en parte lo que te pidió.
Felix: Ahm… ¿Ups? —Rasca su cabeza, mirando al suelo. Tú te enderezas también conteniendo la sonrisa—. No pasa nada, ¿no que somos… “socios”? —Camina hasta la cama de aquella habitación y tú empujas un poco para poder pasar por el lado de Minho, este se queda extrañado, viendo como ambos van hacia el colchón.
Minho: ¿Y ustedes qué traman?
Felix: ¿Nosotros? Nada. —Se sentó sobre la orilla de la cama.
Tú: Dijiste que querías volver a tener la experiencia de anoche, ¿no?
Te quitaste el pantalón que estaba encima de las mallas que te habías colocado, luego la blusa levemente ajustada que escondía el corsé y te subiste sobre las piernas de tu novio para quedarte de rodillas con una gran sonrisa, acomodando tu cabello para que este no molestara. Miraste sobre tu hombro y te diste cuenta de que Minho estaba casi impresionado, primero por la pose que ustedes habían tomado y, después, por la disposición que tuvieron de incluirlo.
Tu novio te nalgueó con ambas manos y luego estrujó cuando te reíste divertida por la sorpresa, Felix cayó sobre la cama y tú quedaste a cuatro patas sobre él, acomodándote sobre su cuerpo mientras levantabas el trasero, una descarada invitación al otro chico que quedó inmóvil.
Tú: Minho, ¿qué esperas? —El mencionado pestañeó. Arqueaste más tu espalda para acentuar tu trasero en tu ropa interior y eso sí motivó en sobremanera a Minho, tragó grueso, todo eso… el conjunto en completo lo tenía encendido.
Minho: No-… Yo. O sea… Mierda… —Sonríe de lado—. Mierda, sí.
Se quedó de pie frente a ustedes, no sabía por dónde empezar a tocar. De alguna manera quedó tan entusiasmado, sin saber por donde empezar o cómo unirse sin que haya problemas.
Felix: Oye… —Minho levantó su cara y se encontró con Felix mostrando la envoltura de un preservativo con dos dedos. La lanzó al otro chico y este la atrapó con sorpresa—. Para el buen recuerdo. —Le guiñó el ojo sonriendo y el mayor solo hizo reírse divertido, esto en realidad estaba sobrepasando lo que esperaba—. Pero, antes que nada… Todo esto es con una condición.
Minho: ¿“Condición”?
Felix: Hemos hablado sobre “esta” situación, pero no creo que estemos de acuerdo con… “compartir” del todo. —Minho te observa y tú aprietas los labios—. Sin embargo, el afecto que siente mi novia por ti es… ¿“genuino”? Por lo que, lo que quiero decir es que-…
Tú: Esta será nuestra última noche juntos. —Cortaste a Felix para terminar la frase, el castaño quedó neutro, aquellas palabras le cayeron un balde de agua fría—. Estaré contigo, Felix podrá estar aquí si quieres o saldrá. Pero, ya no más-…
Minho: Pero… Pero yo-… —Tragó grueso y los miró a ambos—. Sé, entiendo su relación, pero… —Respira hondo y, Minho no lo entiende, pero algo de eso le afecta, algo de tus palabras le duelen y se aleja.
Tú: ¿Qué pasa? —Te separas de Felix y este vuelve a sentarse en la cama para mirar al castaño. No entendían la reacción de este. Si minutos atrás estaba con dos personas desconocidas, recibiendo todo tiempo de sensaciones, pero ahora… Ahora parecía que le afectaba el verte por última vez.
Felix: Minho, no sé lo que estás pensando, pero-…
Minho: Acabo… Acabo de entender algo de mí que no entendía y-… Y ustedes ahora me lo quitan. —Felix se quedó en blanco, pero tú pensaste en sus palabras. Meditaste que cuando llegaron había una chica y un chico con él…
…Minho nunca había estado con un chico.
No que recuerdes. Siempre fue con… mujeres. Miraste a tu novio y él te observó de vuelta sin entender con exactitud lo que pasaba en realidad. Todo hizo clic en tu mente. El problema no era el verte por última vez.
Tú: Ay, por amor a Dios…