La etapa de la educación a distancia durante la pandemia por COVID-19 fue una de las experiencias más difíciles que he vivido. En ese momento yo estaba en la secundaria, una etapa que de por sí implica muchos cambios personales y emocionales. Sin embargo, el encierro y la modalidad virtual hicieron que todo fuera aún más complicado.
Al principio pensé que tomar clases desde casa sería algo más sencillo, pero con el paso de las semanas la situación cambió. Los maestros dejaban mucha tarea y, al no estar físicamente en el salón de clases, sentía que la carga era mayor. Pasaba muchas horas frente a la computadora tratando de cumplir con todas las actividades, lo que me generaba cansancio y frustración. Además, a veces era difícil entender algunos temas sin la explicación directa del profesor, y eso aumentaba mi estrés.
Otro aspecto que me afectó mucho fue el aislamiento. Estar en casa todo el tiempo, sin convivir con mis amigos, sin realizar las actividades que antes hacia, poco a poco comencé a experimentar ansiedad. Al inicio eran preocupaciones constantes y nerviosismo, pero después llegaron momentos más intensos, hasta el grado de presentar ataques de ansiedad. Fue una etapa en la que me sentía abrumada emocionalmente.
Durante todo ese tiempo, mi familia fue muy cuidadosa con las medidas de prevención. Evitamos salir innecesariamente, no realizamos viajes y reducimos al mínimo el contacto con otras personas. Aunque fue difícil mantenernos alejados de reuniones y celebraciones familiares, sabíamos que era importante proteger nuestra salud. Gracias a esos cuidados, no experimentamos enfermarnos.
Debido a lo que estaba viviendo emocionalmente, decidí buscar ayuda y comencé a tratarme. Recibí apoyo profesional y empecé a tomar medicamentos para controlar la ansiedad. No fue un proceso fácil, pero pude mejorar.
Con el tiempo, cuando comenzaron a aplicarse las vacunas y poco a poco se permitió regresar a algunas actividades presenciales, mi situación empezó a mejorar. Volver a salir, convivir con amigos y retomar ciertas rutinas fuera de casa ayudó a que mi ansiedad disminuyera.
Sin duda, la educación a distancia en pandemia marcó una etapa de mucho estrés y aprendizaje personal en mi vida. Aunque me dejó enseñanzas sobre resiliencia, responsabilidad y la importancia de la salud mental, es una etapa que no me gustaría volver a repetir. Fue un tiempo complicado que me hizo crecer, pero también me mostró lo importante que es el equilibrio entre la vida académica, social y emocional.