Escrito por:

Luisa Candelo

Juan Camilo Balbin

Juliana Muñoz

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Verwickelt es un pueblo pequeño ubicado en Alemania, que siempre se ha caracterizado por ser muy tranquilo y un lugar ideal para criar a tus hijos en un ambiente agradable. Pero no es un pueblo para ser una persona reconocida. Si lo que buscas es un futuro prometedor, la mejor opción es estudiar en el exterior. Verwickelt, es más como el sitio al que vas para descansar de tu agitada vida, formar una familia, y pasar la última etapa de tu vida una vez se hayan calmado las ansias del prestigio. Es un pueblo familiar, donde todos se conocen. Por tal cuestión, los acontecimientos se esparcen casi tan rápido como la luz entre los vecinos y habitantes.

Alberth desde muy joven mostró mucha curiosidad por la vida fuera de este pequeño pueblo, esto lo llevó a estudiar su carrera universitaria fuera de allí. Él era físico e ingeniero, en ambas carreras se destacó por ser el mejor, obteniendo así, varias medallas de honor otorgadas en varios eventos a nivel nacional. Se le consideraba uno de los mejores científicos del momento y del país. Entre sus pasiones estaba la investigación por la existencia de las múltiples dimensiones, ya que en su infancia él presenció lo que creyó ser encontrarse con su versión futura y fue así como llegó a obsesionarse con el tema. Como resultado a esto, decidió empezar un proyecto el cual trascendió en la época. Sin embargo sus planes y futuro se vieron frustrados cuando se enteró que su padre el cual seguía en su ciudad natal (Verwickelt), estaba en la etapa terminal de su enfermedad y no había nadie quien atendiera sus necesidades. Alberth retornó a su pueblo y a partir de este momento se concentró en cuidar a su padre hasta que este llegó a su muerte y gracias a esto. Este científico se enfocó más en continuar con su proyecto principal desde este pequeño pueblo, para no levantar sospechas.

Una máquina multidimensional era lo que Alberth quería crear. Su objetivo con esta invención era conocer y transportarse a múltiples dimensiones, intentando cambiar la realidad de su dimensión y ayudar a mejorar el mundo, quizás hasta traer de nuevo a su padre. En el sótano de su casa, empezó a fabricar aquella máquina, pues en este lugar compartió muchos momentos al lado de su padre y este le daba inspiración diaria para seguir. Cuando creyó que terminó la fabricación de la máquina, empezó a realizar experimentos con objetos que nunca retornaban a su realidad. después de muchos intentos logró retornar una taza, en esta ocasión llegó intacta y llena de café humeante. Esto lo motivó a continuar con los experimentos, pero con el paso de los días Alberth empezó a experimentar con seres vivos, ya que estos eran su objetivo principal. Los animales nunca regresaban o si lo hacían llegaban muertos. Alberth notaba que con cada cambio de la máquina y cada que activaba la máquina, la energía en la ciudad se iba por unas cuantas horas. Uno de tantos días cuando el científico se encontraba desilusionado, entró por cosas del destino un pájaro azul volando en la máquina. Alberth sin esperanza, presionó el botón que decía “Anfang” y subió a su casa desilusionado. Al día siguiente cuando volvió al sótano, se dió cuenta que el pájaro seguía en la habitación, pero en esta ocasión dicha ave volvió negra. Gracias a este suceso volvió la esperanza a este científico, el anotó los nuevos hallazgos y siguió con su investigación. Finalmente concluyó que si el pájaro regresaba con su color original la máquina era segura.

Pasó un año y él seguía intentando con los pájaros, un día...