Notas sobre el proceso de escribir
Lo escucho. Lo percibo. Obedezco. De pronto siento cómo la necesidad de escribir toma fuerza y yo le doy espacio. No puedo ni quiero hacer otra cosa. Si tengo una cuaderno, suelo ir por ahí. Si frente a mí tengo la computadora, abro el drive. Empecé por el inicio de un relato. Rápidamente apareció una oración que sería el final. Era demoledora, hice unos cuantos enter y la dejé abajo. Seguí por el principio. Apareció una nueva oración, que ahora sí sería la definitiva, la última. Me detuve a entender qué cambiaba y descubrí que era como un boomerang. La que llegó primero era como arrojar algo hacia lo lejos. Con la segunda, y ahora última, se generaba una curva que hacía que el boomerang vuelva con toda su fuerza directo hacia mí (que no soy yo, sino la narradora). Me perforaba un pulmón. Seguí construyendo la historia. Escribí, borré, volví a leer hasta donde avancé. Aparecieron cosas que podrían servir para otras historias y las dejé apartadas. Pasé una página de word, con letra Arial 11. Seguí. Me parecía que se iba dilatando todo demasiado, y ya me molestaba. El condicional simple en modo indicativo me hartó. Quise acelerar el tiempo del relato. Me acerqué al final. Ya no encontré lugar donde colocar las dos oraciones aparentemente finales. Me di cuenta que en el avance, la historia tomó su propio rumbo. La inercia de lo que va sucediendo orgánicamente no es algo que me interese controlar. Imagino un mundo, construyo los personajes, encuentro la manera de contar algo y eso va creando sus propias dinámicas y tensiones. Mi tarea es seguir dándole vida a algo que ya la tiene por sí mismo. Es como regar. Me terminé acercando a un final que no era el esperado, que no tenía relación con eso que apareció al principio. La historia se deforma más allá de mi control o mis expectativas. Si injerto esas benditas dos oraciones, pensé, no va a quedar nada bien. Sería romper con todo lo que ya viene andando. Al principio creí que la historia terminaba con el harakiri poético de la narradora. Resultó no ser una muerte, sino un reencuentro. Menuda diferencia.
Vaciarme
de lo que debo ser
es llenarme
de lo que soy
Nota mental Nro. 6: La escritura también es movimiento.
Miro por la ventana. Veo una mariposa naranja sobrevolar las plantas. ¿Por dónde empiezo?
Mi vida es un caos
no siempre
pero muchas veces
mi vida es un caos.
Detenerme en las flores
demorarme en su belleza
tomarles una foto
es para mí
la forma que toma
la resistencia.
Elecciones
Hoy mi abuela Alice dijo: "Si tuviera el coraje me mataría". Siente mucho dolor físico. Le dieron hace un par de días la tercer dosis de no sé cuál. Toma aceite de cannabis pero no es suficiente. Siente que no puede hacer nada por sí sola. Se lo toma como puede (mal, siempre mal). No la juzgo; el mundo, muchas veces fue hostil con ella. Ha sido siempre muy independiente. Fue maestra, hacía “restaurante a puertas cerradas” en el living de su casa —que en ese momento era de vanguardia— y también tejía por encargo. Tengo una tarjeta de ella, por cierto, de un diseño muy minimalista, que me encanta:
AV
Tricots
Buenos Aires TEL. 71-3240
Tiene 96. Trabajó en una época en la que la mujer no trabajaba. Hace un par de semanas me dijo que desde que se aprobó el voto femenino en 1951, era la primera vez que no iba a votar. Llegué de Buenos Aires directo a su casa porque vine con mi tía, una de sus hijas, que también venía a ejercer su derecho. Estaba toda sensible y de lo más negativa. Me quedé lejos, porque estaba terminando un trabajo desde mi celular. Sentía que no podía hacer demasiado, entonces preferí simplemente, sostener una presencia amorosa y compasiva.
—Te quiero abu —le dije al despedirme, después de darle un beso.
—Yo también, querida —me respondió toda acongojada.
—Te quiero, como sea que estés, te quiero —insistí. Un poco se rió.
Aceptar la propia decadencia física no es nada lindo. ¿Acaso hay otra opción si se vive tantos años? Aceptar la propia muerte, menuda tarea.
II
Todo el mundo dice "Votá bien", pero cada quien tiene su propia versión de lo que eso significa. Mientras estábamos haciendo la fila, papá me preguntó qué me pasaba, que estaba seria. Me resulta lindo que estar seria no sea lo normal. Me gusta sonreír. En realidad, me encanta reír. Es parte de mi naturaleza, en realidad de la naturaleza humana. Cuando no lo hacemos es porque nos olvidamos o por el agobio, o el cansancio acumulado.
III
Estoy por cebarme el primer mate. Segundo termo del día. Son las nueve de la noche y siguen cantando los pajaritos. Hace dos semanas que no estaba en Bragado. Las plantas de mi cuarto están más grandes, sus brotes crecieron (bastante). Siempre observo ese contraste. A veces si te quedas mirando y mirando, no llegas a percibir los cambios, porque los procesos son lentos... muy lentos, de segundo a segundo, pero suceden. Cuando pasa un intervalo suficiente de tiempo-espacio, volvés la mirada y ¡WOW!: maravilla. Sí, las plantas de mi cuarto están más grandes. Me pasa también, a veces, conmigo; siento que no estoy haciendo suficiente riego interno. Me olvido por un rato, y de repente descubro algún nuevo brote. O incluso una flor. La perspectiva, acompañada de la mirada fresca, permite reconocer la transformación. La transformación es una elección.
IV
No quiero ser de cemento, de ladrillo, de baldosas ni de revoques. Quiero ser de corteza aunque se cambie, de hojas aunque se sequen, de flores aunque se marchiten. Quiero ser de viento, de sol, de olas del mar, quiero ser de arena, de hojas perennes o caducas. Quiero ser de hierbas, de canto de pájaros, de abono, quiero ser de animalitos que trepan y corren y juegan. Quiero ser viva.
Bragado, Mayo 2023
—¿Te jode si pongo esto acá?—me pregunta mi papá trayendo el tender al sol.
Queda justo al frente de mi vista: veo la quinta y el tender. No me molesta que los restos del cotidiano se vuelvan parte del paisaje.
Para Borges el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Yo me imagino que a donde vos vayas habrá un sinfín de plantas y flores. Lupinos, anturios rojos, orquídeas, cuernos de alce. Va a sonar algo música clásica, de la que vas a decir el nombre del compositor, dónde nació y qué otras obras creó. Hasta quizás tengas alguna anécdota. Vas a tomar un licorcito cada tanto, aunque no haya días ni noches. Vas a estar en paz.
Yo voy a extrañar abrir tus álbumes de fotos y que empieces a contarme de tus viajes, con lujo de detalle.
Tu piel fina y suave
tu sopa de cebolla
tus Querida
visitarte a la hora del té
tu vajilla
las servilletas de papel estampadas
las de tela bordadas
tu pelo blanco
tus historias.
Fuiste alumna de Cortázar (¡qué honor!). Sabías del punto de inflexión cuando decidió exiliarse. Te preocupaba no acordarte el nombre de alguna mujer de un zar de Rusia del Siglo XVIII. Mi memoria es de pez y la tuya era de elefante. Aún así, nunca te voy a olvidar. 03/06/23
Esto es raro
—la continuidad del dolor—
voy a hacerme ver este boquete
esta no-muela
para ver si cicatriza
o si hay un pedazo de pizza
que mi cuerpo dance
mi cuerpo que soy
todo lo que soy
dance todo
mi cuerpo
soy
Un montón (Parte 1)
Desde anoche estoy inquieta. Incordiosa. No encuentro mi cuarzo blanco que me regaló Sean. No sabía que iba a tocarme tan pronto. Tampoco sé si lo hubiera tenido 100% procesado, creo que se diera cuando se diera me iba a parecer un montón. Me choco el parante de la camioneta cuando me subo. Me enredo la bufanda con la cartera. Estoy torpe. El ladrido agudo de los cachorros me perturba. No necesito esto. No necesito sumar nada a mi ansiedad. Ya es la hora. Me tomo mi tiempo. Ni en pedo me apuro a cumplir un horario externo en algo así que es una decisión tan personal. Quiero decidir desde antes dónde voy a desayunar luego. Un auto a 2km/h por el medio de la calle me invita a doblar antes de lo planeado. Paso de casualidad por el vivero, está abierto. Me compro una planta de flor amarilla. Siento que el amarillo es un re color para este momento de mi vida. Me siento en amarillo. Mi energía es amarilla. Los emojis que uso son en su mayoría amarillos. Por el centro, que son tres cuadras, veo cuál es el café que tiene el mejor ventanal. Necesito sentir la luz del sol en mi piel. Ahí voy a venir, me digo. Estaciono en la plaza del centro, hago tres saludos al sol con bufanda, chalina y jean. En mi cartera, mi cuarzo cristal y mi amatista. El cuarzo blanco está perdido por ahí, pero también me cuida. El cuarzo que me absorbieron las olas que me revolcaron en Punta del Diablo, también me cuida. Que sea luz y sanación para lo profundo de mi alma, me digo. Cruzo la calle, ingreso por el costado de la parroquia. El señor de la entrada borró con liquidpaper el primer intento de escribir mi apellido. Entre mis nervios y el barbijo, la T puede sonar como P. Siempre lo deletreo para que no pongan una E antes de la S. S-T-A-R-N-A. Es un versito que tengo re instalado. Pasé a la carpa 5.
Le pregunté el nombre.
—Gracias, Ingid— le dije. Me tocó la Sinopharm.
Un montón (Parte 2)
Veo por la ventana del café, un cartel amarillo. Si, este es mi color. Mis cristales se cargan al sol mientras me tomo un submarino con dos medialunas. Como cuando de chicxs nos vacunaban y después nos daban una golosina. Tengo veintiséis años y mis caprichos me los doy yo. En los café-bar en Bragado (que son tres) la mayoría de las veces hay viejos. Señores grandes, hombres. Siempre me pregunto dónde están “sus” mujeres. Esposas. Qué espanto esa palabra. Atadura, falta de libertad. Si es que estarán casados (la mayoría de la gente conforma la tradicional Institución Familia). Me da curiosidad si son viudos. O separados. O sin son paracaidistas de la mesa servida del domingo. Bueno, ¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES? Me encantaría que con la cuenta viniese una encuesta, anónima y optativa para hacer un estudio sociológico. No diría en clave feminista, para que nadie se inhiba. Me encanta lo que hacen. Se ven, se charlan, se encuentran. Me encantaría que las señoras, mujeres, también se habiliten estos espacios. Cuando tenga 80 años, y a los 50 también, ojalá que me parezca un re plan ir a tomar un café. Y leer, escribir, charlar. O simplemente, tomar un rico café al sol. Eso ya es un montón.
Ley de Compensación
Fui a ver un amanecer a la orilla del mar y estuvo nublado. En oposición, sucedió el fenómeno óptico meteorológico conocido como arco iris. Símbolo de reconciliación de lo divino con la humanidad.
A veces vamos en busca de algo, que no sucede, y nos sorprende otra cosa. Pero para eso hay que haberse despertado, levantado y caminar.
Sigamos despertándonos, levantándonos y caminando
al propio ritmo
en el propio camino.
Un té verde, por favor
Estoy en shock. Aún revuelta, con el corazón galopando. No tanto como hace un rato. TODO, absolutamente TODO, se detuvo. Menos el pulso. Eso sí que se hizo más fuerte, más potente. Era lo único que escuchaba. BUM BUM BUM BUM.
Dejó de importarme el sonido de la ciudad, la gente que pasaba. Podrían hacer hecho un timelapse y yo hubiese estado inmóvil. Todo mi cuerpo presente, afirmado, certero en esa postura bípeda. Plomo. Un ancla a la tierra. Y la mirada hacia él, que se iba alejando y perdiendo entre la gente.
Por un momento creí que de tanto fijarle la mirada iba a voltearse, a mirarme, iba a caminar de vuelta hacia mí. Como una fuerza magnética te iba a traer, te ibas a quedar sin palabras, hablándome con tu mirada perpleja de este evento inentendible, casi imposible.
Creí que cuando pudieras hilvanar una oración me ibas a pedir perdón y de tomar un café. De hablar, de que te escuche. Como todos esos monólogos que solías hacer mientras yo te miraba fascinada, encantada.
Tu plasticidad neuronal para tejer historias, entrelazar acontecimientos, recordar momentos como si hubiesen sido ayer, de contarlo creíble, real, de meterme en tu historia, de sentirme ahí, en algún lugar y algún tiempo de tu vida, como una observadora invisible que experimenta en carne propia esa intensidad de vivir.
Actuabas, tal vez. Te metías en el papel de tu propia vida y nos arrastrabas a todos los que te escuchábamos con vos. Turbulento, errático, volátil, sensible, amoroso, pisciano.
Pero no. Cruzaste la calle con esa caminata que te caracteriza, con los zapatos de tango colgando de tu espalda. Te vi, me inmovilicé. Cuatro millones de habitantes en esta Buenos Aires y te vengo a cruzar justo en la esquina de mi destino.
Te clavé la mirada y me la devolviste. Tal vez fue por la campera, la capucha, el flequillo, el barbijo. Tal vez fue porque soy otra. No me reconociste. Volteaste la mirada y seguiste caminado para tu adelante. Crucé la calle y me afirmé en la vereda. Te seguí mirando porque no lo podía creer. Me vi corriéndote, hablándote. Suplicando un cariño cotidiano que ya no existe. Pero ni me moví.
Desapareciste. Sentí el trazado de dos líneas que se cruzaban pero a destiempo. Tal vez todo lo doloroso fue la tensión de mantener juntos dos puntos que no iban a coincidir. O doloroso fue porque fuiste un idiota. Egoísta, negador, suicida. Te habías tirado del rascacielos de tu ilusión y al estrellarte me aplastaste contra el piso. Me dejaste hecha un trapo. Inútil, destrozada.
Me siento a tomar un té verde en una mesita en la calle, mirando hacia donde te fuiste, hacia atrás.
Sos el pasado que se fue.
Permítame, vuelvo a presentarme
“Si usted me conoce basado en quien era yo hace un año atrás, pues ya no me conoce. Ni siquiera soy la misma persona que hace 5 minutos. Mi evolución es constante. Permítame, vuelvo a presentarme”.
Hubiese querido poder apelar a la autoridad de un escritor, pero es una frase anónima que encontré por ahí. La tuve dando vueltas en mi cabeza toda la clase. Me sonaba cara conocida. ¿Será? Si era así, era y no era. Lo recordaba de una forma, pero estaba distinta. Una nueva identidad.
Nos mantuvimos fijamente la mirada. Siento que sabía que nos conocíamos de antes, o no. No lo sé. Lo que sí sé es que yo trataba de ver a través de sus ojos y descifrarla. Tenía un flequillo como el mío, pelo corto atado con colita, rasgos preciosos. Yo estaba casi toda de negro, y ella de lila y rosa, con uñas largas y un anillo de piedras. Me encantaba.
El concepto que se me venía en mente es el de constante autocreación. La importancia de saber que nos estamos construyendo a nosotrxs mismxs constantemente. No darnos por sentado, nunca. Ni a nosotrxs ni a nadie. Desconocemos mayoritariamente lo que pasa dentro de la mayoría de las personas. Incluso de nosotrxs mimxs. Cada unx es un micro-universo inabarcable. Estamos en un constante auto-descubrimiento, si es que nos permitimos explorar.
Hoy por primera vez experimenté en lo personal y de manera fuerte el cambio que se viene dando a nivel colectivo. Ver en una clase de danza -donde indefectiblemente ponemos el cuerpo- un cambio de identidad manifestado, de alguien a quien conocía fue muy fuerte y hermoso. Me dio curiosidad, y también sensación de liviandad. Pero sobre todo, de libertad. Seamos quien carajos queramos ser.
—Siento que te conozco, pero a su vez no. Me vuelvo a presentar, mi nombre es Eugenia, ¿y vos sos…? El gusto es mío.
Cierva
Respiro esta belleza fugaz
la luz dorada pasajera
tiñe el cemento
dibuja la sombra de una taza rosa
queda el último sorbo
de un café.
Veo mi sombra pasar
como una cierva
las higueras me dibujan astas
estructura de defensa
competencia, fertilidad
un ornamento precioso que es cíclico
desmogue es la mudanza
cuando es momento, cae.
Desprenderme aún de lo maravilloso
abrazar la vulnerabilidad
refugiarme en la maleza
hasta volver a confiar.
Ventanas antiguas
cocina cálida
luz del atardecer
no hay registro fotográfico
la impermanencia
es la reina.
Abro mis ojos
que estas imágenes se impriman
en mí, recordándome
agudizar los sentidos
para encontrar
lo más bello
en lo más simple.
20:20
Estoy hecha cenizas
Sí
El viento me esparce
ya no estoy integrada
ando por todas partes
por todas partes hay
partes de mí.
Estoy en vos
estoy en ella
pero ya no estoy en mi.
26
No quiero no hacer cosas de las que luego me arrepienta
equivocate
enamorate
andá a uruguay
remá en el tigre
cogé con el paisano que quieras
viví tu vida
hacé lo que se te canten las tetas
enamorá
enfrentate a lo que venga
incomodá
incomodate
emprendé
viajá
ahorrá
invertí
priorizate
nadie me puede robar nada
puedo hacer lo que quiero
hago lo que quiero
llorá
cagate de risa
gritá
viajá (si, de nuevo)
abrazá
besá
amá
equivocate
equivocate
equivocate de nuevo
culpate
date asco
perdonate
enojate
desenojate
saboreá la amargura de la vida
este momento no se repetirá más
en la historia del universo
regalate flores
regate, flor
no me arrepiento de nada
no podría ser de otra forma
son curiosos lo espirales de la vida
volvé a tu camino
centrate en tu deseo
podá las banquinas
o abrí camino entre el matorral
está sola
estás acompañada
pero estás sola.
Bancate tu vida.
Y no te olvides de bailar.