La revolución industrial fue un proceso que se inició en Gran Bretaña en 1760 y que consistió en un aumento sostenido de la producción derivado de una mejora de la productividad, asociada a una intensificación del capital y al cambio tecnológico en él incorporado.
La revolución industrial implicó la transición entre las economías agrarias preindustriales y las economías industriales, que unas décadas más tarde se extendería a gran parte de Europa occidental. No será éste el caso de Italia, donde la industrialización será mucho más tardía.
La industrialización comienza en Italia en la segunda mitad del siglo XIX, tras el proceso de unificación del país (1861-1870), pero ya en la primera mitad del siglo XIX se dan los primeros pasos hacia la industrialización .
Durante el Renacimiento (Siglo XIV - XVI), Italia estaba dividida en una serie de pequeños estados y ciudades-estado, cada uno con su propio sistema económico. Su economía se basaba principalmente en la agricultura y la artesanía. Italia era conocida por su producción de alimentos, vino, aceite de oliva, y su importante industria textil.
Italia, gracias a su posición geográfica privilegiada en el comercio Mediterráneo, se convirtió en un importante centro de comercio y comunicación durante este periodo, con una red de relaciones comerciales que se extendía por Europa, África y Asia. Los principales productos exportados eran productos manufacturados, como tejidos, vino, aceite de oliva y mármol, así como productos agrícolas. Los principales destinos de las exportaciones italianas fueron el resto de Europa, Oriente Medio y el norte de África. Italia también fue un importante centro de importación de bienes de lujo, como especias, telas de seda y metales preciosos, procedentes de Asia y el Oriente Medio.
Pero a finales del siglo XV, con el descubrimiento de América debido al auge de la navegación, y la apertura de nuevas rutas marítimas hacia el oeste a través del Atlántico, se produjo un movimiento comercial del Mediterráneo hacia el Atlántico. Este cambio tuvo un impacto significativo en la economía italiana, tanto positivos como negativos. El traslado del comercio del Mediterráneo al Atlántico provocó un aumento del comercio y la actividad económica en general, sin embargo, Italia se vio desplazada por otras potencias comerciales europeas, como España y Portugal, que tenían acceso directo a los recursos y los mercados de América. Esto redujo la competitividad de la economía italiana y limitó su capacidad para participar en el comercio internacional.
Rutas comerciales durante el Renacimiento.
Rutas comerciales tras el movimiento comercial del Mediterráneo al Atlántico.
Durante el siglo XVI, la economía italiana se vio afectada por la inflación debido a la falta de una autoridad central que regulara la producción de moneda. Muchos estados italianos imprimieron grandes cantidades de moneda sin tener en cuenta la cantidad de oro o plata disponible para respaldarla
En el siglo XVII, la economía italiana experimentó un acusado declive económico debido a la falta de una política económica unificada y a la fragmentación política del país. La crisis de la deuda pública, la debilidad de la moneda, la falta de inversión en infraestructura y la competencia de otros países en el comercio internacional debilitaron gravemente la economía italiana durante este período. A pesar de los esfuerzos de algunos estados italianos por controlar la producción de moneda y reducir la inflación mediante la creación de instituciones financieras centralizadas, la inflación continuó siendo un problema. Esta pérdida de valor de la moneda dificultó el comercio y las transacciones financieras.
Otro factor que contribuyó al declive de la economía italiana durante el siglo XVII fue el auge de las colonias españolas en América, que comenzaron a competir con los productos italianos en el mercado internacional. Además, la creciente demanda de productos manufacturados en Europa también redujo la demanda de productos italianos. La guerra y la inestabilidad política también afectaron la economía italiana durante el este periodo.
Durante el siglo XVIII casi no había señales de que las regiones de Italia hubieran tenido un notorio desarrollo económico. La península era fundamentalmente de cuño agrario, estaba dominada por una agricultura estancada y poseía todas las manifestaciones características del subdesarrollo. El pago de impuestos a las fuerzas francesas, el corte de los vínculos comerciales, los efectos directos de las guerras y la desorganización general dañaron la economía italiana.
En la segunda mitad del siglo XVIII, la Revolución Industrial que estaba teniendo lugar en Inglaterra y la imitación de ésta por parte de otras regiones del noroeste europeo, abrieron una brecha entre Italia y las demás naciones.
Los años de las guerras napoleónicas (1803-1815) fueron años bastante convulsos, pero con la derrota de Napoleón, se produjo una reorganización política en el Congreso de Viena (1815), así nacieron siete grandes estados entre ellos el estado lombardo-véneto bajo la protección de Austria y el Reino de Cerdeña, tanto institucional como económicamente dinámico.
Italia permaneció anclada a una economía precapitalista durante la mayor parte del siglo XIX debido a las frecuentes barreras aduaneras que suponían un obstáculo para el comercio. Algunos indicios de industrialización y modernización de las técnicas agrícolas se produjeron en las regiones del norte donde la burguesía estaba más desarrollada. En el centro y en el sur, donde todavía existían órdenes semifeudales, la revolución industrial tuvo muy poco eco.
El norte, al haber estado expuesto a las influencias occidentales europeas y alentado por los vínculos comerciales con una zona de altos ingresos y rápido crecimiento, vio el crecimiento de la producción agrícola para el mercado y vio crecer una industria textil mecanizada al mismo tiempo que una gran gama de pequeñas industrias productoras también para el mercado.
En el sur de Italia, las fuerzas de la tradición se mostraron mucho más renuentes al cambio. Gran porcentaje de la población continuaba ligada a la tradición y producía simplemente para la mera subsistencia en comunidades más o menos cerradas sobre sí mismas y a menudo aisladas a las que llegaba poco estímulo del exterior.
Antes de la unificación de Italia (Antes de 1861), se produjo un fortalecimiento de los intercambios con el resto del mundo y se incrementó la producción de seda. Las fábricas eran más grandes y técnicamente más actualizadas, aunque aún quedaban pequeñas fábricas. El inicio del desarrollo se vio favorecido por una mano de obra abundante y barata.
En la primera mitad del siglo XIX se desarrolló sobre todo la industria textil (Novara y Vercelli) y la industria mecánica (Turín y Génova). Esto llevó a un importante crecimiento económico en estas áreas y contribuyó al desarrollo industrial de Italia durante ese período.
En la región de Piamonte y Lombardía, se comenzaron a utilizar fábricas de torcido accionadas por energía hidráulica para producir hilos y tejidos. Esto atrajo el interés de terratenientes y banqueros comerciales y ayudó a desarrollar la economía externa de la región para un desarrollo industrial posterior. Además, esto llamó la atención de países importadores de seda al norte de Italia. La seda fue un sector importante en el desarrollo económico de la región y constituyó aproximadamente un tercio del valor total de las exportaciones. A su vez, esto permitió también desarrollar los sectores del algodón, lino y lana, en su mayoría protegidas por derechos aduaneros en el sur.
En el período del nacimiento del Estado italiano (1861-1870), la industrialización luchó por despegar a pesar de la falta del hierro y carbón y a la excesiva deuda pública, pero gracias a la producción de seda y algodón para el mercado internacional y a un sistema bancario bien organizado con el objetivo de financiar el sector industrial, se produjo el lento desarrollo industrial. En este período, se estableció una corriente proteccionista destinada a proteger las industrias italianas de las extranjeras. Tras la unificación italiana, se dio pie al aumento del gasto público y al auge económico a partir de 1870.
PIB mundial de 20 países desde el año 1 hasta el año 2001.
No hubo una revolución agraria como tal en el siglo XIX, sin embargo, las regiones septentrionales y particularmente la fértil región de Emilia-Romaña, se beneficiaron de importantes innovaciones para mejoría de cultivos. En el norte se incrementó una importante industria vinícola, el cultivo de cereales, como el arroz y el maíz y una igualmente importante industria ganadera.
La economía italiana estaba marcada por un equilibrio agrícola comercial, o la idea de que Italia tiene una centralidad agrícola (Importancia de la agricultura en la economía del país), donde se exporta la mayor parte de la producción agrícola.
Además, el sistema agrícola italiano, esta marcado por una división en la estructura agrícola, es decir, la organización de la propiedad de la tierra:
- En el Sur predomina el latifundio, grandes propiedades con cultivo extensivo.
- En el Centro - Norte, la “mezzadria”: un reparto de los productos de la tierra entre el propietario y el agricultor que arrienda la tierra, más una serie de servidumbres y tasas a cargo del agricultor, es decir, los gastos de funcionamiento de la tierra.
La difusión de las producciones de tipo industrial determinó un gran aumento en la cantidad de bienes producidos en las áreas industrializadas, al igual que una fuerte disminución de los precios de estos bienes gracias a la disminución de los costes de producción permitidas por las máquinas y la nueva organización del trabajo. De esto se siguió una mayor expansión de las industrias y por tanto la necesidad de mucha mano de obra en zonas industrializadas
Esto provocó una grave crisis para las áreas no industrializadas de Italia ya que los productos artesanales locales eran más costosos y no soportaban la competencia de los productos industriales. Esta crisis produjo emigración de las áreas pobres a áreas donde se desarrolló la producción industrial.
Emigración:
- En el marco interno: La emigración se produjo hacia las áreas industrializadas del norte.
- En el marco internacional, la emigración fue principalmente a países industrializados de Europa, donde la mano de obra escaseaba, y hacia las Américas para explotar los grandes territorios que se comenzaban a cultivar e iniciar allí actividades comerciales y artesanales con más ingresos que en casa.
Cuando se culmina la unificación italiana (1870), la economía italiana tenía un gran retraso respecto a los países de Europa occidental. Además, las perspectivas a futuro parecían limitadas, no solo porque los recursos naturales – como los minerales y combustibles – no eran suficientes para cubrir las necesidades de la población, sino porque la actividad manufacturera estaba dominada sobre todo por industrias extranjeras.
Sin embargo, Italia también consiguió desarrollarse en cierta medida a través de las regiones del norte (más cercanas al resto de países europeos), las cuales produjeron efectos sobre el resto de las regiones, propagando nuevos mercados a estas zonas. La progresiva integración de la península en el movimiento económico a escala europea se debió sobre todo gracias al aumento de las exportaciones de agrícolas, textiles, y al aumento de la producción lanzada al mercado.
Además, durante este periodo había nacido entre las fuerzas más activas de la sociedad la exigencia de modernizar el sistema económico. Se confiaba tanto en los nuevos recursos disponibles gracias a la ciencia, como en la oportunidad de desarrollo del comercio y del tráfico marítimo, que mejorarían tras la finalización del nuevo canal de Suez. Por otro lado, se había considerado la realización de una unión del país a través de una red ferroviaria nacional. Esto dará paso a la industrialización italiana a partir de 1870.