Por Katherine Parrado Morales
Sus manos sobre la guitarra arrancan sin pedir permiso, las cámaras se preparan, las chicas a mi lado dicen “esta noche soy una perra muy feliz”. En la penumbra, nuestras miradas se hacen cómplices, y todas las que estábamos en esa fila nos suscribimos en el comentario.
Silvana abre el concierto con una canción que golpea como declaración “Volverte a ver / Calmaría promesas sin fe”. La luz amarilla sobre ella la expone y nos descoloca. La primera canción del concierto es “El Agua y la miel”, del álbum Lo Sagrado, editado en 2017 y producido por Charlie Hunter. Su voz entonces es agua que fluye con los melismas en el siguiente fraseo “Dejar correr lo real para volverte a creer”, y se convierte en una especie de señal para empezar un ritual.
Lo que lo sobrecoge a uno y lo obliga a tomar aire es precisamente la potencia de una voz que rebosa la experiencia de descubrirla en Spotify, en sus reels de Instagram, o en el Tiny Desk del 2021 para NPR Music. Silvana es una artista que habla a través de las redes sociales, pero su música tiene otras proporciones que exceden lo digital. Su voz en vivo despierta quedo los oídos, los enamora de a poco, y cuando ya se encuentran embelesados, su voz sale disparada desde su diafragma (que parece que no pudiera contener tanta poesía) y golpea deliciosamente dos partes del cuerpo que han permanecido dormidas: los oídos y el amor propio. Sí, esa voz hace que el amor se convierta en una parte del cuerpo que duele y se sana.
Silvana, compositora y cantautora mexicana, a sus 27 años, ha ganado el Grammy Latino a la Mejor Artista Revelación (2022), ha sido tres veces nominada al Grammy Latino y al Grammy a la Mejor Interpretación de Música Global (2024), ha colaborado y grabado con artistas como Natalia Lafourcade, MonLaferte, Aurora, Snarky Puppy, Helado Negro, Charlie Hunter, Andrew Bird y Devendra Banhart. Y, aun así, su presentación en vivo es un ritual entre la sencillez con la que se detiene a agradecer al público; la euforia con la que nos volvemos devotos a su canciones-dardo y el dialogo que se va entramando entre los asistentes y su sensibilidad.
Crédito: @SILVANAESTRADAB
Sí, el ritual en el que Silvana nos hace participes incluye ovaciones prolongadas, halagos celebrados, euforia, y lágrimas que se acentúan con las canciones del álbum Marchita (2022). Desde la experimental Casa, en la que su voz juega con los sonidos ambientales del destrozo y la reverberación, hasta Te guardo, una canción que ella define como mágica porque fue una declaración de amor que después de 10 años se concretó al reencontrarse con quien ahora es su novio, Silvana conmueve con un concierto sincero, pausado, sin pretensiones.
Quizá por eso el público llora, le declara su amor cada que hay silencio, cantan al unísono las canciones más potentes, pero también le dejan el espacio para que ella se desparrame con su voz libre y nos dediquemos a escuchar. Porque el ritual con Silvana ofrece momentos de contemplación inesperados, en los que el público le regala silencio y deja de grabar en sus celulares. Entonces, somos invitados a la habitación donde escribió su álbum Marchita, vemos la ruptura, la tristeza, el abandono, la sensibilidad con la que arma oraciones inesperadas que pegan fuerte y nos acogemos en un abrazo después de entenderlas.
Crédito: @SILVANAESTRADAB
Entre el repertorio, Silvana nos regaló dos canciones que son “una mentira”, como lo explicó antes de interpretarlas, pues aún no han salido en el nuevo trabajo discográfico, y ya las ha incluido en sus presentaciones en vivo, aunque espera lanzarlas pronto. Lila Alelí y Como un pájaro ratificaron que sus canciones llegan a devastarlo todo, a confrontar ese amor propio que está dormido y toca zarandearlo con canciones-dardo.
Bogotá experimentó por cuatro noches la sutileza que tiene Silvana para componer, sacarlo todo con la voz, jugar con su cuatro venezolano y ver poesía en el duelo. Ojalá sigamos siendo un público cómplice y generoso con la música en vivo y las apuestas de artistas como Silvana; que nos dejemos conmover, como una chica en la fila de atrás que le preguntó gritando al final de Como un pájaro “¿Cuándo sale [la canción]?”, después de haber escuchado semejante coro: “y yo que no soy más que un mar de dudas / Que sola con mis sombras me tropiezo / Te canto como un pájaro en la bruma / y todo lo que fuimos lo lamento”, y Silvana, niña, transparente, solo encogió los hombros. Todos sonreímos.
Crédito: @SILVANAESTRADAB