Durante años viví en piloto automático.
Cumplía, funcionaba, sonreía… pero no me sentía.
Me desconecté de mí para sostener a otros.
Hasta que entendí que sanar no era cambiar quién era,
sino volver a mí.
Durante mucho tiempo buscaba respuestas afuera: en relaciones, en expectativas y en rutinas que me desconectaban de mí.
Los viajes para mí fueron un refugio, un espacio donde podía escucharme, sentir y reconectar con mi esencia.
Hoy acompaño a otras personas a hacer ese mismo camino.