El 25 de junio de 2010 nacieron mis tres estrellas.
Primero Irene, a quien vi asomar con mis propios ojos.
Luego Cloe, que se fue directa a incubadora, mientras su madre se apagaba.
Manmen estuvo entre la vida y la muerte.
Horas, operaciones, bolsas de sangre, máquinas que no dejaban de pitar.
Pero aguantó.
Aguantaron las tres.
Ese fue, es y será siempre el día más bonito de mi vida.
Porque la vida nos puso al límite… y elegimos vivir.
Sobre las 06:00 de la mañana los dolores de Manmen eran intolerables, y aunque fuera de todo pronóstico, conseguí dormirme en la incómoda silla y con aquellos extraños ocupando mi espacio vital, no tardé ni 5 seg en salir de la habitación corriendo y avisar a la enfermera de guardia, que a su vez avisó a maternidad y mandaron un celador que se la bajó de nuevo a la sala de partos.
Con las prisas dejé en la habitación el bolso gris donde llevábamos todo lo que pensábamos nos haría falta en el hospital… nada más lejos de la realidad, con lo que al avisar a mis padres y a Mari Carmen, les dije que pasaran por la habitación y lo recogieran (las historias de robos en los hospitales habían calado hondo)
Una vez estuvimos todos juntos estuvimos yo calculo que hasta las 8:00 am sin noticias de ningún tipo, pensamos que estaba en la sala de dilatación o que tal vez le hubieran puesto las correas de nuevo y que ello llevaba su tiempo. Al rato nos informaron que se iba a quedar ya allí, el parto había comenzado. «¿Puedo entrar?» le dije a la enfermera que salió a informarnos. «Ahora cuando llegue el anestesista a ponerle la epidural te avisamos»
Y así fue, no puedo concretar la hora pero podrían ser las 9:00 o 9:30 y permanecí dentro del box hasta las 11:00, hora en que la pasaron al «potro» y la doctora me impidió permanecer allí durante el parto, ya que los partos gemelares puede presentar problemas y en caso de tener que actuar deben tener total libertad. Menos mal que hice caso…
Pero no es el momento todavía de contar lo sucedido después del parto sino durante el proceso de dilatación. Cuando entré a ver a Manmen con mi bata y mis patucos, estaba sonriendo ¡¡¡ ya nos lo había advertido una celadora muy simpática (como me gustaría recordar los nombres), había una morilla que estaba venga a chillar porque no quería la epidural, otra chica que aunque la pedía aún no había llegado y otra (Manmen) que está ahí tumbada como si estuviera de parranda. Y así era, la epidural la había dejado tan atontada que no solo no sentía las contracciones, sino que era incapaz de empujar cuando las matronas se lo indicaban (lo venían en un monitor)
Dado el caso, decidieron eliminar la epidural, para que empezara a sentir las contracciones y pudiera empujar, no obstante de las 3 de la sala de dilatación era la que más rápido iba. No paraban de decir que estaba en «un segundo» imagino que jerga médica.
Mientras tanto, yo de un lado para otro de la camilla ayudando en lo que podía, que era bien poco. Le mojaba la cara con una toallita húmeda y poco a poco le daba agua. Mientras, Manmen se concentraba en empujar, cada vez con más fuerza, muchas veces perdiendo esta por la boca y siendo regañada por las asistentes al parto. En un momento dado, sobre las 10:30 decidieron meterla en el potro y terminar de dilatar allí, y aún dentro de esa aterradora sala pude permanecer hasta las 11:00. En uno de los laterales dos cunas con focos para calentar a las niñas una vez nacieran. Manmen en el potro y un cubo industrial de basura justo debajo de ella.
Una de las matronas «una cosa es segura, la primera es morena, ¿quieres verlo? claro ¡¡¡ – La médico delgadita de gafas de pasta blanca, «el papa se tiene que salir ya»
Nos fuimos a casa. El teléfono al lado de mi mesita de noche. Un diazepan. No pude cenar nada, Jose y Oliver comieron un poco de sopa e Iván cuando nos dimos cuenta ya se había acostado. Creo que dormí toda la noche sin despertarme, nunca en mi vida recuerdo estar tan cansado. Pensaba que habían pasado semanas, pero solo unas horas nos separaban de nuestra antigua vida. En mi cabeza solo unas palabras «mientras el teléfono no suene todo va bien» y no sonó.
Gracias a Dios, que aunque lo tuviéramos olvidado casi todos reaccionó a tiempo, «el anestesista» no llamó. Los teléfonos libres de llamadas nos dio fuerzas para ir de nuevo al hospital. Sobre las 8:00 ya estábamos allí, sabíamos que hasta las 13:30 no podríamos ver a Manmen y a las niñas no me dejaban entrar a verlas hasta las 12:00, momento que pensaba aprovechar para darle mi primer biberón y proporcionarles el calor maternal que les faltaba. La idea era estar de guardia en la puerta de Reanimación y al primero que entrara o saliera preguntarle y así sucedió. Fue «el anestesista» quien primero salió y nos dijo que estuviéramos tranquilos que había pasado la noche estable. La noche anterior, antes de irnos volvimos a ver a los cirujanos que subieron a la 2ª planta y nos dijeron que esperaban que esta operación fuera la última, y que no había motivos para pensar que todo se complicara de nuevo, pero hasta que no escuchamos las palabras del «anestesista» no pudimos respirar algo más tranquilos.
Nos informó que su turno de 24h terminaba y que entraba una chica, y que ella nos informaría del proceso de recuperación de Manmen. La idea era poco a poco empezar a reanimarla y ver cómo iba evolucionando. El miedo más grande que tenían los doctores era un posible encharcamiento de pulmones y/o neumonía, pero fuera el caso que fuera, ya se ocuparían luego de esto. Lo principal era que fuera reaccionando. Al poco nos enteramos que la sustituta del «anestesista» era íntima amiga de Maru, la amiga de la Tata, y esto nos dio ciertas ventajas a la hora de las visitas que otros familiares no tuvieron, hasta en cierta manera abusamos. Y así fueron sucediendo las buenas noticias, primero la despertaron, y sobre las 12:00 am le quitaron el tubo de respirar.
Sobre esta hora 12:00 yo había subido a darles el biberón a las niñas y estuve con ellas hasta las 13:25 que bajé corriendo para entrar a ver a Manmen, por suerte los horarios no coincidían, aunque eran suficientemente ajustados como para no dejar escapar ni 1 minuto entre ascensores. Les hice muchas fotos con la Blackberry (una enfermera me ayudó).
Entonces pudimos entrar a verla, y ya infinitamente mejor, pudimos hablar con ella. Manmen era consciente de su situación y ya le habían explicado lo sucedido, ya que menos cuando la operaron estuvo consciente todo el proceso de empeoramiento de la noche anterior. Ya le dijimos que habían venido sus hermanos, mis tíos, mis padres, Eva y Raúl y poco a poco todos fuimos pasando a verla (incluso Rubén amigo). Para entonces el Iván le había comprado un Peluche que dejamos allí, Oliver le dio una foto del Alejandro a Mari Carmen y la pusimos donde los monitores y yo le mande un correo a mi padre para que imprimiera unas fotos de las niñas y las pusiéramos en la pared del triste box (las pegamos en la visita de la tarde). Seguía llena de goteros, sondada para la orina, dos drenajes de la herida principal y algunas máquinas detrás, pero ya nada pitaba, la tensión aunque bajísima estaba lineal y las pulsaciones constantes.
A la salida de la larga visita, la amiga de Maru nos informó. Dijo que aún había riesgos que superar, problemas que podían surgir, pero de momento estaba reaccionando bien. Por la tarde iban a empezar a forzar el orinado para cerciorarse que todo iba bien, y a quitarle la mascarilla de oxigeno para ponerle solo unos pequeños tubitos.
Durante la mañana, cuando todavía no tenía noticias de Manmen, llamé a Juan para que su hermana que trabaja en la UCI, en la puerta de enfrente (detrás de los ascensores) hiciera lo posible por «colarse» en Reanimación y nos diera toda la información que pudiera recopilar, y así fue. Le estamos todos muy agradecidos.
Comimos todos allí, en el restaurante del hospital. Al terminar, Oliver Jose Iván y yo fuimos para el piso. Tenían que coger la mochila y el coche, ya que por la noche debían estar en Almuñécar, para evitar las sospechas de la abuela. Antes pensaban entrar a ver a las niñas, para ello pedimos permiso en neonatos y sobre las 18:00 les dejaron pasar unos minutos al cristal. Cuando pasamos por casa cogí el Ipod y puse fotos de las niñas para que Manmen pudiera tenerlas, ya que una de las enfermeras me dijo que la música podía entretenerla (cuando mejoras, en el box te aburres mucho), aunque presuponía lo que sucedió. Manmen no quiere aparatejos. 🙂
En la visita de la tarde había menos máquinas, y aunque se empeñaban en recordarnos todo lo que podía salir mal, nada estaba saliendo mal. Todo evolucionaba muy rápido, la recuperación para nosotros era clara y ella así lo notaba. Esta noche del sábado la pasó en Reanimación. Nosotros lo preferíamos, allí obviamente estaba vigilada.
Me salí tranquilo, cansado y muy ilusionado. Sabía que no faltaba mucho para ver a mis hijas y esto lejos de ponerme nervioso me tranquilizaba. Creo que hasta pegue un bocado de algo que me dio mi madre. Entonces «la celadora simpática» salió y nos dijo, «ha salido una ya 11:05» y rompimos todos a llorar ¡¡¡ Al rato, ha salido la otra ya 11:18 ¡¡¡ Mi padre cogió el teléfono y empezó a llamar a todo el mundo, Mari Carmen también y mi madre ídem de lo mismo. Yo seguía demasiado abrumado como llamar a nadie.
Seguía tranquilo, seguramente por todo lo vivido hasta ese momento me encontraba cansado, pero no tuve tiempo de relajarme. Poco después llegaron un aluvión de médicos (los pediatras) encargados de preparar a los bebes, lavarlos y examinarlos al detalle. Venían con mucha prisa y esto quieras que no mosquea. Y con la misma prisa salieron con Cloe (la que nació 2ª) e iba en una incubadora. Con paso ligero dijeron, «que se venga el padre, esta niña está un poco blanquita y nos la subimos a neonatos» Por el camino me comentó la celadora que a Manmen le iban a realizar un legrado. ¿Que es un legrado? Tranquilo, eso es normal «me dijeron» se hace para limpiar los restos de placenta.
Corriendo subimos en uno de los ascensores (se llaman por móvil para que no haya que esperar, alucinante ¡¡) y fuimos a la 7ª donde habíamos pasado la noche. Durante el interminable viaje, una de las médico por una ventanita le daban «toquecitos» a Cloe y decía <así me gusta, llora llora ¡¡¡¡> Al fondo una puerta. Neonatos. Tan pronto como se abrió se cerró de nuevo y ya no la pude ver hasta las 16:00h aproximadamente. Salieron a informarme que había nacido un poco blanquita, y así como Irene había llorado enseguida, a ella le había costado más y esto les había preocupado un poco. Por ello habían encargado unos análisis y los resultados los sabríamos a las 16:00. La otra niña, la subirían y la cuidarían las enfermeras (fuera de neonatos) hasta que la mama subiera a planta.
Entonces corriendo me encaminé a bajar para abajo para ver cómo estaba el resto de mi familia y en los ascensores me encontré con Irene que subía, en una cuna de metacrilato con ruedas y fuera de peligro. La dejaron en una sala adjunta a la de las enfermeras de maternidad, muy cerca de su hermana. Entonces me dejaron hacerle unas fotos a través de un cristal que os adjunto a continuación. Me dieron unos papales de admisión, y lo necesario para que me dieran sus tarjetas sanitarias. Baje con mi madre a recepción y realizamos en 10 min los trámites necesarios para volver corriendo a la sala de espera de paritorio, para conocer nuevas noticias de Manmen.
No se la hora. Pasaba todo muy deprisa y no me daba tiempo a darme cuenta. Las niñas ya estaban » a salvo». Estaban en la 7ª planta del Peset, una en neonatos y la otra con las enfermeras de planta. Ahora solo quedaba Manmen. Pero no salía. Tardaba mucho más de lo que todos deseábamos y entre alegría y preocupación pasamos algunos minutos, hasta que alguien de la sala de espera me dijo, <eres tu el marido de Carmen Gómez?, Si soy yo, pues te han llamado y no estabas…>
Toqué al timbre y me dijeron que ahora saldrían los médicos a informarme. Me esperé en la puerta y enseguida salieron la chica delgadita de gafitas de pasta blanca y el doctor (como me gustaría recordar sus nombres). Y entonces llegó el primer batacazo. <no podemos controlar el sangrado> Debido a un problema poco común, en casos de embarazos gemelares o partos con bebes de mucho peso (por encima de los 4 kg) existe un riesgo a la hora de contraer el útero y es que no lo haga. Para que todo el mundo lo entienda, es como cuando estiras una camiseta y luego vuelve al sitio, pero si te pasas de estirarla… desgarra. Pues algo así le paso a Manmen. Después del legrado no podían controlar la hemorragia y debieron de meterla corriendo a quirófano. La doctora me dijo: < El útero sangra, y como no se puede controlar el sangrado hay que quitarlo, ¿entiendes lo que esto significa?, dije sin pensarlo SI SI, pero ¿ella está bien? Está perdiendo mucha sangre y debemos entrar de nuevo al quirófano me contestaron, cuando acabemos saldremos a informaros.
Me estaba comiendo un bocadillo de tortilla de habas, pero se me fueron las ganas de comer como os podéis imaginar. La madre de Manmen no estaba (habían ido al servicio) y mi madre tampoco. Solo mi padre. Se lo conté y cuando llegaron mi madre y Mari Carmen se lo conté y explotamos a llorar… ¿Como era posible que una cosa así hubiera sucedido?
Aproximadamente una hora después (sería ya la hora de comer) salieron los dos. Me dijeron que había ido bien, pero que como había perdido mucha sangre era conveniente ser cauto en cuanto a las próximas horas. Iban a hacer lo posible por subirla a reanimación para que estuviera vigilada 24h y pudieran estar los médicos más pendientes. Por suerte iban a sacarla por donde estábamos y podríamos verla durante el traslado, aunque nos avisaron que estaría dormida.
La vimos salir, muy débil, despierta a pesar de lo que dijeron los médicos y la acompañamos a la 2ª planta, a despertar, donde entró diciéndole a su madre que no deseaba tener más hijos… Todavía no sabía que eso ya no era posible.
En despertar estuvo hasta las 18:00 donde nos dejaron entrar a Mari Carmen y a mí y donde por primera vez nos dimos cuenta de la gravedad de la situación.
Había perdido mucha sangre. La anemia era muy grave. Y todavía tenía un problema de sangrado que estaba en observación. Ella estaba muy débil y todavía no sabía con certeza lo sucedido. El anestesista (melenita negra) nos informó a Mari Carmen y a mí de una manera muy poco optimista que nos disgustó muchísimo, pero más tarde sabríamos que se portó realmente bien con Manmen y que muy probablemente le salvó la vida. Nota: Hacen turnos de 24 y 48h lo cual lejos de parecerme una salvajada, valoré mucho, ya que crean unos lazos necesarios con los pacientes y familiares.
Manmen estaba en una sala gigantesca donde solo estaba ella y una mujer anciana medio moribunda. Ambas seguían conscientes gracias a un sin fin de máquinas que controlaban todo su cuerpo, ya que por si solas no podían hacerlo. Solo recuerdo los incesantes pitidos, una máquina que tomaba la tensión cada minuto y el resto … el resto no importaba. Lo realmente importante era transmitir a Manmen la alegría que necesitaba para poder superar su difícil situación y en eso nos centramos su madre y yo. Nos centramos en hablarle de las niñas. Antes, el anestesista, fuera del alcance de la vista de Manmen, nos informó de que la situación era MUY grave, que la pérdida de sangre había sido muy fuerte y que su cuerpo tenía que ir reaccionando poco a poco a la tremenda transfusión. Las próximas horas iban a ser críticas y por ello iban a pasarla a Reanimación, al extremo opuesto de la 2ª planta, donde sin duda iba a estar más controlada. Había recibido mucha sangre de diferentes personas y esto puede complicar muchos procesos automáticos del cuerpo tales como, la respiración, la orina, etc… aunque ya nos preocuparíamos de ello luego, lo importante era que saliera de la situación actual.
Pero, solo un comentario nos dejó hundidos.” Si le pasa fuera del hospital, estaría ya muerta. Y muy probablemente si le hubiera pasado en otro hospital que no fuera el Peset o la Fe, también”. Muy duras palabras que todavía hoy (02/08/10) dan vueltas en mi cabeza (y lo harán el resto de mi vida). La situación era mucho más dramática de lo que abajo, en maternidad, me habían dicho. Solo nos consolaba (muy parcialmente) saber que estaba en buenas manos.
En 30 min la sacaron y la metieron en Reanimación. Donde pasó los siguientes 3 días. O quizás fueron 2 días, para mí era imposible saber la hora, la fecha, el día, ni tan siquiera si era de día o de noche.
En Reanimación hay 4 boxes independientes. Controlados con cámaras infrarrojas, y cientos de ordenadores (si si cientos), puertas que solo se abren desde dentro, como en los safaris donde aíslas a las personas en una sala entre puertas, con el objetivo de no abrir nunca la segunda sin haber cerrado antes la primera. Jamás en la vida pensé que un hospital español y valenciano tuviera la tecnología que vi cuando por fin nos dejaron entrar a ver a Manmen. Con bata, peucos en las zapatillas y alcohol desinfectante en las manos nos dejaron pasar a verla y realmente no estaba bien. En aquel momento no lo pensamos, la veíamos despierta y hablaba con nosotros y después de lo pasado pensamos que eso era muy bueno. Pero lo cierto es que luego días después, cuando realmente si estaba recuperándose las máquinas no estaban como estaban en aquel viernes tarde 25/06. No paraban de pitar, entubada y con más de 6 goteros constantes, Manmen se dormía 20 segundos y se despertaba tosiendo, y en ese preciso instante las constantes vitales subían de 90 a 140. Era obvio que no estaba estabilizada y con señas nos lo hizo ver el «anestesista» el cual nos invitó a salir del box. Antes, quise enseñarle las fotos de las niñas, pero Manmen no quiso verlas…
“El anestesista” nos informó de nuevo de la situación y nos comentó que el problema principal que había tenido era de coagulación. Las embarazadas como tales tienen problemas de coagulación y al producirse un sangrado tan grande, para las transfusiones hubo que ponerle algún medicamente que le licuaba más todavía la sangre. Esto complicó las cosas, aunque fue necesario para salvarle la vida (la 1era vez). Ahora le estaban poniendo anticoagulantes porque lo principal era que no siguiera sangrando, y aunque con la boca pequeña, nos comentó que había un punto de sangrado que todavía no había parado. Estaba controlado, pero no controlado de que ya no sangraba, sino controlado a cada minuto para ver la evolución.
Nos indicó los horarios de visita. Hasta las 13:00 del Sábado no íbamos a poder verla, y muy muy muy a nuestro pesar nos fuimos a casa Mari Carmen y yo. Para aquel entonces estaban allí con nosotros, mi tío Toni y Ana, Eva y Raúl (vinieron de Madrid), Jose Luis vino por la tarde un rato, mis padres, mi hermano, la tata. Siento si olvido a alguien. En camino estaban Oliver, Jose e Iván que habían engañado a la abuela para venirse a ver a su hermana. Llegaría sobre las 00:30 al piso.
«El anestesista» nos pidió 2 teléfonos de contacto y nos dijo que si no nos llamaban todo iba bien. Solo si él nos llamaba debíamos preocuparnos. Y desafortunadamente 1hora después de llegar a casa nos llamó. “Hay una complicación y hemos decidido bajarla a quirófano para volver a revisarlo todo.”
La llamada del «anestesista» nos dejó fatal. Salimos corriendo del piso, sin cenar. De camino llamamos a mis padres y al Jose, para que no fueran al piso. Les dijimos que preguntaran a la policía o a quien fuera donde estaba el hospital Peset porque no podía nadie ir a buscarlos.
Fuimos corriendo a la sala de partos, donde nos dijeron que acudiéramos. Allí, rápidamente nos dijeron que fuéramos al final del pasillo, donde está la salida de los quirófanos y allí nos fuimos consumiendo durante varias horas. Cada uno rezó lo que supo, pero lo que si hacíamos todos era llorar. Mi padre decía que no iba a pasar nada, pero yo no podía ser tan optimista. Había visto a mi mujer horas antes, y empezaba a atar cabos de lo sucedido. El sangrado continuaba. Las palabras del «Anestesista» – Si os llamo es que algo va mal. La llamada. Las máquinas pitando….
De vez en cuando entraba una enfermera con dos bolsas de sangre sin mediar palabra. Vinieron mis tíos, Eva y Raúl, la Tata, y un poco más tarde los hermanos de Manmen (salió mi prima a buscarlos). Todos en 4 sillas derrumbados, sin esperanzas. No recuerdo vez alguna en la que me he visto en esta situación. Solo chillaba » mis hijas» » mis hijas» … solo pensaba que se iban a criar sin su madre. Sin la madre que tanto las quería, sin sus bailes, sin sus risas…
Nada me hacía sentir bien, y toda mi mente se llenaba de pensamientos negativos. Pensaba que como había podido ser capaz de dormir en el Sofá durante meses por el simple hecho de que Manmen roncara. Ojala pudiera oírla roncar esa misma noche. Me sentía sucio, un mal marido, un mal amigo, un mal amante… solo pensaba en compensarla por todo lo mal que le había hecho. Desde luego ahora no pienso que nada de lo que hiciera lo hiciera para hacerle daño, pero sí que las cosas hay que pensarlas dos veces porque puede llegar el momento en que te arrepientas.
La tensión del pasillo era muy muy grande. Llorábamos, chillábamos, rezábamos. Mi padre nos intentó calmar varias veces porque pensaba que con el alboroto nos iban a tirar de allí. Pero lo que más recuerdo fue, cuando mi madre y Ana (creo) se pusieron en la esquina del pasillo y mi mente me jugó una mala pasada. Pensé que habían dicho que ya estaba, que había fallecido. Salí corriendo hasta el pasillo empujándolos a todos y miré al frente… no vi nada, y respiré aliviado. Todos se alarmaron mucho… creo que nadie se dio cuenta de lo que había pasado por mi cabeza en ese momento.
Yo calculo que serían las 1:00 am cuando salió «el anestesista» a informarnos que estaban terminando la operación. Que la situación era muy grave, que podía coger una neumonía en los pulmones debido a la tremenda transfusión que había recibido. Estaba muy hinchada por el mismo motivo y obviamente con una anemia muy fuerte. Nos dijo que saldrían los cirujanos a informarnos de cómo había ido todo.
Salieron la chica de las gafas de pasta y el chico calvo. Ambos muy muy compungidos por el panorama que vieron. Estoy seguro que no esperaban ver «la piña» toda junta. Toda la familia llorando desconsoladamente. Todos nos apresuramos a preguntarles y aunque solo quería que entráramos los familiares más cercanos, terminamos entrando al menos 7 u 8. Muy amablemente nos dijo que habían abierto de nuevo para comprobar que es lo que seguía sangrando y habían encontrado muchos coágulos de sangre en el abdomen. Estos coágulos, formados por los medicamentos que le daban para hacer la sangre más espesa, era lo que impedían a Manmen respirar y lo que los alarmó y precipitó la operación que acababan de terminar. Según nos contó luego Manmen en un momento se dio cuenta que no podía respirar y al darse cuenta de ello los responsables de reanimación, le hicieron un tac insitu y se dieron cuenta de los coágulos. (Ella dice que más de 30 médicos se pusieron a su alrededor)
Limpiaron toda la zona, y revisaron todos los puntos de la cicatriz. Nos dijeron que iban a subirla a reanimación de nuevo, que pasaría por delante nuestro, pero que iban a dejarla sedada durante toda la noche para que la recuperación fuera más rápida. Iba entubada. Cuando pasó delante nuestro quería morirme. Solo alcance a decir una frase que luego me ha parecido ridícula, pero en el momento era lo único que deseaba «por favor dejarme tocarla, por favor» . Le toqué la mejilla. Recuerdo que los doctores me cogieron muy dulcemente y me tranquilizaron ( o al menos lo intentaron )
De allí subió a Reanimación y nos volvieron a informar de lo mismo. El plan era dejarla sedada para que no se moviera y la recuperación fuera más rápida. Teníamos que irnos a casa de nuevo y esperar que no sonara el teléfono otra vez. Mañana a las 13:00 el anestesista de turno nos informaría.
Nosotros a las 8:00 am ya estábamos allí. Gracias adiós aquí terminan las malas noticias y empiezan las buenas. Este momento es el punto de inflexión y el comienzo de la recuperación.
Allí estaba yo, de golpe y porrazo padre. Dos preciosas y esperadas niñas eran cuidadas por las enfermeras de Neonatos porque sus padres, en especial su madre, no podían hacerse cargo de ellas. Pero yo no podía dejar de darles durante las cortas visitas todo mi calor. Pensaba que ellas realmente iban a ser dos brujitas, y que puesto que ellas eran las únicas causantes de la situación de su madre, eran las únicas que podían solucionarlo. Por ello dedicaba gran parte de mis estancias en neonatos a susurrarle la situación de su madre, para que ambas, con toda la fuerza que estoy seguro tienen los recién nacidos, se unieran para enviarle fuerzas a su madre y ¡que narices, funcionó¡
Podía verlas 1 hora por la mañana y 1 y media por la tarde. La media de la tarde se habría también un pasillo donde las visitas podían ver a través de un cristal a los bebes. Me sentía como en un zoo, enjaulado, pero estaba en la jaula del animal más bonito de todo el zoo, porque la gente se daba «leches» por acercarse y hacerle una foto a mis niñas, incluso desconocidos.
Las vieron mis padres, Mari Carmen, los hermanos de Manmen antes de que se fueran, Rubén y sus padres, la Tata, Raúl y Eva, el Tete Jose Luis y …. no recuerdo si alguien más (que me perdonen)
Irene no precisó de incubadora, y pesó cerca de los 2.200. Cloe estuvo menos de 12 h en la incubadora y su peso también rondaba los 2.200, lejos de los 2.800 que llegaron a decirnos en la última ecografía. Estuvieron dentro hasta el Lunes a las 17:00 aproximadamente donde primero Cloe y luego Irene fueron llevadas hasta la habitación 703 donde estaba Manmen. Antes tuvieron que hacerles unas pruebas sobre la bilirrubina, ya que ambas presentaban un color un poco amarillento. Si salían mal las pruebas estarían unos días bajo un foco (algo común), aunque por suerte no fue necesario. Como dato dejar constancia que tomaban 2o de biberón y a duras penas, incluso en ocasiones tuvieron que entubarlas para poder alimentarlas. (un mes después toman 120)
Aunque termino en este artículo mi paso por neonatos, no quiero dejar de mencionar la niña luchadora de sumo, los padres del niño que nació a los 2 meses y medio y al peruano de 17 años con el bebe de 1.5 Kg, el cual seguramente no pueda ver a su hijo por motivos legales con los padres de la novia, una menor.
Nos fuimos a casa. El teléfono al lado de mi mesita de noche. Un diazepan. No pude cenar nada, Jose y Oliver comieron un poco de sopa e Iván cuando nos dimos cuenta ya se había acostado. Creo que dormí toda la noche sin despertarme, nunca en mi vida recuerdo estar tan cansado. Pensaba que habían pasado semanas, pero solo unas horas nos separaban de nuestra antigua vida. En mi cabeza solo unas palabras «mientras el teléfono no suene todo va bien» y no sonó.
Gracias a Dios, que aunque lo tuviéramos olvidado casi todos reaccionó a tiempo, «el anestesista» no llamó. Los teléfonos libres de llamadas nos dio fuerzas para ir de nuevo al hospital. Sobre las 8:00 ya estábamos allí, sabíamos que hasta las 13:30 no podríamos ver a Manmen y a las niñas no me dejaban entrar a verlas hasta las 12:00, momento que pensaba aprovechar para darle mi primer biberón y proporcionarles el calor maternal que les faltaba. La idea era estar de guardia en la puerta de Reanimación y al primero que entrara o saliera preguntarle y así sucedió. Fue «el anestesista» quien primero salió y nos dijo que estuviéramos tranquilos que había pasado la noche estable. La noche anterior, antes de irnos volvimos a ver a los cirujanos que subieron a la 2ª planta y nos dijeron que esperaban que esta operación fuera la última, y que no había motivos para pensar que todo se complicara de nuevo, pero hasta que no escuchamos las palabras del «anestesista» no pudimos respirar algo más tranquilos.
Nos informó que su turno de 24h terminaba y que entraba una chica, y que ella nos informaría del proceso de recuperación de Manmen. La idea era poco a poco empezar a reanimarla y ver cómo iba evolucionando. El miedo más grande que tenían los doctores era un posible encharcamiento de pulmones y/o neumonía, pero fuera el caso que fuera, ya se ocuparían luego de esto. Lo principal era que fuera reaccionando. Al poco nos enteramos que la sustituta del «anestesista» era íntima amiga de Maru, la amiga de la Tata, y esto nos dio ciertas ventajas a la hora de las visitas que otros familiares no tuvieron, hasta en cierta manera abusamos. Y así fueron sucediendo las buenas noticias, primero la despertaron, y sobre las 12:00 am le quitaron el tubo de respirar.
Sobre esta hora 12:00 yo había subido a darles el biberón a las niñas y estuve con ellas hasta las 13:25 que bajé corriendo para entrar a ver a Manmen, por suerte los horarios no coincidían, aunque eran suficientemente ajustados como para no dejar escapar ni 1 minuto entre ascensores. Les hice muchas fotos con la Blackberry (una enfermera me ayudó).
Entonces pudimos entrar a verla, y ya infinitamente mejor, pudimos hablar con ella. Manmen era consciente de su situación y ya le habían explicado lo sucedido, ya que menos cuando la operaron estuvo consciente todo el proceso de empeoramiento de la noche anterior. Ya le dijimos que habían venido sus hermanos, mis tíos, mis padres, Eva y Raúl y poco a poco todos fuimos pasando a verla (incluso Rubén amigo). Para entonces el Iván le había comprado un Peluche que dejamos allí, Oliver le dio una foto del Alejandro a Mari Carmen y la pusimos donde los monitores y yo le mande un correo a mi padre para que imprimiera unas fotos de las niñas y las pusiéramos en la pared del triste box (las pegamos en la visita de la tarde). Seguía llena de goteros, sondada para la orina, dos drenajes de la herida principal y algunas máquinas detrás, pero ya nada pitaba, la tensión aunque bajísima estaba lineal y las pulsaciones constantes.
A la salida de la larga visita, la amiga de Maru nos informó. Dijo que aún había riesgos que superar, problemas que podían surgir, pero de momento estaba reaccionando bien. Por la tarde iban a empezar a forzar el orinado para cerciorarse que todo iba bien, y a quitarle la mascarilla de oxigeno para ponerle solo unos pequeños tubitos.
Durante la mañana, cuando todavía no tenía noticias de Manmen, llamé a Juan para que su hermana que trabaja en la UCI, en la puerta de enfrente (detrás de los ascensores) hiciera lo posible por «colarse» en Reanimación y nos diera toda la información que pudiera recopilar, y así fue. Le estamos todos muy agradecidos.
Comimos todos allí, en el restaurante del hospital. Al terminar, Oliver Jose Iván y yo fuimos para el piso. Tenían que coger la mochila y el coche, ya que por la noche debían estar en Almuñécar, para evitar las sospechas de la abuela. Antes pensaban entrar a ver a las niñas, para ello pedimos permiso en neonatos y sobre las 18:00 les dejaron pasar unos minutos al cristal. Cuando pasamos por casa cogí el Ipod y puse fotos de las niñas para que Manmen pudiera tenerlas, ya que una de las enfermeras me dijo que la música podía entretenerla (cuando mejoras, en el box te aburres mucho), aunque presuponía lo que sucedió. Manmen no quiere aparatejos. 🙂
En la visita de la tarde había menos máquinas, y aunque se empeñaban en recordarnos todo lo que podía salir mal, nada estaba saliendo mal. Todo evolucionaba muy rápido, la recuperación para nosotros era clara y ella así lo notaba. Esta noche del sábado la pasó en Reanimación. Nosotros lo preferíamos, allí obviamente estaba vigilada.
Domingo 27/06. Mari Carmen y yo nos fuimos pronto de nuevo al hospital, con el mismo objetivo del día anterior. Y así fue. Vimos salir a la sustituta del «anestesista», la amiga de Maru, y nos informó de que todo iba bien, que iban a esperar unos resultados para ver cómo iban y nos dirían a las 13:30, al finalizar la visita de las 13:00. Habían pedido unos análisis y dependiendo de los resultados nos dirían cuando podrían subirla a planta.
Yo mientras a las 12:00 me subí a las niñas, para darles el biberón y poder estar hasta las 13:30 con ellas. Al salir (5 min antes para llegar a tiempo) corrí por el pasillo de la 7ª planta y vi a mi padre en medio del pasillo haciéndome señas, «que está aquí ¡¡¡¡¡ que la han subido a planta !!! y allí estaba. Por fin podíamos verla sin todas esas máquinas y mucho más contenta que abajo, por fin podría ver a sus niñas y encima la habitación estaba libre de acompañantes, y esto fue un alivio (hasta el último día)
Llevaba 2 goteros, la sonda del «pipi» y 2 drenajes para las cicatrices. Estaba tumbada y no podía menearse mucho, además estaba super hinchada debido a las transfusiones de sangre (nos lo habían advertido). Uno de los goteros era un químico para orinar y al poco tiempo ya estaba haciendo efecto. Otro era para facilitar el trabajo intestinal y también se puso en marcha de inmediato. Luego cada cierto tiempo, un gotero de hierro y otro de antibiótico. Sin oxigeno de ningún tipo pudo hasta comer de la bandeja del hospital, aunque debieron cambiarla por una dieta blanda, porque le trajeron paella ¡¡¡
Estábamos todos muy contentos, estaban mis padres, Mari Carmen y yo, pero faltaban las niñas. Seguían en neonatos, y aunque estaban bien no querían dejarlas salir todavía por el tono de piel. Le estaban haciendo los análisis de la bilirrubina. No obstante, me fui para ver a «mis amigas» las enfermeras y les comenté el caso. No tardaron en coger cada una a una niña, abrir neonatos y pasear pasillo arriba hasta llegar a la habitación 703, para que su madre pudiera cogerlas.
Con esta foto despido este capítulo. Ahora ya no deseaba que se las volvieran a llevar. Seguro que no le hace gracia que ponga esta foto, pero es necesaria para valorar la pronta recuperación. Cabe destacar que para mis padres y para Mari Carmen también era la primera vez que podían tocar a las niñas, y todos nos emocionamos mucho, sobre todo mi padre.
Todo sucedió con bastante rapidez. Nos fuimos turnando las noches para que siempre hubiera 2 con ella, para poder ocuparnos de las niñas, salvo la primera noche (que solo me quedé yo) y la última (que también me quedé solo yo) que entró una compañera de habitación y debimos dejar libre la otra mitad del cuarto.
A las niñas le dieron el alta el Lunes por la tarde, primero a Cloe que le salieron mejor los análisis de la bilirrubina que a su hermana. Luego cuando a las 18:00 fui a darle el biberón a Irene me dijeron que la habían llevado a la habitación con su madre. ¿Cómo? si vengo de allí ¡¡¡ » pues te la has cruzado» y así fue. El problema vino cuando nos dimos cuenta de lo que significa ocuparse de 2 bebes a la vez y dado que Manmen todavía no podía darle el «bibe» ni cambiarlas porque todavía no se levantaba con soltura de la cama, entre mi madre, Mari Carmen y yo nos apañamos.
Manmen con ayuda de la hermana de Juan, se incorporó por primera vez el Lunes y aunque se mareo fue el primero de muchos intentos hasta que en pocos días ella sola iba y venía donde le apetecía, e incluso se hacía cargo de sus hijas. Comía bien, la sonda del «pipi» se la quitaron a los pocos días y los drenajes igual. Solo venían de vez en cuando a pegarle un tiro (la temperatura la miden en la frente con una pistola infrarroja muy futurista, te apuntan y te dicen…. ya está), a ponerle algún gotero y a medirle la tensión. Todas las mañanas revisaban a las niñas los pediatras y a Manmen la matrona (creo). Manmen tenía puntos en el vientre y en la vagina. Los primeros se los quitarían una semana después en Castellar, y los segundos se caerían solos.
Todas las tardes bañaban a las niñas y las cambiaban de body y en uno de los baños a Cloe se le calló la pinza (la tengo en casa).
Por lo demás todo transcurrió con normalidad, incluido alguna reprimenda a las visitas que aunque lo hacen con la mejor intención pueden atosigar al paciente, y el primer día por poco vuelve Manmen a recaer. También recuerdo con cariño la primera noche, que pasamos solos, hablando mucho de lo sucedido y de las niñas y que me dormí en la incómoda silla como nunca recuerdo haber dormido, tocando con una mano los pies de Manmen. Estaba tranquilo y muy contento y sigo así.
Recordar también como dato que las niñas comenzaban a tomar biberón con 30 y que había que comunicar a las enfermeras si hacían pipi o caca y desde entonces (hasta en casa) lo anotamos para llevar un control, ya que los primeros días estaban un poco estreñidas.
El jueves noche fue el peor. Sobre las 22:00 vino una compañera de habitación que al poco rompió aguas y se la bajaron. A las 00:00 subió de parir y entonces se llenó la habitación de acompañantes que no se daban cuenta que nos molestaban. Desde luego la alegría del momento justifica cualquier acto, pero para nosotros fue un contratiempo. Fue una noche complicada, pero gracias a Dios, esa misma mañana del viernes le dieron el alta y pudimos «relajarnos» en casa. OJO, relajarnos entre comillas, eh?
Los demás detalles propio de los hospitales los dejó en el olvido, para no resultar muy pesado.
Esta es la parte que más complicada me resulta, y no por el hecho de dar las gracias porque como no puede ser de otra forma estoy deseando hacerlo, sino porque no recuerdo los nombres de la mayoría (por no decir de todos) de los doctores, enfermeras, celadoras y demás trabajadores del Hospital Doctor Peset, que salvaron (o contribuyeron a ello) la vida de mi mujer y que tan tan bien se portaron con todos nosotros. No recuerdo absolutamente nada malo en ninguno de ellos/as. Y sin palabras nos dejaron cada uno de los que después de todas las complicaciones y nos movíamos ya en terreno firme, se pasaron de nuevo por la habitación para cerciorarse que todo seguía bien. Un 10 a todos.
Así que como no recuerdo los nombres, aunque me los dijeron una y mil veces, voy a describirlos a mi manera y espero que sepan, de una manera o de otra lo agradecidos que estamos mi familia y yo. Espero que mi manera de describir no ofenda a nadie, ya que no es mi intención, sino todo lo contrario, sin ellos mi vida no sería la que es hoy.
Equipo médico.
– A todo el equipo de partos en general. Recuerdos especiales para: Chica delgada, rubia y pelo liso, que nos asistió en el parto y luego subió a la habitación. La cirujana de pelo corto y gafas de pasta blanca y el cirujano calvo que operaron a Manmen las 2 veces. Ambos subieron a Reanimación y ambos subieron a la habitación. La celadora que entraba y salía a la sala de espera a informarnos de cómo iba todo, y que luego subió a las niñas a neonatos, que también subió a Manmen a Despertar y que luego subió a la habitación.
– Al equipo de Despertar y Reanimación en general. Recuerdos especiales para: El Anestesista, que tanto nos ayudó, entendemos que las charlas pesimistas son necesarias, lógicamente ponerse en lo peor y preparar a los familiares para la catástrofe es lo más coherente en estos casos. Le estamos muy agradecidos por saltarse las normas de visitas, tanto a él como la amiga de Maru, sustituta del «anestesista» y la que le dio el alta a Manmen. También recuerdo con cariñó a una enfermera con el pelo rizado y corto a lo chico, que acompaño mucho a Manmen en Reanimación, y fue la que me pidió las fotos de las niñas y el MP3.
– A todas y cada una de las enfermeras y pediatras de neonatos que se saltaron las normas una y otra vez, para que yo pudiera darles el biberón a las niñas en ausencia de su madre y que tanto se interesaron por la salud de Manmen. Gracias en especial por haber sacado a las niñas sin autorización para que Manmen las viera y por permitir que sus hermanas las vieran a través del cristal fuera de la hora de visita.
– A todas las enfermeras de planta que limpiaron y asearon a Manmen cuando nosotros no podíamos, y que limpiaron y cambiaron a las niñas. Por traernos los biberones y proporcionarnos las mantas, pañales y demás necesidades de las niñas. Por atender cada una de nuestras pesadas llamadas al interfono y por su paciencia infinita.
– A Maribel, la hermana de Juan, que hizo de espía en Reanimación para sacar información de la situación de Manmen, y que días después me ayudó a levantar a Manmen y le dio un biberón a una de las niñas.
Y aquí terminan los agradecimientos al equipo médico, si olvido a alguien ruego me disculpe.
Familiares.
A mis padres por si apoyo constante en cada minuto de los delicados momentos. A mi hermano por estar siempre a mi lado. A mi prima y Raúl por venir desde Madrid cuando más los necesitaba. A la tata, al tío Toni y a Ana por venir a pasar todo el día a nuestro lado. A Mari Carmen, que lejos de ser una suegra, fue una amiga. A Oliver, Jose e Iván que se vinieron desde Salobreña cuando la situación empeoró. A Javier y Eri (gracias por los bombones), y a Jose Luis y Raquel por venir a visitarnos. Y como no al Tío Luis y Amparo que aunque no pudieron estar mucho rato, porque Manmen se puso peor, nos visitaron y nos dieron su apoyo.
A Juan, mujer e hija que vinieron hasta en 2 ocasiones, ofreciendo su incondicional ayuda, además de un bonito regalo y unos deliciosos pasteles. A Marisa (la amiga de mi madre) por las flores tan bonitas que nos trajo. A Rubén y Ana que trajeron unos exquisitos bombones y demostraron una vez más lo unidos que estamos. A Rubén (amigo) con su madre y padre que vinieron a ver a las niñas a través del cristal. (de nuevo disculpas por si olvido a alguien)
Y como no a todos los que desearon estar allí, y o bien no pudieron o bien no se lo permití. Creo que la situación de las visitas se nos fue un poco de las manos y nos llevamos un susto, al ver que Manmen sufría mareos, con lo que tuve que ponerme duro y no permitir tantas visitas como nos hubiera deseado, pero la salud de Manmen era lo primero. Por ello pido disculpas.
Gracias a todos. A partir de este post, Comienza la vida en casa.