SOBRE LOS PERSONAJES
SOBRE LOS PERSONAJES
El dibujo infantil que representa a Alberto Carlos Bustos podría ser una suerte de superhéroe que ha sobrevolado todos los cielos de la lírica y la algarabía, pero también un sujeto sencillo, humilde, casi un antihéroe con rasgos que van del error al cortocircuito. Hecho por mí, a mis 7 años, lo observo detenidamente: ¿los trazos buscan completar algo, dar forma en medio de un caos? Podría ser, después de todo esa es una de las premisas fundamentales de cualquier superhéroe.
Si hacemos que descienda al Planeta Tierra y lo invitamos a participar de nuestra película, suponemos que estará encantado de representar al municipal y pájaro propuesto por Miguel Ángel Solá. Su obsesión es el adoquinado urbano. La tarea del municipal da cuenta extensa en las maravillosas entregas de su autor, pueden visitarlas en el blog de Los Verdes Platónicos. Allí hay risa intensa, tragedias agridulces, disparates poéticos, alturas de surrealismo. Sus otras obsesiones son las palabras y el amor. Desde allí mismo emprendemos la odisea.
La materia prima de esta película es la metáfora, en la voz unida a la imagen, poesía de alto vuelo, para entendidos y entusiastas. A partir de allí, el espectador puede intentar interpretar linealmente sus significados, o recorrer distintos senderos que se complementan en todos los horizontes de la imaginación. Hay preguntas que se van respondiendo, dudas al libre albedrío. Hay un hilo tenue que se va fortaleciendo en la fusión de voz, imagen y sonido, el viaje a un territorio familiar y fantástico.
Palabras. Así empezamos, el autor las menciona, yo les doy forma. Paz, Martín y Florencia son buenos compañeros de viaje y en esta embarcación, entre los cinco, intentamos rendirle pleitesía al Séptimo Arte. Estamos contando una historia de amor a través de lo más sagrado de la Poesía. Nace con las palabras, que en la voz del intérprete son música, una balada emotiva, profunda, fiel también a su origen de temática sentimental o romántica, a su atmósfera melancólica, a su épica agridulce, a su desenlace… ¿abierto? ¿Y por qué es infinita? Porque esto recién empieza.
El dibujo que representa a Leidi Bustos podría ser una imagen de lo que ya fue, la melancolía inmersa dentro de unos rasgos muy sencillos y amables que sonríen desde un pasado remoto y extienden los brazos, queriendo dar o recibir un apapacho. Hecho por mí a los cinco años, mientras buceaba en la carpeta bien nutrida que mi abuela y mi madre conservaron con mis primeras obras, encontré este casi boceto, que forma parte de un dibujo general, hecho en aquellas hojas gigantescas, con buen gramaje y textura, que utilizábamos en el colegio primario.
Leidi, que proviene de Lady, puede simbolizar cierta duda constante del protagonista, el anhelo intermitente que brinde una respuesta acerca de lo que significa el amor. Ambas figuras, Leidi y Bustos, aparecen en todos los módulos del film: se acercan, se extrañan, se alejan, vuelven a acercarse…Miguel Ángel Solá los poetiza con su voz, los hace volar o descender a lo más profundo de sus corazones y, si nos permitimos adentrarnos en una narrativa original como esta, podremos palpar ambos espíritus -o algo parecido, elevado- atravesando la pantalla, junto al amor y las palabras, el amor a las palabras.
Leidi y Alberto Carlos Bustos parecen conocerse desde siempre, desde niños al menos, también pueden representar la metáfora del tiempo y lo que este hace cuando zarandea las emociones. La niña y el superhéroe afirman, cuestionan, ríen suavemente, ironizan un poquito, luego sufren y van encontrando soluciones a lo largo del camino (o del film, o de la voz del protagonista) para volver al ruedo como dos románticos curtidos.
Nicolás García Sáez
Florencia Suárez Guerrini