#1
Y si dijera… pan… ¿a qué te suena?, ¿Y dulce?, ¿Y queso?, ¿Y cama templadita? Si dijera sol… y mar…y… empanadas a cuchillo. Y paseo por montaña… ¿qué? ¿Te cuentan algo las palabras esas? Si dijera: montaña, ¿qué se escucharía?, ¿ Y ropa limpia y techo sin goteras y libros de leer y sones de escuchar y… caricias de las manos más amantes, más queridas…
En el devenir y libre albedrío de estas asociaciones, con raíz en el valor de las palabras, estaría el quid, la esencia de este film. Poesía de alto vuelo, claro. Miguel Ángel Solá protagoniza sus propios textos con su voz, los eleva hacia la delgada línea entre realidad e imaginación.
Los sueños, el tiempo, la eternidad, los vínculos, las palabras, el humor, la vida, el vacío, la tristeza, las letras y los signos, el profundo significado de las palabras… Este módulo inicial está en casi todas las antípodas de los entrañables tanques comerciales de Hollywwod. Y si ya estamos de acuerdo con eso, esta película proponer ser el puente hacia la maravilla.
#2
El chasquido que tararea el naranja y ocre de Súper Bustos, abre el telón para una esgrima irónica y risueña entre el blablá y las palabras. ¿Quién ganará? Surgen, aguardan, unen y cuentan, dice su autor. Pensamientos, sentimientos y palabras, compartidas por el hilo que une a los amigos que participan de esta película. La araña con el albañil de andamio, la infancia, las imágenes acompañan cada sílaba, cada hueso, cada pentagrama titilando en la noche. Hay un trabajo minucioso que comenzó hace dos años como película y, anteriormente, otros dos años más como criatura textual, que ha desarrollado corpulencia con las imágenes y el sentido que le venimos dando a este Planeta Bustoniano, la artesanía conviviendo con la virtualidad.
#3
El tarareo amarillo y su chasquido correspondiente, nos presentan en la antesala a Leidi Bustos, co-protagonista de esta saga que, se anuncia, va a ser infinita. Leidi ya venía asomando junto con Alberto Carlos Bustos en los dos episodios anteriores. La poesía y la lluvia se dan la mano y enseñan sus necesidades. Caminos entre los elementos, el agua y el fuego y el puro imaginar, que no se detiene. Avanza junto a lo incierto de un destino, la soledad de un cuerpo, la esperanza en el mañana y…otra vez la palabra, que ahora es un silencio que no da nada y le deja paso a una verdad.
#4
El tarareo rojo tal vez intente quitarle un peso a la sangre que el protagonista y su álter ego, Alberto Carlos Bustos, el municipal y pájaro, ve en los ojos del siglo. Todo es una gran metáfora, los espejos y proyecciones del protagonista. Ha visto a las estrellas encenderse y apagarse, no es de extrañar que aparezca un sabio diciendo lo siguiente: “he visto sangrar a los ojos del siglo, tras cada gota el destino apagando el fuego sagrado que protege al invierno de sus sentimientos”. Poesía extraterrestre, si, nosotros pensamos lo mismo.
Leidi y Alberto Carlos Bustos son las almas que la mano imaginaria del mismo municipal y pájaro percibe con dureza, pero el oído da rienda suelta y las libera y eleva en una plegaria de imágenes, la catarsis de un desfile que se zambulle en las sombras. Entre el tiempo y el quiebre, da paso al siguiente tarareo, en este caso del color de Los Verdes Platónicos, comunidad que abrigó el renacimiento de nuestro superhéroe.
#5
Experiencia, madurez y ternura. El sabio, ahora consejero, dedica una extensa y profundísima balada al desandar de los pasos transitados. No vuelvas al pasado, letanía y sugerencia, caricia y abrazo que acompaña todo el cortometraje. Bustos lleva de la mano a Leidi para transitar la vida, la acompaña en el duelo amoroso, se desdobla y hace la ofrenda como el pasado (cenizas del diario acontecer acontecido, dice el autor) que hay que evitar, o como el superhéroe, alternativa para superarlo. Las loas al aquí y ahora sobrevuelan junto a Super Bustos, cobran fuerza, volumen, sugieren, intentan allanarle el camino a la mujer adulta vestida con boceto de niña.
Resucitar del sueño eterno lo dormido y pretender beber del mismo (pasado) una y otra vez, abisma y no da tregua a la esperanza./ Darán señales fantasmales de estar vivas, porque ilusionan, como estrellas muertas que por años luz continúan parpadeando. No te engañes, no las llames, no las quieras reinventar….dice Miguel Ángel Solá.
Este episodio es el más extenso de los cinco. El gran actor contemporáneo recita sus versos y estrofas como un juglar del medioevo. Hipnotiza al oyente, las imágenes acompañan cada palabra, sentimiento, lógica con emoción y humanidad. Aquí mismo dice que no se considera poeta, pero es lo que predomina durante toda la película: el vuelo de las palabras. Habla del hilo de la araña, nuevamente, el eje, el esqueleto del film, se va corporizando en una obra de ingeniería textual, sonora, visual, con una edición vibrante y un trabajo en equipo que conforma esa telaraña mágica y perfeccionista.