La siderurgia
La siderurgia
Durante la Primera Edad del Hierro, el uso del hierro cambió profundamente la vida de las comunidades. Aunque este mineral era común, trabajarlo requería una técnica nueva: los hornos de reducción. En ellos se calentaba el mineral con carbón vegetal, y el aire se mantenía en movimiento gracias a fuelles de cuero. El hierro no llegaba a fundirse, pero sí se transformaba en una masa esponjosa que contenía el metal ya separado de sus impurezas.
Esa masa se sacaba del horno al rojo vivo y los herreros la golpeaban repetidamente para compactarla y darle forma. Así obtenían hierro resistente, útil para fabricar herramientas más fuertes y armas más duraderas.
La llegada del hierro mejoró la agricultura, permitió talar bosques con mayor facilidad y trabajar tierras duras. En la guerra, las armas de hierro ofrecían una ventaja clara frente a las de bronce. Todo esto hizo que los pueblos que dominaban esta tecnología fueran más poderosos y que sus sociedades se volvieran más jerárquicas y guerreras.
Horno de reducción de hierro de la Mina Pastora (Aliseda)
Fragmento de orificio de tobera
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