El aumento de la automatización y la incorporación de tecnologías del agro no es un fin en sí mismo, sino que deben valorarse en tanto sean dinamizadoras de una mayor competitividad, en un marco de equidad y sostenibilidad ambiental, mejorando la calidad de vida de la población rural, contribuyendo al arraigo de nuevas generaciones y promoviendo la igualdad de géneros y de oportunidades