Después de presentar un par de proyectos de escenografía en la facultad de letras y teatro en la UNAM, fui invitado por la escenógrafa Mónica Raya para colaborar en la puesta en escena La Malinche, escrita por Víctor Hugo Rascón. El diseño evocaba el agua de Tenochtitlán.
En las ilustraciones de la escenografía de La Malinche, se mezclaron íconos de cultura popular con objetos del cotidiano, como en el juego de la lotería. Para obtener un lenguaje visual que ligue el público contemporáneo con su pasado, se jugó con imágenes que evocaban la identidad mexicana sin caer en los lugares comunes de nuestra visión de la cultura prehispánica.
La utilería (objetos usados en la obra de teatro) en la cual colaboré se determinó conforme avanzaban los ensayos. Por ejemplo, la llegada de un Cortés lleno de ambición y avaricia a Tenochtitlán se simbolizó con el actor montado en un pastel. Por otro lado, la caída de Tenochtitlán se simbolizó por un águila con alas de cartón. El resultado de una creatividad en colectivo es de las grandes enseñanzas que me quedan de mis experiencias con el teatro.