Fecha de publicación: 26 de septiembre de 2025.
Dirección: Elainy Sandoval – Redacción: Luis Ariel, Derson Henriquez y Romel Abreu.
El suelo es la base de la vida. Sin él no existiría la agricultura, la biodiversidad ni el equilibrio ambiental. En la República Dominicana, este recurso ha sido motor de desarrollo, pero hoy enfrenta presiones crecientes: deforestación, urbanización descontrolada y prácticas agrícolas inadecuadas. Este suplemento busca presentar un panorama completo de su estado actual, sus desafíos y las soluciones posibles.
Los suelos dominicanos: riqueza natural en riesgo de perderse
Los suelos son el origen de los alimentos, tal y como está enfocando las Naciones Unidas en su campaña de concienciación. Por esta razón es sumamente importante su conservación.
Los suelos son las extensiones de espacio que forman la capa de la superficie de la corteza terrestre. Dependiendo del ecosistema donde se encuentren, éstos pueden ser arenosos, arcillosos, calcáreos, orgánicos, urbanos, congelados. Por la geografía y geología de nuestra República Dominicana, los suelos con los que estamos familiarizados son los suelos orgánicos y los urbanos.
https://www.endadom.org.do/proyecto-ccr/los-suelos-y-la-importancia-de-su-conservacion/
Los suelos se depositan o se desarrollan en capas. Estas capas, llamadas horizontes, se pueden ver donde las carreteras han sido cortadas a través de colinas, donde los arroyos han recorrido los valles, o en otras áreas donde el suelo está expuesto.
Cuando los factores de formación del suelo son favorables, hasta cinco horizontes principales pueden verse en un perfil de suelo mineral. Cada horizonte principal se subdivide en capas específicas propiedades únicas. El grosor de cada capa varía según el local (afectado por los factores de formación del suelo) En condiciones perturbadas, como la agricultura intensiva, o donde la erosión es severa, no todos los horizontes estarán presentes. Los suelos jóvenes tienen menos horizontes que los suelos más maduros o viejos.
https://jmarcano.com/ciencias-tierra/ciencia-suelo/horizonte-suelo/
El objetivo del estudio fue crear una base de información general sobre la capacidad y susceptibilidad de los suelos a ser degradados, su requerimiento de manejo y prácticas de conservación.
Según esta clasificación, se determinaron ocho Clases de Capacidad Productiva, de las cuales, las Clases I hasta la Clase IVse consideran adecuadas para cultivos agrícolas, con prácticas específicas de uso y manejo. Las Clases V hasta la Clase VIIse consideran no cultivables, aunque los métodos modernos con mecanización consideran también que la Clase V puede destinarse al pastoreo y al cultivo de arroz con medidas muy intensivas de manejo.
Y, por último, la Clase VIII se considera apta solamente para parques nacionales y zonas de vida silvestre.
https://ambiente.gob.do/informacion-ambiental/suelos/
Las regiones de la República Dominicana con los suelos más fértiles son la Región del Cibao, especialmente el Valle Oriental del Cibao y la Sabana de la Vega Real Moca; la Región del Valle de San Juan; y las llanuras costeras del sur con suelos aluviales. Estas áreas son ricas en nutrientes y cuentan con suelos arcillosos y fértiles que permiten una alta productividad agrícola.
El suelo y el agua proporcionan la base para la producción de alimentos, los ecosistemas y el bienestar humano. Reconociendo sus roles invaluables, podemos tomar medidas proactivas para proteger estos recursos para las futuras generaciones.
https://ideagro.es/suelo-y-agua-los-pilares-de-la-alimentacion-dia-mundial-del-suelo-2023/
La biodiversidad del suelo se puede clasificar en cuatro grupos principales: microorganismos, microfauna, mesofauna y macrofauna . Las plantas también pueden considerarse a través de su sistema radicular.
Temas intermedios (más detallados).
Los principales usos del suelo en la República Dominicana incluyen la agricultura (cultivo de caña de azúcar, café, cacao, arroz, etc.), la ganadería (cría de ganado, cerdos y aves de corral), los bosques y áreas verdes que proporcionan servicios ecosistémicos, y la urbanización con actividades residenciales, comerciales, industriales e institucionales.
En República Dominicana, la capacidad productiva del suelo se clasifica en ocho clases (I a VIII), donde las clases I a IV son aptas para cultivos agrícolas, las clases V a VII son para uso ganadero, forestal o pastos, y la clase VIII está destinada exclusivamente a parques nacionales, zonas de recreo o vida silvestre. Esta clasificación se basa en las propiedades del suelo como su profundidad, drenaje, fertilidad y posición en el terreno, para determinar su potencial y limitaciones de uso.
En República Dominicana (RD), la capacidad productiva del suelo se clasifica en ocho clases, donde las clases I a IV son aptas para el uso agrícola con manejo específico, las clases V, VI y VII son para pastos, cultivos de montaña y forestal respectivamente, y la clase VIII se limita a parques nacionales y áreas de vida silvestre. Esta clasificación se basa en la profundidad, estructura y capacidad de retención de agua del suelo para determinar su potencial de uso y las prácticas de manejo requeridas.
Temas de problemas y riesgos
La contaminación del suelo es una degradación de la calidad del suelo asociada a la presencia de sustancias químicas.[1] Se define como el aumento en la concentración de compuestos químicos, que provoca cambios perjudiciales y reduce su empleo potencial, tanto por parte de la actividad humana, como por la naturaleza.
La deforestación reduce drásticamente la calidad del suelo al provocar erosión, pérdida de materia orgánica y nutrientes, y desertificación. Las raíces de los árboles anclan el suelo, pero al ser eliminadas, este queda expuesto al arrastre por el agua y el viento, volviéndose infértil y erosionándose hasta convertirse en un desierto. Esto debilita el suelo, reduce su capacidad para cultivar y altera el ciclo del agua.
La sobreutilización de suelos agrícolas implica un uso excesivo y desmesurado que agota las capas productivas de la tierra, llevando a la degradación, erosión y pérdida de fertilidad, así como a la disminución de la materia orgánica y la biodiversidad. Esta práctica, impulsada por actividades como la deforestación, el sobrepastoreo y el uso intensivo de fertilizantes y pesticidas, tiene consecuencias ambientales, ecológicas, económicas y sociales, incluyendo la inseguridad alimentaria, la desertificación y el impacto en los ecosistemas terrestres y acuáticos.
La urbanización desordenada, caracterizada por un crecimiento urbano no planificado y expansivo, causa la pérdida de tierras productivas al convertir terrenos agrícolas en áreas urbanizadas, reduciendo la superficie dedicada a la agricultura y fragmentando los ecosistemas. Esto no solo amenaza la seguridad alimentaria al disminuir la producción de alimentos, sino que también degrada la calidad del suelo y altera los servicios ecosistémicos, afectando la biodiversidad y la calidad de vida.
La erosión del suelo en zonas montañosas se debe principalmente a la acción del agua (lluvia y deshielo) y el viento, factores que desprenden y transportan partículas de suelo en un proceso natural acelerado por pendientes pronunciadas, falta de vegetación y la deforestación. Este fenómeno provoca la pérdida de la capa superficial fértil, afecta la productividad agrícola, contribuye a la sedimentación de ríos y puede aumentar el riesgo de deslizamientos. Para mitigarla, se recomienda reforestación, evitar el cultivo en laderas, implementar siembra en curvas de nivel y utilizar cultivos en franjas entre cultivos de raíces más profundas como los pastos.
Temas de leyes y políticas
La Ley 368-22 es la ley de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos de la República Dominicana, que busca organizar el territorio de manera racional, sostenible y equitativa, mediante la planificación, la participación ciudadana y la coordinación institucional. Establece principios rectores, instrumentos técnicos y administrativos, y un marco para la definición de modalidades de uso de suelo. Sus objetivos incluyen la promoción de un desarrollo sostenible, la resiliencia al cambio climático y la cohesión territorial.
Las normativas de conservación del Ministerio de Medio Ambiente (República Dominicana) se basan en la Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00), que establece la política de protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos naturales. Esta ley crea el marco para la conservación de ecosistemas, promueve la participación ciudadana, establece la primacía del principio de prevención y busca la integración de la protección ambiental en el desarrollo.
Los programas de reforestación y recuperación de suelos buscan restaurar la cobertura forestal de un territorio, proteger los suelos de la erosión, mejorar la calidad del agua, mitigar el cambio climático y aumentar la fertilidad de la tierra mediante la plantación de árboles nativos y especies adaptadas. Estos programas pueden ser liderados por gobiernos, organizaciones ambientales o comunidades locales, a menudo con la participación de sectores públicos y privados, y se enfocan en cuencas hidrográficas, áreas protegidas, zonas costeras y terrenos degradados. La implementación incluye la selección y plantación de especies adecuadas, el establecimiento de viveros para producir plántulas, la conformación de brigadas de trabajo y la educación ambiental para involucrar a la comunidad en la conservación.
En República Dominicana, las principales instituciones dedicadas al estudio y protección de los suelos son el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a través de su Viceministerio de Suelos y Aguas, y el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF), que se enfoca en la investigación para el manejo del suelo en el sector agrícola y forestal.
Temas de soluciones y sostenibilidad
La agricultura orgánica se enfoca en prácticas sostenibles que respetan el medio ambiente, mientras que la agricultura convencional prioriza el rendimiento mediante el uso de fertilizantes químicos, pesticidas sintéticos y maquinaria pesada. La orgánica busca proteger el suelo, el agua y la biodiversidad utilizando insumos naturales y fomentando ecosistemas equilibrados, mientras que la convencional puede llevar a la degradación del suelo y la contaminación ambiental.
La educación ambiental para el cuidado del suelo se centra en crear conciencia sobre su importancia vital, enseñar prácticas sostenibles como la rotación de cultivos y la reforestación, e impulsar la reducción de actividades degradantes como el uso de agroquímicos y la urbanización desmedida. Su objetivo es capacitar a las personas para que comprendan el valor de la biodiversidad del suelo y adopten hábitos que aseguren su salud y fertilidad para las generaciones futuras.
Educación ambiental sobre el cuidado del suelo.
El abono verde consiste en cultivar plantas para luego incorporarlas al suelo y mejorar su estructura, fertilidad y retención de agua, mientras que el compost es materia orgánica descompuesta que se añade al suelo para aportar nutrientes, microorganismos beneficiosos y mejorar su salud general. Ambos métodos aumentan la materia orgánica del suelo, pero el abono verde se centra en la biomasa vegetal y la nutrición a través de la fijación de nitrógeno, y el compost proporciona una liberación más lenta y equilibrada de nutrientes y materia orgánica.
Las terrazas, barreras vivas y la rotación de cultivos son técnicas para la conservación del suelo que reducen la erosión, mejoran la estructura del suelo, aumentan la fertilidad y la retención de agua. Las terrazas modifican la pendiente del terreno creando plataformas horizontales. Las barreras vivas son hileras de plantas que frenan el agua de escorrentía, retienen sedimentos y protegen el suelo. La rotación de cultivos consiste en alternar diferentes especies vegetales en un mismo terreno para prevenir el agotamiento de nutrientes y romper ciclos de plagas.
Temas de casos específicos en RD
En áreas urbanizadas de llanura costera, el uso del suelo se caracteriza por la urbanización intensiva, que reemplaza ecosistemas naturales como humedales y marismas por infraestructura y edificaciones. Esto conlleva un impacto negativo en la disponibilidad de sedimentos, la erosión costera y la pérdida de hábitats, afectando a servicios ecosistémicos y la capacidad del territorio para responder a riesgos como el aumento del nivel del mar.
El Valle de Constanza, ubicado a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar en la República Dominicana, posee suelos fértiles y un clima templado y fresco que lo hacen ideal para el cultivo de hortalizas, tubérculos y flores. Gracias a estas condiciones, la zona es reconocida por su alta producción de papas, repollo, coliflor, zanahorias, brócoli, fresas y una gran variedad de flores, como rosas, liliums y estatíes.
El Valle del Cibao es conocido como el "granero agrícola" de la República Dominicana por sus fértiles tierras, que permiten la producción de una gran variedad de cultivos como arroz, bananos, tabaco y café, lo que lo convierte en un pilar económico para el país. Esta región, ubicada entre la Cordillera Central y la Cordillera Septentrional, fue incluso nombrada "La Vega Real" por Cristóbal Colón.
En Santiago (República Dominicana), la debilidad de los suelos arcillosos es una causa histórica y continua de derrumbes y deslizamientos de tierra, que se agudizan con la construcción y las lluvias intensas, representando un riesgo para las edificaciones y la seguridad de las personas. La naturaleza suave y poco resistente de este terreno, a diferencia de zonas rocosas, facilita la propagación de movimientos sísmicos y de tierra, lo que requiere de estudios y trabajos de ingeniería especializados para mitigar los riesgos de catástrofes.
Temas de futuro e innovación
Las nuevas tecnologías como drones, sensores remotos (satélites) y sensores in situ permiten un estudio del suelo más preciso, rápido y eficiente, caracterizando la humedad, nutrientes, salinidad y topografía. Estas herramientas integradas en la agricultura de precisión ayudan a tomar decisiones sobre riego y fertilización, optimizando el uso de recursos y aumentando el rendimiento de los cultivos de manera sostenible.
La agricultura de precisión es una estrategia de manejo agrícola que utiliza tecnologías avanzadas, como sensores, drones y GPS, para recopilar datos y gestionar los cultivos y los recursos (agua, fertilizantes) de forma más eficiente y sostenible. Su objetivo es aplicar la cantidad adecuada de insumos en el lugar y momento precisos, respondiendo a la variabilidad espacial y temporal de los campos para mejorar la productividad y minimizar el impacto ambiental.
Los suelos saludables son esenciales para la seguridad alimentaria, ya que proporcionan el soporte, los nutrientes y el agua necesarios para el crecimiento de las plantas. Sin embargo, la degradación de los suelos, a través de la erosión, la contaminación y la pérdida de materia orgánica, disminuye la capacidad de la tierra para producir alimentos, poniendo en riesgo la seguridad de la población, según la FAO en República Dominicana. La contaminación del suelo puede reducir el rendimiento de los cultivos y hacer que los alimentos sean peligrosos para el consumo.
El cambio climático afecta los suelos de República Dominicana incrementando la erosión, la compactación, la lixiviación de nutrientes y la desertificación, al tiempo que modifica la disponibilidad de humedad y favorece la propagación de plagas y enfermedades. Estos impactos reducen la productividad agrícola, amenazan la seguridad alimentaria y pueden llevar a la pérdida de tierras cultivables y la degradación del recurso suelo.
El suelo es la base de la vida en la República Dominicana, pues de él dependen la alimentación, el agua, la biodiversidad y el desarrollo del país. Su formación, características físicas y químicas, junto con la gran biodiversidad que alberga, lo convierten en un recurso esencial que sostiene la agricultura, la ganadería, los bosques y las ciudades.
Sin embargo, enfrenta graves amenazas como la erosión, la desertificación, la contaminación, la deforestación y la urbanización desordenada, que ponen en riesgo su capacidad productiva y su equilibrio natural. Frente a estos desafíos, las leyes, políticas y programas de conservación juegan un papel fundamental, así como las prácticas sostenibles que promueven una agricultura responsable y el manejo comunitario de las tierras.
Los ejemplos en distintas regiones del país, como el Cibao, Constanza o el Sur árido, muestran la diversidad y al mismo tiempo la fragilidad de nuestros suelos. Mirando hacia el futuro, la innovación tecnológica, la adaptación al cambio climático y la cooperación internacional serán claves para proteger este recurso vital.
Lugar de edición: Guaco, La Vega, R.D.
Créditos finales: “Este periódico fue realizado con fines educativos”.
“El suelo es vida: protegerlo hoy es asegurar el mañana.”