Mi pintura es un diálogo entre el agua, el pigmento y el silencio del papel. No busco retratar la naturaleza ni forzar sus formas; prefiero invocar su comportamiento. 


Al permitir que la acuarela fluya, se estanque y se evapore libremente, dejo que el material reproduzca los mismos procesos de erosión, gravedad y tiempo que dan forma al mundo silvestre. Las manchas se vuelven estratos, las líneas se transforman en corrientes y las texturas sugieren la solidez de una piedra o la levedad de la niebla.


En este proceso, el espacio que queda sin pintar no es una ausencia, sino una fuerza activa. La reserva y el vacío perimetral sostienen la obra, otorgándole aire y una luz que emana desde el interior del soporte. 


Cada pieza se construye desde el encuentro entre el accidente y el control, donde el trazo del brazo queda registrado como un instante único e irrepetible.


Al final, la obra no pretende entregar certezas, sino abrir un instante para la contemplación, un lugar donde el espectador pueda completar el paisaje con su propia mirada.


Actualmente trabajo en la ciudad de Concepción, región del Bio bio, Chile.