Los estudios clásicos se presentan como un campo abierto y en permanente redefinición desde sus remotos orígenes, que podemos identificar con los albores de la práctica filológica. Concebidos por mucho tiempo como parte de la formación elemental de cualquier disciplina humanística, desde hace varias décadas se enfrentan a las críticas y cuestionamientos que no son ajenos a todo el campo de las Ciencias Sociales y Humanidades, pero que adquieren particular virulencia para con nuestra disciplina, por ejemplo, en la reducción de su espacio en los diseños curriculares de diversos niveles educativos y en las políticas de financiamiento y promoción. Al mismo tiempo, asistimos a una presencia sostenida, y probablemente creciente, de las referencias al mundo grecolatino y sus producciones en campos tan diversos como los lenguajes artísticos y la cultura de masas (la literatura, el teatro, el cine, la historieta, el videojuego, etc.), pero también a la apropiación de figuras y procesos culturales de la antigüedad por parte de posiciones ideológicas extremas, como las derechas radicales, que las resignifican hasta límites irreductibles y coercitivos.
Creemos que este estado de situación nos invita como especialistas en estudios clásicos a indagar, una vez más, el diálogo entre ese pasado que nos ocupa y el presente, asumiendo la politicidad de nuestra respuesta, a partir de una posición propia, argentina y latinoamericana, desde el sur del mundo, desde un cierto lugar de borde.
Por otra parte, estas reflexiones no resultan ajenas a otros contextos nacionales e internacionales, académicos e institucionales. En efecto, si bien en nuestro país se encuentran revestidas de la urgencia que imprime una coyuntura política que socava deliberadamente la educación pública y el sistema científico-tecnológico, con especial animosidad para con las áreas en las que trabajamos, la revisión de nuestro quehacer también se ha desarrollado en otras latitudes, muchas veces alumbrada por el diálogo interdisciplinario, como lo expresa, por ejemplo, el Colectivo Posclasicismos y su énfasis en la conciencia crítica imprescindible respecto del acercamiento al mundo antiguo y de las formas de configuración de dicha conciencia.
Proponemos entonces en este encuentro pensar justamente los aspectos liminares, fronterizos de nuestras disciplinas en relación con distintos ámbitos como el artístico, el político, el educativo o el historiográfico, entre otros, a partir de un modo de hacer que nos es propio. La locación geográfica del evento nos invita además a reflexionar de manera descentrada, tanto por su ubicación en la Patagonia, al sur del continente, como por tratarse de Bariloche, ciudad intercultural del Wallmapu, atravesada por tensiones, desigualdades y deudas históricas.
Por último, el año de realización de nuestro Simposio es un tiempo particularmente relevante para la memoria histórica y el compromiso con los Derechos Humanos en nuestro país. Se cumplen 50 años del golpe de Estado cívico-militar que dio comienzo a la dictadura más sangrienta de nuestro pasado reciente. Las referencias al mundo clásico han sido parte de los “trabajos de la memoria” en la recuperación democrática (pensemos en obras emblemáticas como Antígona furiosa, entre muchas otras) y por esto invitamos a que este encuentro sea también un espacio de reflexión para pensar nuestro aporte específico a los procesos de Memoria, Verdad y Justicia.
Las actividades tendrán lugar en la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro. La mayoría de ellas se desarrollará en el edificio situado en Anasagasti 1463, San Carlos de Bariloche.
En relación con el alojamiento, nos encontramos en la búsqueda de opciones con descuento para los participantes del Simposio. De todos modos, por ser Bariloche un destino turístico importante de nuestro país con una oferta muy variada, sugerimos explorar alternativas como hostels, cabañas o departamentos particulares a través de plataformas como Booking o Airbnb, que fuera de temporada resultan más accesibles. Cabe destacar que la ubicación de las instalaciones de la Universidad Nacional de Río Negro es céntrica y se orienta hacia el este de la ciudad.