En sistemas operativos, la creación de procesos se refiere al acto de generar una instancia ejecutable de un programa o tarea. Esto es esencial para el funcionamiento de sistemas de propósito general, donde los procesos pueden ser creados y terminados según sea necesario durante la operación del sistema. Los sistemas operativos pueden crear procesos en diversas situaciones, como al arrancar el sistema, en respuesta a llamadas al sistema realizadas por procesos existentes, cuando un usuario solicita iniciar un programa o cuando se inicia un trabajo por lotes.
En el proceso de creación de un nuevo proceso, se pueden establecer diferentes atributos, como el programa a ejecutar, los parámetros de la línea de comandos, atributos de seguridad, etc. En sistemas operativos como UNIX, la creación de procesos generalmente implica la llamada al sistema "fork", que crea una copia exacta del proceso padre. Posteriormente, el proceso hijo puede cambiar su imagen de memoria y ejecutar un nuevo programa utilizando la llamada al sistema "execve". En contraste, en Windows, la creación de procesos se realiza a través de funciones como "CreateProcess" y se maneja de manera más detallada con una variedad de funciones adicionales.
Una vez creado, un proceso tiene su propio espacio de direcciones, que puede ser independiente del proceso padre, y puede compartir ciertos recursos, como archivos abiertos, según sea necesario. La creación de procesos es fundamental para permitir la multitarea y la ejecución de múltiples programas de manera simultánea en un sistema operativo.