Ya dijimos no, pero el sí está en todo.
ITAM con Ayotzinapa
6 de septiembre de 2017
La mayoría de personas que se molesten en leer este artículo no habrán estado en el ITAM aquel noviembre de 2012. Para ese año, ya sabíamos que la guerra contra el narcotráfico había cobrado la vida de cientos de miles, había desaparecido a decenas de miles más y desplazado a otros cientos de miles de personas. También conocíamos las documentadas violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas armadas y la policía desplegadas poco tiempo después de llegado Calderón al poder; los casos de corrupción de su gobierno (e.g. Guardería ABC, Estela de Luz); y otros recuerdos propios de la infamia como el caso de Florence Cassez. Con todo esto en consideración, el ITAM, a través de su asociación de exalumnos, decidió otorgarle el Premio Carrera al Universo a Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.
En 2012, algunos destacados estudiantes del ITAM (la mayoría de ellos han dedicado su vida a defender derechos humanos y movimientos sociales; otros se dedicaron a carreras distintas, siempre dentro de la política) se habían organizado entorno al movimiento #YoSoy132. Estaban movilizados y listos para protestar por el premio a Calderón, mismo que bautizaron “Carrera al Precipicio”. Sin embargo, no todos logran ver lo que está frente a sus ojos. Otro grupo de alumnos (y profesores), cercanos al PAN, a Los Pinos, o a los Calderón-Zavala, cabildearon rápidamente para impedir el avance de los primeros. La decisión de Rectoría (y el Estado Mayor Presidencial) fue salomónica: habría protestas de los dos bandos fuera de las instalaciones del ITAM. La imagen es una para la posteridad para la historia del ITAM.
Hoy Calderón ya no es presidente de México. Pero olvidar las consecuencias de sus decisiones políticas es a lo que apuestan él, el grupo político que lo rodea (los calderonistas que recién vendieron al mejor postor la impartición de justicia por muchos años por venir: Gil Zuarth, Cordero, Lozano) y su familia. En foros “académicos”, “empresariales” o de “liderazgo” Felipe Calderón es recibido con aplausos y vítores. Así fue al recibir un premio durante la ceremonia de los 70 años del ITAM. Esto es un reflejo de la impunidad con la que la élite se autocomplace.
La visita de Felipe Calderón está protegida, nos han dicho, por la libertad de cátedra. También nos han dicho, que no se va a permitir ningún tipo de manifestación en las instalaciones del ITAM. En esta argumentación subyace que al ITAM le importa muy poco la expresión de los alumnos y refuerza la asimetría de poder entre profesores-autoridades y estudiantes. La consecuencia de esta política es clara: el ITAM, amparado bajo malos entendimientos de la pluralidad y la libertad de cátedra, podría ser un refugio para mentirosos, ladrones y asesinos. ¿Qué pasaría si en vez de Calderón fuera Javier Duarte o Luis Echeverría? ¿Qué pasa cuando vienen Peña Nieto y Videgaray? ¿Hubieran dejado regresar a Juan Molinar? Solo falta ver lo que está pasando en las universidades de Estados Unidos (por ejemplo, UC Berkeley) para saber que hay visitas moralmente reprobables.
Foto: Nanette Asimov, The Chronicle
Conectado con lo anterior, se nos ha dicho que el ITAM no le cierra las puertas a ninguna visión política, que esa es nuestra característica fundamental y que, por ello, todos aceptan la invitación a nuestros salones. Nada más lejos de la realidad. A Javier Sicilia, víctima de la guerra contra el narcotráfico a través del asesinato de su hijo, se le prohibió hacer un acto público en el ITAM. Diversas autoridades escolares se negaron a firmar el permiso para permitir que los padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa vinieran al ITAM y no fue sino hasta una enérgica intervención de un miembro de la facultad que el ITAM dobló las manos. El ITAM le cierra las puertas a las víctimas y se las abre a los victimarios.
También se ha dicho que nuestra lucha es una de ideas, que a Calderón lo debemos confrontar con preguntas, dentro del aula, a través de un diálogo. Este argumento, basado en el privilegio de la cercanía al poder que ofrece el ITAM, es simplemente pereza intelectual. ¿Quieren conocer la posición de Calderón sobre su funesta guerra? Están a un googlazo de distancia. Pero más importante aún: asumir que habrá un diálogo con Calderón es vivir en un mundo que no existe. Cuando alguien tiene un micrófono hay una asimetría de poder de la que no hay salida. Podrá haber alguna pregunta inteligente, pero Calderón contestará con su respuesta ensayada y no habrá derecho de réplica.
Ante esto, ¿qué hacer? Estamos convencidos que la única forma de luchar contra la injusticia protegida por el privilegio es a través de la protesta. En Cancún, en Ciudad Juárez, en Tamaulipas; en fin, en cualquier lugar azotado por su guerra, Felipe Calderón es recibido con gritos desgarrados de "asesino". El ITAM debe estar en esta lista. Como un lugar lleno de privilegios, debería ser nuestra responsabilidad ser la voz de los caídos. Es una responsabilidad ética no olvidar y no perdonar.