El proceso de transformación que vive nuestro país ha adquirido un nuevo y poderoso impulso gracias al avasallador respaldo popular demostrado en las urnas el pasado 2 de junio de 2024.
La voluntad del pueblo mexicano no sólo ratificó la gestión, el liderazgo y el proyecto de la Cuarta Transformación encabezado por Andrés Manuel López Obrador, sino que renovó el pacto social para que dicho proyecto tenga continuidad y profundización con nuestra hoy presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Pero no todo son buenas noticias. Nos encontramos en un momento histórico en el que las fuerzas conservadoras —con poder económico, político y mediático aún vigente— se reorganizan tanto a nivel local como global. Estas fuerzas no solo buscan conservar sus privilegios, sino revertir conquistas históricas: los derechos sociales, las políticas de bienestar, los principios de equidad y la prosperidad compartida.
En este contexto, la formación política adquiere un relieve fundamental para que, a través de la revolución de las conciencias, se logre alcanzar ese punto de no retorno en el proceso transformador.
Este escenario exige no solo afirmar el principio de la continuidad con cambio, sino asumir con claridad la necesidad de un compromiso ético-político, que permita profundizar la práctica transformadora en todos los ámbitos de gobierno. No se trata únicamente de modificar la orientación de las instituciones del Estado mexicano —que durante décadas operaron al servicio de un proyecto neoliberal—, sino de transformarlas en su núcleo mismo. Más aún, se trata de una transformación ética de las instituciones.
La Cuarta Transformación, entendida como un proyecto de regeneración nacional, enfrenta hoy el desafío de formar cuadros con conciencia crítica, capaces de ejercer un poder obediencial y delegado, que entreguen resultados con eficacia sin renunciar ni comprometer sus principios. Buen Gobierno no significa solamente gestionar con eficiencia, sino hacerlo desde el horizonte de un humanismo mexicano, que coloca la dignidad y el bienestar del pueblo en el centro de toda acción política e institucional.
Si bien se ha logrado reorientar el papel del Estado, persiste el desafío de desneoliberalizar los marcos institucionales heredados de la tecnocracia del viejo régimen.
Estas estructuras anquilosadas que hoy reconocemos bajo la figura de “elefante reumático” fueron diseñadas para responder a los intereses de las élites; ponerlas al servicio del pueblo implica una disputa no solo técnica, sino también ética y cultural.
En mayo de 2020, Rafael Barajas Durán, Presidente del Instituto Nacional de Formación Política de morena (INFP), creó el Programa Nacional de Buen Gobierno a fin de coadyuvar con el cambio verdadero a través de la formación de cuadros con enfoque integral (teórico, técnico y de la praxis), conciencia histórico-social e ideología anti-neoliberal, anti-colonial y anti-patriarcal que permitan dilucidar, proponer e implementar nuevas formas de abordar y resolver los problemas que afrontamos como país.
Este espacio se propone como un espacio de reflexión y formación para contribuir a responder una pregunta fundamental: ¿cómo se ejerce el servicio público desde abajo, desde el pueblo y para el pueblo? Esto implica repensar el sentido del “servicio público” en clave de servicio popular. Como ha insistido el presidente Andrés Manuel López Obrador, servir y no servirse no es solo una consigna: es una orientación ética-política que interpela al funcionario, al servidor público tradicional a asumir el compromiso histórico y convertirse en servidor popular.
Se trata, entonces, de dotar a las y los participantes de herramientas teóricas, históricas y prácticas para ejercer funciones públicas con vocación popular, eficacia con principios, y un compromiso profundo con las necesidades reales de las mayorías. Solo así podremos consolidar una institucionalidad verdaderamente democrática, desneoliberalizar la administración pública, y abrir paso a un nuevo código ético-político del Buen Gobierno: uno que sepa responder a las urgencias del presente sin renunciar al horizonte de la transformación de las instituciones públicas de México.
El Programa de Formación de Servicio Popular del Instituto Nacional de Formación Política de Morena busca profundizar el quehacer político desde su práctica ético-política como un “noble oficio”.
Se trata de replantear y dignificar la actividad política como un servicio al pueblo y no como una forma de servirse de él, para configurar el nuevo ejercicio del buen gobierno en el que las y los que mandan, mandan obedeciendo.
Este Programa propone una formación política orientada a la vocación de servicio que reivindique los principios de nuestro partido-movimiento y el modelo de gobierno del Humanismo Mexicano.
Nuestra oferta formativa se compone de: