Oración introductoria
Señor, la caridad, tu mandamiento de amor es la esencia del cristianismo y debe ser mi distintivo, en todo lo que haga, piense y diga. Necesito ser dócil a tu gracia para que seas Tú el que tome las riendas de mi vida; yo humildemente te la ofrezco en mi oración de hoy.
En la primera semana de esta etapa conclusiva estudiamos sobre el servicio litúrgico, en la presente semana veremos cómo encontrar y ejercer la misericordia de Dios.
Aprender a conocer la lógica de la misericordia de Dios y cómo esta marca su modo de actuar con los hombres, abre nuestros corazones a la esperanza y nos devuelve la dignidad de hijos de Dios.
Ejercer la misericordia que no es más que el trato compasivo que se da a una persona más allá de sus méritos, en virtud de la expiación de Jesucristo.
LA PALABRA
Del santo Evangelio según san Juan 20, 19-28
Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.
Jesús les volvió a decir: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo: a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos".
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "Hemos visto al Señor". Pero él contestó: "Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré".
Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: "La paz esté con ustedes". Después dijo a Tomás: "Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree".
Tomás exclamó: "Señor mío y Dios mío".
Reflexionemos sobre la Palabra de Dios respondiendo a las siguientes preguntas:
¿Cómo entiendes la siguiente afirmación? La paz este contigo.
¿Te has visto en tu vida alguna vez cuestionado por la siguiente afirmación de Jesús? Deja de negar y cree.
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