Realicen de manera individual la lectura del siguiente fragmento del libro Cartas a Guinea-Bissau (Carta III) de Paulo Freire
Por otra parte, esta claridad política frente a la realidad y frente a la propia educación —claridad asociada a la permanente vigilancia en el sentido de la preservación de la coherencia entre nuestra práctica y el proyecto de la nueva sociedad— es la que nos hace evitar el riesgo de reducir la organización curricular a un conjunto de procedimientos técnicos de carácter neutro. La organización del contenido programático de la educación, lo mismo si se trata de la primaria, secundaria y universitaria que de la que se da en el nivel de una campaña de alfabetización de adultos, es un acto eminentemente político, como es política la actitud que asumimos en la elección de las propias técnicas y de los métodos para concretar aquella tarea. El carácter político de tal quehacer existe independientemente de que tengamos conciencia de él o no. El saber cómo delimitar el qué conocer no puede estar separado del para qué conocer, ni de las demás implicaciones de este acto, a las que ya me he referido. No hay, por eso mismo, especialistas neutros, “propietarios” de técnicas también neutras, en el campo de la organización curricular ni en ningún otro campo. No hay metodologistas neutros para enseñar, cómo enseñar neutramente historia o geografía, lengua nacional o matemáticas.
En este sentido, la delimitación del qué conocer para la organización del contenido programático de la educación en una sociedad que, recién salida de su dependencia colonial, con todo lo que esto significa, se halla revolucionariamente empeñada en la lucha por su reconstrucción, es una tarea de las más importantes. La delimitación del qué conocer no se agota, sin embargo, en la sustitución de cierto tipo de contenido programático por otro que corresponda más de cerca a los objetivos de la sociedad en reconstrucción. Aún cuando reconozco que este esfuerzo es a veces, durante cierto tiempo, el único posible, es fundamental insistir en que no basta mudar el contenido programático si por otra parte se sigue manteniendo la práctica anterior o más o menos renovada en alguno de sus aspectos, el método de conocer en ella experimentado y el sentido elitista que la informa. (Freire, 1978, pp. 137-138)
Reflexionen acerca de las ideas que propone el texto y cómo se relacionan con la autonomía profesional de las maestras y los maestros.