Todo comenzó a fines de los años 70 y comienzos de los 80, cuando Agustín, mi abuelo, adquirió el fundo “Santa Rosaura”, ubicado en la comuna de Florida. Allí construyó una casa de campo y comenzó a trabajarlo con esfuerzo y dedicación.
En esos años lo plantó con viñas, produciendo vino. Sin embargo, en esa época el vino no gozaba del valor que tiene hoy: lo que se elaboraba era principalmente pipeño, y gran parte de lo no consumido terminaba convertido en vinagre. El negocio no resultaba rentable.
En 1989, tras el fallecimiento de Don Agustín, el fundo fue dividido entre sus dos herederas, siendo una de ellas mi madre. Años más tarde, tuve la oportunidad de comprar su parte y continuar con la historia del campo. Inicialmente lo planté con eucaliptus, pero los incendios forestales frustraron esa plantación en varias ocasiones.
Finalmente, optamos por parcelar los terrenos, y en homenaje a mi abuelo lo nombramos “San Agustín de Florida”. Con el tiempo, el proyecto resultó ser un verdadero éxito. Curiosamente, el nuevo hospital de Florida también lleva el nombre de “San Agustín”, lo que refuerza la sensación de que nada ocurre por casualidad.