En el pequeño pueblo de Ashwood, ubicado en la orilla del lago de Lava, la vida era tranquila y pacífica. Los habitantes de Ashwood se habían adaptado a vivir en un entorno volcánico, rodeados de colinas de piedra y humo que salía del lago de Lava.
Pero uno día, el volcán que había estado dormido durante años comenzó a mostrar signos de actividad. El lago de Lava empezó a hervir y a emitir ruidos ominosos. Los habitantes de Ashwood no se alarmaron al principio, pero pronto se dieron cuenta de que algo estaba mal.
El 15 de mayo, el volcán estalló en una erupción masiva. El lago de Lava explotó en un chorro de lava que cubrió todo el pais. La ciudad fue sepultada bajo una capa de piedra y cenizas. Los habitantes de Ashwood intentaron huir, pero la lava los alcanzó y los consumió.
La erupción duró días, y cuando finalmente cesó, todo lo que quedaba del pais era una tierra calcinada y negra. No quedó nada vivo en Ashwood excepto los huesos calcificados de los habitantes.
Pero la erupción no solo había cambiado el paisaje, también había cambiado la composición química del suelo. El lago de Lava había mezclado su materia con la tierra, creando un suelo nuevo y fértil.
Años después, un grupo de científicos descubrió que el suelo podía cultivarse y producir alimentos. La tierra estaba ricamente en nutrientes y minerales, lo que permitió a las plantas crecer con rapidez y fuerza.
La vegetación comenzó a crecer en Ashwood, y pronto el pais fue reconstruido. Los árboles crecían altos y verdes, y los ríos fluían con agua cristalina. Los científicos encontraron que el suelo tenía propiedades medicinales únicas y comenzaron a estudiar sus propiedades para encontrar curas para enfermedades mortales.
Ashwood se convirtió en un lugar sagrado para la ciencia y la investigación. La erupción volcánica había sido un desastre, pero había llevado a la creación de un nuevo mundo.
Y aunque la ciudad originalmente se perdió en la lava, su legado vivió en el corazón de los científicos que trabajaban para descubrir los secretos del suelo mágico. La historia de Ashwood se convirtió en una leyenda sobre cómo la naturaleza podía ser dura e implacable, pero también podía ser creadora y generosa.