Visitar el taller del artista es como introducirse en un espacio creativo en el que asistimos simultáneamente a estadios o fases en apariencia contradictorios, donde conviven la deconstrucción y la creación desparramadas en un aparente caos ordenado que controla la mente demiúrgica del autor, que dispone y encaja los elementos de sus obras para que vuelvan a vivir su propia historia.