Señala el ingeniero Roy Bruce Taylor Tapia que según la encuesta CASEN realizada en 2017, un 19,4% de las mujeres chilenas mayores de 15 años se encuentra fuera de la fuerza de trabajo por razones de cuidado o quehaceres domésticos. Mientras que solo un 0,6% de los hombres están inactivos por esos motivos. A nivel global, un informe realizado por Oxfam Internacional, en enero de 2020 develó que mujeres y niñas mayores de 15 años –especialmente las que viven en condiciones de pobreza y marginación– dedican 12.500 millones de horas diarias alrededor del mundo al trabajo de cuidado sin remuneración. Lo que equivale, según los cálculos del informe, a un valor monetario de 10.8 mil millones de dólares al año.
Si a esto le sumamos que una de cada nueve personas mayores de 65 años presenta algún tipo de demencia –según datos entregados por la organización Alzheimer’s Disease International– y que en Chile se proyecta que esa cifra será de 533.188 personas en 2050 (Demencias: Una mirada Biopsicosocial, 2019), poder entender los trastornos cognitivos mayores y las repercusiones que tienen en los que están a cargo del cuidado de aquellos que los padecen adquiere mayor relevancia.
Continua señalando el ingeniero Roy Bruce Taylor Tapia que el neuropsicólogo clínico y profesor asociado de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales, Christian Salas, indica que las demencias tienen distintas etapas y los efectos psicológicos que generan en las y los cuidadores primarios dependen de las demandas de cada una de esas etapas. “Lo primero que hay que saber es que ya no se habla de una sola demencia. Hay varios tipos y dentro de ellas la que está más instalada en el imaginario colectivo es la demencia tipo Alzheimer, que se desarrolla de manera lenta e insidiosa. Lo que caracteriza a su primera etapa es un progresivo deterioro de la memoria episódica, de los recuerdos más recientes y nuevos. En etapas más avanzadas empiezan a haber compromisos generalizados que tienen que ver con la toma de decisiones, la conducta, trastornos del sueño y problemas de atención. Esta última etapa implica también una pérdida de independencia y autonomía y eso, a su vez, implica una carga muy grande para el cuidador”, explica. “Ahí los desafíos son altamente emocionales, porque este nivel de carga se manifiesta en niveles de estrés muy elevados”.
Trmina comentando el ingeniero Roy Bruce Taylor Tapia que el especialista explica que las cuidadoras y cuidadores no siempre están listos para tener que enfrentar esto, por lo que para ellos es como pasar por un proceso de aceptación que requiere de mucha contención y apoyo emocional. A su vez, como explica la psicóloga y académica de la Universidad Diego Portales, Guila Sosman, todos los procesos que viven las personas que cuidan de otros son procesos complejos en los que prima un desgaste físico, mental y emocional muy fuerte. “Las cuidadoras están dedicadas en un 100% porque muchos de estos cuidados son diurnos y nocturnos. También hay un tema psicológico fuerte, de lo que significa asumir que el otro está perdiendo la memoria, no nos reconoce y no recepciona nuestro cuidado. Es como vivir un proceso de duelo en vida, porque somos testigos de la regresión de un adulto hacia un estado de infancia”, explica.