Hay un ruido en las redes del que casi no hablamos.
Un ruido que viene de la búsqueda de likes, de la necesidad de “ser virales”, de explicar la nutrición en 10 segundos y de disfrazar contenidos serios con bailecitos y challenges.
Y entre tanto ruido, muchas personas quedan afuera.
Personas que ya no quieren tips sueltos.
Personas que no necesitan que les griten qué comer.
Personas que quieren entenderse, registrar lo que sienten, mirar su historia y construir hábitos desde un lugar más real.
Hace unos días, una paciente me dijo algo que me quedó resonando:
“Siento que nadie le habla al que quiere trabajar un poco más allá.”
Y tiene razón.
A veces lo humano, lo profundo, lo que pasa por dentro… queda escondido entre tanta tendencia.
Por eso, si estás buscando un profesional para acompañarte, tal vez lo importante no sea cuántos seguidores tiene, ni si se volvió viral, ni si hace videos entretenidos.
Tal vez lo importante sea otra cosa:
– Que te hable como persona, no como algoritmo.
– Que pueda acompañar tu historia, no sólo tu plato.
– Que entienda que comer no es una ecuación, sino un entramado de emociones, hábitos, aprendizajes.
– Que tenga espacio para escucharte más allá de la forma de tu cuerpo.
– Que pueda sostener un proceso, no sólo darte un tip.
Elegir un profesional también es elegir un modo de ser acompañado.
Y si vos estás buscando profundidad, calma y un espacio donde puedas pensarte…
hay caminos que no se ven en el feed, pero que pueden cambiarte la vida."
¿A quién miramos cuando hablamos de salud?
Durante estos días volvió a circular con fuerza una nueva guía nutricional proveniente de Estados Unidos. Y más allá del contenido puntual, a mí me quedó resonando una pregunta más profunda:
¿por qué seguimos tomando como referencia modelos de salud que no parecen estar funcionando?
Estados Unidos es uno de los países con mayores índices de obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles. Enfermedades que, en gran parte, están directamente relacionadas con los hábitos cotidianos: cómo comemos, cómo dormimos, cómo nos movemos, cómo gestionamos el estrés.
Sin embargo, rara vez miramos hacia otros modelos posibles.
Por ejemplo, las llamadas Blue Zones: regiones del mundo donde las personas viven muchos años, con buena calidad de vida, autonomía y vitalidad hasta edades avanzadas.
¿Qué tienen en común estos lugares?
No dietas de moda ni fórmulas mágicas.
Sino hábitos simples y sostenidos en el tiempo:
movimiento cotidiano, comida poco procesada, vínculos cercanos, sentido de pertenencia, menos urgencia y más ritmo humano.
Esto invita a correr el foco.
Tal vez la pregunta no sea únicamente qué comer, sino qué tipo de vida estamos construyendo día a día.
En Habitarse trabajamos desde esa mirada.
No desde la imposición de reglas externas, sino desde la observación honesta de los hábitos reales, el contexto emocional y el ritmo posible de cada persona.
Porque la salud no se arma copiando modelos ajenos, sino habitando una vida que pueda sostenerse.
✦ “Las escenas que inventa el miedo”
Hay momentos en los que la mente se adelanta sola.
Empieza a armar escenas, a imaginar diálogos, silencios incómodos, situaciones difíciles que quizás nunca sucedan. Y mientras tanto, el cuerpo entra en modo alerta… como si ya estuviéramos ahí.
A veces pasamos días peleando con esos escenarios inventados.
Días cargando tensiones que no vienen de la realidad, sino de lo que creemos que puede pasar.
Y entonces llega el momento real… y es distinto. Mucho más amable, más simple, más humano de lo que la mente había ensayado.
Cuando eso pasa, a mí me queda una sensación muy clara: cuánto desgaste ponemos en películas internas que no necesitan tanto espacio.
No para culparnos, sino para darnos cuenta.
Para reconocer el mecanismo.
Para aflojar un poquito antes.
Para volver al presente en lugar de habitar un futuro imaginado.
Tal vez el miedo no sea el problema.
Tal vez el punto sea aprender a no tomar sus guiones como verdades.
Habitar este tiempo💞🧠
Estos días veo mucho movimiento afuera. Opiniones rápidas, posiciones firmes, búsquedas de responsables, ganas de que alguien venga a ordenar el caos.
Y no puedo evitar pensar que esto mismo lo veo todos los días, pero en otro plano.
Lo veo cuando alguien quiere cambiar su alimentación y busca una pastilla, una dieta extrema, un influencer que le diga exactamente qué hacer.
Lo veo cuando no hay paciencia para el proceso, cuando se polariza entre “esto está bien” y “esto está mal”, cuando se delega el criterio propio.
A veces creemos que lo social no tiene nada que ver con lo individual.
Yo creo lo contrario: la sociedad suele amplificar lo que nos pasa por dentro.
Cuando no toleramos procesos, buscamos magia.
Cuando no toleramos el conflicto, buscamos salvadores.
Cuando estamos cansados, delegamos decisiones.
No escribo esto para opinar sobre política ni para tomar partido.
Lo escribo porque me interesa algo más profundo:
cómo entrenamos —o no— la capacidad de pensar, sostener y habitar procesos, tanto en el cuerpo como en la vida.
Tal vez el verdadero cambio no empieza con grandes soluciones externas, sino con algo más incómodo: aprender a no delegar del todo, a no polarizar tan rápido, a sostener el tiempo que lleva transformarse.
Pedir ayuda no es fácil, encontrar tu espacio tampoco 🌿
A veces pensamos que porque un profesional estudió, todos van a trabajar igual.
Y no. No funciona así.
Cada persona que acompaña trae su historia, su forma de mirar el mundo, sus creencias, sus luces y sus sombras.
Y eso hace que con algunos profesionales conectemos… y con otros no.Y está bien.
No es falta de esfuerzo.
No es “no saber pedir ayuda”.
Muchas veces es simplemente que ese enfoque, esa manera de hablarte o esa forma de ver tu situación… no encaja con vos.
A mí me gusta pensar que el proceso de cambio real necesita un puente.
Un puente entre lo que la teoría dice que “deberíamos hacer” y lo que a una persona le es posible hoy, con su cansancio, su historia, su estrés y sus recursos internos.
Porque no todo el mundo llega a una consulta con la capacidad de aplicar una indicación perfecta.
Hay quienes primero necesitan sostén, paciencia, un ritmo más lento, alguien que mire su proceso sin imponerle un deber ser.
No todos los profesionales trabajan ahí. Y no pasa nada.
Hay muchos caminos, muchas formas de acompañar.
Lo importante es que sepas esto:
si no conectaste con el primer profesional que viste, no significa que pedir ayuda no sea para vos.
Significa que todavía no encontraste el lugar donde te sientas comprendida.
Y cuando ese lugar aparece, todo lo demás empieza a ordenarse.
Romi 🥰
Hay cierres que no aparecen en ninguna agenda. No tienen fecha, no tienen anuncio, no tienen testigo. Son esos cierres internos, silenciosos, que suceden mientras una respira hondo y, casi sin darse cuenta, empieza a mirar la vida desde otro lugar. Son los cierres que no implican grandes decisiones, sino comprensión. Como si algo adentro finalmente dijera “hasta acá”, pero sin enojo, sin ruido, sin dramatismo. Sólo una verdad que se acomoda.
A veces creemos que soltar es irse, tomar distancia o cortar por lo sano. Pero muchas veces soltar no es eso. Escapar es moverse rápido; soltar es moverse hacia adentro. Escapar evita el dolor; soltar lo comprende. Y cuando aparece ese cierre sutil, uno lo siente más como un aliento que como una ruptura: una claridad que llega sin que la hayamos pedido.
¿Cómo se reconoce que algo ya se cerró, incluso si no lo dijimos en voz alta? Se siente en el cuerpo. En la ausencia de tensión. En ese día en el que te descubrís no esperando nada. En el cambio de emoción cuando pensás en eso que antes te removía tanto. Un cierre interno es cuando la energía ya no va para ahí. Cuando lo que alguna vez ocupó espacio, ahora se vuelve liviano.
A veces ayuda hacer un pequeño ritual. No un rito solemne, sino un gesto simple: una respiración más profunda, una línea escrita en un cuaderno, un pensamiento de gratitud por lo aprendido. Reconocer ese momento íntimo en el que el ciclo termina, aunque nadie más lo sepa.
Porque cada cierre, incluso los invisibles, abre un espacio nuevo. Y quizás todavía no tengas palabras para contarlo, ni una historia ordenada para explicarlo. Pero ya cambió. Ya pasó. Y tal vez hoy puedas darte el permiso de mirar con suavidad todo lo que, sin que se note, ya se transformó adentro tuyo.
Romi 🍀
Hay momentos del año —y de la vida— en los que el cuerpo empieza a pedir algo antes de que la mente pueda nombrarlo. Te levantás cansada, te cuesta concentrarte, sentís una tensión rara en el pecho o en los hombros, o simplemente aparece esa sensación de “no puedo más”, aun cuando en tu cabeza todo parece estar “bien”.
A veces la mente quiere seguir: terminar lo que falta, cumplir lo que dijiste, sostener el ritmo que venías teniendo. Pero el cuerpo… el cuerpo ya está en otro lugar.
El cuerpo no sabe mentir: te avisa con señales pequeñas que solemos ignorar. Un bostezo más largo, una respiración que no baja, un nudo en la garganta que no sabés de dónde viene. No son fallas; son mensajes.
Vivimos tan acostumbradas a pensar, analizar y entender, que cuando el cuerpo pide pausa lo interpretamos como flojera, pérdida de motivación o falta de voluntad. Y no es eso. Es inteligencia emocional en su versión más antigua: el cuerpo diciendo lo que la mente todavía no puede procesar.
Escuchar el cuerpo es un acto de presencia, pero también de honestidad. Es reconocer que no siempre podemos ir al ritmo que queremos. Que hay días en los que lo más valiente es bajar la velocidad, no aumentarla. Pausar no es abandonar: es evitar romperte.
A veces lo más sanador no es hacer más, sino permitirte menos. Respirar un poco más lento. Dejar que el día sea más simple. Abrirte un espacio chiquito para sentir cómo estás de verdad.
La pausa no te aleja de vos. Te devuelve.
Romi 🍃
Muchas veces escucho que los hábitos dependen solo de la fuerza de voluntad. Y claro que algo de eso hay, pero no lo es todo.
Durante años nos enseñaron que si queríamos, podíamos. Pero la realidad es más compleja: no siempre alcanza solo con querer.
Nuestro comportamiento está influido por nuestro entorno (creencias, emociones, hábitos).
Si hace años tomás un vaso de gaseosa al terminar de comer, no basta la fuerza de voluntad para dejarlo de un día para el otro. Nuestro cerebro aprende de la repetición y se automatiza.
Por eso, lo más importante es el autoconocimiento y la autoobservación. 🌱
Ver un acto, aceptarlo, reconocerlo, y luego sí: empezar a repetir lo suficiente hasta que se vuelva automático.
Mientras tanto, no te castigues: hay que saber decidir el cómo y el cuándo de los cambios.
Romi✨
🤔¿De verdad hay que ser productivos todo el tiempo?
Hay que ser productivos”, repite la cultura social. El mandato parece claro: hay que hacer, hay que ganar.
Pero… ¿será tan así?
Los grandes maestros dicen, en realidad, que necesitamos no hacer para hacer. Y eso es lo que últimamente intento aprender. No me resulta fácil: soy bastante inquieta.
La verdadera reflexión, sin embargo, nace en la quietud, en el silencio y en el descanso.
Obvio que si te gusta hacer muchas cosas y andar todo el día (como a mí), está buenísimo y podés permitírtelo. Pero también está bueno que te permitas la calma, la pausa, la quietud… y sobre todo, hacerlo sin culpa.
Lo importante es que lo que hagas surja de un proyecto propio o de una elección personal, y no de una creencia social o cultural.
Porque si no aprendemos a regalarnos esos momentos de nada, nos perdemos de algo esencial: el descanso, el aburrimiento y la creatividad.
Romi 🍀
Hoy Ahimsa cumple tres años.
Y más allá de la fecha, siento que este aniversario es una oportunidad para mirar hacia atrás… y también hacia adentro.
Tener un proyecto, un propósito, algo que le dé dirección a la vida, no es sólo una cuestión de metas o logros. Es tener un faro. Algo que nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos, incluso cuando el camino se vuelve incierto o cansado.
Ahimsa nació del deseo de compartir lo que me hacía bien. Nunca imaginé todo lo que este espacio iba a transformarme a mí también. Con el tiempo entendí que cuando un propósito contribuye al bienestar propio y al de otros, se convierte en una forma de equilibrio: dar y recibir en la misma respiración.
Sostener un proyecto así no siempre es fácil. Requiere constancia, paciencia y mucha confianza en los procesos. Pero también trae momentos de gratitud profunda, de encuentros, de sentido.
Hoy, más que celebrar un cumpleaños, celebro eso: el camino compartido.
Y deseo que cada persona que pase por Ahimsa encuentre, a su manera, ese lugar donde su propósito también se vuelva bienestar.
gracias por ser parte de este viaje 🪷
Romi🌱
🍂 Septiembre como renacer
Lo que más se repite en este momento del año es “lo rápido que pasó”.
Es cierto que cada vez vuela más, pero septiembre nos trae un recordatorio: la salud.
De a poco somos más conscientes de cuidarnos, de que buscamos más la “salud integral” que solo la urgencia.
Entonces, ¿qué te parece si septiembre se transforma en un nuevo dar?
🌱 Darte nuevas oportunidades, nuevas creencias, nuevas versiones de vos misma, una nueva semilla.
Hablemonos lindo. Tengamos paciencia y amabilidad con nuestros procesos y hábitos.
Recordá que nuestro cuerpo no lleva a cabo los procesos instantáneos que la tecnología nos quiere imponer.
✨ Florecé cada hábito y deseo, sabiendo que todo comienza como una semilla y con un pequeño paso diario.
Romi🪷
Agosto fue un mes desafiante, y pude.
Por diferentes razones emocionales, agosto se transformó en un tiempo lleno de incertidumbre.
Sin embargo, ¡pude! Hubo días mejores y días olvidables. Hubo mañanas en las que no sabía cómo quedar en pie, y momentos en los que no tenía fuerzas para moverme.
¿Qué hice? Decidí aceptar lo que viniera. De hecho, esa fue la enseñanza de agosto: entender que hay una parte de la vida que no podemos controlar, hay situaciones que solo se pueden aceptar.
Aceptar no es estar de acuerdo, es no resistirme. Es elegir convivir con la angustia y la tristeza, pero sin el dolor extra que trae la resistencia o la sobreexigencia.
Es escuchar y aceptar que cada emoción me informa de algo que todavía me queda por aprender.
✨ Convivir con mi mente adulta me ayudó a aceptar. Y con mi niña interior aprendí a permitirme llorar, descansar, y también abrazar lo bueno. Supimos que una etapa pasa… y otra empieza.
Romi🌱
La mente tiene una costumbre curiosa: se la pasa haciendo listas.
Listas de tareas, de pendientes, de “deberías”… incluso, a veces, listas de críticas.
Pero casi nunca hace listas de elogios.
🧠 Una de las herramientas que más agradezco tener hoy es la autoobservación.
En mi caso, observo sobre todo mis pensamientos, porque suelo tener mucho murmullo interno, muchos diálogos. Poder mirarlos de frente me ayuda a clasificarlos y a distinguir qué me sirve y qué no.
Lo que me sorprende es cómo la mente insiste en recordarme lo que falta hacer, lo que debería mejorar, lo que está “mal”.
Pero muy pocas veces me ofrece un reconocimiento o un elogio sincero.
🌱 Por eso creo que es clave observarnos e identificar este patrón.
Porque solemos creerle demasiado a la mente, y muchas veces es necesario generar un pensamiento crítico sobre lo que nos dice:
¿Esto que me digo es verdad?
¿Es tan así como lo pienso?
¿De dónde viene esta voz interna?
¿Lo que escucho me construye o me destruye?
No se trata de pelear con los pensamientos, sino de no creer ciegamente en ellos.
La invitación es clara: observate, escuchá tu mente… pero no te olvides de cuestionarla.
Romi🌱
Qué difícil es hablar de la muerte. Pero qué necesario.
Nadie nos enseña a hablar de ella, ni a vivir con ella.
Y sin embargo, la muerte nos sorprende en cualquier momento.
A veces incluso, llevándose a quien más queremos.
En ese momento, nos contenemos. Nos paralizamos.
Pero también es cierto que no hay una receta perfecta.
Lo que sí hay, es un inicio.
Y ese inicio, es animarse a sentir.
Desde ahí, empezar a validar e integrar todo lo que aparezca.
Sí, también la rabia, la impotencia y el dolor.
Todo eso es parte de nosotros.
Y es completamente lógico que aparezca.
Me encantaría decirte que no hace falta vivir todo esto.
Pero te mentiría.
Y dejaría que las viejas creencias sigan repitiendo sus métodos.
Esas que ya sabemos que no sirven.
Esas que no nos ayudan a ser libres. Ni amorosos.
Duele la muerte.
Duele la ausencia, la impotencia, la rabia.
Duele que la vida siga.
Pero es así.
Romi 🍃
💥 ¿Qué hacer cuando la emoción te supera?
No sé si hay fórmulas. No sé si la experiencia alcanza.
Me pasó tantas veces...
Y a veces funciona algo, otras veces otra cosa, y otras, nada.
En esas últimas, creo que lo más difícil es hacer lo más difícil: quedarte ahí.
Estar con esa emoción. No taparla, no escapar.
Silencio interno. Respirar. Como un gran acto de valentía.
Lo primero a saber es que ignorar una emoción solo hace que vuelva con más fuerza.
Y lo segundo, igual de importante: no deberíamos tenerles miedo.
Es lógico que asusten, nadie nos enseñó a transitarlas. Pero ese miedo las agranda.
Algo que también ayuda: recordá que las emociones generan energía en el cuerpo.
Si estás inquieto o exaltada, un simple paseo puede ayudar a bajar un cambio.
Y por último, una pista:
detrás de cada emoción hay una necesidad.
Pero también hay mucho murmullo mental.
No te creas todo lo que pensás.
Dejá que se apague el ruido, y después lo vas a ver con más claridad.
Romi 🌱
A veces la vida nos deja sin elección.
No me refiero a lo rotundo de la muerte, sino a las pequeñas cosas del día a día.
Por ejemplo, me suele pasar cuando el cuerpo me pide descansar y no lo escucho. O lo escucho… pero lo postergo.
Y entonces, algo decide por mí. ¿Les pasa?
La última, por ahora, fue la rotura del auto.
No solo porque eso frenó una agenda loca, sino porque las cosas se resolvieron mucho más fácil de lo que creía.
Y en cualquier otro momento, eso no hubiese sido posible.
Esa pausa forzada me regaló momentos de calma que de otra forma no hubiese tenido.
A algunas personas les baja la presión.
O les da migraña.
O se enferman.
El cuerpo pide frenar y descansar, de una manera u otra.
No se trata solo de escucharnos y ser conscientes.
Se trata también de trabajar en este camino, de buscar la forma de darnos eso que el cuerpo —o la intuición— ya sabe que necesitamos.
Ser conscientes es el camino, sí.
Pero tan solo es el inicio.
Después… hay que seguir caminando. 🌱
¿Cómo puede ser que la vida sea solo un instante y no lo veamos?
Me pasó algo que me dejó pensando. Vi a alguien muy querido, muy feliz.
Después de mucho tiempo, disfrutaba de un encuentro que había estado esperando con el alma.
Estaba tan contento que quiso inmortalizar el momento: fotos, redes, sonrisas.
Pero un segundo después, todo se derrumbó.
Una sola llamada bastó para que la felicidad se transformara en tristeza.
Un solo segundo, y de pronto la vida y la muerte se cruzaron como si nada.
Así, de golpe.
A veces, un instante te muestra un aprendizaje que no ves en toda una vida.
Y entonces entendés: lo único seguro es que nada es para siempre.
Que cada momento importa.
Hay que aprender a habitarlo de forma consciente.
Porque tal vez, más tarde, ya no exista.
O peor aún, no tengamos la posibilidad de volver a vivirlo ni parecido.
¿Cómo puede ser que nos cueste tanto ver lo simple y valioso de estar presentes?
¿Cómo se nos olvida tan rápido ese mensaje?
¿Cómo es que volvemos, una y otra vez, a perdernos entre el pasado y el futuro, cuando en realidad nada de eso está pasando ahora?
Duele. Y es así. ⚫
¿Te elegirías como amiga? 🪞
🫂Día del Amigo.
Eso es lo que hoy nos planteamos y celebramos.
Pero esta vez no quiero invitarte a revisar tus vínculos con los demás.
Eso solemos hacerlo seguido.
Esa vocecita juzgadora que todas tenemos ya se encarga de analizar constantemente nuestras relaciones externas.
Hoy te propongo algo distinto:
Revisar tu vínculo con vos misma. ¿Cómo te llevás con vos? ¿Te elegirías como amiga?
¿Qué deberías cambiar, o simplemente tener, para ser tu mejor amiga?
Ojalá ya lo seas. Ojalá disfrutes tu tiempo con vos, tu compañía, que te invites a hacer planes, a cuidarte, a disfrutar.
Pero si no es así, que estas preguntas te sirvan.
Que este día sea una oportunidad para empezar a trabajar ese vínculo.
Que puedas hablarte lindo, valorarte, acompañarte.
No porque los otros vínculos no importen —todo lo contrario—, sino porque esta es, sin dudas, la relación más larga que vas a tener en tu vida.
Y cuanto más sana sea, más amor va a haber en tu día a día.
Que disfrutes este día.
De tus amigos.
Y de vos. 🌿
Romi🌱💜
Regalate un ratito para vos ⏳
Vivimos con la sensación de que nos falta tiempo.
Y, sin embargo, al finalizar el día no sabemos bien qué hicimos por nosotras mismas.
Sé que a veces —o casi siempre— las obligaciones nos roban espacio.
Pero también aprendí que muchas veces nosotras mismas contribuimos a eso.
Nos criaron diciéndonos que todo era por los hijos, por los demás, por los otros.
Tanto, que muchas de las mujeres mayores hoy nos cuentan que, cuando los hijos se van, no saben qué hacer.
Se sienten perdidas.
Entonces, lo que yo te propongo —y me propongo, cada día— es darme cinco o diez minutos para mí.
Y cuando mi cabeza pone trabas, me cuestiono si realmente lo que me dice es cierto.
¿Tan grave es regalarme diez minutos?
En diez minutos podés tomarte un té, leer cinco páginas, hacer algunos trazos de un dibujo, tal vez mezclar unas acuarelas… o lo que sea que te guste hacer.
En mi caso, suelo elegir leer y escribir. Pero al menos una vez por semana, me regalo un ratito para algo más creativo.
Sé que tu cabeza te va a decir que no vas a llegar con el tiempo.
Que no alcanza. Que no podés.
Es mentira.
Es la ansiedad hablando.
Probalo.
Y pronto, tu cabeza también va a dejar de repetir ese mensaje.
Romi 💜🌱
✨Bienvenida a este espacio✨ (aunque duela un poco)🙈
A veces, lo cotidiano nos deja pensando.
Nos emociona. Nos remueve.
Y muchas veces no sabemos qué hacer con eso.
Este blog nace con la intención de ponerle palabras a esas cosas que nos atraviesan todos los días: una mirada, una noticia, una charla, una pérdida, una alegría.
No vas a encontrar recetas.
Sí vas a encontrar emociones, preguntas, aprendizajes, silencios también.
Textos breves, a veces incómodos, otras veces cálidos.
Como la vida misma.
Ojalá algo de lo que leas acá te acompañe en tu propio camino de habitarte.
Romi💜🌱