¿Y si la depresión y la felicidad estuvieran relacionadas?
Hace unos días decidí volver caminando del trabajo a la casa y me puse a escuchar una entrevista a Gabriel Rolón, lo que siempre es un placer, en la cual se tocaba el tema de la felicidad. De pronto me vi divagando y reflexionando en torno a la idea de que, quizás, la enorme prevalencia de depresión en la actualidad pudiera estar relacionada con el igualmente enorme lugar que se le da hoy en día a la felicidad en nuestras vidas. Dicho de otra forma, ¿podría ser que uno de los factores que aumenta los índices de depresión es precisamente que nuestra cultura occidental posiciona la felicidad y el disfrute como propósitos centrales de la vida?
Si la carrera por la felicidad no tuviera tanto peso en nuestra sociedad, ¿tendríamos los mismos índices de depresión?
Me encantaría poder comprobar esta idea viajando a algún tipo de multiverso. ¿Qué pasaría con los niveles de depresión en una sociedad alternativa en la que los mensajes y mandatos culturales fueran más realistas y menos exitistas? Un lugar donde se aceptara y educara respecto del dolor como una parte fundamental de la vida y se pudieran vivir con mayor naturalidad las dificultades, la soledad, la angustia, el fracaso…el fracaso. ¿Cómo sería si las historias en los medios, en el cine, en las canciones, nuestra “mitología contemporánea” fueran narraciones que no terminan en final feliz? Sin un protagonista que logra todo lo que se propone, donde haya de dulce y agraz. O sea historias más reales, con menos tragedia y fantasía.¿Cómo sería si se defendiera tanto el espacio para doler como el para ser feliz? Qué ganas de saberlo.
Imagino que en ese multiverso “fracasar” sería más normal, que el desgano sería más común y menos rehuido. Quizás hasta tendríamos una sabiduría colectiva acerca de cómo lidiar con las dificultades. Me pregunto si en ese escenario la depresión tendría el mismo significado que tiene hoy. ¿Se sentiría como un fracaso el no poder disfrutar siempre de la vida? ¿Se sentirían excluidos aquellos que no se identifican con las historias de amor o de éxito? Quién sabe…
Últimamente tengo muy poca paciencia para las historias que no son realistas, para esos cuentos de hadas modernos. Los siento llenos de mandatos hacia el logro y el éxito, hacia el rendimiento constante. Hoy en día me cuesta tolerar los amores idílicos y los personajes que logran todos sus sueños. Cuerpos y caras perfectos, que dicen textos y diálogos perfectos y viven historias perfectas…Me cansa…Por eso mis amigos me llaman gruñón, jaja…Pero yo creo que necesitamos urgente más historias de fracasos.
Sí. Necesitamos urgente más historias de fracasos…
Pero no “fracaso” como se entiende en la actualidad. De nada sirve “abrazar el fracaso” si se sigue pensando que lo natural es ser feliz y exitoso. De nada sirve mirarlo lastimeramente, como si fuera un momento de enfermedad hasta que llegue la cura. ¿Quién dijo que veníamos al mundo a ser felices y exitosos? ¿Quién dijo que lo natural es ser feliz? Quizás sea el sesgo de mi profesión y de lo que veo en consulta, pero la felicidad hoy más que nunca parece ser muy “antinatural”. Requiere de esfuerzos y sobre-esfuerzos bajo condiciones de vida que no la favorecen. A pesar de esto, hoy en día está posicionada como el fin último de nuestra venida al mundo…Qué loco suena todo eso.
La felicidad hoy se siente más bien como un escape. Un espacio que reniega del dolor y la dificultad, porque anhela estar libre de ellos. Quizás es la misma ausencia de felicidad la que nos hace idealizarla tanto. Como huyendo de lo difícil que es vivir hoy y que, en cierta forma, siempre ha sido vivir. Vivir no está libre de angustia, no está libre de displacer, de falta, nunca ha sido de otra forma, y no tiene que serlo. Como dice Rolón, la felicidad siempre es incompleta, siempre está en falta, es una mezcla de falta y felicidad, una “faltacidad” (Rolon, 2024). Nuestro error es ponerla al centro de nuestras vidas, creyendo que es un estado que no incluye el displacer, creyendo que es una meta a la que se llegará cuando se vayan los problemas, eso nos condena a una meta imposible: “cuando tenga esto seré feliz”, “cuando ya no tenga esto seré feliz”……como el burro que persigue eternamente una zanahoria puesta frente a sus ojos.
¿Tenemos que ser siempre felices? ¿tenemos que lograr grandes cosas? No todas las historias son grandes, grandes logros, grandes éxitos, grandes felicidades, grandes pasiones. Hay historias sencillas, pequeñas, sutiles, algunas más melancólicas, otras más alegres. Todos tenemos historias diferentes, pero pareciera que la línea editorial moderna demandara sólo historias de “nuestras mejores versiones”, “personas felices”, “personas de éxito”...parece absurdo.
Por eso es que a veces pienso que las personas que sufren depresión son aquellas que logran percibir este absurdo, este sinsentido. Que -a mi parecer- no es un “sinsentido de la vida” per se, sino que es el sinsentido de la vida como a veces “se nos vende” y cómo se nos impone vivirla. Tal vez, las personas con depresión son aquellas con mayor sensibilidad al absurdo, a lo falso, a la insensatez de algunas de las “reglas actuales del juego”. Es como si la depresión mostrara una falla en la matriz, una falla en lo que a fin de cuentas se puede sentir como una “tiranía de la felicidad": se nos exige lograr un ideal rígido -y falso- de felicidad, pero no se entregan las condiciones, por lo que al final sentimos que la falla está en nosotros.
Porque piénsalo así. Si nuestra vida sólo cobra sentido cuando alcanza a tocar la felicidad, entonces también pierde sentido cuando se aleja de ella, y eso es un pedestal muy frágil como para sostener toda nuestra existencia.
Algo en esa lógica no cuadra. Por eso es que me asaltó ese pensamiento ¿y si tanta depresión está relacionada con el lugar que damos a la felicidad? ¿Y si fuera una reacción de contraposición a nuestro escape absurdo hacia la felicidad? ¿Y si es un grito de alerta ante la falta de profundidad, la falta de consistencia y la “falta de dolor” que está teniendo nuestra cultura? Quizás las personas con depresión duelen por aquellos que seguimos anestesiados al absurdo o que lo hemos normalizado, casi como si estuvieran ayudando a equilibrar la “balanza de las energías”, porque todas son necesarias, pero se nos dice que solo hay espacio para la felicidad.