algo de piel
al volver de la guerra
casi no queda nada que contar.
hay quien te pregunta
de dónde vienes.
uno hace enemigos rápidamente,
es lo que tiene la práctica,
aprende los nombres de sus adversarios
y a batirse por motivos estúpidos
que después no recuerda,
sólo sabe que los tuvo.
el arma da un poco lo mismo,
abrazo o espada,
todos morimos un poco
para poder entrar en batalla,
para querer a alguien,
algo de piel.
pero uno no vuelve
para hablar de las heridas,
sino para poner a salvo
los mundos que inventa entre golpes.
rehacer castillos de arena
que se desmoronan con cada ola,
salvaguardar lo que dicen
que ni siquiera existía
antes de la guerra.
algo de piel salió primeramente en Nagari. después formó parte de la colección es aquí.
algo así
tono claro en las mejillas
que marca los pómulos,
un poco de lápiz,
el toque de sombra
y el pelo echado hacia atrás,
alborotado.
yo te miraba a una distancia excesiva
de tu pintalabios, me hubiera lanzado
a cualquiera de los mares
que no aparecen en los mapas,
y firmado mi vida en ese instante –
solo porque me gusta ver cómo te peinas.
ésta fue nuestra historia.
hay que pensar estas cosas,
o se te secan los ojos,
el toque de sombra te come la cara.
piensas que los mapas te salvan, que no
te vas a quedar solo.
que, si acaso, mejor ahogarse en palabras
y no en tardes calladas.
después es difícil pensar algo,
solo hay mares
y las cosas que echas de menos
al irte a dormir ileso y solo.
los piratas a nuestro alrededor
buscan islas, tesoros, barcos
hundidos, puertos que no salen
en las revistas de viajes.
tú te maquillabas en el espejo del coche
frente al mar
y yo hacía pedazos
mis calendarios.
algo así se publicó en irreverentes. se incluye en es aquí.
puede que solo sea eso
algunas noches me asalta una frase
de esas que llega y te jode la cara
sin palabras exactas, un arañazo
que no ves venir.
pero yo también soy así, de joder
sin exactitud y vivir en la aproximación,
de dar golpes fallidos con las manos rotas.
si me rindo tampoco sucede nada.
o, al menos, nada distinto. tan solo un día
más con los pies pesados e inexactos.
quizás no todo esté maldito en mi vida.
puede que solo sea eso,
que no lo he sabido hasta ahora.
puede que solo sea eso es parte de es aquí.
los alrededores
un día mi madre dejó de hablar a las ocho de la tarde. no le di importancia; pensé que tal vez quería escuchar las noticias, pero me equivoqué: ya no quería decir nada. es tan fácil equivocarse. tampoco es que estuviera especialmente cansada o se le hubiera agudizado algún dolor. no era eso. a partir de ese día, y desde esa hora y hasta la mañana siguiente, se salía de las conversaciones en curso y se quedaba callada. no tenía fijación con la hora, ni con la medicación, con nada; en realidad, mi madre nunca ha tenido una mente especialmente disciplinada, y tener una fijación con algo le hubiera resultado agotador. tampoco le preguntaba a la enfermera asistente si ya era el momento. ella lo sabía, o lo intuía, o lo decidía sin más razonamiento, con lo que a eso de las ocho se callaba y dejaba a medias las conversaciones en curso, sin importarle con quién. por la mañana, estuviera esa persona presente o no, las retomaba como si nada hubiera pasado. de esta manera, se despertaba hablando de la lista de la compra o de algún vecino muerto años atrás, según lo que hubiera quedado pendiente de la tarde anterior.
mi madre no era de tomar decisiones firmes. podía condenar a alguien al infierno y a los diez minutos ir a buscarle con cariños, flores y un zumo de naranja. ella era de prontos explosivos y olvidadizos. por eso nos extrañó tanto que aquel comportamiento tan novedoso fuera algo consistente en el tiempo. a esa hora se quedaba en silencio, tomaba su té, hacía un gesto grácil con la cabeza para agradecer la infusión y se ensimismaba hasta el día siguiente. como si estuviera en otro sitio, o con alguien más que nosotros no viéramos; tal vez vieran juntos las noticias, o las inventaran, como antes sucediera con nuestras vidas sin saberlo nosotros.
con el tiempo, ese intervalo se fue ensanchando, y la hora pasó a ser después del té de media tarde, ya no a las ocho, como si las noticias duraran casi todo el día; más tarde era al terminar la comida, y luego ya a media mañana, hasta que un día fue todo el rato. lo definitivo comienza cuando aún todo es provisional, y casi nunca lo vemos. cuando todavía hablaba, en esos escasos minutos en los que podíamos acceder a ella, las conversaciones eran atropelladas por nuestra parte, le preguntábamos mil cosas de cuando éramos niños, como si hubiéramos vivido nuestra niñez también en otros sitios, en otras conversaciones. anticipábamos un final silencioso y oscuro, casi sin presencia, pero ella seguía hablando de lo que tuviera pendiente consigo misma.
las cosas de la muerte empiezan mucho antes del momento de la muerte, en los alrededores. un día las cosas dejan de funcionar, los amigos no llaman, se atascan los automatismos de la pasión, y el amor y las pastillas caducan sin surtir efecto, o solo los secundarios. y todo ello sucede antes del momento exacto de la muerte, como si algo de la muerte en sí habitara también en la vida, o la condicionara, ambas siendo parte de la misma noticia que vemos una y otra vez sin acertar a definir los contornos de su geografía. hasta que, de repente, una de ellas se manifiesta de manera tajante y dice se acabó. y en ese momento se acaban todas las cosas, todas las muertes, todas las vidas a medio vivir. nadie mira si es a las ocho de la tarde.
la última vez, llegó con sus flores y su zumo de naranja, y con una sola conversación pendiente.
– pero ¿qué haces aquí, hijo? ¡mira que me ha costado encontrarte! anda, acércame a casa, por favor, creo que quieren que les cuente no sé qué cosas. prefieres que haga como que no te he visto, ¿verdad?
los alrededores aparece en irreverentes.
entrada + fecha
"esto es para poder tener un espacio en blanco q quede siempe como primera entrada. y luego le doy a la izquiera, a duplicar." esto es un duplicar, y ahora borro lo de arriba para hacer la siguiente entrada, y así siempre. tamaño 14. open sans
poner siempre el link de dónde salió publicado algo por primera vez: es aquí / La mujer que huele a café
Pienso que también puedo hacer yo un comentario al relato en un tamaño más peq de letra. 10.