Su trabajo como técnico de bombas hidráulicas en el Nivel 1 del Refugio 79 le otorgó un conocimiento profundo sobre los sistemas hídricos. Cuando escapó junto con los demás y llegaron al asentamiento, supo que su experiencia sería vital. No tardó en diseñar un rudimentario sistema de bombas para regar los huertos interiores, asegurando que los primeros cultivos tuvieran una oportunidad de crecer. Pero su verdadera obsesión comenzó cuando decidió purificar agua. Con paciencia, mucha chatarra y la ayuda de algunos compañeros, construyó una pequeña depuradora capaz de filtrar la radiación y las impurezas del agua contaminada. No era perfecta, pero cada gota de agua limpia era un tesoro. Desde entonces, Walter se ha dedicado a vender la escasa pero valiosa agua purificada que su máquina produce. Su labor lo ha convertido en alguien indispensable en Nueva Tennessee pero también en un objetivo para aquellos que desearían controlar el recurso más preciado.