Holden aprendió desde pequeño que la supervivencia no es un regalo, sino un trabajo constante. Criado por un padre autoritario que le enseñó a defenderse y a leer. Entendió pronto que en un mundo sin ley, la única moneda de cambio real era la violencia bien empleada. Desde joven, trabajó como mercenario, vendiendo su habilidad con las armas al mejor postor. A veces, el trabajo era simple: escoltar caravanas, matar mutarachas o vigilar un asentamiento. Otras veces, el pago implicaba esas cosas que era mejor no recordar. Cuando escuchó los rumores sobre Nueva Tennessee, un asentamiento creado por moradores que habían escapado de un refugio, le llamó la atención. Gente que nunca había pisado el Yermo, intentando construir algo nuevo, ¿Cuánto durarían antes de que alguien intentara arrebatárselo? Intrigado, decidió ir a verlo con sus propios ojos. Tal vez encontraría trabajo… o tal vez, por primera vez en su vida, encontraría algo que valiera la pena proteger.