Domiciano fue siempre un hombre discreto, más cómodo entre herramientas que entre palabras. En el Refugio 79, era técnico de reparaciones en el nivel 2, resolviendo averías y manteniendo el equipamiento en funcionamiento sin llamar demasiado la atención. Pero cuando los niveles comenzaron a comunicarse y la verdad sobre el sistema opresivo del refugio salió a la luz, no dudó en actuar. Tras la segunda reunión entre moradores, se unió al plan de fuga, asumiendo una tarea fundamental: transportar los suministros esenciales que habían sido ocultados cuidadosamente para garantizar la supervivencia fuera del refugio. Su entrega silenciosa fue clave en el éxito de la huida. Ahora, en Nueva Tennessee, ha encontrado una vida tranquila y dedica sus días a pequeñas labores de mantenimiento. Su labor lo ha convertido en uno de esos pilares invisibles sin los que nada se mantendría en pie.