El Yermo es un páramo sin alma, un vestigio de lo que alguna vez fue la civilización. Es un mundo donde las ciudades se han convertido en escombros, donde las carreteras terminan en grietas profundas y los ríos han sido corrompidos por la radiación. Es un lugar de polvo, ceniza y muerte, donde la supervivencia no es un derecho, sino un desafío diario.
Cuando el mundo ardió bajo el fuego nuclear, la sociedad tal como se conocía desapareció en cuestión de horas. Los edificios colapsaron, los bosques se incendiaron, y las llanuras se transformaron en terrenos baldíos de tierra agrietada y agua envenenada. Con el paso de los años, el paisaje cambió; no quedó piedra sobre piedra, y las ciudades que alguna vez estuvieron llenas de vida se convirtieron en ruinas silenciosas habitadas por el eco del pasado.
El Clima del Yermo
Los cielos del Yermo son tan caprichosos como despiadados. Algunos días el sol brilla con una intensidad abrasadora, haciendo que la arena se torne ardiente y el aire se vuelva sofocante. Otros días, el viento se alza, arrastrando consigo partículas radiactivas que se adhieren a la piel y los pulmones, convirtiendo cada bocanada de aire en un riesgo mortal.
Las tormentas de radiación son las más temidas por los viajeros. Se forman con rapidez y avanzan como un huracán de polvo tóxico, oscureciendo el cielo y devorando todo a su paso. Los rayos verdes que surcan la tormenta son presagios de muerte, y quienes quedan atrapados en una sin refugio están condenados a sufrir una agonía lenta y dolorosa.
A veces, el cielo llora lluvia ácida, un legado de los residuos químicos y nucleares que impregnaron la atmósfera tras la guerra. Cada gota es corrosiva, quemando la piel y dejando cicatrices en la tierra. En estos días, las sombras son la única salvación.
Los Secretos en el Yermo
No todo lo que acecha en el Yermo es conocido. Se habla de lugares prohibidos, de ruinas que nadie ha vuelto a ver tras cruzar sus fronteras. Las Zonas Prohibidas son regiones donde la radiación es tan intensa que incluso con protección, la muerte es inevitable. Algunos creen que en estos lugares se ocultan los secretos de Vault-Tec, experimentos ocultos que nunca debieron ser revelados.
Otros hablan de los Desaparecidos, viajeros que nunca regresan. No hay rastros de lucha, ni señales de saqueo. Solo el vacío, como si la tierra se los hubiera tragado. Algunos mercaderes han contado historias de figuras extrañas en la distancia, sombras humanoides que no parecen moverse como los hombres normales. No hablan, no atacan, solo observan. Nadie sabe qué son ni de dónde vienen.
Un Infierno sin Redención
El Yermo no es un lugar donde se vive, es un lugar donde se sobrevive. No hay justicia, no hay garantías, solo una lucha constante contra la muerte. Cada paso es un riesgo. Cada encuentro puede ser el último. Cada noche es un susurro de advertencia en el viento.
Pero en medio de la devastación, todavía hay quienes resisten. Quienes intentan hacer del Yermo algo más que un cementerio. Son pocos, pero existen. Y quizá, solo quizá, sean la única esperanza que queda para el futuro. Porque aunque el Yermo es un infierno, incluso en la oscuridad más profunda, siempre puede encenderse una chispa.