FECHA: Domingo, 15 de Junio de 2025
HORARIO: De 10:00 a 17:30 horas (Aprox.)
DESCANSOS: Sobre las 13:30 se hará una pausa de 40 min. para comer.
COMIDA: Cada jugador se traerá su propia comida de casa.
APROVISIONAMIENTO: Como siempre, tendremos disponible durante la partida agua, café y alguna otra cosita, cortesía de la Asociación.
INFO ADICIONAL:
Estamos llegando al desenlace de la Crónica. Os animo a venir y a participar en las decisiones que marcarán el futuro de vuestros personajes.
Si estáis interesad@s en participar o pensáis en alguien que pueda estarlo, no dudéis en pasadle el enlace al Formulario.
“A veces, sobrevivir no es una victoria.
Es una deuda que hay que saldar deprisa.”
Apenas os sostenéis en pie. Los tubos de Rad-Away aún cuelgan de vuestros brazos como serpientes agotadas. El líquido anaranjado ha hecho su magia, drenando lo peor, estabilizando lo que parecía imposible. Vuestras heridas, antes abiertas y abrasadoras, son ahora líneas rosadas sobre una piel que aún duele al respirar. Los estimulantes han hecho el resto, borrando el umbral del dolor con un falso impulso de vida. sabéis que no estáis a salvo. Ni de lejos.
El pitido agudo de los Pip-Boys resuena constantemente, insistentes ante los niveles de radiación que detectan. El laboratorio de M os salvó... pero también os condena. Las paredes, aunque estancas, filtran ya niveles letales de radiación. El Rad-Away se agota. La aguja que marca la exposición baila peligrosamente cerca del final de la escala.
- No podemos salir por la puerta principal. Dice alguien con la voz quebrada. - No hay nada ahí fuera… solo muerte.
Las miradas se cruzan en el Laboratorio. En sus rostros aún se lee el miedo provocado por la imagen del hongo nuclear. Del fuego. De los cuerpos. Del mundo cayéndose a pedazos.
Entonces lo señala.
En una de las esquinas del laboratorio, parcialmente oculto tras estanterías volcadas y restos de material de laboratorio, hay un pequeño terminal sin corriente, cubierto de polvo y óxido. A su lado, casi imperceptible bajo una alfombra deshilachada, se intuye el contorno metálico de una compuerta redonda. No parece una trampilla cualquiera. No con esa junta de sellado industrial. No con esa cerradura de seguridad de cuatro puntos. Todas las miradas, rojas por los químicos que se han inyectado, se fijan en ella con la concentración de quien se aferra a una última esperanza.
- Ese acceso lleva al subsuelo. No lo he usado nunca. Ni siquiera sé si podría funcionar... Está bloqueado, pero si conseguimos energía para el terminal, quizá podamos desbloquearlo.
Un silencio pesado se instala en el aire cargado de humo y ozono. No hay muchas opciones. No hay tiempo.
Os miráis. No hace falta decir nada. Vuestra única salida está bajo vuestros pies, sellada, oxidada, muerta… pero aún posible.
El pitido del Pip-Boy predice lo inevitable… En ese momento, comienza la carrera.
Contra el veneno en el aire. Contra la muerte que os consume en cada aliento. Contra la desesperanza que se os filtra bajo la piel.
¿Lograréis abrir la compuerta antes de que se acabe el Rad-Away?
El contador no espera. La muerte… tampoco.