TEATRO
Lamerica: el sabor de los recuerdos
Por Carola Nebiolo y Vanina Agustinho
Hay obras que narran una historia. Otras nos invitan a habitar una experiencia. Lamerica, escrita e interpretada por Giampaolo Samà, pertenece a estas últimas.
La obra nos transporta a la cocina de un barco que lleva inmigrantes italianos hacia la Argentina a comienzos del siglo XX. Mientras prepara un ragú, un cocinero reconstruye las historias de quienes viajan en tercera clase: personas que dejan su tierra impulsadas por el hambre, la guerra, la pobreza y el deseo de una vida mejor.
A través de esos relatos aparecen temas que atraviesan todos los procesos migratorios: el desarraigo, la incertidumbre, la discriminación, la reconstrucción de la identidad, la búsqueda de pertenencia y la transmisión de las historias familiares. Además, las lenguas no aparecen solo como un recurso teatral: conviven, se alternan y dialogan, como ocurre en la experiencia de tantas personas migrantes, para quienes cambiar de idioma también implica cambiar de mundo sin dejar de ser quienes son.
Creemos que el arte tiene la capacidad de mostrar aquello que a veces resulta difícil de nombrar. Lamerica lo hace con sensibilidad, humor y una profunda humanidad. Por eso nos gustaría convocar a las palabras detrás de la obra y preguntarle a Giampaolo Samà: ¿Por qué el protagonista es un cocinero? ¿Por qué la elección de que el cocinero sea cocinero de un barco?
Estamos convencidas de que detrás de esas elecciones hay una reflexión que puede seguir enriqueciendo el diálogo entre el teatro y las experiencias migratorias.
Las respuestas...
Por Giampaolo Samá
"Elegí un cocinero porque hay algo que uno no deja nunca, ni cambiando de país: la comida, la cocina. Podés perder el idioma, el paisaje, hasta el nombre. Los sabores se quedan grabados en otro lado, más adentro. La comida es lo único que te devuelve un hogar cuando el hogar ya no está. Mientras hace el ragú, el cocinero no está solo cocinando. Está sosteniendo algo. Una identidad, una lengua, una manera de mirar. Cocinar, ahí, es resistir. Es no olvidar. Que la historia pase en un barco no es casualidad. Un barco es puro teatro: nadie es de ningún lado mientras navega. Los pasajeros dejaron algo atrás y todavía no llegaron a nada. Viven en el medio. Ese estar en el medio, con miedo, con esperanza, sin saber bien qué de las dos cosas pesa más, es lo que a mí me interesa de migrar. El cocinero ve todo eso desde un costado. Es un observador activo: trabaja mientras escucha, mientras ve despedidas, mientras reparte un plato en el momento justo. No es protagonista de la gran Historia. Escucha. Y por ahí, justamente por ahí, se cuela lo importante. Porque las historias grandes se sienten en las chiquitas. Desde ese lugar lateral se puede narrar la Historia con mayúscula a través de las experiencias personales, que son las que finalmente producen sentido dramático. Migrar, para mí, siempre es buscar dignidad. Da igual si el motivo fue el hambre, la guerra, la persecución o simplemente no tener nada que hacer donde estabas. Se migra para armar una vida que se pueda vivir, una vida posible. LAMERICA habla de los italianos de principios del siglo XX, pero también habla de cualquiera que se fue. Cambian los papeles, los idiomas, los barcos o los aviones. Lo que no cambia es el desarraigo. Ni la esperanza. Ni las ganas de tener, en algún lado, un lugar propio. Por eso el ragú se cocina durante toda la obra. Se cocina despacio, como se cocinan los recuerdos. Se mezcla, como se mezclan las culturas y las lenguas y las familias enteras. Lo que sale al final ya no es italiano ni argentino: es otra cosa, algo que nace cuando la gente se encuentra. Capaz esa es la identidad de verdad. No lo que se queda fijo. Lo que se anima a cambiar sin perder de dónde viene.".
CINE Y MIGRACION
DESTACADA
LA EXPERIENCIA DE LOS REFUGIADOS
MIGRACION Y DISCRIMINACION
Nati non foste per viver come bruti ma per seguir virtute e canoscenza.
Dante Alighieri, Divina Commedia
MUSICA Y RECOMENDACIONES LITERARIAS