Durante mi adolescencia he vivido momentos de mucha confusión, ansiedad y presión. A veces sentía que debía ser fuerte todo el tiempo, incluso cuando por dentro estaba atravesando emociones difíciles de manejar. Me costaba expresar lo que sentía por miedo a no ser entendida o a parecer débil.
Una de las cosas que más me ayudaron a salir adelante fue el apoyo de personas importantes en mi vida. Mis amigas de la secundaria y de la universidad han sido un pilar fundamental para mí. Con ellas aprendí que no es necesario cargar con todo sola, que hablar y compartir lo que sentimos puede aliviar mucho el peso que llevamos dentro.
Gracias a ellas entendí que no estoy sola, que ser escuchada con cariño y sin juicio puede marcar la diferencia, y que también puedo ser ese apoyo para los demás. Reflexionar sobre los problemas psicosociales me ha permitido comprenderme mejor y tener más empatía con quienes me rodean. A veces, lo que alguien necesita no son consejos, sino simplemente que estemos ahí, presentes.
"Hoy comprendo que hablar de lo que sentimos no nos hace débiles, sino humanos. Y tener a alguien que te escuche, puede salvarte."