CONSULTORIO PARTICULAR - PSICOLOGÍA
Atención a: Adolescentes, Jóvenes y adultos
El enfoque terapéutico ofrecido se orienta principalmente desde el psicoanálisis. En muchos casos, quien consulta desconoce las verdaderas causas de su malestar y sufrimiento, así como el orígen de aquello que lo aqueja.
Se denomina inconsciente individual a esas verdades biográficas que, aunque no sean accesibles de manera inmediata a la conciencia, están ligadas a la raíz del padecimiento.
Desde una perspectiva más amplia, se incorpora la propuesta por el psicoanálisis transgeneracional, cuya hipótesis plantea la necesidad de indagar en los vínculos ancestrales. Diversas problemáticas actuales del paciente pueden ser expresión de fuerzas inconscientes originadas en vínculos y circunstancias traumáticas no resueltas en generaciones anteriores.
Se denomina inconsciente transgeneracional al conjunto de contenidos que exceden lo estrictamente personal y remiten a lo familiar oculto y profundo.
Este enfoque se articula también con la psicología transpersonal, que contempla dimensiones de la experiencia humana que van más allá de lo individual y lo familiar, considerando la noción de inconsciente colectivo y las vivencias del sujeto en estados ampliados de conciencia.
En este marco, resulta pertinente recordar las palabras de Carl Gustav Jung:
«Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana».
Esta afirmación subraya la importancia de la actitud clínica y ética del profesional en el encuentro con el paciente. Para que el trabajo con el alma y la psique pueda desplegarse en profundidad, no solo es necesaria una disposición genuina por parte del consultante, sino también la construcción de un vínculo terapéutico sostenido en la confianza.
Desde una perspectiva psicoanalítica, dicho lazo se conceptualiza en términos de transferencia, presente, por lo demás, en todo tipo de relación humana. En el marco terapéutico, esta se constituye como una trama emocional, afectiva, simbólica, imaginaria y real, así como un lazo de saber, a través del cual pueden desplegarse y elaborarse las polaridades fundamentales de —amor y odio— propias de la experiencia humana.
La posibilidad de trabajar estas dimensiones resulta fundamental para el desarrollo de un proceso terapéutico profundo y real, en tanto conciernen, en definitiva, a la vida cotidiana del paciente.