No todo lo que tiramos es basura. Con un poco de creatividad, podemos darle una segunda vida a los residuos del aula.
Las hojas escritas por una cara se convierten en borradores para ejercicios, apuntes de sucio o papel para el taller.
Cortadas y decoradas, se transforman en macetas para el rincón verde del aula o en portalápices personalizados.
Se convierten en bandejas organizadoras, separadores de libros o incluso en maquetas para proyectos de tecnología.
Sus piezas se reutilizan para crear mini herramientas o se reciclan en contenedores específicos del centro.