En el siglo XX, Budapest fue testigo de dos guerras mundiales, pero también del genocidio contra la población judía. El gobierno es sensible a esta realidad y la memoria histórica está presente en la ciudad, aunque no siempre bien señalizada para el turista o foráneo. Es fácil adivinar el destino de familias y edificios que fueron perimetrados en los que se conoció como el gueto de Budapest.
En el corazón vibrante de Pest, dentro del Distrito VII (conocido como Erzsébetváros), se encuentra uno de los lugares más fascinantes, conmovedores y llenos de vida de toda Europa: el Barrio Judío de Budapest. Este no es solo un conjunto de calles; es un organismo vivo donde la historia más trágica del siglo XX se entrelaza con una efervescente cultura contemporánea. Aquí, sinagogas monumentales se alzan junto a coloridos murales de arte urbano, y el silencio de los memoriales del Holocausto convive con la música que se escapa de los famosos bares de ruina.
La presencia judía en Hungría se remonta a siglos atrás, pero fue en el siglo XIX cuando la comunidad judía de Budapest floreció, convirtiéndose en una de las más grandes y prósperas de Europa. Construyeron magníficas sinagogas, escuelas y centros culturales, dejando una huella imborrable en la arquitectura y la vida intelectual de la ciudad. Este barrio se convirtió en el epicentro de su mundo.
El gueto judío de Budapest (establecido en noviembre de 1944) era un área densamente poblada de 25 hectáreas, rodeada de muros y vallas para aislar a la población judía.
Límites Históricos del Gueto
Calle Király: Constituía uno de los límites principales. En el número 15 de esta calle se puede ver el último fragmento que queda del muro original del gueto.
Calle Dohány: Marcaba otro extremo importante de la zona confinada. Aquí se encuentra la Gran Sinagoga, que formaba parte del área del gueto.
Zona comprendida: El gueto estaba delimitado aproximadamente por la calle Király, la avenida Károly, la calle Dohány y la calle Csányi, entre otras vías del centro de Pest.
Ángel Sanz-Briz en su oficina en la Embajada de España en Budapest
La hazaña del diplomático español Ángel Sanz-Briz, apodado «El Ángel de Budapest» salvó la vida de 5.200 judíos.
Sanz-Briz consiguió que el gobierno húngaro autorizase la protección de España de 200 judíos de origen sefardí. Interpretó a su manera el acuerdo y protegió a 200 familias. Pero, ¿Cómo logró salvar a muchos más? ¿acaso eran familias de decenas de miembros? En realidad, lo que hizo fue implantar un procedimiento sencillo pero ingenioso. Aunque se emitían miles de pasaportes españoles y salvoconductos, su numeración siempre estaba entre 1 y 200.
Pero su increíble historia no acaba ahí. Cuando Budapest estaba a punto de caer ante el Ejército Rojo, el Gobierno español trasladó a Sanz-Briz a Suiza. Por suerte, el embajador español en funciones ante Hungría, Jorge Perlasca, siguió protegiendo a los judíos de Budapest ¿o no? . Pues sí y no, porque nunca hubo un embajador en funciones y Perlasca no era quien afirmaba ser. En realidad era un veterano italiano de la Guerra Civil Española llamado Giorgio Perlasca que había colaborado previamente con Sanz-Briz para proteger a los judíos de Budapest.
La palabra Stolperstein vendría a significar «una piedra en el camino que puede provocar un tropiezo». Con este nombre se conoce uno de los proyectos del artista alemán Gunter Demnig. Por eso, estas «piedras de la memoria» sobresalen ligeramente del suelo, para que el caminante «tropiece» con ellas. Hay instalados cerca de 60.000 «tropiezos» por toda Europa y cómo no podría ser de otra manera, hay algunas decenas en Budapest.
De los más de 300.000 judíos que vivían en Budapest antes de la Guerra, casi dos terceras partes perdieron su vida en campos de concentración o en fusilamientos en el río Danubio. De estos últimos tenemos hoy día el mudo homenaje de la escultura Zapatos en el Danubio. Sesenta pares de zapatos de hierro recuerdan a los judíos asesinados a las orillas del río, pues antes de ser fusilados, les obligaban a quitarse los zapatos en la orilla .