La productividad en los ecosistemas se refiere a la cantidad de energía o biomasa que un ecosistema es capaz de generar a través de los procesos de fotosíntesis (en los ecosistemas terrestres) o de quimiosíntesis (en ecosistemas acuáticos o subterráneos), y cómo esta energía se transfiere a través de la cadena alimentaria.
Hay dos tipos principales de productividad:
Productividad primaria: Es la cantidad de energía o biomasa que los productores primarios (plantas, algas, fitoplancton, etc.) generan a partir de la energía solar, a través de la fotosíntesis.
Productividad primaria bruta (PPB): Es la cantidad total de energía que los productores primarios capturan en un ecosistema.
Productividad primaria neta (PPN): Es la cantidad de energía que queda disponible para los consumidores primarios (herbívoros, insectos, etc.) después de que los productores primarios han utilizado una parte para su propio metabolismo. Es decir, es la PPB menos la energía utilizada por los propios productores para crecer y mantenerse.
Productividad secundaria: Es la cantidad de energía o biomasa que los consumidores (herbívoros, carnívoros, descomponedores) obtienen de los productores primarios o de otros consumidores, a medida que avanzan en la cadena trófica.
La productividad es crucial para entender el funcionamiento de los ecosistemas, ya que refleja la cantidad de recursos disponibles para sustentar las distintas formas de vida en el ecosistema.
En resumen, la productividad en los ecosistemas es un indicador de cuánto trabajo biológico se está realizando y cuánta energía está siendo transformada y transferida a través de los organismos que conforman ese ecosistema.