“Y si pudiera tenerte a mi lado con tan solo el hecho de pensarte, soñarte e imaginarte; créeme que entonces, no me faltarías ni un solo día, ni un solo instante.”
El amor es pasajero,
o quizás lo son las personas;
sea lo uno o lo otro,
no deja de ser algo hermoso,
algo que vale la pena.
La manera en la que nos conocimos me hace gracia, moralmente incorrecta; pero no me arrepiento de nada, y si hoy me preguntan si volvería a hacerlo, lo haría. Podrían llamarnos escoria por lastimar a los demás para haber podido estar juntos, pero créeme que entonces, tampoco me habría importado.
Un martes 11 de febrero del 2020 a horas de, lo que para mí era la madrugada, estábamos riendo a carcajadas, aún guardo ese bonito recuerdo. En ese instante no teníamos idea de lo importante que seriamos para el otro, solo existíamos, y nos dejábamos llevar.
Ya era tarde para entrar a clases, era consciente de ello, pero aun así, ¿qué era un regañito más? valía la pena por seguir hablando juntos de aquello que nos apasionaba, de nuestras metas, sueños y pasatiempos. Adoraba tu compañía, es algo que ni a mí misma me podría negar. Sin previo aviso nos hacíamos cada vez más cercanos, ninguno de los dos se detuvo a pesar de ser conscientes de ello; aunque en ese momento no podríamos ser más que amigos.
Cada día nos acostumbrábamos más al otro, nunca nada fue forzado. Contigo tuve mi primera cita real; ese día en el cine, viendo una película que ninguno de los dos quería, pero nuestra compañía hacia que todo fuera especial. Ahí aprendí que no importa el lugar, importa con quien estas. No dejábamos de sonreír, era algo que cada vez se hacía más habitual.
Las citas nunca terminaron, no importaba donde fuera, siempre era increíble pasar tiempo juntos; sin embargo, sin previo aviso, caímos en una pandemia.
Nuestras vidas cambiaron sin estar preparados para lo que se nos vendría encima. Nadie estaba listo, ninguno tenía respuestas. De lo único que podríamos presumir era del miedo que nos carcomía, de la desesperación que nos esperaba y la distancia que podría acabarnos.
Pero me enorgullece decir que logramos superarlo, a medias; pero hiciste de mi encierro un hermoso jardín.
Cada día pudo haber sido monótono y desesperante; sin embargo, no lo fue para nosotros, el romance no terminó, nunca dejamos de conquistarnos a pesar de que para ese momento ya nos habíamos cuadrado. Hubo citas, eso nunca faltó, no era necesario tenernos físicamente para saber que podíamos tenernos, y lo mejor, es que las sonrisas nunca dejaron de pintarse en nuestros rostros. Seguíamos contándonos sobre nuestros sueños, creábamos pasatiempos juntos y a pesar de estar separados por metros de distancia, nunca nos hicimos falta. Cada buenos días venía acompañado de unas buenas noches.
Había problemas y discusiones, sí; pero a pesar de verse como algo malo, hablar sobre lo que nos tenía mal nos ayudaba a estar bien, a seguir luchando entre crisis por ese bonito amor.
Finalizando el año, las cosas ya no eran las mismas; es algo natural cambiar. Pero todo tiene un precio, la vida elige equilibrio y esta misma nos costó el amor.
Ya no sabíamos sobrellevar las cosas, aunque la confianza nunca faltó, la distancia si nos destruía, y seguirían habiendo cambios que pudieron habernos dejado peor.
Y yo sigo sin arrepentirme, en su momento, por más que doliera, fue la mejor decisión pude haber tomado. Nunca deje de quererte, pero no podía dejar que mi cariño fuera egoísta, prefería dejarte ir que a fuerzas tenerte.
No sé si hoy en día me has perdonado, o si lo hiciste hace tiempo, no sé nada de ti, no sabes nada de mí. La incertidumbre volvió después de tanto, y lo más probable es que sigamos sin respuestas por más tiempo; pero si el día de mañana llegas a preguntarme si valió la pena todo lo que vivimos juntos, yo te responderé que valió cada maldito segundo.
A pesar de no haber tenido nuestro final feliz, sonreímos todas las horas que pasamos juntos, solo por eso valió la pena.
Me quedé con lo mejor de ti, de todo esto, y siempre guardaré un pedazo de cariño por ti. Te agradezco por todo, sigues siendo ese ser especial que hoy hace parte de mi pasado. No tengo sentimientos encontrados ni dolor o rencor, solo gratitud. Todo lo que aprendí sigue siendo valioso al igual que los bonitos recuerdos.