Nacer es una de las cosas más complicadas del mundo. El día en que yo nací, no supe si fue el más feliz o frustrante día para mi madre, una mujer que no se le puede considerar perfecta, pero era mi madre y yo la quiero mucho. La vida siempre es un vaivén en donde podemos obtener buenas cosas como malas. Mientras que la vida para mí siempre fue una causa incomprendida, ya que a mi corta edad, me preguntaba: ¿Qué propósito tiene mi vida? ¿Por qué vale tanto la pena vivirla? No crean que soy una persona suicida, pues siempre me he considerado una persona alegre que intenta ver el lado positivo de las causas más perdidas. No es como si me hubiera faltado mucho en mi corto periodo de vida porque siempre tuve personas que me quisieran y no me vieran como un bicho raro, o al menos me gustaría pensar eso.
He vivido hasta el momento una corta vida de 17 años, de los cuales muchas dudas y preguntas me surgen. La primera de todas es: ¿Por qué a veces me siento como si no perteneciera a ningún lado? No es un pensamiento infantil, al menos no lo es para mí. Si enumerara todos mis sucesos, la charla se haría muy larga, y sé que no es por eso que vinieron aquí, así que lo resumiré en tres cosas:
1. Mi nacimiento.
2. Mi familia.
3. Mis amigos.
Mi nacimiento, como dije al principio, no fue muy emocionante, y tampoco fui concebida en el amor de mis padres. Eso no es algo que necesito que me digan, porque yo misma lo viví toda mi vida. Cuando mi mamá quedó embarazada, su ilusión era que fuera un niño. Tal vez se sintió decepcionada al saber que tuvo una niña, pero aún así me dio a luz. Eso es algo de lo cual estoy completamente agradecida y, a la vez, desdichada, porque siempre quedará la sensación de si las cosas hubieran sido diferentes. Si hubiera nacido siendo un niño, mi madre me hubiera amado más o siquiera esta sensación desaparecería. Pero al fin y al cabo, eso es algo muy cruel, tanto para mí como para mi madre, que al fin y al cabo me sacó adelante con su esfuerzo, como también para mí por atormentarme por sucesos que no puedo controlar.
Aún así, mi familia es amplia y numerosa. Antes de nacer mi hermana por parte de mamá, vivía con mis abuelos, ya que desde niña ha tenido un carácter muy difícil de tratar. Razón por la cual mis tíos y tías la visitaban seguido y le daban cosas. La situación siempre fue que ella era la favorita y yo era solo el familiar. No lo digo por celos o porque quiera un regalo de parte de ellos, porque al final, yo obtuve cosas que ella no tendría, como ser criada por mi padre. Ella no cuenta con esa dicha después de todo, por problemas personales, mi madre abandonó al padre de mi hermana, y hasta el día nadie sabe quién es, o al menos yo no sé. Razón por la cual a veces siento que me odia. Después de todo, ella jamás disfrutó del amor de un padre; ironías de la vida. Siempre en mi familia, todo era una competencia y un compararse por cosas que ella hacía y ya jamás haría. No la odio, no la critico, pero es muy hipócrita de mi parte esperar que yo haga lo mismo que ella.Desde niña, tuve la posibilidad de gozar de muchos amigos. De niña era extremadamente sociable y de adolescente era igual, solo que más recatada. La vida y sus oportunidades tan únicas pero tan raras me hicieron darme cuenta de que la amistad es algo que nunca se sabe cuándo se terminará y no quedará rara. Desde niña siempre cuestioné todo aquello que estaba relacionado con la amistad. Todo era tan raro y tan confuso, porque podía jugar y disfrutar con mis amigas, pero al final del día simplemente y sin explicación, me comenzaba a sentir fuera de lugar, como estar en un grupo y no sentirse como si estuvieras o como si no tuvieras por qué estar allí.
Como si no encajaras en ese grupo es una de las peores sensaciones que se pueden sentir. Cuando creces, siempre cambias de amistades y piensas que con ellas, la sensación se irá en algún momento. Es molesto solo ver cómo entre ellas forman sus propios grupos excluyéndote y haciéndote sentir miserable. Porque así me sentía yo, como un muñeco sin utilidad que era cruelmente desechado por quienes se hacían llamar "amigas". Pero aún así, la sensación ya no molesta tanto como antes.
Toda mi vida se trata de ceder y ser un segundo lugar. Nunca me he sentido a gusto con nada, porque la nada era de mi entera devoción. Al fin y al cabo, siempre acababa siendo apartada por alguien. Es la sensación a la cual uno se acostumbra tarde o temprano, porque al fin y al cabo, ¿cómo se podría luchar contra eso? Anhelo poder expresarme mejor, pero ni yo misma me entiendo o cómo me siento; algo tan complicado de definir. El pensamiento de ser un segundo lugar no se va. ¿Qué puedo hacer contra eso si es algo que he sentido desde que era una niña? Pero aún así, debo aceptar que me encantaría comprenderme más a fondo a mí misma para poder llegar a sentirme bien conmigo. Porque a veces siento que es muy difícil seguir con esta sensación. Pero, como dije, no estoy diciendo que me autodetermine como una persona depresiva, porque no sabría decírtelo. Después de todo, yo siento felicidad, vivo en mi mundo de fantasía donde la realidad no puede interrumpirme, y en ese lugar me siento más feliz de lo que jamás me había sentido.
Si llegase a contar todas mis penas, solo me tacharían de loca o que ya soy demasiado grande para montar estos espectáculos. O tendría que oír cómo solo busco preocupar a mi familia, porque eso es lo único que no quiero hacer. Así que tomo este medio para expresarme libremente sin miedo a sentirme juzgada o señalada por alguien. Sé que en el mundo existen personas que se sienten igual que yo, o incluso peor. Así que simplemente diré que entiendo lo agotador que es intentar ocupar el primer lugar. Cuando uno, al final, sin importar cuánto desgaste físico y mental ocupemos, sin importar cuánto nos esforzamos, jamás dejaremos de ser un segundo lugar. Y eso no está mal. A veces es más tranquilo porque nadie espera algo de ti, pero igualmente es solitario. Es un lugar donde es muy difícil estar y llenar el vacío que sentimos, y lo pequeño que nos vemos, incluso si mantenemos nuestras debilidades muy dentro nuestro. Esta historia no tiene un final feliz, a menos que tú quieras pensar que sí. Pero para mí, es la encrucijada de cómo continuar con mi vida y cómo intentar apagar esa sensación tan amarga que no deja de matarme lentamente.