Somos un Ministerio de Movilización e Intercesión Misionera nacido en México, respaldado por la Iglesia Bautista Misionera "Monte Sion" en San Vicente Chicoloapan, Estado de México.
Actualmente contamos con una red de 35 intercesores comprometidos a orar por la obra misionera y con quienes compartimos peticiones específicas de oración cada mes.
Aunque nuestro enfoque es ayudar en todo cuanto podamos a nuestras familias misioneras e interceder por sus peticiones específicas, también buscamos interceder constante y estratégicamente por los no alcanzados y poner todos nuestros esfuerzos para que el nombre de Dios sea glorificado por todas las naciones.
Aun estamos construyendo nuestro equipo para cumplir con nuestros objetivos de una manera más estratégica. Si quieres colaborar con nosotros contáctanos por alguna de nuestras redes sociales y con gusto te escribiremos.
La Biblia es la revelación escrita de Dios al hombre, y de esta manera los 39 libros del Antiguo y los 27 del Nuevo Testamento que nos han sido dados por el Espíritu Santo constituyen la única regla de fe y obediencia del cristiano, siendo la Palabra de Dios plenaria, inerrante e infalible, inspirada en todas sus partes por igual (1 Co. 2:7-14; 2 Pe. 1:20-21).
No hay más que un Dios vivo y verdadero (Dt. 6:4; Is. 45:5-7; 1 Co. 8:4), un Espíritu infinito que todo lo sabe (Jn 4:24), perfecto en todos sus atributos e inmutable, uno en esencia, existiendo eternamente en tres personas -Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mt. 28:19; 2 Co.13:14) mereciendo adoración y obediencia cada uno por igual.
La salvación es totalmente de Dios por gracia, mediante la fe, basada en la redención de Jesucristo, por el mérito de sus obras y de su sangre derramada, y que no se puede ganar por el esfuerzo humano (Jn 1:12; Ef. 1:7; 2:8-10; 1 Pe. 118-19). Es una obra sobrenatural del Espíritu Santo mediante la cual la naturaleza divina y la vida divina son dadas (Jn 3:3-7; Tit. 3:5). Es instantánea y llevada a cabo únicamente por el poder del Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios (Jn 5:24), cuando el pecador en arrepentimiento, al ser capacitado por el Espíritu Santo, responde en fe a la provisión divina de la salvación. La salvación genuina es manifestada en frutos dignos de arrepentimiento que se demuestran en actitudes y conductas justas. Las buenas obras serán su evidencia apropiada y fruto (1 Co. 6:19-20; Ef. 2:10), y serán experimentadas hasta el punto en el que el creyente se somete al control del Espíritu Santo en su vida a través de la obediencia fiel a la palabra de Dios (Ef. 5:17-21; Fil. 2:12b; Col. 3:16; 2 Pe. 1:4-10). Esta obediencia hace que el creyente sea conformado más y más a la imagen de nuestro Señor Jesucristo (2 Co. 3:18). Tal conformidad llega a su clímax en la glorificación del creyente en la venida de Cristo (Ro. 8:17; 2 Pe. 1:4; 1 Jn 3:2-3).
El propósito principal de la iglesia es glorificar a Dios (Rom. 11:36; 1 Co. 10:31) y obedecer al mandato del Señor Jesucristo de la Gran Comisión para que toda etnia rinda adoración al cordero (Mt. 28:19-20; Salmo 67; Ap. 7:9).
La Gran Comisión consiste en predicar el Evangelio para hacer discípulos en todos los rincones del mundo para lo cual su Santo Espíritu nos ha capacitado (Hch. 1:18), los nuevos creyentes deben ser bautizados y enseñados a obedecer toda Su voluntad establecida en la Biblia.
La iglesia tiene la responsabilidad de orar, ofrendar, cuidar y enviar (Ef. 6:19-20; Fil. 4:16-17; 1 Pe. 2:9) misioneros a todo el mundo a predicar el Evangelio.
Que nuestro Señor y Salvador sea glorificado a través de nuestra vida y servicio a Él.
Que se levanten intercesores para cubrir en oración la obra que están realizando los misioneros y el reino de Dios se establezca en cada rincón de la tierra.
Que las iglesias de nuestro compañerismo sean movilizadas y más hermanos nos unamos, juntando nuestros talentos, habilidades y esfuerzos para cooperar desde nuestras posibilidades a los hermanos en el campo.
Que los misioneros se sientan amados y apoyados aún a la distancia.