Propuesta situada en el trabajo en territorio de la escuela N° 262 de Salinas, Canelones y en el año de Enriqueta Compte y Riqué. Esta secuencia didáctica invita a los niños a convertirse en exploradores de la naturaleza mediante la construcción colectiva de una huerta escolar. A través del personaje "Semillita", quien solicita ayuda para encontrar un lugar donde crecer, se propone un recorrido de misiones que integran el juego, la exploración, la observación, la experimentación y el trabajo colaborativo. Cada actividad busca favorecer el desarrollo del pensamiento científico desde edades tempranas, promoviendo que los niños observen, comparen, formulen preguntas, anticipen resultados, experimenten, registren sus descubrimientos y comuniquen sus ideas. De este modo, el aprendizaje surge de la experiencia directa con el entorno y de la resolución de situaciones auténticas, recuperando el legado pedagógico de Enriqueta Compte y Riqué, quien concebía el contacto con la naturaleza como un escenario privilegiado para aprender.
Ciclo: 1
Tramo: 1
Grado: Nivel 3, Nivel 4 y Nivel 5
Mediante esta propuesta, los estudiantes:
● Explorarán el suelo y sus componentes mediante el juego, la observación y la experimentación para construir explicaciones sobre sus características y su importancia para el crecimiento de las plantas.
● Identificarán la importancia del agua en el suelo y reconocerán su influencia en el desarrollo de las plantas a partir de experiencias de indagación.
● Formularán preguntas, anticipaciones e hipótesis, registrando y comunicando sus descubrimientos mediante diferentes lenguajes.
● Participarán en la planificación, construcción y cuidado de una huerta escolar, colaborando con sus pares y asumiendo responsabilidades compartidas.
● Desarrollarán actitudes de respeto, cuidado y valoración del ambiente a través de experiencias de contacto directo con la naturaleza.
El docente presenta un pequeño sobre decorado con hojas y flores. Dentro encuentra una carta escrita por Semillita, una pequeña semilla que vivía en el jardín de Enriqueta Compte y Riqué y que necesita la ayuda de los niños para construir una nueva huerta donde puedan crecer plantas, flores, y alimentos para todos. A partir de ese momento, antes de cada actividad aparece un nuevo mensaje (en una caja de madera, una regadera, una maceta o escondido en el patio). Cada carta plantea una misión que el grupo deberá resolver. Con cada acierto recibirán sellos para completar un Pasaporte de los guardianes de la huerta. Todos los registros (planos, fotografías, dibujos, etc) se irán colocando en el Libro de las misiones, el cual será de utilidad para que todos visualicen el proceso de aprendizaje. Semillita puede ser un títere o una semilla de tela que "visite" la sala durante todo el proyecto
Se sugiere que el docente acompañe el desarrollo de la propuesta asumiendo un rol de mediador, generando situaciones que despierten la curiosidad y favorezcan la construcción de conocimientos a partir de la exploración, el juego y la experimentación. En este sentido, es recomendable sostener el hilo narrativo mediante las cartas de Semillita, promoviendo un clima de expectativa que otorgue sentido a cada misión y fortalezca el compromiso de los niños con el proyecto. Cada vez que el grupo complete una misión, Semillita entrega un sello (una hoja, una gota de agua, un sol, una flor, una mariposa o una semilla). Al finalizar el proyecto, el pasaporte estará completo y simbolizará el camino recorrido desde la primera idea hasta la creación de la huerta, integrando juego, exploración, trabajo cooperativo y contacto con la naturaleza. La organización de las actividades en pequeños grupos favorecerá el intercambio de ideas, la cooperación, la toma de decisiones compartidas y el aprendizaje entre pares.
Durante todo el recorrido es importante recuperar las ideas previas de los niños y registrarlas sin corregirlas, permitiendo que sean revisadas y enriquecidas a medida que avanzan las experiencias. Las intervenciones docentes deberían priorizar preguntas abiertas que inviten a observar, comparar, anticipar, formular hipótesis, experimentar y comunicar hallazgos, evitando ofrecer respuestas inmediatas. Asimismo, se recomienda brindar tiempos suficientes para la exploración libre de los materiales, respetando los diferentes ritmos e intereses de los niños y favoreciendo que construyan explicaciones a partir de sus propias observaciones.
En esta propuesta se emplea, en algunos momentos, el término tierra por tratarse de una palabra cercana al lenguaje cotidiano de los niños y acorde con su nivel de desarrollo. No obstante, desde el punto de vista disciplinar, el concepto más preciso es suelo, entendido como un componente natural formado por minerales, materia orgánica, agua, aire y organismos vivos, indispensable para el crecimiento de las plantas. Por ello, se recomienda que el docente explicite esta decisión didáctica y promueva, de manera gradual y contextualizada, la incorporación del concepto científico de suelo, favoreciendo el enriquecimiento progresivo del vocabulario y la construcción de conocimientos cada vez más rigurosos.
La incorporación de instrumentos sencillos de investigación, como lupas, goteros, recipientes transparentes, tamices o lupas digitales, cuando estén disponibles, enriquecerá las experiencias de indagación y permitirá profundizar la observación del entorno. Del mismo modo, el registro sistemático mediante dibujos, fotografías, pictogramas, dictado al adulto y producciones colectivas contribuirá a documentar el proceso de aprendizaje y a hacer visibles los avances del grupo. En este sentido, el Libro de las misiones, el Cuaderno de exploradores y el Pasaporte del guardián de la huerta constituyen recursos valiosos para reconstruir el recorrido realizado y fortalecer la memoria colectiva del proyecto.
Se recomienda aprovechar las situaciones inesperadas que surjan durante las experiencias —como la aparición de insectos, cambios en el clima, diferencias en el crecimiento de las plantas o variaciones en los resultados de los experimentos— como oportunidades para ampliar las investigaciones y formular nuevas preguntas. Asimismo, resulta enriquecedor promover la participación de las familias mediante el aporte de semillas, herramientas, materiales reutilizables o relatos de experiencias vinculadas con huertas familiares, fortaleciendo el vínculo entre la institución educativa y la comunidad.
La evaluación debe entenderse como un proceso continuo, formativo y contextualizado, centrado en la observación de los procesos de aprendizaje más que en la obtención de respuestas correctas. Se sugiere registrar evidencias mediante observaciones anecdóticas, fotografías, registros audiovisuales, producciones gráficas y conversaciones con los niños, valorando especialmente su participación, la formulación de preguntas e hipótesis, la capacidad para observar, comparar y comunicar descubrimientos, así como las actitudes de cooperación, cuidado del ambiente y compromiso con las tareas compartidas. Finalmente, es conveniente recuperar las preguntas formuladas al inicio del proyecto y contrastarlas con los conocimientos construidos al finalizar la secuencia, favoreciendo instancias de metacognición en las que los niños puedan reconocer cómo fueron transformando sus ideas a partir de la exploración, la experimentación y el intercambio con otros, en consonancia con una enseñanza de las ciencias basada en la indagación y con el legado pedagógico de Enriqueta Compte y Riqué.