-Moro alcaide, moro alcaide,
el de la barba vellida,
el rey os manda prender
porque Alhama era perdida.
-Si el rey me manda prender
porque Alhama se perdía,
el rey lo puede hacer,
mas yo nada le debía,
porque yo era ido a Ronda
a bodas de una mi prima;
yo dejé cobro en Alhama
el mejor que yo podía.
Si el rey perdió su ciudad,
yo perdí cuanto tenía:
perdí mi mujer y hijos,
las cosas que más quería.
Inés
Rey don Sancho, rey don Sancho,
no digas que no te aviso;
que del cerco de Zamora
un alevoso ha salido;
Bellido Dolfos se llama,
hijo de Dolfos Bellido;
si gran traidor es el padre,
mayor traidor es el hijo.
IZAN 5º
1 Madrugaba el Conde Olinos / mañanita de San Juan
2 a dar agua a su caballo / a las orillas del mar.
3 Mientras el caballo bebe / canta un hermoso cantar
4 las aves que iban volando, / se paraban a escuchar:
5 Bebe, mi caballo, bebe. / Dios te me libre de mal
6 de los vientos de la tierra / y de las furias del mar.
Izan 5º
Romance de Pero Díaz
Moricos, los mis moricos,
los que ganáis mi soldada,
derribédesme a Bazea,
esa villa torreada,
y a los viejos y niños
la traed en cabalgada
y a los moros y varones
los meted todos a espada,
y a ese viejo Pero Díaz
prendédmelo por la barba,
y a aquesa linda Leonor
será la mi enamorada.
Id vos, capitán Vanegas
porque venga más honrada,
que vos sois mandadero,
será cierta la jornada.
Lucía
Romance de Reduán y el rey chico sobre la conquista de Jaén
Reduán, bien se te acuerda
que me diste la palabra
que me darías a jaén
en una noche ganada.
Reduán, si tú lo cumples,
daréte paga doblada,
y si tú no lo cumplieres,
desterrarte he de Granada;
echarte he en una frontera,
do no goces de tú dama.
Reduán le respondía
sin demudarse la cara:
sí lo díje, no me acuerdo,
más cumpliré mi palabra.
Reduán pide mil hombres,
el rey cinco mil le daba.
por esa puerta de Elvira
sale muy gran cabalgada.
¡ cuánto del hidalgo moro!
¡ cuánta de la yegua baya!
¡ cuánta de la lanza en puño!
¡ cuánta de la adarga blanca!
¡ cuánta de marlota verde!
¡ cuánta de aljuba de escarlata!
¡ cuánta pluma y gentileza!
¡ cuánto capellar de grana!
¡ cuánto bayo borceguí!
¡ cuánto lazo que le esmalta!
¡ cuánta de la espuela de oro!
¡ cuánta estribera de plata!
toda es gente valerosa
y experta para batalla:
en medio de todos ellos
va el rey chico de Granada.
Míranlo las damas moras
de las torres del Alhambra.
La reina mora, su madre,
de esta manera le habla:
-Alá te guarde, mi hijo,
Mahoma vaya en tu guarda,
y te vuelva de Jaén
libre, sano y con ventaja,
y te dé paz con tu tío,
señor de Guadix y Baza.
Un día de San Antón,
ese día señalado,
se salían de Jaén
cuatrocientos hijosdalgo.
Las señas que ellos llevaban
es pendón, rabo de gallo;
por capitán se lo llevan
al obispo don Gonzalo,
armado de todas armas,
encima de un buen caballo;
íbase para la Guarda,
ese castillo nombrado.
Sáleselo a recibir
don Rodrigo, ese hijodalgo.
-Por Dios os ruego, el Obispo,
que no pasedes el vado,
porque los moros son muchos
que a la Guarda habían llegado:
muerto me han tres caballeros,
de que mucho me ha pesado.
El uno era mi primo,
y el otro era mi hermano,
y el otro era un paje mío,
que en mi casa se ha criado.
Demos la vuelta, señores,
demos la vuelta a enterrarlos;
haremos a Dios servicio
y honraremos los cristianos.
Ellos estando en aquesto,
llegó don Diego de Haro:
-Adelante, caballeros,
que me llevan el ganado;
si de algún villano fuera
ya lo hubiérades quitado,
empero, alguno está aquí
a quien place de mi daño.
No cumple decir quién es,
que es el del roquete blanco.
El obispo, que lo oyera,
dio de espuelas al caballo.
El caballo era ligero
y saltado había un vallado,
mas al salir de una cuesta,
a la asomada de un llano,
vido mucha adarga blanca,
mucho albornoz colorado
y muchos hierros de lanzas
que relucen en el campo.
Metido se había por ellos
como león denodado;
de tres batallas de moros
las dos ha desbaratado,
mediante la buena ayuda
que en los suyos ha hallado;
aunque algunos de ellos mueren,
eterna fama han ganado.
Todos pasan adelante,
ninguno atrás se ha quedado;
siguiendo a su capitán,
el cobarde es esforzado.
Honra los cristianos ganan,
los moros pierden el campo:
diez moros pierden la vida
por la muerte de un cristiano;
si alguno de ellos escapa,
es por uña de caballo.
Por su mucha valentía
toda la presa han cobrado.
Así, con esta victoria
como señores del campo,
se vuelven para Jaén
con la honra que ganado.
Judith
-Reina Elena, reina Elena,
Dios prospere vuestro estado.
Si mandáis alguna cosa,
veisme aquí a vuestro mandado.
-Bien vengades vos, París,
París el enamorado.
París, ¿dónde avéis camino?
¿Dónde tenéis vuestro trato?
-Por la mar ando, señora,
hecho un terrible cossario.
Traigo un navío muy rico,
de plata y oro cargado;
llévolo a presentar
a esse buen rey castellano-.
Respondiérale la reina,
d’esta suerte le ha hablado:
-Tal navío como aquesse
razón era de mirallo
Judith
En los reinos de León
el casto Alfonso reinaba;
hermosa hermana tenía,
doña Jimena se llama;
enamorárase de ella
ese conde de Saldaña,
mas no vivía engañado,
porque la infanta lo amaba.
Muchas veces fueron juntos,
que nadie lo sospechaba;
de las veces que se vieron
la infanta quedó preñada.
La infanta parió a Bernardo,
y luego monja se entraba.
Mandó el rey prender al conde
y ponerle muy gran guarda.
Inés
¡Ay, Dios, qué buen caballero
el Maestre de Calatrava!
¡Qué bien que corre los moros
por la vega de Granada,
dende la puerta de Quiros
hasta la Sierra Nevada!
Trecientos comendadores,
todos de cruz colorada
dende la puerta de Quiros
les va arrojando la lanza.
Las puertas eran de pino,
de banda a banda les pasa:
tres moricos dejó muertos
de los buenos de Granada,
que el uno ha nombre Alanese,
el otro agameser se llama,
el otro ha nombre Gonzalo,
hijo de la renegada.
Sabido lo ha Albayaldos
en un paso que guardaba
Inés
ROMANCE DE FERNANDARIAS
¡Buen alcaide de Cañete,
mal consejo habéis tomado
en correr a Setenil,
hecho se había voluntario!
¡Harto hace el caballero
que guarda lo encomendado!
Pensaste correr seguro
y celada os han armado.
Hernandarias Sayavedra,
vuestro padre os ha vengado,
ca cuerda correr a Ronda
y a los suyos va hablando:
-El mi hijo Hernandarias
muy mala cuenta me ha dado;
encomendéle a Cañete,
él muerto fuera en el campo.
Nunca quiso mi consejo,
siempre fue mozo liviano,
que por alancear un moro
perdiera cualquier estado.
Siempre esperé su muerte
en verle tan voluntario,
mas hoy los moros de Ronda
conocerán que le amo.
A Gonzalo de Aguilar
en celada le han dejado.
Viniendo a vista de Ronda,
los moros salen al campo.
Hernandarias dio una vuelta
con ardid muy concertado,
y Gonzalo de Aguilar
sale a ellos denodado,
blandeando la su lanza
iba diciendo: -¡Santiago,
a ellos, que no son nada,
hoy venguemos a Fernando!
Murió allí Juan Delgadillo
con hartos buenos cristianos;
mas por las puertas de Ronda
los moros iban entrando,
venticinco traía presos,
trescientos moros mataron,
mas el viejo Hernandarias
no se tuvo por vengado.
MIKEL
Álora, la bien cercada,
tú que estás a par del río,
cercote el adelantado
una mañana en domingo,
con peones y hombres de armas
hecho la había un portillo.
Viérades moros y moras
que iban huyendo al castillo;
las moras llevaban ropa,
los moros, harina y trigo.
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.
Allá detras de una almena
quedádose ha un morillo
con una ballesta armada
y en ella puesta un cuadrillo.
Y en altas voces decía
que la gente lo ha oído:
-¡Treguas, tregua, adelantado,
que tuyo se da el castillo!
Alzó la visera arriba,
para ver quié lo había dicho,
apuntáralo a la frente,
salídole ha el colodrillo.
Tómale Pablo de rienda,
de la mano Jacobico,
que eran dos esclavos suyos
que había criado de chicos.
Llévanle a los maestros,
por ver si le dan guarido.
A las primeras palabras
por testamento les dijo
que él a dios se encomendaba
y el alma se le ha salido.
Ian
-¿Cuál será aquel caballero
de los míos más preciado,
que me traiga la cabeza
de aquel moro señalado
que delante de mis ojos
a cuatro ha lanceado,
pues que las cabezas trae
en el pretal del caballo?
Oídolo ha don Manuel,
que andaba allí paseando,
que de unas viejas heridas
no estaba del todo sano.
Apriesa pide las armas,
y en un punto fue armado,
y por delante el corredor
va arremetiendo el caballo;
con la gran fuerza que puso,
la sangre le ha reventado,
gran lástima le han las damas
de verle que va tan flaco.
Ruéganle todos que vuelva,
mas él no quiere aceptarlo.
Derecho va para el moro,
que está en la plaza parado.
El moro, desque lo vido
de esta manera ha hablado:
-Bien sé yo, don Manuel,
que vienes determinado,
y es la causa conocerme
por las nuevas que te han dado;
mas, porque logres tus días,
vuélvete y deja el caballo,
que yo soy el moro Muza,
ese moro tan nombrado,
soy de los almoradíes,
de quien el Cid ha temblado.
-Yo te lo agradezco, moro,
que de mí tengas cuidado,
que pues las damas me envían,
no volveré sin recaudo.
Y sin hablar más razones,
entrambos se han apartado,
y a los primeros encuentros
el moro deja el caballo,
y puso mano a un alfanje,
como valiente soldado.
Fuese para don Manuel,
que ya le estaba aguardando,
mas don Manuel, como diestro,
la lanza le había terciado.
Vara y media queda fuera,
que le queda blandeando,
y desque muerto lo vido,
apeóse del caballo.
Cortado ha la cabeza,
y en la lanza la ha hincado,
y por delante las damas
al buen rey la ha presentado.
Ian
Romance de Alcaide de Antequera
De Antequera partió el moro,
tres horas antes del día,
con cartas en la su mano
en que socorro pedía.
Escritas iban con sangre,
mas no por falta de tinta.
El moro que las llevaba
ciento y veinte años había;
la barba llevaba blanca
la calva le relucía;
toca llevaba tocada,
muy grande precio valía,
la mora que la labrara
por su amiga la tenía.
Alhamar en su cabeza
con borlas de seda fina.
Caballero en una yegua,
que caballo no quería.
Sólo con un pajecico
que le tenga en compañía,
no por falta de escuderos,
que en su casa hartos había.
Siete celadas le ponen
de mucha caballería,
mas la llegua era ligera,
de entre todos se salía.
Por los campos de Archidona
a grandes voces se decía:
-¡Oh, gran rey, si tú supieses
mi triste mensajería,
mesarías tus cabellos
y la tu barba vellida!
El rey que venir lo vio
a recibir lo salía
con trescientos de a caballo,
la flor de la morería.
Bien seas venido, el moro,
buena sea tu venida.
-Alá te mantenga, rey,
con toda tu compañía.
-Dime, ¿Qué nuevas me traes
de Antequera esa mi villa?
-Yo te las diré, buen rey,
si tú me otorgas la vida.
-La vida te es otorgada,
si traición en ti no había.
-¡Nunca Alá lo permitiese
hacer tan gran villanía!
Mas sepa tu real alteza
Lo que ya saber debía,
que esa villa de Antequera
en gran aprieto de veía;
que el infante don Fernando
cercada te la tenía.
sin cesar noche ni día;
Manjar que tus moros comen:
cueros de vaca cocida.
Buen rey, si no la socorres
muy presto se perdería-
El rey, cuando aquistó oyera,
de pesar se amortecía;
Haciendo gran sentimiento
muchas lágrimas vertía;
Rasgaba sus vestiduras,
con gran dolor que sentía;
Ninguno le consolaba,
porque no lo permitía.
Mas después, en sí tornando,
a grandes voces decía:
-Tóquense mis añafiles,
trompetas de plata fina;
júntense mis caballeros
cuantos en mi reino había,
vayan con mis dos hermanos
A Archidona, esa mi villa,
en socorro de Antequera,
llave de mi señoría.
Y así con este mandado
se juntó gran morería:
ochenta mil peones fueron
el socorro que venía,
cinco mil de a caballo,
los mejores que tenía.
Así en la Boca del Asno
este real sentado había
A vista del Infante,
el cual ya se apercibía
confiando en la victoria
que de ellos Dios les daría,
sus gentes bien ordenadas:
de San Juan era aquel día,
cuando se dio la batalla,
fue la villa combatida
con lombardas y pertrechos,
y con una gran bastida,
con que le ganan las torres
de donde era defendida.
Después dieron el castillo
los moros a pleitesía,
que libres con sus haciendas
el infante los ponía
En la villa de Archidona,
lo cual todo se cumplía;
Y así se ganó Antequera
a loor de Santa María.
MIKEL
Tres hiuelos había el rey
tres hijuelos que no más
por enojo que hubo de ellos
todos maldito los ha.
El uno se tornó ciervo
el otro se tornó can
el otro se tornó moro
pasó las aguas del mar.
Andábase Lanzarote
entre las damas holgando;
grandes voces dio la una
-caballero, estad parado-
-si fuese la mi ventura
cumplido fuese mi hado
que yo casase con vos
y vos conmigo de grado,
y me diésedes en arras
aquel ciervo del pie blanco-.
-Dároslo he mi señora
de corazón y de grado,
y supiese yo las tierras
donde el ciervo era criado-.
Ya cabalga Lanzarote
ya cabalga y va su vía,
delante de sí llevaba
los sabuesos por la traílla.
Denís
A veinte y siete de julio, un lunes en fuerte día,
allá en Roma la Santa gran llanto se hacía.
Lloran duques, lloran contes, llora la caballería,
lloran obispos, arzobispos con toda la clerecía,
llora la corte romana; todos en común decía:
«Tres días ha con sus noches qu’el duque no parecía».
Mandó pregonar por Roma por toda la clerecía:
cualquier que al duque hallare mil ducados le darían,
de buen oro y de buen peso luego se los pagarían.
Desque vieron los españoles que diligencia ponían,
búscanlo de casa en casa al buen duque de Gandía.
Denís
Romance del rey Ramiro
Ya se asienta el rey Ramiro,
ya se asienta a sus yantares,
los tres de sus adalides
se le pararon delante:
al uno llaman Armiño,
al otro llaman Galvane,
al otro Tello, lucero,
que los adalides trae.
-Mantengaos Dios, señor.
-Adalides, bien vengades.
¿Qué nuevas me traedes
del campo de Palomares?
-Buenas las traemos, señor,
pues que venimos acá;
siete días anduvimos
que nunca comimos pan,
ni los caballos cebada,
de lo que nos pesa más,
ni entramos en poblado,
ni vimos con quién hablar,
sino siete cazadores
que andaban a cazar.
Que nos pesó o nos plugo,
hubimos de pelear:
los cuatro de ellos matamos,
los tres traemos acá,
y si lo creéis, buen rey,
si no, ellos lo dirán.
Adrián
Romance de Miguel de Cervantes
Despiértate. La cama está más fría
Y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer [...]
Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer [...].
Neizan
Fuente: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/poetas-de-la-edad-media-y-poetas-contemporaneos
A todos conforta el sol,
puro y delicado;
Nuevo y radiante es el rostro
del mundo en abril;
hacia el amor se apresura
el corazón del hombre,
y sobre la felicidad
reina el dios de la juventud.
Cuántas novedades
en la fiesta de la primavera,
Y su autoridad
nos ordena gozar;
recorrer caminos conocidos,
y en tu propia primavera,
es leal y correcto
poseer a tu amante.
Ámame fielmente,
piensa que confío en ti;
con todo mi corazón,
con toda mi voluntad
estoy contigo,
aun cuando esté lejos.
Quien ama como yo,
está girando en la rueda de la fortuna.
Romance del rey don Rodrigo
Amores trata Rodrigo,
descubierto ha su cuidado;
a la Cava se lo dice
de quien anda enamorado;
-Mira, Cava; mira, Cava;
mira, Cava, que te hablo;
darte he yo mi corazón
y estaría a tu mandado.
La Cava, como es discreta,
a burlas lo habla echado;
respondió muy mesurada
y el gesto muy abajado:
-Como lo dice tu alteza,
debe estar de mí burlando;
no me lo mande tu alteza,
que perdería gran ditado.
Don Rodrigo le responde
que conceda en lo rogado.
Ella hincada de rodillas,
él estala enamorando;
sacándole está aradores
de las sus jarifas manos.
Fuese el rey dormir la siesta,
por la Cava había enviado;
cumplió el rey su voluntad
más por fuerza que por grado,
por lo cual se perdió España
por aquel tan gran pecado.
La malvada de la Cava
a su padre lo ha contado
Don Julián, que es traidor,
con los moros se ha concertado
que destruyen España
por le haber así injuriado.
Adrián