Durante la materia de Formación Humana y Religiosa comprendí que el verdadero crecimiento personal no se limita al aprendizaje académico, sino que implica una transformación integral del ser. Esta asignatura me invitó a reflexionar sobre mi identidad, mis valores y el propósito que deseo darle a mi vida. Aprendí que conocerse a uno mismo es el primer paso para vivir con autenticidad y que encontrar una vocación va más allá de elegir una carrera: es descubrir aquello que da sentido a lo que hago y me impulsa a dar lo mejor de mí.
Asimismo, entendí que en el mundo actual no basta con tener habilidades técnicas o conocimientos especializados. Hoy más que nunca se necesitan personas comprometidas, íntegras y humanas, capaces de actuar con empatía, responsabilidad y respeto hacia los demás. Uno de los aprendizajes más valiosos fue el llamado a valorar la vida, la dignidad de cada ser humano y la importancia de cuidar nuestro entorno natural.
Formación Humana y Religiosa no solo me preparó para ser un buen profesional, sino que me dio herramientas fundamentales para ser una persona consciente, ética y compasiva. Me ayudó a ver que cada acción cuenta, y que el camino hacia una vida plena empieza por cultivar el interior.