Colombia: un país de emigrantes
Más de medio millón de colombianos salieron del país para no volver en 2022.
El 2022 fue un año marcado por un incremento significativo en la migración colombiana, y se explica en gran parte por la crisis económica que vivió el país durante la pandemia del COVID-19.
Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), en 2022 salieron del país más de 547 mil colombianos, lo que representa un aumento del 95% respecto al año anterior y 2,7 veces el promedio anual de migración desde 2012, que se ubica levemente por debajo de 200.000 colombianos por año. Esta cifra rompió todos los registros históricos de la emigración colombiana y se explica en gran parte por la crisis económica que vivió el país en los años 2021 y 2022, agravada por la pandemia del COVID-19, que generó una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) del 6,8% y una tasa de desempleo del 15,9% en 2020.
Por otro lado, Colombia también es un país receptor de migrantes, especialmente de Venezuela, debido a la crisis política, económica y social que atraviesa ese país. Según Migración Colombia, en febrero de 2022 había cerca de 2,5 millones de venezolanos en Colombia.
Razones detrás de la migración
Las razones detrás de la migración colombiana son diversas y dependen del contexto y las características de cada migrante. Sin embargo, se pueden identificar algunos factores comunes que motivan o impulsan la decisión de migrar. Entre las principales se encuentran las altas tasas de desempleo, que para enero de 2023 alcanzó la cifra de 13.7%, y las altas tasas de subempleo, que solo proporcionan a los colombianos ingresos de precaria subsistencia. Además, la violencia e inseguridad debido a los grupos armados y la delincuencia organizada también son factores significativos. Otros motivos incluyen la reunificación familiar, la mejora de los niveles de calidad de vida y la oferta de estudios en educación superior de otros estados.
Acceder a las vías de migración legal puede ser un proceso desafiante para muchos colombianos. Aunque existen varias opciones disponibles, como permisos de trabajo, asilo político, visas de estudiante, programas de intercambio, visas de inmigrante y visas de inversionista, cada una de estas rutas tiene sus propios requisitos y procesos que pueden ser difíciles de cumplir.
Además, las creencias y los estereotipos alrededor de la población migrante han creado barreras que afectan sus posibilidades de acceso a servicios. Por ejemplo, la obtención de documentos de identificación y de viaje, el acceso a servicios y la disponibilidad de asistencia en la ruta migratoria pueden ser desafiantes.
Por otro lado, la migración ilegal puede ser vista por algunos como una opción más accesible debido a la desesperación o la falta de recursos para acceder a las vías legales.
Las rutas migratorias legales más utilizadas por los colombianos atraviesan diversos motivos y se dirigen a diferentes destinos. Entre las principales razones se encuentra la búsqueda de oportunidades laborales, considerando la demanda de mano de obra poco calificada en países desarrollados y el impacto de la globalización en el aumento de trabajadores que buscan una mejor remuneración en esos países.
Una de las vías utilizadas por los colombianos para emigrar a otro país es la solicitud de refugio, ya sea porque temen ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas o pertenencia a un determinado grupo social.
En Colombia, este derecho está reglamentado por la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, el Protocolo sobre el Estatuto de Refugiado de 1967, la Declaración de Cartagena sobre Refugiados de 1984, la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes de 1984, el Decreto 1067 de 2015, y la Ley 2136 de 2021.
Al otorgar el refugio, Colombia se compromete a brindar protección y garantías de no devolución (principio de no devolución o non-refoulement) a aquellos que hayan sido reconocidos como refugiados. Esto implica no retornar a estas personas a sus países de origen donde su vida, libertad o integridad personal puedan estar en peligro.
Sin embargo, el proceso de solicitud de refugio puede ser complejo y prolongado, ya que implica la evaluación detallada de cada caso para determinar la legitimidad de las razones de persecución o temor fundado. Además, el país enfrenta desafíos logísticos y administrativos para brindar atención y apoyo a los solicitantes de refugio, especialmente considerando el flujo continuo de personas que buscan protección.
Sócrates Hernández, licenciado en educación, se halla actualmente en Madrid tras haber optado por el asilo como vía para emigrar a España, luego de ser amenazado de muerte por la guerrilla en su pasada vivienda en San Miguel, Cauca. Para él, existen diversas formas de migrar: entrar ilegalmente, por reunificación familiar, motivos educativos, nuevas oportunidades laborales o solicitar asilo, esta última fue su elección. Pero, ¿por qué España? La facilidad del idioma, y la posibilidad de adaptarse a una cultura con la que ya tenía cierta familiaridad fueron factores determinantes.
“El proceso de adaptación en España es muy fácil porque encuentras latinos en muchas partes como venezolanos y ecuatorianos, pero también debo ir complementando conociendo gente española. Trabajé de ilegal o como dicen acá en ‘negro’. Desde que llegué siempre tuve trabajo y estoy esperando el título de mi carrera”, comenta Sócrates.
El camino para obtener la ciudadanía ha sido extenso; lleva ya 4 años en España y el proceso aún continúa. Basándose en su experiencia, para adquirir la ciudadanía por medio del asilo, se requieren varios pasos: en primer lugar, solicitar el asilo, lo cual probablemente sea inicialmente negado, pero al menos asegura un proceso legal que evita ser repatriado. En segundo lugar, al recibir el asilo se obtiene un documento que indica estar en proceso. En tercer lugar, aproximadamente 6 meses después, se recibe una tarjeta roja, el NIE, Número de Identidad de Extranjero, equivalente a la cédula colombiana, que otorga derecho a trabajar y valida el estatus legal.
“En una clase de actividad física, un psicólogo quedó encantado con lo que hice, pero por motivos de documentación no pude continuar ya que la empresa de formación necesitaba gente legal”, cuenta.
En Colombia, el asilo representa un recurso legal y humanitario destinado a brindar protección a personas que huyen de persecuciones y riesgos en sus países de origen. Su propósito es asegurar la seguridad y el respeto a los derechos fundamentales mientras se encuentran fuera del territorio colombiano.
Según el informe anual de la Agencia de Asilo de la Unión Europea, de las 996.000 solicitudes recibidas en 2022, 43.020 fueron de ciudadanos colombianos, y cerca del 93% fueron para asentarse en España.
Las rutas migratorias ilegales son aquellas que los migrantes toman sin la autorización legal necesaria. A menudo implican riesgos significativos, incluyendo la posibilidad de ser víctimas de violencia y explotación. Entre estas se encuentran la ruta del Darién entre Colombia y Panamá, y en el último año, San Andrés se ha convertido en un lugar de paso para migrantes irregulares que pretenden llegar de forma más rápida a Nicaragua, para luego pasar a México y así terminar en Estados Unidos.
La ruta del Darién atraviesa la selva que separa a Colombia de Panamá, y es utilizada por miles de migrantes de diferentes nacionalidades que buscan llegar a Estados Unidos o Canadá. Esta ruta es una de las más peligrosas del mundo, debido a las condiciones naturales adversas, la presencia de grupos armados ilegales y las redes de trata y tráfico de personas. Según Médicos Sin Fronteras, en 2023 más de 100.000 migrantes atravesaron esta ruta, enfrentando riesgos de accidentes, enfermedades, violencia y abusos.
Sebastián Muñoz* es uno de los tantos coyotes que se dedican a orientar a los migrantes a través de las diferentes rutas que atraviesan la selva del Darién, la frontera natural entre Colombia y Panamá. Su trabajo consiste en guiar y transportar a los migrantes que buscan llegar a Estados Unidos o Canadá. Según cuenta, la ruta más común es la que va de Capurganá, un pueblo costero en el departamento de Chocó, hasta Colón, una ciudad portuaria en el lado panameño del canal. Por este trayecto, que puede durar entre tres y cinco días, cobra $1.500.000 pesos por persona. Si el migrante quiere seguir hasta Costa Rica, el precio se eleva a $5.000.000 de pesos colombianos.
Sebastián reconoce que su trabajo es ilegal y peligroso, pero dice que lo hace “por las altas sumas de dinero que se consiguen”. Sin embargo, también confiesa que ha pensado en abandonar esta labor, por el alto riesgo que corre al cruzar los migrantes. Entre esos riesgos, se encuentra ser atrapado por las autoridades migratorias, como les ha pasado a varios de sus compañeros; perderse en medio de la ruta, por la falta de señalización o la presencia de caminos alternos; o sufrir picaduras de animales, infecciones o enfermedades, por las condiciones insalubres y hostiles de la selva.
Sebastián dice que los migrantes prefieren a los coyotes porque los pasan sin pedirles ningún permiso o requisito. “Aunque con nosotros corren muchos más riesgos, es más fácil y rápido”, comenta.
“Cuando ingresamos a la selva, deben estar muy unidos y pendientes, porque hay diversos animales que pueden lastimar, morder, picar o infectar a cualquiera del grupo”, les advierte Sebastián a los migrantes.
Marta es una de las miles de migrantes venezolanas que han cruzado la selva del Darién para llegar a Estados Unidos, huyendo de la crisis que azota a su país. Tomó la decisión de irse por el tapón del Darién porque no tenía los recursos económicos para mantener a sus hijos y familia. “No contaba con los recursos para irme de forma legal ni tenía el tiempo para esperar a que me saliera la visa”, dice.
Salió de Venezuela y se dirigió a Colombia. De Cali fue a Necoclí en bus y de ahí a Capurganá en lancha por un viaje de dos horas.
En Capurganá, esperó durante tres días al resto de migrantes que serían guiados por el coyote. Cuando llegaron a Colón, luego de cruzar el tapón del Darién, los esperaba la guardia civil, así que tuvieron que esconderse durante tres días.
"A veces toca viajar sin nada. Toca dejar lo que tengamos en la maleta y se lleva solo lo necesario como alimentos no perecederos y repelente. En el viaje me tocó ver cómo la gente dejaba a los niños tirados, muchas personas fallecidas que la familia nunca iba a saber que murieron. Almas que quedarían penando porque nadie les iba a dar un último adiós ni las van a llorar", relata Marta.
Una vez en Costa Rica, otro coyote los recibió y se tardaron cerca de un mes hasta su destino final en Estados Unidos.
"Fue una experiencia muy dura y no se la recomiendo a nadie, pero todo sea por el bien de nuestra familia y un futuro mejor. Aquí ya estamos en Estados Unidos tratando de que nos vaya bien", comenta Marta.
Por otro lado, muchos migrantes evitan realizar este trayecto, viajando directamente hasta México para cruzar hacia Estados Unidos. Este es el caso de María Gómez*, una bonaverense que migró en busca de estabilidad económica. En septiembre de 2023 tomó un avión desde Cali hasta Cancún, donde pasó unos días como si fuera una turista más. Luego, viajó en autobús hasta Monterrey, donde la esperaba el coyote que la ayudaría a cruzar la frontera.
María pagó $700 USD, que es la tarifa regular que cobran los intermediarios que le prometieron que la llevarían hasta Piedras Negras, una ciudad fronteriza en el estado de Coahuila.
“Mi experiencia con el coyote fue muy buena, en ningún momento nos dejaron solos, (...) lo único que me asustó un poquito fue cruzar el río porque era alto, pero no era ‘corrientoso’", recuerda María.
Destinos más populares
La migración colombiana ha experimentado un notable flujo hacia diversos destinos, revelando patrones interesantes según datos del DANE, los migrantes colombianos han dirigido sus pasos hacia una variedad de países, destacándose los siguientes destinos como los más deseados y los principales para llegar:
En la cima de la lista se encuentra Estados Unidos, atrayendo al 34,6% de los migrantes colombianos. La búsqueda de oportunidades laborales, educativas, la calidad de vida y un ambiente propicio para el desarrollo personal, son factores que han convertido a Estados Unidos en un destino atractivo para muchos.
España ocupa el segundo lugar, con un 23,1% de migrantes colombianos eligiendo este país europeo como su nuevo hogar. La riqueza cultural, el idioma, las conexiones históricas, las grandes oportunidades educativas y económicas han contribuido a la popularidad de España entre la diáspora colombiana.
Ecuador también surge como un destino significativo, atrayendo un 3,1% de la diáspora, siendo el resultado de una combinación de factores geográficos, económicos, culturales y sociales. Esta diversidad de motivaciones subraya la complejidad de las decisiones individuales en el proceso migratorio.
Otros destinos incluyen Canadá (2,0%), Panamá (1,4%), México (1,1%), Costa Rica (1,1%), y en menor medida, Australia, Perú y Bolivia, cada uno con un porcentaje mínimo. Estas preferencias migratorias pueden estar influenciadas por una combinación de factores, como oportunidades laborales, estabilidad política, y la presencia de comunidades colombianas ya establecidas en esos países.
Estos datos ilustran la diversidad de destinos que atraen a los migrantes colombianos, reflejando la complejidad de las motivaciones individuales que impulsan a las personas a buscar nuevas oportunidades y experiencias en diferentes partes del mundo, sin embargo, es triste para Colombia que sus residentes migren por falta de oportunidades.
*Nombre cambiado por motivos de seguridad y privacidad.